
La gran Adelaida Tomé ha subido este miércoles al escenario del Teatro Luis del Olmo para dar su visto bueno a la obra que ha interpretado la compañía. Pese a sus reticencias iniciales, ha terminado emocionada.
Loading summary
Carlos Alsina
En directo desde el teatro Luis del Olmo de Onda Cero, Carlos Alsina presenta Radioficción. Adelante, compañeros, desde el vestíbulo del teatro.
Begoña
Muy buenos días, queridos oyentes. Bienvenidos una semana más al teatro Luis del Olmo. Y hoy, para variar, estoy viendo que tenemos problemas técnicos. Hay por aquí una compañera del servicio técnico del teatro trayendo una caja de ruedas. ¿Qué es esto que llevas, compañera? ¿Es para algún ajuste de última hora? Esto es para la ruleta doble, Begoña. Ah, la ruleta doble de radicción, la que giramos de vez en cuando para mezclar clásicos con géneros narrativos. Y hoy vamos a girar la ruleta, darnos la exclusiva. Un adelanto para los oyentes, por favor. Bueno, ese era el plan. ¿Pero qué pasa?
Ana (abuela narradora)
Cuéntame.
Begoña
Pues que le han robado las ruedas y per mucho para llevarla a cuestas por todo el teatro, Begoña. Y estamos comprando todas las de las tiendas de por aquí al lado, a ver si hay alguna que encaja y podemos salvar la función. ¿Han oído, queridos oyentes? Tenemos un ladrón en el teatro. Sí, y no es la primera cosa que desaparece. Siempre son cosas pequeñas, baratijas, cositas pequeñas. Pero vete tú a saber, igual un día empiezan a robar carteras. ¿Han oído, queridos oyentes? Tenemos nuestro propio ladrón dentro del teatro. Ahora sí que somos un teatro como Dios manda. Hombre, hasta que no hay un ladrón entre. Vamos, balinas, el teatro no es teatro ni en nada. Bueno, bueno, Begoña, que me vuelvo yo para adentro a ver si alguna de estas ruedas engancha. Sí, sí, ve tirando, compañera. Yo también marcho. Ya devuelvo la conexión al interior del teatro. Comienza radio ficción.
Federico (abuelo niño)
Uy.
Begoña
Un ladrón en el teatro.
Federico (abuelo niño)
Qué emoción.
Begoña
Qué emoción.
Carlos Alsina
Radioficción. Es mentira, pero está pasando. Con todos ustedes el anfitrión de este espectáculo, Carlos Alsil. Muchísimas gracias. Gracias por llenar una semana más las butacas de este teatro. Absolutamente falso, queridos oyentes y también espectadores de Radioficción y bienvenidos. Espero que hayan venido hoy con muchas ganas de escuchar la función que tenemos preparada para usted. ¿Esto es un sí? Esto es un sí. Bueno, antes de. Gracias. Antes de comenzar tengo que pedirles que tengan cuidado con sus pertenencias, porque al parecer ha habido algún que otro hurto estos días hay entre bambalinas, estamos investigando, pero por si acaso, no dejen las cosas ahí perdidas o sin vigilancia. Bueno, corre un tupido velo. Empecemos con el espectáculo de esta mañana, porque hoy vamos a sacar adelante una gran función. Una gran función más que nada porque tenemos una visita muy especial en el patio de butacas y queremos hacerlo bien. Sabrán todos que esta invitada que hoy tenemos no suele dejarse ver por el teatro. Ella es más de teclear textos en su despacho. Pero ella ha querido venir a vernos, así que es un orgullo, un orgullo para todos anunciarles que en la primera fila de asientos hoy está sentada nuestra coordinadora y jefa de escritores, Adelaida Tomé. La gran adelaida tomé. ¿Ves, Adelaida? Estás comprobando que el que levantas pasiones.
Ana (abuela narradora)
Si.
Carlos Alsina
¿Quieres saludar a tus fans? Pues qué alegría tenerte aquí esta mañana. Como siempre, espero que disfrutes mucho de la función, de la representación y sobre todo, que te parezca que se hace justicia a tus textos, a tus estupendos guiones. Tú déjate fluir. También te digo. Tú disfruta. ¿Que has sacado del bolso? Esta es la libreta esa que usas para apuntar cosas que no te gustan de la representación de tus obras. Y traes otra de repuesto, ¿Vale? Por si te quedas sin páginas. Pues empezamos bien. Bueno, quizá no te guste la representación, pero lo que sin duda vas a disfrutar, Adelaida, es el mensaje publicitario de nuestro patrocinador, Sombreros Montalvo, la mejor sombrerería del mercado. Después te voy a regalar un ticket de descuento del 5%. De un 10% de descuento dicho. ¿Ah, eso he dicho? Sí. Negociadora tremenda, nuestra jefa de guionistas. Vamos, adelante con el mensaje publicitario, por favor. Si desea ocultar que tras mucho estrés ha perdido el melenón, un buen sombrero de mejor labor que un burdo pelucón sombrero. Ya lo han oído. Montalvo. Gracias a Sombreros Montalvo, como siempre, vamos a empezar ya nuestro primer relato se llama Un abuelo mágico. Y les sugiero que vayan sacando los clines porque esta es una historia de llorar.
Ana (abuela narradora)
Sí. ¿Está todo bien? Yo estoy bien. ¿De verdad?
Victoria (niña)
Sí.
Ana (abuela narradora)
Yo me encargo de la niña. Tú vete tranquila. Vamos a estar las dos aquí estupendamente. Ahora vamos a merendar. Que sí, que sí, que sin pasarnos. Bueno, que porque coma chocolate un día no le va a pasar nada. Venga, un beso, cariño. Luego nos vemos. Adiós. Cómo se pone tu madre de pesada. ¿Hoy lo he colgado el teléfono ya, no? Sí, Menos mal. Yo no entiendo este móvil tan moderno. ¿Bueno, qué quieres merendar?
Victoria (niña)
No sé, lo que tú quieras, abuela.
Ana (abuela narradora)
¿Quieres un poquito de pan con chocolate?
Victoria (niña)
Bueno, vale.
Ana (abuela narradora)
Uy, qué poco entusiasmo. Con lo que me ha costado convencer a tu madre para que lo podamos comer.
Victoria (niña)
Ven aquí, anda.
Ana (abuela narradora)
Vamos a prepararlo. ¿Qué te pasa, cariño?
Victoria (niña)
Nada. No sé.
Ana (abuela narradora)
Ven, siéntate aquí conmigo. ¿Estás bien?
Victoria (niña)
Sí.
Ana (abuela narradora)
No pasa nada. Si estás un poco triste por el abuelo, yo también lo estoy. Es normal, ha pasado un año, pero yo me acuerdo de él todos los días. ¿Ha sido una misa muy bonita, no crees? Sí, le hubiera gustado. Y más con lo especial que era tu abuelo. A lo mejor hasta se ha pasado por allí y no nos hemos dado cuenta.
Victoria (niña)
Pero eso no puede ser, abuela.
Ana (abuela narradora)
Bueno, si eres el abuelo Federico. Sí, sí puedes, porque tu abuelo era especial. ¿Especial?
Victoria (niña)
¿Cómo que especial?
Ana (abuela narradora)
Mira, ahora que estamos las dos solas, voy a contarte un secreto. Yo creo que ya tienes edad para saberlo. ¿Sabrás guardarlo, no?
Victoria (niña)
Sí, sí.
Ana (abuela narradora)
Bueno, no sé, yo. Mejor en otra ocasión.
Victoria (niña)
Cuéntamelo, porfa, abuela.
Ana (abuela narradora)
Vale, vale, de acuerdo. Pues resulta que el abuelo Federico tenía poderes.
Victoria (niña)
¿Poderes?
Ana (abuela narradora)
Era mago, era mágico, que no es exactamente lo mismo. ¿Yo nunca te he contado cómo nos conocimos?
Victoria (niña)
No, nunca.
Ana (abuela narradora)
Pues ponte cómoda, porque hoy tu abuela va a contarte una aventura que empezó cuando tu abuelo y yo éramos pequeñitos. Pequeñitos. Más pequeñitos que tú, que ya eres muy mayor. Era un día soleado y yo acababa de llegar nueva a la ciudad. Venía de un pueblecito muy pequeño, así que todo me parecía gigante y fascinante. Los coches, las calles, los árboles. Recuerdo llegar a la puerta de mi nuevo colegio nerviosa por todas las aventuras que me esperaban al otro lado de la verja. Al llegar me recibieron muy amablemente todos mis compañeros. Todos menos uno, tu abuelo Federico, que no era como tú lo conociste.
Carlos Alsina
¿No?
Ana (abuela narradora)
Era bajito, repeinado y con gafas de culo de botella. Tampoco hablaba mucho, casi nada.
Victoria (niña)
¿Pero sabes qué?
Ana (abuela narradora)
Esas son mis personas favoritas, porque ya sabes que tu abuela Ana. Otra cosa no, pero le encanta hablar, así que. Yo podía hablar durante horas sin que nadie me interrumpiera. Yo podía hablar durante horas y horas. Era un sueño. Me sentaba a su ladito en el recreo y hablaba y hablaba y hablaba. Y poco a poco tu abuelo Federico fue contestando. Al principio sólo me contestaba con gruñidos. Es que sí. No me mires así. Te lo prometo. Casi parecía el Yorkshire de tu tía.
Victoria (niña)
¿Quieres un poco de mi bocadillo? Es de chocolate. Mañana te traigo de jamón, que ese seguro que te gusta. ¿Te gustan los animales?
Ana (abuela narradora)
Después de varios días, empezó a responderme con monosílabos.
Victoria (niña)
Hola, Fede. ¿Has hecho los deberes de matemáticas?
Federico (abuelo niño)
Sí.
Victoria (niña)
¿Me los dejas?
Federico (abuelo niño)
No.
Victoria (niña)
Bueno, bueno, que era solo para comprobarlos, que yo ya los tengo hechos también. Claro, y un poquito que no.
Ana (abuela narradora)
Hasta que un día, después de varias semanas, por fin Federico empezó a hablar conmigo.
Victoria (niña)
Y por eso mi animal favorito son los monos.
Federico (abuelo niño)
¿Qué tipo de monos?
Victoria (niña)
Los pequeñitos. Los que van saltando de árbol en árbol. Casi parece que vuelan. ¿A ti te gusta volar?
Federico (abuelo niño)
Me da miedo volar.
Victoria (niña)
Eso es porque no lo has probado. Yo a veces voy tan rápido corriendo que parece que vuelo.
Federico (abuelo niño)
Eso es imposible.
Victoria (niña)
¿Quieres verlo? Venga, vamos a echar una carrera. Una, dos y. Oye, no vale empezar sin que termine. Tramposo.
Ana (abuela narradora)
Y así fue como poco a poco nos hicimos amigos. Tan amigos que un día, por fin el abuelo Federico se sintió preparado para contarme su secreto.
Federico (abuelo niño)
¿Te voy a contar una cosa, pero no se la puedes contar a nadie, vale? Y no puedes asustarte. ¿Me lo prometes?
Victoria (niña)
Te lo prometo.
Federico (abuelo niño)
Es que tengo una maldición. Cuando alguien me cae muy bien, no sé qué me pasa, pero me empieza a picar mucho, mucho la nariz. Pero un montón de montones. Y al final siempre acabo estornudando. Se me cierran los ojos y cuando los abro, esa persona se ha alejado de mí. Al principio sólo se alejaban un poquito, un par de metros, pero la última vez que tuve un amigo, desapareció por completo. Me dijo que había aparecido en el pueblo de sus abuelos. Claro, se enfadó mucho y no lo he vuelto a ver. Pero di algo si no quieres ser mi amiga. Lo entiendo, no pasa nada.
Victoria (niña)
Que tienes poderes mágicos. Madre mía. Madre mía.
Federico (abuelo niño)
Lo sabía, pero ¿Tú me estás escuchando? Que no son poderes, es una maldición. Hago desaparecer a todos los que se acercan y pronto seguro que me pasará contigo. Por eso he decidido contártelo, para que lo sepas.
Victoria (niña)
Pero qué va, tú no tienes pinta de niño maldito. Los niños malditos tienen el pelo sucio, van en camisón, siempre tienen ojeras. Además no llevan gafas. No estás maldito, tú tienes un súper poder. Qué chulada.
Federico (abuelo niño)
A mí no me parece una chulada, Ana. Así que para allá.
Victoria (niña)
Vale, vale. Perdón. Yo nunca he tenido poderes, pero entiendo que a veces puede ser un poquito difícil. Si quieres, puedo ayudarte a controlarlo. Seguro que se puede aprender.
Ana (abuela narradora)
¿Sí?
Federico (abuelo niño)
¿Y cómo podemos hacerlo?
Victoria (niña)
Tranquilo. Primero tenemos que ver qué te pasa y por qué te sucede. Tenemos que ser un poco detectives. Pero no te agobies, tengo la solución. Lo acabo de estudiar en el método científico.
Ana (abuela narradora)
Y así fue como durante semanas empezamos a investigar aquel extraño fenómeno que le ocurría al pequeño Federico.
Victoria (niña)
Fase 1 observación. A ver, aquí pone hacer una prueba de tres. No sé cómo lo vamos a hacer porque solo somos dos, pero lo intentamos. No te preocupes.
Federico (abuelo niño)
Es de estrés, no de tres.
Victoria (niña)
Pues mejor, así lo podemos hacer nosotros. Venga, va.
Federico (abuelo niño)
Ana, yo no lo veo.
Ana (abuela narradora)
Claro.
Victoria (niña)
Tú no ves nada con esas gafas. ¿Quién es el mejor? El que mejor te cae de la clase. Después de mí, claro.
Federico (abuelo niño)
No sé. Antoñito.
Victoria (niña)
Vale, pues esta semana tienes que estar pegado a Antoñito. Esta semana Antoñito es tu mejor amigo. Yo iré observando y tomando notas. Así luego podremos analizarlas y. Y descubriremos el secreto de tu magia.
Ana (abuela narradora)
Tengo que confesarte que esta primera fase se nos complicó un poquito, Ana.
Federico (abuelo niño)
Que ya no quiero intentar hacer más amigos. Que no y que no.
Victoria (niña)
Pero ¿Por qué? Si vamos Muy bien.
Federico (abuelo niño)
¿Por qué están los mayores preocupados? Antoñito apareció en la tienda de chuches. Paco en la charcutería. Joaquín de 5º C en el salón de la señorita Rosa. Es que no veas cómo se puso luego conmigo. Que no. Se acabó. Que vamos a quedarnos solos en el cole. Que no, Ana.
Victoria (niña)
Vale, vale. Bueno, yo creo que ya tengo suficientes notas, así que estamos listos para la fase 2. Hipótesis, antecedentes mágicos, criaturas fantásticas.
Federico (abuelo niño)
Una vez tuve lombrices.
Victoria (niña)
Bueno, y tu tía María es un poco mujer barbuda. La noto también. A ver, siguiente pregunta.
Ana (abuela narradora)
Pero después de tantas horas y tantas preguntas, no sacamos nada en claro. Lo cierto es que no teníamos ni idea de por qué Federico sufría esta extraña condición. Y un día, después de una larga jornada detectivesca, volviendo a casa, Federico se rindió.
Federico (abuelo niño)
Déjalo, Ana. Da igual. Soy un raro y ya está, No hay más que investigar.
Victoria (niña)
No digas eso, Fede. No es verdad. Tú no eres raro, eres especial.
Federico (abuelo niño)
Ya tienes suerte de seguir aquí y de que no te haya mandado ya de un estornudo a la conchinchina. Yo creo que es mejor que lo dejemos. Ana, no me gustaría que tú también desaparecieses o que te fueses lejos. Es mejor que no seamos amigos. Hay muchos más niños en el cole y seguro que encuentras a una buena pandilla.
Victoria (niña)
Pero es que yo ya tengo al mejor amigo del mundo. A mí no me importa nada desaparecer. Y más ahora que tenemos examen de lengua. Y si desapareciera ahora, quiero que sepas que me daría absolutamente igual. Porque al menos el tiempo que hemos estado juntos ha sido la mayor aventura de mi vida.
Ana (abuela narradora)
En ese momento, Federico empezó a sentir un cosquilleo tremendo en la nariz. Empezó a arrugarla cada vez más, cada vez más, cada vez más. Y tu abuela, que ya era rápida, cuando medía menos de un metro cincuenta, le agarró muy fuerte las manos. Se las agarré sin miedo y le di un beso en la mejilla. Fue entonces cuando sentí cómo la nariz de tu abuelo se arrugaba como nunca había visto antes. Casi podía sentir el estornudo cogiendo carrerilla para salir disparado con toda la fuerza del mundo. Y así pasó. Estornudó tan fuerte que sentí el suelo temblar. Y cuando abrí los ojos, mis manos seguían unidas a las de tu abuelo. Y una luz inundó de pronto tanto el espacio. Hacía un día soleado en un lugar muy, muy lejano del parque en el que estábamos hacía tan sólo unos segundos. Y delante nuestra majestuosa, se alzaba la torre Eiffel. Así como te lo cuento, Victoria, cogida de la mano de tu abuelo con apenas 10 años, me maravillé de la belleza del mundo. Y desde ese día comprendimos que podíamos conocer el mundo entero juntos. Así que empezamos a conocer todo el planeta.
Victoria (niña)
Mira los monos que me gustan. Jope, Federico. Venga, estornuda ya, que viene la ballena.
Ana (abuela narradora)
Socorro.
Victoria (niña)
Oye, ¿Tú te estás enterando de algo?
Ana (abuela narradora)
No hubo ni un rincón del globo terráqueo que no visitáramos. París, Florencia, Estambul, Laponia, Nairobi. Con el tiempo, tu abuelo Federico empezó a controlar sus estornudos. Y cuando nos aburríamos, me agarraba fuerte las manos y comenzábamos una nueva aventura.
Victoria (niña)
¿Y qué pasó después? ¿Cuando os hicisteis más mayores, dejasteis de viajar? ¿El abuelo dejó de ser mágico?
Ana (abuela narradora)
No, no. Empezamos otro tipo de aventuras. De hecho, emprendimos el mayor viaje que hemos hecho. Ser papás.
Victoria (niña)
¿Y ahora dónde está el abuelo?
Ana (abuela narradora)
Está de viaje ahora, cariño. No sabemos dónde está.
Victoria (niña)
Esta vez no te dio tiempo a cogerle las manos.
Ana (abuela narradora)
Sí, mi niña. Por suerte me dio tiempo. Antes de que se fuera. Le sujeté las manos fuerte, muy fuerte, más fuerte que nunca. Pero esta vez me explicó que él estaba listo para ir solo. Esta vez no podía acompañarle porque todavía tenía cosas que hacer aquí, contigo, con mamá, con las tías. Me besó las manos y me dijo que no tenía miedo. Y desde ese día yo tampoco. Porque ¿Sabes lo bueno de conocer a una persona mágica? Que la magia nunca desaparece. Como el abuelo, la magia nunca se va. Por muy fuerte que cierres los ojos, él siempre estará con nosotros.
Carlos Alsina
Así termina nuestro primer relato de esta mañana. Avisé que tuvieron a mano los clines y veo que los están usando. Han interpretado a las protagonistas de este relato. Elena Rey, Rocío vega, el pequeño borja, fernando de sedán. Y Alejandra Torray, que ha sido la abuela que nos ha narrado esta historia. Fuerte aplauso para todos ellos. También para Luca Nolan, que es nuestro pianista. Bravo. Adelaida Tomé está sonriendo desde la primera fila del público. Y eso es que le ha entusiasmado la interpretación de la obra. ¿Qué te ha parecido, Adelaida? Dinos qué te ha parecido. Muy emocionado. Y ya que es muy de hablar ahora mismo se ha quedado sin palabras. Encantado. Bueno, no se marche ninguno de ustedes, que tenemos ahora el intermedio. Y a la vuelta tampoco se marchen nuestras actrices de hoy, porque a la vuelta seguirán teniendo faena y recibiremos a otros destacadísimos intérpretes de la escena española. Un minuto. Ahora mismo estamos aquí de regreso.
Podcast: Más de uno
Host: Carlos Alsina, Onda Cero
Fecha: 21 de enero, 2026
Lugar: Teatro Luis del Olmo, Onda Cero
Este episodio de Radioficción, titulado “Abuelo mágico,” mezcla el humor, el teatro y la nostalgia en un relato ficticio que explora la magia de los recuerdos familiares y el poder de la imaginación ante el duelo. Presentado en directo desde el teatro con la participación de la audiencia, el programa introduce la obra con un toque de humor sobre robos en el teatro antes de sumergirse en una emotiva radionovela en la que una abuela revela el “secreto mágico” de su difunto esposo a su nieta. El episodio invita a la reflexión sobre la pérdida, la infancia y cómo la magia persiste a través de las historias que contamos.
[00:06-01:49] El episodio comienza en tono distendido, con Bromas sobre problemas técnicos y un “ladrón” que ronda el teatro, lo que añade un aire de misterio y complicidad con la audiencia.
Presentación de la función teatral:
[05:53] La historia comienza con una escena cotidiana entre una abuela (Ana) y su nieta (Victoria) tras la misa de aniversario por el abuelo fallecido. La abuela detecta la tristeza de Victoria y decide revelarle un secreto sobre el abuelo.
La confesión mágica:
Ana cuenta que el abuelo, de niño, era “especial” y tenía poderes mágicos, lo que despierta la curiosidad de Victoria y abre la puerta a un flashback narrativo.
[08:36-16:52]
Ana narra cómo conoció al abuelo Federico de niños. Él era callado e introvertido (“bajito, repeinado y con gafas de culo de botella” [09:32]), y poco a poco, gracias a la insistencia de Ana en conversar con él, se hacen amigos.
El secreto de Federico:
Finalmente, Federico revela a Ana su “maldición”: cuando le caía muy bien alguien, le picaba la nariz, estornudaba y la persona desaparecía y reaparecía en otro lugar.
Ana lo ve como un superpoder, no una maldición:
Ensayos y método científico:
Intentan investigar y controlar este misterioso don usando el “método científico” infantil, pero los estornudos de Federico siguen mandando a niños a lugares insospechados del barrio.
La aceptación:
Pese a los tropiezos, Ana no se rinde y apoya incondicionalmente a Federico.
[16:52-19:12]
En un momento de máxima amistad y confianza, Ana logra combatir el “hechizo” abrazando y dando la mano al pequeño Federico justo antes de su gran estornudo. En lugar de alejarla, ambos aparecen de la mano en París bajo la Torre Eiffel.
Inician aventuras mágicas por el mundo:
Con el tiempo, Federico aprende a controlar sus estornudos y juntos viajan a sitios exóticos con cada impulso mágico.
[19:12-21:01]
Victoria pregunta si la magia terminó al crecer; la abuela responde que transformaron su vida en nuevas aventuras y que ahora el abuelo está en otro viaje. Reconforta a su nieta asegurando que la magia sigue viva mientras lo recuerden.
“Abuelo mágico” convierte la nostalgia y el duelo en una fábula alegre y reconfortante, donde el verdadero poder es el de los recuerdos y la conexión familiar. Un episodio que demuestra que la magia nunca desaparece, siempre y cuando haya alguien para contar la historia.