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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos estrenando el martes 14 de abril. Esto es Más de Uno, es Onda Cero, es la radio. Les cuento una historia que es muy corta. La culpa la tuvo Pulcro. Luego ya César la usó como coartada y luego ya Cicerón remató la faena. Pero fue Pulcro, Publio Clodio Pulcro. Pocos nombres hay con tantas l Publio Claudio Pulcro, joven patricio, imprudente y muy descarado, fue quien se coló en la fiesta a la que no estaba invitado. Esto se lo he leído a Jorge Freire, nuestro filósofo, en el ensayo que publicó sobre el honor y la palabra de honor. Y la historia es la Pompeya, que era la esposa de julio César, asistía a la fiesta en honor de la diosa de la fertilidad. Diosa y fiesta exclusiva para mujeres, donde los hombres estaban proscritos, o en palabras de Jorge Freire, donde los hombres tenían menos cabida que un futbolista sin tatuajes en un vestuario de primera división. Pero ocurrió que el descarado Pulcro se disfrazó de mujer y se coló en la fiesta. Fue interceptado y neutralizado a las primeras de cambio, pero eso no evitó que echaran a rodar los rumores. Dijeron los propagadores del bulo que el Pulcro travestido había entrado allí para deshonrar a Pompeya y que ésta se había dejado querer por el imberbe. Era falso de toda falsedad. Conmoción en la Urbe A Pulcro lo sentaron en el banquillo acusado de allanamiento de morada, no de Pompeya, y salió absuelto, porque no siempre los procesados son encontrados culpables. No siempre. De Pompeya ni se ocupó aquel tribunal, porque no había el menor indicio de que ella colaborara o supiera de los planes del infiltrado. Pero fue su esposo, el líder supremo, quien repudió entonces a su señora con el novedoso argumento de que la esposa de César debe estar por encima de toda sospecha. ¿Pero sospecha de quién? Pues da lo mismo. Al marido le venía bien e hizo pasar su conveniencia personal por la conveniencia de Roma. Cicerón remató la jugada redondeando la frase que quedó así ya para siempre y para la historia. La frase que dice que la esposa del César no sólo debe ser honrada, sino que también debe parecerlo. La frase hizo tal fortuna que aún asoma hoy en alguna columna de prensa con frecuencia, no menos de una o dos veces por semana. Y se cita esta frase como escuela de ejemplaridad de la difusa línea que separa la legalidad de la estética, ni siquiera de la ética de la estética. En rigor, esta frase, esta postura de no sólo debe ser honrada, sino parecerlo, es una de las manipulaciones más groseras que un gobernante hizo nunca en beneficio propio para deshacerse de la mujer, afirmar su honradez a la vez que se proclama que con eso no es suficiente. Si aún siendo honrada hay quien lo duda, acabemos con ella y viva César. Cito de nuevo a Freire Quien maneja la diferencia entre verdad y apariencia tiene media partida ganada allí donde el oficio de impostor es la más lucrativa de las carreras. El íntegro no necesita doble fondo, porque se enfrenta a la vida con la misma verdad con que un arado se hunde en la tierra. Entre abril de 2024 y abril de 2026 un juez de instrucción de un juzgado ordinario de Madrid ha investigado a la mujer del César, a la mujer del presidente Sánchez, a Begoña Gómez, por haber aprovechado supuestamente su íntima relación con el presidente del Gobierno, que es quien ejerce el poder, para beneficiar a un empresario afín de apellido Barrabés y beneficiarse ella misma, con el aliento económico de este empresario, a su cátedra de la Universidad Complutense. Fruto de estos dos años de investigación, investigación que ha estado salpicada de cambios de rumbo, de correcciones por parte del órgano superior que es la Audiencia Provincial, de algunos errores en la interpretación de testimonios de los testigos como Güemes o como el ministro Bolaños, del intento reincidente de hacer que el caso alcanzara el rescate de Aire Europa, que es por donde empezó y que fue atajado ese intento por la Audiencia de Madrid, fruto de estos dos años de investigación, el juez Peinado da por rematada ya la investigación, la instrucción del caso y expone en el auto que publicó ayer los indicios que le llevan a considerar delincuentes presuntamente a tres Barrabés, Begoña Gómez y la asistente de Begoña Gómez y empleada de la Moncloa, Cristina Álvarez. Álvarez está acusada por el juez de colaborar a conciencia de que era ilícito en la utilización de su cargo, que está pagado con dinero público, para actividades propias de la actividad particular de Begoña Gómez actividades propias o particulares, digo, de Begoña Gómez. Esto es lo que el juez califica como presunta malversación de dinero público. La utilización de una empleada de Moncloa y de dependencias de Presidencia del Gobierno para actividades particulares y remuneradas constituye, a decir del juez Peinado, indicio suficiente de abuso de poder o, traducido, que utilizó recursos públicos para su aprovechamiento privado sólo por ser quien era la esposa de Pedro Sánchez. En su día fue muy celebrada una intervención parlamentaria de Aitor Esteban, hoy presidente del PNV, en relevo de Ortúzar, el de Movistar, en la que reprochó al presidente Sánchez que hubiera mirado para otro lado ante un caso si no ilegal, si inmoral.
