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¿Qué tal, cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Ya estamos a martes, es 23 de junio del 2026. Esto es Onda Cero, esto es la Radio, esto es Más Deudor. Y les cuento, si me dejan, una historia que es muy corta. Bueno, hoy son dos historias. La primera es ficticia y la segunda no. Entró el asesor sigiloso al despacho del Presidente temiendo encontrárselo como una hidra le ha salido la sentencia al Presidente. Y el Presidente ya he visto. ¿Quieres que digamos algo? ¿Le encargo algún ministro que diga alguna cosa sobre la sentencia? No, no ha respondido el Presidente. El Presidente estaba como abstraído. El asesor siguió dando ideas ¿Podemos ir por lo de Aldama? ¿Le metemos un rejón al Supremo por dejarle en libertad como si fuera un santo? El Presidente seguía callado, la mirada hacia el horizonte, de pie ante el ventanal de su despacho. El asesor pensó para sí, dijo a ver si está preguntándose qué dirá de él la historia. Pero entonces habló el Presidente y a ver un santo. Aldama no es, pero ha jugado bien sus cartas. Asintió el asesor. Es verdad. ¿Qué crees tú? Preguntó el Presidente. ¿Qué crees TÚ que habrá pensado Santos? Dijo el asesor No creo que tengas que preocuparte. Y dijo el ah, no, no tengo que preocuparme. Entre 24 años de cárcel y un año de trabajos sociales, ¿Tú qué elegirías? Dime, asesor, ¿Qué crees tú que habrá pensado al conocer la sentencia Santos Sardán? La segunda historia la contaba Pancracio Cedrán Los indianos que habían regresado ricos a España en el siglo XVIII, invitaban en sus lujosas casas a una taza de chocolate, que era un producto terriblemente caro que se habían traído de allá y mostraban a las visitas también la lujosa jaula en la que se habían traído de América un loro. El loro en la jaula disponía de un recipiente para picotear a placer también el chocolate, claro, cuando la economía se torcía y había que hacer recortes. Pues el indiano seguía invitando a chocolate a las visitas, pero privaba del chocolate al loro un gasto perfectamente superfluo al lado del verdadero dineral que gastaba el dueño en otras el chocolate del loro. José Luis Ábalos Meco, diputado entonces, estuvo en este programa en febrero del año 2024 recién detenido Coldo, y cuando ya se sabía que el caso iba de un trato de favor supuesto de su ministerio a los proveedores de mascarillas, Soluciones de gestión, es decir, la empresa a la que representaba Víctor de Aldama, y aquí Ábalos empleó febrero del año 24 como argumento defensivo que el dinero que se movía en esos contratos de mascarillas comparado con el presupuesto total de su ministerio, era el chocolate del loro. Dije, sí me habla de mascarillas con todo lo que gestiona el Ministerio de ordinario, que son las infraestructuras, donde efectivamente ahí se mueve muchísimo dinero y nadie me ha podido decir nada al respecto, entonces me tienen que ir. Di el chocolate del oro. El Tribunal Supremo ha emitido sentencia sobre el chocolate y sobre el loro y concluye que Hay que meter 24 años en prisión al dueño del loro, que era José Luis Ábalos. 24 años que en realidad serán 16 de cumplimiento máximo por esta causa de las mascarillas, según el Tribunal, es que la causa de las mascarillas sólo es la primera de las que ha investigado la UCO. Para el Tribunal Supremo, viendo el relato de hechos que hace el Tribunal, los hechos que el tribunal da por probados, los argumentos que emplea para sentenciar que Ábalos y Colto fueron corruptos y que Aldama fue corruptor, pues cabe anticipar que en el siguiente juicio, que este será ya en la Audiencia Nacional, sobre la obra pública, sobre las mordidas, sobre la verdadera cuantía del presupuesto que maneja el Ministerio, como decía aquí José Luis Ábalos, y ya con Santos Cerdán acompañando a Ábalos y a Coldo en el banquillo y Aldama, cabe pensar que los indicios reunidos por la Fiscalía con la cooperación activa de Aldama, van a conducir al tribunal siguiente, a otro tribunal, a la misma conclusión a la que ha llegado el Tribunal Supremo, o sea, que la corrupción queda aprobada, quien se negó a admitirla sufre toda la severidad de la pena, quien se animó a admitirla y a ayudar a aprobarla es compensado con una pena menor y con la suspensión condicionada de su ingreso en prisión, o sea, Víctor de Aldama. Lo siguiente, digo, ya no será el chocolate del loro, sino la chocolatada de las carreteras, las compañías aéreas, los empresarios de hidrocarburos, las licencias, las influencias y Venezuela. En esta primera sentencia, el Supremo ha hecho suyo el criterio y el discurso del fiscal anticorrupción Alejandro Luzón. Con esta corrupción política organizada nada menos que desde un ministerio del Gobierno de España, está disminuyendo la confianza de los ciudadanos en unas instituciones democráticas que estos delincuentes pervierten poniéndolas a su servicio. Que Ábalos fuera ministro, superministro y a la vez secretario de Organización del partido del Gobierno es elemento muy relevante para el Tribunal porque sitúa al procesado en una posición de poder que pocas personas el poder como oportunidad para enriquecerse de forma ilícita y el abuso de poder corrompiéndose como daño al sistema democrático. Ábalos, en efecto, lo fue todo en su partido y lo fue todo en el primer gobierno sanchista. Ávalos, según la versión oficial, engañó y traicionó a su partido y a quienes le confiaron gobernar su partido. Claro, leyendo la penosa valoración oficial que la sentencia le ha merecido a la portavoz del PSOE, la doctora Mínguez, aliada con la sintaxis y con las comas. Por cierto, ¿Quién diría que Ávalos traicionó al PSOE? Un partido que de verdad se avergüenza de Ábalos y que de verdad se considera utilizado, casi prostituido, podríamos decir, por Ábalos, habría agradecido al Tribunal Supremo que haga justicia, que ponga en su sitio al impostor socialista. Un partido que de verdad se abochorna por la carrera inexplicable que tuvo el tal Coldo y que de verdad se hace cruces por haber permitido que tal carrera ocurriera, habría puesto ahí el acento al valorar la sentencia, en lo tranquilo que se queda el PSOE al saber que los dos desleales pagan caro su aprovechamiento. Pero no es eso lo que sucedió ayer. Sucedió que el PSOE quiso ponerle pegas a la sentencia, quiso desacreditar al Supremo, quiso censurar la condena poniendo el foco en Aldama, el corruptor, que no era dirigente del Partido Socialista, que se sepa, y cuya permanencia fuera de la prisión lleva al PSOE a poner el grito en el cielo, como si en el fondo de su reacción a la sentencia latiera la empatía no reconocida con Ábalos y con Coldo y la animadversión largamente incubada a quien cantando la Traviata los puso contra las cuerdas, o sea, Víctor de Aldama. Qué tiempos aquellos. En que Óscar Puente no se creía que Ábalos pudiera ser un corrupto. Tendría que verlo para creerlo y aún así me costaría. Qué tiempos aquellos en que el ministro se auto adjudicó el papel de refutador de los indicios que aportaba Aldama a la causa de las mordidas. Ese papeluco que ha presentado ante el juez ese señor lleno de subrayados no tiene el más mínimo sentido y lo ha hecho él con el ánimo de confundir o lo pilló en alguna mesa, en algún sitio y ha sacado las conclusiones que le interesaban para la tesis que le interesaba. Qué tiempo de aquellos. Significarse tanto en la misión de aplastar el testimonio de un confeso tiene este riesgo que es que ahora llega el Supremo y te deja con el rulo al aire como perito y como jurista. Dos en uno. Ayer dijo el ministro que la pena es desproporcionada, como sabe cualquiera que tenga ojos en la cara. Le han caído 24 años a José Luis Ábalos. Hay que estar muy ciego para no acordarse de que a Bárcenas le cayeron 33 en la sentencia de la Gürtel. 33. Y al PSOE le pareció justísimo que así fuera. De nuevo el partido y sus ministros escociéndose como si Ábalos aún fuera uno de los suyos. Ay de la memoria de los nuestros. Cada partido se retrata como quiere ante una sentencia, Es verdad, ya se vio con el PP y la Gürtel precisamente. Pero este PSOE que pretende ser visto como íntegro, como incansable luchador contra las corrupciones que lo sangran. Hombre, podría haber medido mejor su posición pública para no acabar pareciendo que está escocido porque a su ábalos le caigan 24 años y Aldama, que no era dirigente del partido, sólo le caigan cuatro. Qué tiempos aquellos de nuevo en que el PSOE, o sea Santos Sardán, tachaba al dama de delincuente confeso y recordaba su estancia en prisión como si eso convirtiera en falso todo lo que diga. Las mentiras, afortunadamente, suelen tener las patas muy cortas, aunque en el camino suframos mucho, nos quieran meter en este fango en el que no estamos. Es el mismo Cerdán que acabó él mismo entrando en prisión preventiva y que a la luz de la sentencia igual le da una vuelta a lo de negarlo todo y seguir predicando su inocencia en lugar de empezar a admitir algunas cosas. No será hoy cuando escuchemos al ministro de Justicia proclamar con orgullo que había indultado a un delincuente confeso de nombre José Luis Peñas porque colaborar con la justicia merecía un premio. La labor de José Luis Peñas fue fundamental para poder investigar la trama de corrupción Gürtel. Y también creo que el mensaje que enviamos con este Real Decreto de indumentaria en el día de hoy es un mensaje muy quien colabora con la Justicia tiene el apoyo del Gobierno. España no será hoy. No será hoy porque el Gobierno no ha dado un solo signo en estos últimos meses de querer que ningún imputado se anime a reconocer sus delitos y a colaborar con la Fiscalía Anticorrupción. Que así es como llegamos a la otra interpretación posible de la escocedura del PSOE. No es sólo que Ábalo siga siendo visto como uno de los suyos, ligeramente descarriado, pero al final un político haciendo cosas de político. Es que alguien en Ferrazo en Moncloa, que tanto da. Ha entrado en pánico ante la posibilidad de que Santos Sardán o julio Martínez tomen nota y asuman que habiendo tanto mail, tanto dinero en efectivo, tanto móvil convolcado de móvil, tanto precontrato firmado de por medio, les interesa empezar a confesar sus pecados a la Fiscalía, incluyendo en la confesión, caso de haber existido, que Sánchez no estaba tan a por uvas como dice, o que Zapatero era visto por los venezolanos de plusultra como su conseguidor de favores del gobierno de Sánchez. Porque en efecto, eso es lo que era, un conseguidor. Santos. Y julio Cerdán y Martínez hoy son los dos fantasmas que envenenan el sueño de lo que va quedando de la dirigencia sanchista. De Pedro Sánchez, por cierto, la sentencia no dice nada. Solo le menciona una vez, cuando recuerda que fue en las primarias cuando Ábalos conoció a Coldo, el militante ejemplar custodio de los avales. Que no diga nada de Pedro Sánchez. La sentencia del Supremo es la prueba de que el testimonio de Aldama ha sido examinado a la luz de las pruebas y que no ha sido tenido como palabra de Dios en todo lo que dijo. Porque Aldama declaró que fue Sánchez quien colocó a Coldo y que era Sánchez el number one de esta trama. El señor presidente del gobierno Pedro Sánchez está en el escalafón 1. El señor Ábalos es el escalafón 2, el señor Nicoldo García en el 3 y yo en el 4. A esto el Tribunal Supremo no hace ni caso, porque en esto solo está la palabra de Aldama Sánchez. Nunca estuvo investigado ni sale de esta sentencia penalmente señalado. No dice nada de él la sentencia ni es necesario que lo diga. Porque todo el mundo sabe quién elevó a Ábalos a las dos poltronas que disfrutó simultáneamente, quién lo relevó de ministro en el año 2021 sin explicar cuáles eran los motivos, quién lo recuperó en el año 23 para las listas cuando ya estaba al tanto de sus andanzas con Coldo en los hoteles y los paradores y no sé qué, y quién le hizo presidente de una comisión parlamentaria para que cobrara un plus con el que aliviar sus eternas penurias económicas. Todo el mundo sabe quién era el máximo responsable del Partido Socialista y del gobierno socialista que mientras Ábalos cometía todos estos delitos probados según el Tribunal Supremo, permanecía en Babia cual criatura ingenua, desinformada y cándida y no se enteraba nunca, ¿Que le vamos a hacer? De nada. Nada supo de las mascarillas el presidente, ni de Jessicas, ni de trasiego de billetes en Farrat, ni de votos chuscos en las primarias, ni del ático donde vivía Santos Tardán, ni de constructoras, ni de rescates, ni de Servinábar, ni de Leire, ni de cloacas, ni de nada. La ignorancia es la última defensa del presidente en cuyos equipos anidó la corrupción. La ignorancia que podrá seguir alegando mientras Santos Radán no declare lo contrario,
Podcast: Monólogo de Alsina | Host: Onda Cero | Date: 23 junio 2026
En este episodio, Carlos Alsina aborda la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre el “caso mascarillas”, centrado en la corrupción política vinculada a la adquisición de material sanitario en España durante la pandemia. Con el habitual tono irónico y crítico, Alsina analiza el alcance de la sentencia contra José Luis Ábalos y otros implicados, la reacción del PSOE y el significado político y social de estos acontecimientos. Mediante anécdotas históricas y alusiones punzantes, el monólogo desmonta las justificaciones institucionales y cuestiona la integridad de los partidos en su gestión de la corrupción interna.
“Entró el asesor sigiloso al despacho del Presidente temiendo encontrárselo como una hidra le ha salido la sentencia al Presidente. Y el Presidente ya he visto. [...] Entre 24 años de cárcel y un año de trabajos sociales, ¿Tú qué elegirías?” — Alsina, 00:40
“El chocolate del loro. José Luis Ábalos Meco, diputado entonces, estuvo en este programa en febrero del año 2024 [...] el dinero que se movía en esos contratos de mascarillas comparado con el presupuesto total de su ministerio, era el chocolate del loro.” — Alsina, 03:35
“El Tribunal Supremo ha emitido sentencia sobre el chocolate y sobre el loro y concluye que hay que meter 24 años en prisión al dueño del loro, que era José Luis Ábalos.” — Alsina, 04:50
“Ábalos, en efecto, lo fue todo en su partido y lo fue todo en el primer gobierno sanchista.” — Alsina, 08:00
“Un partido que de verdad se avergüenza de Ábalos y que de verdad se considera utilizado [...] habría agradecido al Tribunal Supremo que haga justicia, que ponga en su sitio al impostor socialista. Pero no es eso lo que sucedió ayer.” — Alsina, 09:40
“Hay que estar muy ciego para no acordarse de que a Bárcenas le cayeron 33 en la sentencia de la Gürtel. 33. Y al PSOE le pareció justísimo que así fuera.” — Alsina, 11:20
“La labor de José Luis Peñas fue fundamental para poder investigar la trama de corrupción Gürtel. [...] España no será hoy. No será hoy porque el Gobierno no ha dado un solo signo en estos últimos meses de querer que ningún imputado se anime a reconocer sus delitos y a colaborar con la Fiscalía Anticorrupción.” — Alsina, 12:40
“La ignorancia es la última defensa del presidente en cuyos equipos anidó la corrupción. La ignorancia que podrá seguir alegando mientras Santos Radán no declare lo contrario.” — Alsina, 15:30
El monólogo de hoy profundiza en la sentencia que marca un antes y un después en el caso Ábalos, cuestionando la respuesta del PSOE y la credibilidad de la clase política ante los escándalos de corrupción. Alsina advierte que la historia no ha terminado, con más juicios por venir y un partido gobernante atrapado entre la defensa de los suyos y el miedo a las nuevas confesiones. El episodio es imprescindible para comprender la perspectiva mediática sobre uno de los mayores escándalos de la política española reciente.