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B (0:34)
¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Ya es jueves. Es 26 de marzo del 2026. Esto es más de uno, es onda cero. Les cuento una historia, si me dejan. Es muy corta. Ocurrió hace 32 años. Siete hombres, todos hombres, perfectamente aseados, vestidos todos de la misma forma, traje oscuro, camisa clara, corbata, subieron la escalinata del Capitolio en Washington y se abrieron camino hasta la sala donde los siete estaban citados. A la vez comparecían ante la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes. Sus nombres eran William Campbell, James Johnston, Andrew Tisch, Donald Johnston, Edward Horrigan, Joseph Tadeo y Thomas Sandefur. ¿Les suena alguno? O sea, eran los siete consejeros delegados de las siete tabaqueras con mayor negocio en los Estados Unidos. 14 de abril de 1994. La fotografía de los siete jurando decir la verdad fue portada del día siguiente en los diarios de Estados Unidos. La crónica del New York Times decí sentados uno al lado del otro en una mesa de conferencias, se enfrentaron los siete. A más de seis horas de duro interrogatorio, accedieron a entregar al Congreso el informe confidencial que sus siete empresas habían hecho sobre el efecto de la nicotina en animales y en seres humanos. Y a la pregunta directa de si la nicotina genera adicción, respondieron los siete que no. Addictive Creo que la nicotina no es adictiva. Estos siete ejecutivos admitieron que sabían cómo manipular el nivel de nicotina de los cigarrillos, pero sostuvieron que lo hacían solo para realzar el sabor, no para tener atrapados a los consumidores. Admitieron como conjetura que pudiera haber enfermedades derivadas del consumo de tabaco, pero sin evidencia concluyente, dijeron que permitiera presentar eso como un hecho. Y cuando el congresista Wyden quiso saber si animarían a sus hijos a fumar. La respuesta fue que no les animarían, que preferirían que sus hijos no fumaran, no al menos hasta ser adultos. ¿Y qué medidas han tomado para que los menores estén preservados del humo y de la nicotina? Les preguntaron. Y la respuesta fue ninguna. La declaración de los siete enfureció a enfermos y a familias de enfermos de todo el país, pero sobre todo desencadenó una catarata de demandas de los estados de la administración para que las tabaqueras les compensaran por los gastos en salud que generaba la adicción al tabaco. Y eso es lo que aceptaron las compañías. Pero dos años después de aquella declaración, en un acuerdo histórico que supuso el reconocimiento oficioso de que el producto que vendían, el tabaco, era adictivo, que apoderarse de la voluntad del consumidor era clave para poder mantener el negocio y que pudiendo haber advertido de ese carácter adictivo, no lo habían hecho aun sabiendo del efecto que podía causar en la salud de los fumadores y de sus familias. En España. Y por cierto, aquel día en el que declararon los siete en el Capitolio en España, un grupo de neumólogos escribió al presidente Felipe González para pedirle que dejara de aparecer fumando en público. Ayer un jurado de California declaró culpables a YouTube, o sea Google, y a Instagram, o sea a Meta, de generar adicción a las redes sociales. Otro jurado de Nuevo México concluyó que Meta antepuso sus ingresos a cualquier otra cosa y desatendió la salud mental de los menores de edad. Son los dos primeros casos que en Estados Unidos han llegado a un veredicto. Es probable que vengan muchos casos más en el mismo sentido, porque hay muchos casos más que están siendo juzgados, tal como ocurrió en el 98 con las tabaqueras. 41 estados tienen demandada a la empresa de Zuckerberg por secuestrar la voluntad de los menores de edad, es decir, por hacerles adictos a a conciencia. El tiempo dirá si la imagen de Zuckerberg jurando decir la verdad en este juicio de Los Ángeles alcanza a tener el carácter icónico que tuvo la foto de los siete consejeros delegados de las tabaqueras jurando decir la verdad en el Congreso. Pero el coste reputacional para las compañías propietarias de redes sociales ya es un hecho de la mujer que inició la demanda en Los Ángeles no se conoce más que el nombre de pila. Kaley empezó a entrar en Internet cuando tenía 6 años. Con 9 ya era asidua de Instagram y llegó a estar siendo niña hasta 16 horas enganchada al teléfono móvil. Hoy tiene 20 años y ha requerido de tratamiento para desengancharse. Se cumplen ya 28 días del comienzo de la guerra en Irán y José María Aznar sigue sin dimitir. El líder de la oposición, Pedro Sánchez, se cargó ayer de razones para condenar la gestión de Aznar y alegó, como manifestante contra la guerra en Irak que fue en su tiempo, que deje ya de alentar una guerra que no es la nuestra y que sólo va a tener consecuencias nefastas para los europeos, los iraquíes. La verdad que no dijo una palabra. Emulando a la legendaria estadista Sofía Petrilo, el joven manifestante Sánchez reverdeció los tiempos en que era aún más joven y ayer por fin le dijo a Aznar sin disimulo todo lo que lleva 23 años, reconcomiéndole por fin el líder de la oposición a la derecha anterior, a la derecha actual y a la derecha que venga, se quedó a gusto poniendo en su sitio al del bigote. Aznar ya no lleva bigote. Es que en 23 años. Fíjate si habrán cambiado cosas en 23 años, incluido esto. Bueno, admitamos. Admitamos que en España Irak significa Aznar y que el 99% de los diputados ignora quién gobierna hoy Irak o a qué dedican su tiempo los soldados que tenemos todavía allí o que teníamos porque han sido evacuados como consecuencia del riesgo este de la otra guerra, que es la de Irán, que es la que tenemos ahora, a la que tiene. Con la cantidad de información relevante que el presidente Sánchez atesora, acumula, fruto de las tres semanas que lleva recabando datos, leyendo papeles que le pasa a su enorme equipo de colaboradores, asistiendo a cumbres internacionales, publicando tuits sobre el infierno que se está abriendo a nuestros pies. Con la cantidad de datos, de información, de análisis, de reflexiones que podía haber aportado ayer al Congreso de los Diputados y optó por esta cosa tan estéril de exhumar las Azores y retratar a Nuño Feijóoven a brochazos como un belicoso de primera. Les conté ayer que el diario El País traía una crónica que era un spoiler en toda regla de lo que iba a pasar en el Congreso. Y en efecto así fue, porque lo clavó el cronista Sánchez jibarizando el debate para reducirlo a un pero qué requetetumpista es la derecha española. Feijóo retratando al presidente Mavroxa como un pacifista de pacotilla, ídolo de los ayatolás y Abascal driblando más que debatiendo para huir en todo momento de hablar expresamente de la guerra.
