Transcript
A (0:00)
Unos 20 minutos, una hora menos en Canarias. La audiencia se queja de que hoy la tertulia está un poquito muerta, que está un poquito aburrida. Faltaba un poco de nervio, un poco de pasión. Toni, a ver qué hacemos.
B (0:10)
¿Ha puedo hablar, no?
A (0:11)
Con Bolaño, con Caño, con García, ayer con Amón, con Pilar Gómez y con Ignacio Urquizu, que en realidad aquí había venido en su calidad de sociólogo del programa y de experto demoscópico a hablarnos. Hablarnos del estado de la opinión pública española respecto de la Navidad.
B (0:31)
Vaya por Dios.
A (0:32)
La Navidad. Y hemos hecho la tertulia menor navideña del mundo, la verdad, antes de. Pero a ver, ¿Saldrá a favor de la Navidad?
C (0:40)
Bueno, depende de lo que consideres a favor. La verdad es que no es fácil hablar de la Navidad desde el punto de vista de la opinión pública, porque tampoco se hacen muchas encuestas sobre esto. Pero sí que he venido a hablar un poco, casi inspirándome en el cuento de la Navidad, las navidades del pasado y las navidades más recientes, no del futuro, porque no lo podemos ver los sociólogos, pero la más actual. Para empezar este cuento nos tenemos que ir a la España de 1988, que es la primera vez que se hizo un estudio sobre la Navidad en España. Los españoles decían que solo el 73% decía que tenía vacaciones únicamente los días festivos. Es decir, una España donde más allá de los días de Navidad y de Año Nuevo, gente no tenía apenas fiesta. Donde además la mayoría veía las fiestas de Navidad como un momento para pasarlo bien, el 65%. En cambio, el 15% lo veía más como unos días tristes. Es decir, que siempre había gente que lo veía como una forma de recordar a la familia del pasado y la celebrábamos especialmente en aquellas Navidades en familia. El 56 % celebraba la Nochebuena con una familia muy amplia y el 52 % de la Nochevieja. La Navidad. Mientras que la Nochevieja era la España de los tres tercios, había un tercio que lo celebraba con la familia amplia, otro tercio con la familia pequeña y otro tercio que se iba de fiesta con los amigos por ahí. Era una Navidad más de árbol de Navidad que de Belén. El 31% decía que ponía un árbol de Navidad y el 16% ponía el belén. Es decir, que era ya una Navidad donde la gente se decantaba por el árbol y donde los gastos extraordinarios se dedicaban principalmente a la comida y los regalos. ¿Y cuánto era un gasto extraordinario entonces? El 14%. Para ellos se gastaban de forma extraordinaria entre 21.000 y 40.000 mil pesetas. Es decir, entre 120 y 240 euros era el gasto extraordinario que declaraba la gente. Y un poco menos de gente decía que gastaba entre 11.000 y 20.000 pesetas más. Es decir, entre 60 y 120 euros era el gasto extraordinario de aquella España de los 80. Sólo el 41% jugaba a la lotería de Navidad, y un 27% jugaba a la lotería de Navidad y algún día más a lo largo del año, mientras que un 25% no jugaba nada. Y en una España en la cual el décimo lotería valía 2.000 pesetas, es decir, valía 12 euros, la gente en su mayoría, el 56%, gastaba entre 1.000 y 5.000 pesetas en lotería. Es decir, que gastaba entre 6 y 30 euros en lotería. La inmensa mayoría de la gente. Era lo que nos gastábamos entonces en Navidad. Era también una España donde la gente viajaba poco. Pero vayamos a la Navidad no del futuro, sino de unos años más adelante, 20 años después, en el 2004, cuando el CIS volvió a hacer un estudio sobre cómo celebrábamos la Navidad. Era una España donde cenábamos de nuevo en familia, especialmente en nuestra casa, y que solo el 22% cenaba en casa de sus padres o sus suegros. 22%. La mayoría cenaba en su casa con sus hijos o con su pareja. La mayoría, el 93%, decía que comía turrón. El 90% decía que bebía vino. El 89% comía gambas y langostinos.
