
El misterio sobre el ladrón en el Teatro Luis del Olmo sigue sin resolverse, para solucionarlo ha venido a echar una mano un reputado youtuber experto en casos paranormales.
Loading summary
Carlos Alsina
En directo desde el teatro Luis del Olmo de Onda Cero, Carlos Alsina presenta Radioficción. Adelante, compañeros, desde el vestíbulo del teatro.
Radioficción Host
Pues sí, aquí estoy, en el vestíbulo del teatro. Buenos días, bienvenidos a Radioficción, en las puertas del teatro Luis del Olmo. Como siempre, aquí los últimos visitantes, los más rezagados, abriéndose paso por el vestíbulo que da ya el patio de butacas.
José Antonio Lobo
Joselu, venga, grábame aquí. Aquí, aquí.
Radioficción Host
Anda. Un momento inédito en Radioficción. Estamos a punto de ver cómo un medio de comunicación promociona nuestro teatro.
Nacho (Journalist)
Qué bien.
Radioficción Host
Qué generoso. Están preparando aquí las cámaras.
José Antonio Lobo
Por favor, silencio, por favor.
Radioficción Host
Vale.
José Antonio Lobo
Muy buenas, queridos cazafantasmas y seguidores de lo sobrenatural. Soy José Antonio Lobo y hoy nos encontramos en el teatro Luis del Olmo, donde, según las malas lenguas, durante los últimos meses se están produciendo robos misteriosos. Tenemos por aquí a un testigo de los sucesos de las manifestaciones, pero qué yo.
Radioficción Host
Yo tampoco. Tampoco les puedo decir gran cosa. Sí, sí, bueno, es verdad que tenemos un ladrón en el teatro. Sí.
José Antonio Lobo
Apasionante, apasionante, apasionante.
Radioficción Host
Ya, pero no es sobrenatural. ¿Lo que es sobrenatural, sabes lo que sucede? La ficción sonora, nuestra radioficción, que tienen que escuchar porque.
José Antonio Lobo
Muchas gracias. Esto lo cortamos en edición, ¿Vale, Juan Francisco? ¿Estamos acaso ante un misterio sobrenatural?
Candela (Narrator)
¿Qué ocurre dentro de este teatro?
José Antonio Lobo
¿Quién es ese misterioso ladrón? ¿Por qué nadie lo encuentra? ¿Cómo es que nadie lo ha podido detener hasta ahora? Seguidme dentro del teatro y lo descubriremos.
Radioficción Host
No, eso sí que no. ¿Es que no pueden entrar ustedes con la cámara en el teatro? ¿No pueden cortarlo?
José Antonio Lobo
Cortamos en edición.
Radioficción Host
Que no corten nada los dos aquí. Oiga, ¿Dónde va usted? No vuelva usted aquí.
Carlos Alsina
Radioficción. Es mentira, pero está pasando. Con todos ustedes, el anfitrión de este espectáculo, Carlos Alsina. Muchísimas gracias a todos. Gracias por vuestros sentidos aplausos. Queridos radioaficionados, comienza nuestra función número 40. Significa que esto se acaba. Solo nos quedan dos matinés antes de cerrar el teatro por vacaciones. Ya lo sé, ya lo sé. Si por nosotros fuera. Si por nosotros fuera, seguiríamos ininterrumpidamente. Pero ocurre que el teatro tiene que descansar. Los tablones del escenario, por ejemplo, se han resentido mucho durante estos últimos meses. Mire este tablón de aquí. Este está pidiendo auxilio. A gritos porque lo hemos pisado demasiado. Así que si paramos en agosto, pues no es para irnos a la playa, ¿No? Es un acto de altruismo hacia el mobiliario. No, no, es broma. Se ríe siempre esta señora, ¿No? Vamos a empezar, vamos a empezar. Me han dejado un guión por aquí sobre un atril. ¿Dónde está el atril, compañeros? Estaba aquí hace un momento. El atril lo he visto yo cuando he entrado. No, no lo habrán.
José Antonio Lobo
Lo han robado. El ladrón de teatro lo ha robado.
Candela (Narrator)
Esto no es seguro.
Carlos Alsina
Calma, calma, por favor.
José Antonio Lobo
Eso, eso.
Nacho (Journalist)
Cálmense.
José Antonio Lobo
Tranquilos todos.
Carlos Alsina
Calma. En este teatro ¿Se quieren calmar? En este teatro cada día pasan cosas más extrañas. Por ejemplo, me desaparecen atriles y me aparecen señores en el escenario. ¿Usted quién es? Perdóneme, ¿Y qué hace en mi teatro?
José Antonio Lobo
Bueno, yo soy José Antonio Lobo, youtuber de divulgación paranormal e influencer del oculto. Tengo 15.000 seguidores.
Carlos Alsina
Ah, pues muy bien por usted, muy bien.
José Antonio Lobo
He venido a este teatro a esclarecer de una vez por todas la presencia paranormal que está manifestándose entre bambalinas. El ladrón del teatro, como usted lo llama, no me iré de aquí sin desenmascararle.
Carlos Alsina
Ya. ¿Y esta investigación es gratis?
José Antonio Lobo
Sí, sí, sí, claro.
Carlos Alsina
Pues un aplauso para nuestro cazafantasmas, por favor, que va a poner en riesgo su integridad física para enfrentarse al ladrón del teatro. Un fuerte aplauso para él. Muchísima suerte, José Antonio. Está bien, mucha suerte. No sé si dará usted con el ladrón, pero tampoco nos va a venir mal su ayuda, créame.
José Antonio Lobo
Estoy captando frecuencias del otro lado.
Carlos Alsina
Sí, muy bien, pero puede captar las frecuencias hablando un poco más bajo, que tenemos que hacer una función de teatro. No se molesta.
José Antonio Lobo
Manifestaos, espíritus.
Carlos Alsina
Un poco más bajo.
José Antonio Lobo
Manifestaos.
Carlos Alsina
Más bajo, por favor.
José Antonio Lobo
Manifestaos.
Carlos Alsina
Corramos un tupido velo de momento y así olvidamos este lío de los cazafantasmas y los ladrones. Vamos a escuchar el mensaje publicitario de nuestro patrocinador, Sombreros Montalvo. Los mejores sombreros del mercado y los que tienen mejor gusto para escoger dónde depositan sus mecenazgos. Básicamente porque lo depositan aquí, en Radioficción. Sombreros Montalvo, señoras y señores. Si desea ocultar que tras mucho estrés ha perdido el Melenón. Un buen sombrero hace mejor labor que un burdo pelucón. Sombrero. Ya lo han oído montar. Recuerden que si quieren comprar un sombrero, un sombrero montalvo, naturalmente, tenemos un puesto abierto aquí a la entrada. Bueno, por suerte nuestro primer relato de la mañana no tiene nada que ver con ladrones. Tiene que ver con asesinos, que convendrán conmigo. Es un perfil criminal mucho menos terrorífico. Vamos con la aventura criminal de hoy. Asesinos. Por favor, a sus puestos y que comience la función.
Nacho (Journalist)
¿Ya está grabando? Cuando quiera.
Candela (Narrator)
¿Puedo fumar?
Nacho (Journalist)
Sí, claro. Faltaría más. Es su casa.
Candela (Narrator)
Lo digo por el sonido.
Nacho (Journalist)
No se preocupe. Esta grabación es para mí, para escribir el libro.
Candela (Narrator)
Hay cosas que no cambian. Muchas moderneces para los periodistas. Pero todos, todos hacéis lo mismo. Hace 40. Bueno, ¿Qué quieres que te cuente? No sé exactamente por qué tienes tanto interés después de todos estos años. Creo que todo lo que podías decir, escribir y grabar ya lo hicisteis en su momento.
Nacho (Journalist)
Entiendo perfectamente que tenga ciertas reservas a la hora de hablar conmigo, pero le prometo que el tratamiento que voy a dar a su historia en el libro no es el que se dio entonces. La idea del libro es analizar la rumorología alrededor de casos como el suyo. Con el libro lo que pretendo no es dar credibilidad a las historias fantásticas que circulan por ahí, sino analizar cómo estos rumores se expanden, se integran en el discurso social, cómo afectan a sus protagonistas, si tienen una base de realidad.
Candela (Narrator)
Cien. Suena que tienes mucho trabajo que hacer. Te deseo mucha suerte, hijo, pero no sé, No sé qué podría ayudarte yo.
Nacho (Journalist)
Pues le contacté porque desgraciadamente su caso es el ejemplo perfecto de cómo esto sucede. Aunque hayan pasado décadas, todavía hay cientos de historias fantásticas circulando por ahí sobre qué le pasó a su marido. Para poder desmontar todas estas historias y analizar de dónde vienen, primero necesito comprender bien qué pasó.
Candela (Narrator)
La sentencia está todo lo que pasó.
Nacho (Journalist)
Sí, sí, pero como alrededor del caso siguen orbitando una serie de elementos que no terminan de encajar y que en el juicio no terminaron de explicar, muchas personas siguen elucubrando sobre lo que pasó.
Candela (Narrator)
Y la gente, La gente, La gente. Deja a la gente. ¿Tú qué quieres saber?
Nacho (Journalist)
Quiero saber la verdad. ¿La verdad o su verdad?
Candela (Narrator)
Porque no son lo mismo.
Nacho (Journalist)
No, o sea, quiero saber su historia.
Candela (Narrator)
Vale, vamos a hacer una cosa. Yo voy a contarte mi historia. Mi historia y la verdad, lo que pasó. Luego ya lo que decidas creer es cosa tuya. Agustín no era un mal marido. Tampoco era bueno. Ahora los hombres sois de otra manera. Antes todo era más sencillo. No sé si sencilla es la palabra. Era más claro. Antes todo era más claro. Al menos para algunos, como para Agustín. En mi casa la rutina era matemática. Me levantaba, preparaba el desayuno. Él se iba al campo, hacía la casa, iba a los recados, preparaba la comida, comíamos. Él dormía, yo recogía, hacía las labores, cosía, arreglaba, preparaba la cena, cenábamos, recogía, encendía la tele, cosía. Y él, mientras, leía el periódico. Una proyección del día anterior no me molestaba. Era lo que conocía. Ahora quizá. Ahora quizá sería otra historia. Ay. Cuando una se hace vieja, se da cuenta de que el mundo ocupa más que el ancho de una casa. Una tarde, antes de cenar, le pedí a Agustín que me ayudara a subir unas mantas al altillo del armario, que pesaba demasiado, mientras yo vigilaba el fuego. Pero Agustín se dispuso a cumplir la encomiable tarea de utilizar su fuerza varonil para ayudar a su pobre mujer. Pero necesitaba que le sujetara la escalera. Con el tiempo, repasando aquella escena, creo que sólo quería que lo mirara. Subía y se giraba a cada paso que avanzaba. ¿Estás sujetando? Me preguntaba. Y yo ese idiota ¿Es que no lo ve? Pero yo callaba y asentía. Él solo quería que se lo confirmara. Después de todo lo que pasó. Pensé mucho en ese momento, en esa pregunta tan estúpida que me lanzaba cada diminuto paso que avanzaba. Mientras nuestra vida juntos no había sido muy distinta. Él daba pequeños pasos, pequeñísimos, propios de un niño. Pasos que yo daba sola, a diario, en silencio, sin mirada de aprobación. Le miraba mover muebles, mover sacos, mover la jardinera tan pesada de una punta a otra del patio. No podía hacerlo sin que yo estuviera ahí plantada, asintiendo. Él avanzaba como un infante envalonado, envalentonado, por todas las escaleras. Ay, Dios mío. Estaba dichoso de su hombría. Y yo le sostenía en cada hazaña, por pequeña que fuera, con una mirada de malograda admiración, porque yo era una buena esposa. Ese era mi papel. El único para el que me habían educado. Pero aquella tarde, mientras lo ejercía. Las cazuelas de la cocina interrumpieron el espectáculo y comenzaron a reclamar. Quedaba tan solo un escalón. Solté delicadamente la escalera y fui corriendo a la cocina. Mientras sofocaba la angustia del guiso a punto de quemarse. Sonó un golpe seco. Le llamé. Agustín, ¿Estás bien? No hubo respuesta. Insistí. Agustín, ¿Qué ha pasado? ¿Este hombre de verdad ya ha tirado las mantas? Voy ahora a ayudarte, que esto ya está. A ver, a ver. Todavía sueño que entro de nuevo en esa habitación. Que entro secándome las manos en el delantal. Y me lo vuelvo a encontrar postrado en el suelo. Como si se hubiera derramado. Con los ojos abiertos, la mirada perdida en el techo, la escalera vencida. Recuerdo entrar en la habitación, paralizarme. Y apartar la escalera arrodillándome. Mientras gritaba su nombre. Agustín. Agustín, ¿Estás bien?
José Antonio Lobo
Agustín, Responde, Agustín.
Candela (Narrator)
Recuerdo zarandeando, intentando obtener respuesta. Recuerdo. Recuerdo esa sensación terrorífica de agitar su cuerpo. Que no pasara nada. Era como si moviera un hombre de paja. Recuerdo la presión en el pecho. Y el corazón desbocado. Y el sudor en las manos. Y él. Nada, silencio, vacío. Recuerdo darme por vencida, sentarme a su lado, cogiendo su cabeza entre mis piernas. Y no pasaba nada. Sentir un abismo. Comencé a acariciar su cara, su pelo, su frente. Al desfilar mis dedos por la parte posterior de la cabeza. Noté que uno de ellos se introducía en un orificio. Lo solté de inmediato. Tenía una herida. La examiné con cuidado. No había una herida abierta. Pero no había ni una gota de sangre. ¿Y cómo podía ser? Lo examiné con más detalle. Apartando sus cabellos. Encontré. Encontré algo totalmente delirante. De la herida de Agustín brotaban varias hebras de algodón. Del al sur del absurdo. Solté una carcajada. Tiré de las hebras como vaciando una muñeca de porcelana. Debía estar alucinando. ¿Te imaginas encontrarte a tu marido muerto y pensar por un instante que está relleno de algodón? Me vi a mí misma desde fuera. Como una niña sosteniendo un juguete roto. Era absurdo. Yo era absurda. Él era absurdo. Todo era absurdo. Esto es estúpido. No puede ser real. No sé dónde escuché que la risa y el miedo siempre van de la mano. La una y la otra se necesitan para que haya un chiste, una carcajada, una sorpresa final. Piensa, por ejemplo, cuando eres niño y juegas contigo al escondite. Cucú. Piensa en la angustia de ese crío. Estoy solo, No me vengo. ¿Dónde está? Para después respirar aliviado tras un tra. Y ver que su madre estaba al otro lado. Todo era broma. Esa era la sorpresa final. Todo se relaja y el cuerpo se ríe. Piensa quedarse anclado en un cucú pensando que no hay sorpresa final. Pero la vida. La vida te ha gastado una broma macabra. Y que tus únicas opciones ahora son protegerte para no parecer una demente. Recogí el algodón. Adecenté la casa. Me adecenté yo. Llamé a la policía. No soy ninguna asesina. Había sido un accidente. No tenía nada que ocultar. Ni entonces ni ahora. Cuando llegó la policía, conté lo que había pasado. Se había caído mientras yo cocinaba. Luego empezaron las historias a circular, los titulares.
José Antonio Lobo
Continúa la investigación por el supuesto asesinato de Agustín Romero. Un caso que ha conmocionado a los
Carlos Alsina
vecinos de esta pequeña localidad por la
José Antonio Lobo
gravedad de los hechos. La víctima fue encontrada desangrada en su domicilio, en el que, por el contrario, no se ha encontrado ni un rastro de sangre.
Candela (Narrator)
Las preguntas. El juicio, Las pruebas. Las pruebas. Las pruebas. No encaja, pero no es concluyente. No encaja, pero no podemos condenar por indicios. La sentencia. El ruido. Y después silencio. Vivo bien en silencio. Ahora las miradas me las dedico a mí. A lo que me importa, a lo que me hace feliz. Y Eso es todo. ¿Hay algo más que quieras saber,
Nacho (Journalist)
Candela? ¿Mató usted a su marido?
Candela (Narrator)
Algunos hombres nacen blandos. Se deshacen, se deshilachan.
Nacho (Journalist)
¿Mató usted a su marido?
Candela (Narrator)
Y tiene siempre que sostenerlos. Tú tienes que mantenerlos todo el rato, a todas horas.
Nacho (Journalist)
¿Mató usted a su marido?
Candela (Narrator)
A veces es tan sencillo comprobar lo frágiles que son. Un simple empujón y se descascarilla.
Nacho (Journalist)
Candela, ¿Mató usted a su marido? ¿Sí o no lo mató?
Candela (Narrator)
Esta es la historia, Nacho. Como te dije, lo que decidas creer ya es cosa tuya.
Carlos Alsina
Bueno, aquí termina nuestro primer relato de esta mañana. El aplauso para los actores y las actrices. Que han hecho posible esta representación en el papel de Candela, nuestra narradora y presunta asesinato. Hemos escuchado la voz de Leonor García, La versión joven de su personaje, o sea, Candela, pero algunos años atrás ha sido interpretada por Aida de la Cruz. Nacho, el periodista interrogador ha sido José Guaita, en el papel del reportero que daba la noticia. Han oído ustedes a Borja F. Sedano. No se mueva ninguno de ustedes porque vamos a hacer el intermedio aquí en Radioficción, pero a la vuelta tenemos más ficción sonora e intentaremos que no sea terrorífica. Algo inventaremos para que termine esta hora de hoy con un ambiente un poco menos criminal. Ahora continuamos.
Fecha: 1 de julio, 2026
Host: Carlos Alsina
Lugar: Teatro Luis del Olmo, Onda Cero
Este episodio de Radioficción propone una historia que fusiona misterio costumbrista, humor metalingüístico y ficción sonora. En un teatro lleno de humor y complicidad con el público, Carlos Alsina y su equipo introducen el relato central: "Algodón", un cuento inquietante sobre la rutina, el matrimonio y el inquietante accidente de Agustín, narrado desde la perspectiva de su viuda Candela. El episodio explora la frontera entre la realidad, la rumorología y lo sobrenatural, manteniendo la ironía y el tono de misterio característicos del programa.
“Es mentira, pero está pasando.” [02:13]
“Estoy captando frecuencias del otro lado.”
— José Antonio Lobo [04:55]
“Quiero saber la verdad. ¿La verdad o su verdad?”
— Nacho [08:27]
> “De la herida de Agustín brotaban varias hebras de algodón. Del al sur del absurdo. Solté una carcajada.”
— Candela [12:35]
“Me vi a mí misma desde fuera. Como una niña sosteniendo un juguete roto. Era absurdo. Yo era absurda. Él era absurdo. Todo era absurdo.”
— Candela [12:58]
> “La víctima fue encontrada desangrada en su domicilio, en el que, por el contrario, no se ha encontrado ni un rastro de sangre.”
— José Antonio Lobo [17:56]
“Algunos hombres nacen blandos. Se deshacen, se deshilachan.”
— Candela [18:53] “Esta es la historia, Nacho. Como te dije, lo que decidas creer ya es cosa tuya.”
— Candela [19:25]
“Radioficción. Es mentira, pero está pasando.”
“Quiero saber la verdad. ¿La verdad o su verdad?”
“De la herida de Agustín brotaban varias hebras de algodón. Del al sur del absurdo. Solté una carcajada.”
“Esta es la historia, Nacho. Como te dije, lo que decidas creer ya es cosa tuya.”
"Algodón" es una pieza de ficción sonora que utiliza el formato del teatro en vivo y la entrevista periodística para explorar el impacto de los rumores, la ambigüedad en la verdad y la fragilidad de lo cotidiano. Recorre con brillantez el humor, el misterio, y la emoción, dejando abierta la interpretación final al oyente, en un capítulo que mezcla sátira, humanidad y realismo mágico.
En suma: Un episodio redondo, intrigante y emotivo que utiliza el “teatro dentro del teatro” para contar una inquietante historia realzada por la atmósfera en directo y las magníficas interpretaciones.