
El presentador de Más de uno ha destacado la gravedad del caso que implica a la dirección del Ministerio de Interior durante la etapa de Gobierno de Mariano Rajoy, con Jorge Fernández Díaz como principal señalado.
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¿Qué tal?
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¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos a lunes 6 de abril del año 2026, lunes de Pascua. Esto es Más de Uno, es Onda Cero, esto es la Radio. Y les cuento una historia que es muy corta. Fue conducido a prisión en junio de 1813. El tribunal lo declaró culpable de haber oficiado 60 misas, escuchado cinco confesiones, administrado el bautismo a ocho personas y dado la comunión a cinco con hostias consagradas por él mismo. Francisco Ludueña, del pueblo de Mulalo, jurisdicción de Jacunda, había incurrido reiteradamente en la muy grave falta de administrar los sacramentos sin estar ordenado sacerdote. Su caso es uno de los 53 que examinó el Tribunal del Santo Oficio de Lima mientras estuvo vigente ese tribunal. Hasta 1820, falsos oficiantes, usurpadores, impostores, eran una constante en la América española porque vestir sotana permitía gozar de alojamiento y de comida gratis, recibir donativos de fieles generosos y moverse por los pueblos sin temor a ser detenido por la autoridad competente en el camino. Francisco Ludueña huyó de la prisión y se mantuvo escondido casi cuatro años en Carillamanga, sin actividad conocida, y luego reapareció para presentarse ante el Tribunal. Una vez promulgado el indulto general de 1815. Él pidió que se tuviera en cuenta su arrepentimiento y su devoción verdadera, y el Santo Oficio resolvió que era aplicable la clemencia, no por la devoción, sino por la demencia. Le atribuyó afecto melancólico y morbo, nostálgico, calentamiento de cabeza y arrebato rayano en el delirio. Si el impostor merecía condena, el loco no. Por más que su locura hubiera sido pasajera, no volvió a saberse de él. Para la historia quedó como el falso cura, perturbado. La perturbación le evitó cumplir la pena pendiente en la prisión de Cuenca. Cuenca, Ecuador, Se entiende. El 23 de octubre de 2013, un señor de Cuenca, Cuenca, España, se entiende, disfrazado de cura con maletín, llamó a la puerta de la casa de los Bárcenas. Le fue franqueado el paso por la empleada. Hizo llamar a la esposa, Rosalía Iglesias. Se personó el hijo, Guillermo o Willy, que es cantante, les contó que venía en nombre del obispado y bla bla bla. Pero a los 20 minutos sacó un arma, dijo se acabó el teatro, los amenazó, los maniató y les exigió que le entregaran los pendrive. ¿Qué pendrive? Pues los pendrive de Luis Bárcenas. Los quiero para tumbar al gobierno porque este falso cura de nombre Olivares García y de quien publicó después La Razón, que había sido guerrillero en El Salvador y qué cosas, quiso que la familia creyera que él iba contra el gobierno, que quería los pendrive para tumbar a Rajoy, faltaría más. Por más que fueran la cúpula de la policía y la del Ministerio del Interior gobernando Rajoy quienes más interesadas estuvieran en conseguir los pendrives, no precisamente para tumbar a nadie y mucho menos para facilitar la investigación judicial. Declaró Guillermo Bárcenas, Willy Bárcenas, ante el juez.
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Creo que estaba todo demasiado orquestado, demasiado planeado y con demasiados detalles que no podían ser que una persona, un tipo de Cuenca de 60 años, de repente se plantase en mi casa y que se eso. La lógica me dice que tuvo que haber alguien detrás.
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Tuvo que haber alguien detrás del tipo este de cuenca que se plantó en nuestra casa. El testimonio del falso cura en la investigación de la Kitchen fue descartado porque el forense, un segundo forense, no la médico forense o la médica forense que lo examinó en prisión, determinó ya en el año 2020 que su estado mental le impedía que pudiera prestar declaración porque era un perturbado. Era el falso cura perturbado pero del año 2013 y sin posible recuperación, la cabeza perdida, rayana en el delirio. ¿Qué le vamos a hacer? Esta subtrama del falso cura, la subtrama de Olivares García que falleció ya, fue la más chocante, fue la más chusca, fue la más grotesca de cuántas integraron la llamada operación Kitchen o cómo hacerse con el material que Luis Bárcenas guardaba supuestamente en casa y que según dijo el comisario García Castaño, alias El Gordo, antes de sufrir el ictus, que lo dejó también fuera de la causa, según contó el comisario, pues era la pata que faltaba para completar la investigación sobre Bárcenas y entregárselo así todo al juez. Lo que pasa es que a la luz de los numerosos indicios acumulados precisamente por un juez, lo que se buscaba era conseguir ese material para neutralizar los intentos de Bárcenas de presionar a los máximos dirigentes de su partido, el PP, en el gobierno e intentar así que le resolvieran la situación judicial so pena de poner aquella munición a circular. La Operación Kitchen Kitchen es cocina en inglés, como todo el que sabe inglés sabe. En la Operación Kitchen hubo un comisario al que apodaban cocinero, que era José Luis Olivera, también procesado, un chófer topo al que Villarejo llamaba en clave el chef, o sea también cocinero y un tipo que pasaba por allí de Cuenca disfrazado de cura que se metió por la fuerza hasta la cocina de los Bárcenas, o sea que lo de llamarlo Operación Kitchen estaba bien tirado por múltiples razones y aunque contado así, aunque contado así puede parecer una gran astracanada. La Operación Kitchen fue uno de los escándalos más graves que vivió España bajo el gobierno de Mariano Rajoy, tan grave como abusar del poder ejecutivo para torpedear una investigación del poder judicial que podía comprometer al partido en el gobierno, es decir, corrupción institucional desde el interior del gobierno y para sabotear a un juez tras haber sido cazado en falta el partido en el poder en la persona de su exgerente y después tesorero Luis Bárcena, es guardián de la financiación de las campañas y de los sobresueldos en el Partido Popular. Lo que establecerá el juicio que hoy comienza es si la orden para conseguir los pendrives al margen del juez y colocándole a Bárcenas un chófer topo famoso Sergio Ríos, bueno, famoso Sergio Ríos, tutelado por Villarejo, quien si no, si la orden para conseguir todo aquello y utilizar aquel procedimiento fue de Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, que es el más alto cargo político que acabó procesado como consecuencia de la instrucción judicial o si no, siendo suya la orden, fue conocedor el ministro y consentidor de que se vulnerara la ley y si por encima de él cabe inducir que alguien más estuvo al tanto de lo que se tramó y lo que se ejecutó en la instrucción judicial, la posible responsabilidad terminó en el ministro Fernández Díaz y en su secretario de Estado. Pero declaró Luis Bárcenas ante el juez
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teniendo en cuenta que esta era la operación proteger a Dorsamarajoy Se movilizó todo el mundo y yo estoy convencido de que el CNI tuvo una participación Se
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movilizó todo el mundo, estoy convencido de que el CNI también participó en esta operación Proteger al camarada Rajoy, que es otra forma la fórmula Bárcenas de llamar a la operación Kitchen. Operación Proteger al camarada. Mariano Rajoy, 13 años después de aquellos hechos, es un expresidente de gobierno que de vez en cuando escribe libros y que levanta audiencias de televisión como el acreditado humorista que en el fondo siempre ha sido, porque así es visto hoy por el público como el presidente con humor o con más humor de los presidentes que ha habido. Pero es también el único presidente de gobierno que ha sido descabalgado por una mayoría parlamentaria agrupada en torno a una moción de censura inspirada por su inacción contra la corrupción. La sentencia de la Gürtel es la sentencia de los papeles de Bárcenas. En septiembre, en septiembre no, en enero del año 2017, un año y pico antes de ser descabalgado del gobierno, en enero del año 17 se estaba celebrando aquel juicio de la Gürtel. El presidente Rajoy compareció en este programa y aquí contó el escaso interés que le estaba prestando al asunto.
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Bueno, no es mi prioridad absoluta. Yo tengo que gobernar y en este asunto ya he decidido lo que dice el sentido común. Es bueno que haya un juicio y es bueno que dejemos a los tribunales que actúen como lo hacen siempre con independencia y con absoluta libertad.
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Es bueno que haya un juicio. Pero el abogado que representa al Partido Popular ha pedido la nulidad del juicio.
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Pues realmente, francamente, no estoy en ese tema. Me ha sorprendido usted.
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Hoy Rajoy estará encantado de poder. Bueno, hoy, cuando le toque estos próximos días, estará encantado de poder acudir como expresidente testigo a este nuevo juicio sobre unos hechos que ocurrieron bajo su gobierno, bajo su presidencia. En el banquillo se sienta el hombre al que él elevó a la condición de ministro y de cuyos manejos siempre dijo el presidente Rajoy que no estaba enterado al menos de esta cuestión en concreto. No le consta, no supo, no estaba en eso el presidente que no sabía nada de lo que estaba haciendo su ministro o de lo que hacía su secretaria general Dolores de Cospedal en asociación clandestina con el comisario Villarejo, que entre y salga por el garaje de Génova y así nadie le ve ni a él ni a su horra. Las grabaciones Villarejas que hoy, por cierto tienen el señor Pérez Dolcet y Leire díez las grabaciones villarejas con las que estuvieron luego negociando con el PSOE y obtuvieron un trato preferente de Santos Cerdán. Si es que el mundo es un pañuelo En aquellos días en que Pedro Sánchez hizo creer a los suyos que sufría una pájara y el aparato se puso en marcha, todo el mundo, como diría Bárcenas, se puso en marcha para neutralizar investigaciones judiciales adversas. Quizá el propio Bárcenas llamaría también a esto la operación Proteger al camarada Pedro. La oposición nunca creyó que Rajoy no se enterara de nada de lo que pasaba en el Ministerio del Interior, empezando por Pedro Sánchez, que era oposición entonces, oposición descreída. Tanto si sabe como si no sabe, la responsabilidad la tiene que asumir el presidente. Era lo que recitaba o rezaba entonces el señor Sánchez. Y siguiendo por José Luis Ábalos, el honradísimo diputado que subió a la tribuna a reclamar la limpieza de la vida pública en España y que fue aplaudido hasta dejarse las manos por sus compañeros, entonces compañeros del alma del Grupo Socialista cuando tres años después Ábalos fue apartado por sorpresa del Gobierno. Nada que ver con Coldos, con Aldamas, con las Jessicas, porque de todo eso el presidente no sabía nada de nada de nada. Cuando fue apartado del Gobierno aún corrieron al WhatsApp algunos de sus compañeros a celebrarle sus méritos y le siguieron celebrando. Eres recto y decente, le escribió óscar Puente los tres años siguientes. Hasta que en 2024 fue detenido Coldo y ahí ya el mundo alrededor de José Luis Ábalos empezó a desmoronarse. Mañana, en el segundo día del juicio de la Kitchen, empezará a juzgarse el caso de las mascarillas en el Tribunal Supremo. Eso no es esta la semana grande de la Justicia y de la limpieza.
Podcast: Más de uno
Host: Carlos Alsina (Onda Cero)
Fecha: 6 de abril de 2026
En este episodio, Carlos Alsina mezcla historia, actualidad y una dosis característica de ironía para abordar la “semana de la limpieza”: una época de importantes juicios en España relacionados con episodios de corrupción política. Iniciando con una anécdota histórica sobre impostores religiosos, Alsina conecta los paralelismos con los escándalos políticos recientes, en particular la Operación Kitchen, el caso Bárcenas, y el papel de figuras clave como Mariano Rajoy y otros políticos del PP y PSOE.
[00:00-03:30]
“La perturbación le evitó cumplir la pena pendiente en la prisión de Cuenca.”
[03:30-08:20]
“Por más que contado así puede parecer una gran astracanada, la Operación Kitchen fue uno de los escándalos más graves que vivió España bajo el gobierno de Mariano Rajoy: corrupción institucional desde dentro del gobierno para sabotear a un juez.” [06:20]
Destacados con Timestamps y oradores:
Guillermo (Willy) Bárcenas sobre el falso cura:
“Creo que estaba todo demasiado orquestado, demasiado planeado y con demasiados detalles que no podían ser que una persona, un tipo de Cuenca de 60 años, de repente se plantase en mi casa y que se eso. La lógica me dice que tuvo que haber alguien detrás.” (Guillermo Bárcenas, [03:35])
El falso cura es considerado un “perturbado,” descartando su testimonio, repitiendo el patrón de la historia del siglo XIX.
Luis Bárcenas en sede judicial:
“Teniendo en cuenta que esta era la operación proteger a Dorsamarajoy. Se movilizó todo el mundo y yo estoy convencido de que el CNI tuvo una participación.” (Luis Bárcenas, [07:47])
Explica el alcance de la trama y su objetivo: proteger a Rajoy y neutralizar a Bárcenas.
“Bueno, no es mi prioridad absoluta. Yo tengo que gobernar y en este asunto ya he decidido lo que dice el sentido común. Es bueno que haya un juicio y es bueno que dejemos a los tribunales que actúen como lo hacen siempre con independencia y con absoluta libertad.” (Mariano Rajoy, [09:09])
“Pues realmente, francamente, no estoy en ese tema. Me ha sorprendido usted.” (Rajoy, [09:31])
Alsina sobre el falso cura:
“La perturbación le evitó cumplir la pena pendiente... la subtrama de Olivares García que falleció ya, fue la más chocante, la más chusca, la más grotesca de cuantas integraron la llamada operación Kitchen.” [04:15]
Acerca de la transversalidad política de las “operaciones de limpieza”:
“Quizá el propio Bárcenas llamaría también a esto la operación Proteger al camarada Pedro.” [10:00]
Sobre la ironía de la “semana grande de la Justicia”:
“No es esta la semana grande de la Justicia y de la limpieza.” [11:30]
Entre historia, sarcasmo, y crítica mordaz, Alsina usa el recuerdo de “falsos curas” para reflexionar sobre la costumbre política española de eludir responsabilidades a base de locura declarada, olvido estratégico o complicidad inadvertida. La “semana de la limpieza” se revela como otro capítulo de enredos, juicios trascendentales y, al final, pocas certezas sobre la verdadera asunción de responsabilidades en la política española.