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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos en el miércoles 17 de junio del año 26. Es más de uno, es Onda Cero, esto es la radio. Y les cuento, si me dejan, una historia que es muy corta. Es la historia de un escritor que teclea en su máquina de escribir y escucha a su vecina de abajo que empieza a tocar guitarra y a canturrear. El escritor es el actor George Pepper, 22 años antes de ser Aníbal Smith en el equipo A. Y la joven que canta es Audrey Hepburn, 12 años después de haber debutado como actriz de televisión. La canción, a diferencia del guión y de los actores, la canción sí se llevó un Oscar. La canción estuvo a punto de ser eliminada del montaje final de esta película porque a los productores les pareció que era un pegote que no tenía ni pie ni cabeza. Que esta escena en la que canta Audrey Heibun, ¿A que viene? Además, saltaba a la vista que Audrey Heybun no contaba entre sus talentos con el de la música. Pero ocurrió que Blake Edwards, que era el director, se había empeñado tanto en que no fuera doblada por una cantante de verdad, que al compositor, a Henry Mancini, le pidieron que creara un tema a la medida de ella, o sea, que en lugar de cantar, pues casi, casi sirviera con que susurrara. Y le pues esta canción, que no deja de ser lo más parecido a una nana, la nana que más veces sonó, calculo yo, en Polvo de estrellas, de Carlos Pumar. Habrá un montón de gente ya. Poner una nana a las 8 de la mañana igual es lo más absurdo que se ha hecho nunca en una emisora de radio. Moonriver, Moonriver. La canción acabó siendo reproducida durante décadas en todo el mundo, mucho más que la película. La película Desayuno con diamantes es una canción a la medida de quienes adoran las joyas pero no están acostumbrados a cantar. Adoran las joyas, pero hasta ahora no han cantado. No es comedia, sino drama. Que habiendo gobernado un país 7 años, con tus aciertos que perduran y con tus fracasos que a punto estuvieron de llevar ese país a la quiebra, habiendo liderado un partido político 12 años y habiendo regresado del cementerio político al que ese mismo partido te condenó, o sea, habiendo sido exhumado vivo para erigirte en padre inspirador de quien hoy gobierna, No es comedia, sino drama. Digo que tu legado, después de todo, eso acabe siendo un joyero, la halajera que dicen en Venezuela, o sea, que es comprensible el estado de abatimiento de Zapatero. El presidente Zapatero y su familia, o sus dos familias, la familia personal y la familia política. La primera porque el trago de verse en los papeles como trincona, como aprovechada, como defraudadora, pues lo es en efecto un trago incluso cuando eres culpable, así que si eres inocente y te predicas inocente, pues más trago todavía. Y la segunda, la familia política, la extensa familia política del Partido Socialista, porque teme haber estado tratando todos estos años con un falsario, con un impostor que presumía de no ambicionar ni la gloria ni los bienes materiales y ofrecía como prueba de ello que nunca había creado una sociedad que se ganaba la vida como autónomo y que su patrimonio neto, como declaró en este programa, era inferior a los 700.000 euros. Tiene obligación de presentar declaración del impuesto de patrimonio. ¿Es decir, que su patrimonio neto es inferior a 700.000 euros?
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Exacto.
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Y sus ingresos anuales son superiores a 300.000 euros.
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Tiene usted el derecho de preguntar Todos mis ingresos, insisto, están declarados por el impuesto a la Renta de las Personas Físicas y mi patrimonio, Pues no ha dado lugar el año pasado a tener que hacer declaración a efectos fiscales. Esa es la verdad, Punto.
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Si el patrimonio neto es inferior a 700.000 euros no tienes obligación de presentar declaración del impuesto de patrimonio. Casi un mes después de que su despacho fuera registrado por la UDEF, el ex presidente Zapatero tiene hoy la oportunidad de responder a las preguntas del juez que investiga a su amigo julio Martínez por tráfico de influencias y blanqueo de capitales en el rescate de plusulta. Porque es a raíz de esta investigación por lo que ha sido citado Rodríguez Zapatero con abogado, o sea, imputado, para informarle de lo que hay en esta causa que le afecta a él y para ofrecerle la ocasión de explicar cosas, explicar su papel en Análisis Relevante, esa sociedad de la que cobraba como consultor, sus gestiones que él niega para plusultra, sus actividades en Venezuela y esto de las joyas Ahí las joyas. El mismo día del registro y la imputación Rodríguez Zapatero grabó un vídeo en el que anunciaba que atendería a los medios de comunicación. Luego no lo ha hecho. Parece que por consejo de su abogado no ha habido por tanto, en este mes que ha transcurrido ya una declaración suya de viva voz confirmando o desmintiendo que las joyas sean suyas. Acuérdese que Zapatero escogió a una suerte de portavoz que se llama Luis Arroyo que sostuvo que lo que había en esa caja fuerte eran regalos y herencias, herencias de la madre, de la suegra y de una tía, sin llegar a aclarar si son propiedad de Zapatero. Todo lo que hay en esa caja fuerte es propiedad de la esposa de Zapatero, Sonsoles Espinosa, es propiedad de los dos. Y aclarando aquello de que como mucho valdría todo junto 50.000 euros. Bueno, ya sabemos que luego la tasación oficial elevó la cuantía a más de 1.300.000. Eso y el hecho de que aún no esté establecida la procedencia de cada joya es lo que ha hecho que el juez abra una investigación adicional sobre el origen de ese patrimonio y su tributación a Hacienda. Es decir, si son regalos y herencias como sostuvo el portavoz y que pertenece a cada uno de los cónyuges por si alguno de ellos o los dos tuvieran entonces un patrimonio superior al umbral que la ley declara exento de presentar declaración, o sea, por si acaso Zapatero tiene un patrimonio neto que no es inferior a los 700.000 euros, como dijo aquí, sino bastante superior. Si tienes 1.300.000 en joyas, pues ya es bastante superior. Es decir, sí Rodríguez Zapatero. Hipótesis, hipótesis. Ha eludido no ya el impuesto de patrimonio que en Madrid Díaz Ayuso bonifica, por cierto, sino el impuesto de grandes fortunas que Pedro Sánchez se inventó alegando que en Madrid los ricos no tributaban porque en verdad tienen bastante más de lo que luego aparece gracias a las gestiones del gobierno madrileño. Bueno, que está por ver. ¿Hubo tributación? No la hubo. ¿Desde cuándo tiene Zapatero las joyas? ¿Cuál es su procedencia de todo esto? Se le va a preguntar hoy. Otra cosa es que responda porque siempre puede alegar que aún no tiene la documentación necesaria. Él ya pidió un aplazamiento y no le ha sido concedido para no responder a las preguntas que tengan que ver con las joyas o con él o con el joyero, claro. ¿Cuándo la recibió? ¿Cuándo tuvo que haber declarado? Y si no declaró, cuánto dejó de declarar y se incurrió en un fraude fiscal Miguel Sebastián, exministro de Rodríguez Patero, en este afán por salvar al amigo de la quema le ha metido en otro problema porque ha contado estos días atrás que es habitual que en los viajes a Arabia Saudí los ministros reciban joyas como regalos, pero también que es decisión de cada cual quedárselos para así llevárselos a casa o dejar esas joyas o esos regalos como patrimonio del Estado. Claro, si uno se lo queda, mostrando, por cierto bastante más apego a lo material de lo que tenía predicado, si uno se lo queda incrementa su patrimonio de manera incuestionable. Haber defraudado a Hacienda por encima de los 120.000 euros en un ejercicio fiscal sabemos que es un delito, pero igual ha prescrito. Pero para que haya prescrito, primero hay que reconocer que se produjo el delito, aunque haya prescrito en el momento en el que se hizo, o mejor, no se hizo la declaración correspondiente sí se incurrió en la comisión de un delito. Esto es lo que está por esclarecer. Podría ocurrir que al final no hubiera manera de perseguir penalmente la no tributación de esas joyas pero que quedara en evidencia que no se tributó. Es decir, que hubo una elusión fiscal. Podría ocurrir. Entre el joyero y la elusión fiscal se le está quedando al PSOE un faro moral con tantas contraindicaciones que no sería raro que lo enterraran de nuevo. Igual que una moción de censura se puede ganar aún perdiéndola, una cuestión de confianza se puede perder aún no presentándola. Hubo una vez que ese afamado estratega llamado Carlas Puigdemont y Casamayó ideó una jugada audaz para recordarle a Pedro Sánchez a quién debe la legislatura. Anunció el señor Puigdemont una moción de su grupo en el Congreso para instar al presidente a someterse a una cuestión de confianza. ¿Cómo era aquello del sí no ¿Qué dijo usted, Carlas? Si no se submete una cosa de
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confianza, obviamente nuestras decisiones arriba te quepún
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Llegado este punto, como no se somete a una cuestión de confianza, tomaremos nuestras propias decisiones. El PSOE, tan firme siempre en sus convicciones, empezó diciendo que aquello iba contra la separación de poderes y contra la Constitución. Poca broma. Empezó con aquello de ¿Pero quién es el Congreso para decirle a Sánchez que tiene que someterse una cuestión de confianza? Pero acabó tragando con que se tramitara aquella moción un hermoso gesto de distensión o rendición. Y al final lo que ocurrió, ya casi nadie se acuerda, es que habiendo dado el peso el paso de aceptar que se debatiera aquella iniciativa de Junts, fue Junts quien reculó por aquello de pacificar el clima y con la intercesión del verificador Galindo. Ya, ¿Quién se acuerda de Galindo? El verificador Galindo que intervino en aquel asunto para que Junts reculara a instancias de Rodríguez Zapatero, el nuevo mejor amigo de Waterloo. Ni un charco al que dejarse de tirar el presidente del Gobierno. Ni un charco. Bueno, que el Gobierno pasara en aquel episodio de nuestra vida política no tan reciente, que el Gobierno pasara en sólo unos días de proclamar lo ilícito que era que el Parlamento instara al presidente a presentar una cuestión de confianza, a proclamar con idéntico aplomo lo saludable que era que el Parlamento pudiera debatir de cualquier cosa. El cambio de posición no sorprende a nadie porque en este Gobierno los cambios de opinión son como las rayas de la cebra, es decir, su seña de identidad. Ahora Junts ha vuelto a sacar de su chistera otra jugada audaz añadiéndole un texto de cosecha propia a otro que había presentado el PP para que el Parlamento debatiera y votara este jueves si se instaba al presidente a disolverles a todos ellos, es decir, a convocar elecciones generales. Junts y el PP coincidiendo en un objetivo y en un instrumento. ¿Pero qué me estás contando? ¿Coincidencia del PP? Y naturalmente que la potestad de convocar elecciones sólo la tiene el presidente del gobernador, eso lo sabe hasta Patxi López. Pero en ningún lugar está escrito que los diputados no puedan debatir la conveniencia de que el presidente disuelva las Cortes. De hecho tampoco hace falta mucho debate porque las posiciones ya están expresadas. Ya sabemos que hay mayoría a favor de la convocatoria electoral, como el señor Nacional Feijóo se ocupa de recordar cada semana y hoy seguramente volverá a hacerlo. Lo que ayer sucedió es que a la mayoría gubernamental en la mesa del Congreso le llegó la instrucción de la Moncloa de impedir a toda costa que semejante debate y votación pudieran producirse en el hemiciclo y al utilizar su peso en la mesa de la Cámara para abortar la iniciativa vinieron el PSOE y Sumar, o sea, el Gobierno a confirmar que en efecto, el presidente sabe que ha perdido la confianza del Congreso de los Diputados, o sea, que no hay votación porque Sánchez la tiene perdida. Y al admitir que la tiene perdida, admite que la mayoría del Congreso le ha retirado la confianza. Sólo hay un matiz, sólo hay un matiz que asumir que tienes perdida la cuestión de confianza a presentar y perder la cuestión de confianza. Y el matiz es que si haces lo segundo, si la presentas y la pierdes, tu obligación legal ya es convocar elecciones generales, no te queda otra. Mientras que en el primero de los casos, aun sabiendo que el Parlamento ya no te quiere, puede seguir fingiendo que no te das por enterado y puedes seguir haciendo de tu capa un sayo, que es en lo que estamos. No te das por enterado. Después de todo, este es el presidente que nunca se ha enterado de nada, ni de Ábalos, ni de Coldo, ni de Cerdán, ni de Leire, ni de Zapatero, ni de Delsi Rodríguez. Ahora tampoco quiere enterarse de que la sociedad española representada en el Parlamento le está pidiendo que ponga urnas para poder expresarse.
Podcast: Monólogo de Alsina (Onda Cero)
Fecha: 17 de junio de 2026
Host: Carlos Alsina
El monólogo se centra en la pérdida de confianza, explorando casos recientes de crisis política y escándalos que afectan tanto al ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero como al Gobierno actual de Pedro Sánchez. Alsina reflexiona con ironía y cierta melancolía sobre cómo legados se ven manchados y cómo el juego parlamentario y las contradicciones políticas ilustran la pérdida de confianza ciudadana e institucional.
[00:06 - 02:30]
Alsina inicia con una anécdota cinematográfica sobre la icónica escena de Audrey Hepburn cantando “Moon River” en Desayuno con diamantes, comparando cómo algo que parecía innecesario o fuera de lugar puede acabar definiendo un legado.
Esta historia sirve como metáfora del escándalo que envuelve a Zapatero: su supuesta imagen ascética y su realidad, señalada por vínculos con joyas y patrimonio.
[02:30 - 07:45]
Fragmento de entrevista pasada:
Alsina mantiene su característico tono irónico, crítico y lúcido. El monólogo oscila entre la burla elegante, el lamento sobre la degradación de los valores políticos y una denuncia implícita de la hipocresía institucional. Utiliza recursos literarios y referencias culturales para hacer más mordaz la comparación entre la narrativa pública y los hechos.
Este monólogo de Alsina es una reflexión aguda y demoledora acerca de cómo la confianza, una vez perdida, mancha legados personales y proyectos políticos. Utilizando la metáfora de “Moon River” y el escándalo de las joyas de Zapatero como hilo conductor, Alsina señala la creciente desconexión entre los discursos y la realidad en la vida pública española, el deterioro de la credibilidad de los líderes y la imparable erosión de la confianza institucional.