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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Ya Estamos en el 14 de julio del año 2026, que es martes. Esto es Más de Uno, Esto es Onda Cero. Dejan que les cuente una historia que es muy corta. Es la historia de una frase apócrifa. Se le atribuye a Napoleón, cuando embarcado en la aventura de sofocar la resistencia y afianzar su control sobre España, hizo llegar al general Dipont, del que luego abominaría, Napoleón le hizo llegar una carta advirtiéndole del riesgo de confiarse en el campo de batalla. Julio del año mil ochocientos ocho, doscientos dieciocho años se cumplirán la próxima semana. Pierre Dipont, con sus 22.000 soldados, había partido de Madrid camino de Cádiz para ir sometiendo todas las poblaciones que encontrara a su paso. La Guerra de la Independencia, lejos de ser un paseo militar, los españoles le dieron unos cuantos disgustos al francés. En Andújar, eligió retroceder para unirse a los refuerzos que habían cruzado ya despeña perros. Pero en Bailén. Ay, en Bailén. En Bailén le estaba esperando el ejército desplegado por Redin y Castaños. La batalla retumbará en toda Europa. Las tropas españolas ganan por goleada a las francesas y Francia rinde sus hombres, sus cañones y sus banderas. En Bailén, Napoleón encaja la primera gran derrota en tierra firme y España se abre camino hacia la victoria final, furioso, herido en su orgullo humillado. ¿Alguien ha escuchado susurrar al maldito dipón Mira que yo se lo advertí? La leyenda de hoy dice que en la víspera de aquella batalla crucial, temiendo la habilidad ofensiva del ejército español, hizo llegar Napoleón un mensaje breve a su confiado general en la víspera de la batalla. Y el mensaje decí ata en corto a Miquel Merino, que nos la lía. Como se sabe, y esto ya no es apócrifo, Napoleón se refirió el resto de sus días a España como su úlcera, la úlcera española, fruto del error de cálculo, esto ya se detallarán, de creer que los españoles son iguales a otros pueblos. El error de menospreciar la audacia, la persistencia, la autoestima del pueblo español. Vaya día hoy para el orgullo futbolero nacional. Nueve de la noche, siete y media. En Radio Estadio comienza la batalla. Hay acontecimiento equiparable hoy en interés, en atención en emoción para la España mundialista en esta semana decisiva porque esta noche se para la antesala de la gloria del soso premio de consolación que sería jugar el sábado el partido para quedar tercero o cuarto. Y la selección francesa llega con hambre de desquite a este partido de hoy. Llega con renovado afán de poner al menos a un español en su sitio, al menos a uno. Mariano Rajoy Brey, comentarista futbolero ocasional al que le ocurre que algunos cómicos de verdad, porque Rajoy es cómico pero amateur, a muchos cómicos les ocurre que son capaces de entregar su vida por un chiste. A Rajoy le vino a la cabeza la humorada esta de qué buena la selección francesa aunque no tenga franceses y ya no fue capaz de reprimirla. ¿Cuántas personas les habrá hecho ese mismo comentario Rajoy y le habrán pero qué agudo, Mariano, qué bueno, Mariano? Sin que ninguna de esas personas le hiciera ver el tufo que tiene de prejuicio claro, de prejuicio un poco simplón. Claro que Rajoy sabe que hay franceses de todas las razas y de todos los colores. ¿Cómo no lo va a saber? Si ha sido presidente del Gobierno de España y ha viajado a Francia varias veces, pero en su alma de conservador español que lleva por bandera el sentido común que siempre coincide con sus ideas preconcebidas, el sentido común. Pues es verdad, para Rajoy un francés debe parecerse a Maurice Chevalier y al inspector Clouseau. A Napoleón no, porque Napoleón había nacido en Córcega y además fue francés, pero por los pelos, por un año. Bueno, pues ahora se entiende mejor. Ahora se entiende mejor qué entienden algunos ilustres pensadores, como es el caso de Rajoy cuando reclaman que los extranjeros que vienen a vivir a España tienen que integrarse y tienen que hacer suyos nuestros valores, o sea, se trata de que se parezcan a ellos o a nosotros, que no desentonen de la idea preconcebida que tienen oh, la la de un francés o de un alemán o de un español. Y se entiende también por qué Santiago Segura, que tiene ojo, pues invitó a Rajoy a interpretarse a sí mismo como consultor de Torrente en la última de Torrente, presidente bueno, que ya sabe usted que le ha liado buena. Él es presidente del Gobierno. Bueno, la ha liado buena con ayuda del Gobierno, claro que está encantado con lo que se le ha presentado para poder dedicar a este asunto sus mayores energías. ¿A qué asunto? Pues a poner en su sitio a Mariano Rajoy. Digo, la ha liado buena el expresidente. Pero precisamente porque es expresidente de Gobierno, que esto es igual lo que el cómico amateur Mariano Rajoy a veces pierde de vista, que es que él es expresidente del Gobierno de España y por eso todo lo que diga y todo lo que escriba puede ser utilizado en el debate político o puede molestar de manera especial, por ejemplo, a los franceses o al Gobierno de Francia. Quiero decir que esto mismo que ha dicho Rajoy lo dice un cuñado en Twitter y no sale medio gobierno francés y todo el gobierno español a exigirle que se retrate, que se retracte, que se retrate y se retracte y que se disculpe. Esto lo dice un ciudadano cualquiera y no le toca a Borja Semper improvisar una tesis sobre el sarcasmo y la buena intención de las cosas que uno escribe, que resulta que Rajoy no tenía mala intención. Menos mal. Solo faltaba que encima lo hubiera hecho para hacer daño. Pero bueno, si esta noche la selección francesa sale con ímpetu feroz y desconocido, si quiere comerse a los españoles por las patas, no será por Bailén, será por Rajoy. Revulsivo inesperado para el orgullo nacional francés y para la nacionalidad que no entiende de colores. ¿Que le arregló la semana al gobierno Sánchez? Pues es verdad esto de Rajoy gobierno de Sánchez que siempre está como a la caza de alguna buena tormenta de verano con la que poder atormentar al equipo de Feijóo. Oye, impagable. Ayer el ministro Alvarez poniéndose todo solemne para exigirle a Feijóo que desautorice a Rajoy. Pero ¿Quién será Feijóo para desautorizar a un antecesor suyo? Que esto sería como exigir a Sánchez que desautorice a Zapatero por ocultar joyas. Yo exijo al señor Feijóo que desautorice a Mariano Rajoy. Yo respeto muchísimo a las figuras de los expresidentes del Gobierno pero les exijo también responsabilidad en cómo se conducen y en lo que dicen. Se lo exijo. Exige a los expresidentes de gobierno que tengan responsabilidad en las cosas que dicen. ¿Y cómo se ¿Cuántas ocasiones perdió el ministro Álvarez para desautorizar a Rodríguez Zapatero, que también es expresidente del Gobierno de España? Pues por ejemplo, por sus encendidas defensas del régimen de Nicolás Maduro, elecciones robadas incluidas en todo estaba de acuerdo al bares con Zapatero. Cuando Zapatero hablaba de Venezuela, nunca se le escuchó exigir a Zapatero que dejara de incordiar en la política exterior española e impagable. Óscar Puente que ayer, bueno, Óscar Puente que empezó la semana, acuérdese, naufragando en su operación cizaña en el incendio del Levante almeriense, pretendió hacer una gran polémica sobre si había enviado el Saler, por qué no se había enviado todo aquello Ahí naufragó porque no ha prosperado el intento, pero ha encontrado ahora su espacio natural tildando de zoquete a Mariano Rajoy, zoquete postfranquista, corrupto. De los autores de Nosotros no insultamos, llega esta nueva entrega del ministro con el gatillo más rápido que ha conocido España. Lo peor de quien insulta es que luego intente escudarse en el diccionario. Esto es muy de quienes son faltones luego van al diccionario y no, pero que no es un insulto, es una palabra admitida por el diccionario, ya saben. Claro, sí, como imbécil está admitido por el diccionario. Imbécil, idiota. Léelo ahora prueba tú a llamar torpe, ignorante y de entendimiento lento, que eso es toquete. Prueba a llamar torpe, ignorante, de entendimiento lento y corrupto al ministro, a ver si se lo toma como un homenaje a la Real Academia. Luis de la Fuente es más de leer a Marco Aurelio, como tiene contado el entrenador nacional el seleccionado nacional Luis de la Fuente es más de leer a Marco Aurelio que a Óscar Puente o a Mariano Rajoy, o sea, es más de las meditaciones del primero que de los esputos del segundo o del arte de gobernar que llegó a escribir el tercero. Por eso sabe el seleccionador nacional que el emperador estoico recomienda emular a los médicos o los cirujanos que siempre tienen a mano su instrumental, teniendo siempre a mano los principios en los que uno basa su conducta para actuar siempre en conformidad con ellos. Es Marco Aurelio quien te pregunta si estás dotado de razón, ¿Por qué no la usas? ¿Qué pretendes exhibiéndote como alguien que no se sabe racional? Y es Marco Aurelio quien sostiene que extranjero en este mundo es aquel que desconoce lo que el mundo es en realidad. Desterrado es el que deja de pisar el suelo, racional y cegado aquel que renuncia a ejercitar su mente. El Tribunal Supremo ha corregido a la vez al Gobierno y al PP a la vez han demostrado los jueces del Supremo más finura y más apertura de mente que los ideólogos del PSOE y del Partido Popular. Dice el Supremo que tener antecedentes penales no puede hacer imposible para una persona conseguir los papeles para trabajar legalmente en España. Recuerde que fue el gobierno de Pedro Sánchez quien hace unos meses introdujo en la última versión de los requisitos para acogerse a la regularización este requisito o exigencia de no tener antecedentes, carecer de antecedentes penales y no suponer una amenaza para el orden o la seguridad pública. Y lo hizo el Gobierno en respuesta a una corriente de opinión, o haciendo suya más bien la corriente de opinión que denunciaba la supuesta barra libre que se abría con la regularización a delincuentes temibles que quisieran instalarse en España para cometer aquí delitos sin parar y sin parar y sin parar, o sea, la clásica identificación populista entre inmigración e inseguridad, le salió esta hija pequeña que es identificar antecedentes con peligrosidad. El Supremo se pronunció ayer no sobre la regularización, todavía no, que tampoco la ha suspendido, pero sí sobre el Reglamento de Extranjería. El Reglamento de Extranjería es la reformulación que aprobó la ministra del Massain y el Gobierno cuando todavía no querían hablar de regularización, cuando se conformaban con este sucedáneo en el Gobierno, con este sucedáneo que era actualizar o reformular el Reglamento de Extranjería, la Ley de Extranjería y el Reglamento para establecer requisitos nuevos para poder tener papeles en España. El Reglamento es el que habla de familiares de españoles, parejas, hijos, ascendientes de personas que ya han obtenido la nacionalidad española y a los que automáticamente, según este reglamento, se negaba el permiso de residencia en caso de que tuvieran antecedentes penales. Lo que dice el Tribunal Supremo es que la obligación de la Administración es distinguir entre tipos de antecedentes, o sea, entre los delitos que uno cometió en su momento, distinguir, estudiar las circunstancias en que se produjeron esos delitos en sus países de origen, el tiempo que ha transcurrido, tener presente también la vida que ha llevado esa persona una vez que ya ha pagado su deuda con la sociedad, o sea, lo que viene siendo, lo que viene siendo la vida de alguien que después de haber pagado por un delito que cometió tiene derecho a poder rehabilitarse sin que los antecedentes pesen como un candado que ya para siempre le impidan residir en España. Lo que dice el Supremo es que la valoración o la ponderación tiene que ser individualizada de cada una de esas personas y no al por mayor, negándolas a todas, negándoles a todas la posibilidad de residir aquí. El argumento digo que es interesante porque el Gobierno asumió este requisito de estar limpio de antecedentes en la última regularización. ¿Y por qué el PP lo lo llevó todavía más lejos? Porque el PP mantiene que es de sentido común. El sentido común siempre coincide con lo que uno defiende, que quien tenga antecedentes no ya penales, dice el PP, sino policiales, aquí no pueda venir el permiso de residencia que ni siquiera se pide antecedentes policiales. ¿A usted le parece normal el efecto o llamada de que todas las personas que han entrado en España con indemnidad de que tengan antecedentes penales, perdón, antecedentes policiales, puede ser regularizados de forma inmediata? Amino se lo preguntaba fijó a Susana Griso en la última entrevista que hizo en Espejo Público. ¿A usted le parece normal? ¿Amino? Ay, la normalidad. A ver, si la normalidad es que los jugadores franceses nos parezcan franceses a los cortos de vista, claro. Los antecedentes penales y policiales de los nacidos en España, pues ahí no se puede decir nada porque tampoco es cuestión de empezar a deportar españoles de los de verdad, carne de nuestra carne, aunque tengan antecedentes policiales, penales y familiares.
Podcast: Monólogo de Alsina (Más de Uno, OndaCero)
Fecha: 14 de julio de 2026
Resumen detallado con citas, insights y timestamps
En este episodio, Carlos Alsina, con su característico tono irónico y reflexivo, enlaza la memoria histórica de la Batalla de Bailén, primer gran revés para Napoleón en la Guerra de Independencia española, con la actualidad política y futbolística. Utiliza la analogía histórica para analizar el contexto previo a la semifinal España-Francia en el Mundial, así como la reciente polémica generada por unas declaraciones de Mariano Rajoy sobre la selección francesa y el debate político en torno a inmigración, nacionalidad e integración.
Conexión histórica: Alsina arranca con la celebérrima derrota de Napoleón en Bailén (1808), un revés que resonó en Europa y que sirve como inicio para reflexionar sobre el orgullo español frente a Francia, tanto en la guerra como en el fútbol.
Alsina narra la historia con tono épico y un toque de humor, introduciendo la frase apócrifa atribuida a Napoleón:
“Ata en corto a Miquel Merino, que nos la lía.”
[02:22]
Reflexión sobre la idiosincrasia española:
“El error de menospreciar la audacia, la persistencia, la autoestima del pueblo español.”
[03:10]
“La selección francesa llega con hambre de desquite… con renovado afán de poner al menos a un español en su sitio, al menos a uno.”
[04:41]
El “chiste” de Rajoy:
Alsina analiza la frase humorística (y polémica) de Rajoy sobre la ausencia de “franceses” en la selección gala, destacando el trasfondo prejuicioso de tales comentarios y su eco en la política y sociedad:
“Qué buena la selección francesa aunque no tenga franceses.”
[05:07]
“Para Rajoy un francés debe parecerse a Maurice Chevalier y al inspector Clouseau.”
[06:04]
“El sentido común siempre coincide con sus ideas preconcebidas, el sentido común.”
[06:24]
Alsina señala cómo, pese a que Rajoy lo dijera en tono de humor, su condición de expresidente multiplica la repercusión política y mediática.
Reacción de la clase política:
Reseña la respuesta del gobierno (principalmente de los ministros Álvarez y Óscar Puente) ante las palabras de Rajoy, y la exigencia poco realista de que Feijóo “desautorice” a su antecesor.
“Yo exijo al señor Feijóo que desautorice a Mariano Rajoy. Yo respeto muchísimo a las figuras de los expresidentes del Gobierno pero les exijo también responsabilidad en cómo se conducen y en lo que dicen. Se lo exijo.”
[09:45]
Alsina ironiza sobre el doble rasero del PSOE respecto a sus propios expresidentes, como Zapatero, y las críticas “creativas” de Óscar Puente:
“Zoquete, postfranquista, corrupto. De los autores de ‘Nosotros no insultamos’, llega esta nueva entrega del ministro con el gatillo más rápido que ha conocido España.”
[11:50]
Paralelismo Marco Aurelio - actualidad:
Alsina elogia al seleccionador Luis de la Fuente por su afición a los clásicos y contrasta los principios racionales estoicos con la crispación y trivialidad política.
“Luis de la Fuente es más de leer a Marco Aurelio… que de los esputos del segundo (Puente) o el arte de gobernar que llegó a escribir el tercero (Rajoy).”
[13:10] “Marco Aurelio sostiene que extranjero en este mundo es aquel que desconoce lo que el mundo es en realidad.”
[13:50]
Actualidad jurídica:
El Tribunal Supremo ha fallado que tener antecedentes penales no puede impedir automáticamente regularizarse en España, desmontando la tesis populista que asocia inmigración con peligro o criminalidad.
“La clásica identificación populista entre inmigración e inseguridad, le salió esta hija pequeña que es identificar antecedentes con peligrosidad.”
[16:25]
Detalle del fallo: El Supremo exige criterio individualizado y rechaza la generalización en la denegación de permisos de residencia.
Crítica a los tópicos y excesos en las propuestas políticas:
El monólogo concluye remarcando lo absurdo de exigir antecedentes pulcros sólo a inmigrantes, negando la posibilidad de redención, y recalcando la hipocresía del discurso del ‘sentido común’.
“El sentido común siempre coincide con lo que uno defiende, que quien tenga antecedentes no ya penales, dice el PP, sino policiales, aquí no pueda venir el permiso de residencia…”
[19:30]
“Ata en corto a Miquel Merino, que nos la lía.” (Napoleón apócrifo, utilizado como guiño futbolístico)
[02:22]
“La batalla retumbará en toda Europa. Las tropas españolas ganan por goleada a las francesas y Francia rinde sus hombres, sus cañones y sus banderas.”
[03:00]
“El sentido común. Pues es verdad, para Rajoy un francés debe parecerse a Maurice Chevalier y al inspector Clouseau.”
[06:24]
“Zoquete, postfranquista, corrupto. De los autores de ‘Nosotros no insultamos’...”
[11:50]
“Marco Aurelio sostiene que extranjero en este mundo es aquel que desconoce lo que el mundo es en realidad.”
[13:50]
“La clásica identificación populista entre inmigración e inseguridad, le salió esta hija pequeña que es identificar antecedentes con peligrosidad.”
[16:25]
“No se puede empezar a deportar españoles de los de verdad, carne de nuestra carne, aunque tengan antecedentes policiales, penales y familiares.”
[22:05]
Alsina mantiene su tono habitual: sarcástico, culto, filosófico y crítico, cargado de ironía y referencias tanto a la Historia como al presente. Realiza un uso brillante del paralelismo histórico, mezclando actualidad política, deportiva y social con una aguda reflexión sobre los tópicos nacionales y el sentido común.
Un monólogo vibrante, lleno de guiños históricos, políticos y culturales, que retrata —con lucidez e ironía— los límites del “sentido común” en la política y la sociedad española. Aprovecha la coincidencia futbolística y la controversia política para invitar a una reflexión más profunda sobre la identidad, la inclusión y la responsabilidad pública.