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Narrador/Locutor
¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos a viernes, es 28 de noviembre del año 25 y esto es Más de Uno. Y les cuento una historia que hoy no es corta. Ni siquiera ha terminado todavía esta historia. Faltaban tres días para las campanadas de fin de año. Era lunes. Los españoles habíamos cumplido la semana anterior con la tradición del sorteo de la lotería, la Nochebuena y el día de Navidad. Y justo antes de eso, con lo que habíamos cumplido era con nuestro deber de elegir un nuevo Parlamento terminada la legislatura. La jornada electoral había sido muy fría porque era 20 de noviembre, 20 de diciembre, perdón, 20 de diciembre. La noche del escrutinio. Había sido muy fría para quien gobernaba España porque de la mayoría absoluta que tenía había pasado a 123 diputados, o sea, 63 menos. Y no sólo había sido muy fría, sino que había sido gélida para quien aspiraba a gobernar Españ apenas 90 diputados, 20 menos de los que tenía hasta ese momento. El año era 2015. El veterano Rajoy encajaba un castigo popular de los que hacen época, aunque quedara primero, y el joven debutante que había presentado el PSOE y apellido Sánchez, marcaba un hito en la historia de su partido al cosechar su peor resultado histórico. Al año siguiente aún lo empeoraría. Cuando faltaban tres días para que terminara 2015, el Partido Socialista, derrotado en las urnas y menguado gravemente su representación parlamentaria, se encontraba en estado de conmoción. Dirigentes regionales, descontentos con la deriva de su reciente secretario general, le reclamaban asumir la responsabilidad política y celebrar un congreso de manera inmediata. El joven Sánchez, estrenando un patrón que luego repetiría, frustró aquel examen interno que se le reclamaba cambiando el guión para cambiar de debate. Alegó que los intereses del país estaban por encima de los de su partido, que fue un argumento nobilísimo, ¿Verdad? Defendió que ese congreso tenía que ser aplazado indefinidamente hasta que estuviera despejada la incógnita de quién iba a gobernar España. Porque, rompiendo con la tradición de los 30 años anteriores, haber perdido las elecciones no le parecía un obstáculo para intentar ser investido. Con el peor resultado histórico en la mochila y con Podemos en casi 70 diputados, el joven Sánchez cambió el debate sobre el hundimiento socialista por el debate sobre con cuántos grupos políticos distintos estaba justificado pactar para conquistar el poder. En su cabeza ya había anidado la respuesta. La respuesta con todos los que sean necesarios, da igual su filiación ideológica. La semana siguiente es lo que se vería es como el candidato derrotado emulaba a los mejores ilusionistas del mundo y hacía creer a su parroquia que era posible pactar a la vez a su derecha y a su izquierda con Ciudadanos y con Podemos. Aquel Ciudadano todavía no era para Pedro Sánchez la encarnación de la casi extrema derecha, sino un partido progresista y avanzado sólo porque para que le salieran a él los números era conveniente que lo fuera. Ocho años después repetiría esa misma fórmula con Puigdemont, de peligro público a compadre progresista y deseable porque sin él no le salían los números. Pero antes de que pasara todo aquello y de que se repitiesen las elecciones en el 2016 y de que al final de 2016 Pedro Sánchez fuera descabalgado de la Secretaría General del Partido Socialista, antes de todo aquello, aquel 28 de diciembre de 2015, día de los Santos Inocentes, se reunió el Comité Federal del Partido Socialista. Asunto para el debate el empeño del secretario general en intentar gobernar como fuera en lugar de convocar congreso del partido. Hubo división entre los asistentes y llamó la atención de los periodistas la brecha en una de las federaciones del partido, el PSOE de la Comunidad Valenciana. Su líder, el reciente presidente autonómico Ximo Puig, estaba alineado con Susana Díaz y con casi todos los varones en contra de gobernar, dependiendo del extremismo de Podemos, el favor de Ciudadanos y el aliento de los nacionalistas. Pero el secretario provincial de Valencia, a la contra de Chimo y alentando al joven Sánchez a intentar la triangulación o lo que fuera para conseguir gobierno. El secretario provincial de Valencia hizo una intervención.
Que ninguno de los presentes pasó por alto. Una vehemente intervención poniendo como ejemplo de que era posible pactar con todos a la vez al propio Ximo Puig, que había triangulado él mismo para ser presidente de la Comunidad Valenciana.
José Luis Ábalos
Todo el apoyo que le dimos a nuestro secretario general del PSPD sea el mismo apoyo que le demos al secretario general del PSU para que inicie las conversaciones y que si es posible y en la medida de lo posible, tengamos un gobierno de izquierda.
Narrador/Locutor
La intervención vehemente de aquel diputado valenciano perfectamente desconocido en el resto de España, quedó grabada en la memoria de los integrantes de aquel Comité Federal en las crónicas de los diarios. Al día siguiente se abría camino por primera vez su nombre en las ediciones nacionales. Su nombre era.
José Luis Ábalos, meco sanchista antes de que existiera el sanchismo. El cierre de filas con el secretario general y con su novedosa doctrina del somos más, da igual quiénes seamos no pasó inadvertido, sobre todo para el secretario general, que un año y pico después, descabalgado del trono y decidido a recuperarlo, encontró en José Luis Ábalos a su más fiel fontanero de primarias. Flanqueado por otro dirigente regional poco conocido de nombre Santos Cerdán y por un conductor maniobrero llamado Coldo, Ábalos llevó a su líder de regreso a Ferraz y ayudó a muñir medio año después una moción de censura que era producto no tanto de la sentencia de la Gürtel, que eso solo fue el detonante, como del plan para amontonar todos los diputados posibles de las siglas que fueran, para encaramarse sobre ese montón de diputados y desde él saltar al despacho presidencial de la Moncloa.
Diez años después de aquel día de los Santos Inocentes de 2015 en el que los caminos de Sánchez y de José Luis Ábalos se encontraron, Luis, me.
José Luis Ábalos
Parece que este es el principio de una hermosa amistad.
Narrador/Locutor
No, Luis, no, José Luis. Diez años después, Sánchez podría decir hoy lo mismo que, para sorpresa de todos, dijo en la noche electoral del año 15, recién encajado el peor resultado electoral de su partido. Hemos hecho historia. Hemos hecho historia.
Y el futuro es nuestro. Muchísimas gracias. Lo del futuro igual no podría decirlo ahora, pero lo de hemos hecho historia sí vuelve a hacer historia. José Luis Ábalos, primer caballero del sanchismo, se convierte esta mañana en el primer diputado de la presente etapa democrática que amanece en prisión preventiva por el riesgo extremo de que se fugue de España para eludir su juicio por corrupción. A los hitos que nadie le podrá negar al presidente del Gobierno en estos siete últimos años, o siete y medio, porque ha habido muchos, primera moción de censura exitosa, primer gobierno de coalición, primer presidente investido habiendo perdido las elecciones, primero que nombra a una fiscal general, ministra o ministra, fiscal general, se une este que es un doble hito, primer secretario general del PSOE que ve pasar por la cárcel a sus dos secretarios de organización más queridos y al hito de ver a un diputado encarcelado para que no se fugue. Ábalos, como Cerdán y como Coldo son tan inocentes hoy a los ojos de la justicia como lo eran antes de ingresar en Soto del realismo. Sobre ellos la investigación ha volcado una montaña de indicios de enriquecimiento ilícito con dinero negro, pero juzgados todavía no lo han sido. Lo que valió para Cerdán vale para Ábalos y para Coldo. La cárcel en esta fase no es una pena anticipada, es sólo la garantía de que puedan ser juzgados, en el caso de Cerdán, de que no destruyera pruebas. Y una vez que sean juzgados ya se verá si son condenados o son absueltos. Hoy la presunción de inocencia, salvo para el PSOE, que nunca se la reconoció a José Luis Ábalos, sigue vigente. El caso mascarillas versa sobre la elección interesada en los días de la pandemia de un proveedor concreto representado por Víctor de Aldama, para asegurarle a éste y éste a su vez a Coldo ya Ábalos, unos ingresos extraídos del presupuesto del Estado. Este fue el comienzo de la investigación. Pero ahora sabemos que no fue el comienzo de todo. Porque para cuando llegó la pandemia a nuestras vidas, el trasiego de favores remunerados entre los cargos de confianza de Sánchez, Ábalos y Cerdán y sus compadres Aldama y Anchón Servinábar ya estaba sobradamente engrasado. Ahora sabemos que en 2018, un mes después de que Sánchez alcanzara la Moncloa, Ábalos ya estaba recibiendo a Aldama por intercesión de Coldo. El encarcelamiento preventivo del diputado Ábalos deja la difunta mayoría de investidura todavía más coja. Defenestrado y todo, este diputado siempre, o casi siempre, ha votado lo mismo que el Grupo Socialista que lo repudió. Pero en prisión, claro, ya no podrá votar. Ya no pudo hacerlo ayer cuando la vicepresidenta Montero se esforzó en resultar creíble, no como ministra de Hacienda, que poco creíble puede ser cuando lleva toda la legislatura sin elaborar unos presupuestos, sino como líder de oposición a los consejeros de Hacienda autonómicos a quienes ella, con la mejor de las voluntades, ha querido auxiliar concediéndoles generosamente una décima más de déficit para el próximo año que sean las.
Gabriel Rufián
Comunidades autónomas las que no hagan reducción del déficit que recaiga su totalidad en la Administración General del Estado.
Narrador/Locutor
Sin embargo, ha visto cómo le rechazaban esa ayudita votándole en contra la senda de estabilidad de una legislatura sin senda y sin estabilidad.
Gabriel Rufián
Votos emitidos, 347. A favor, 164. En contra, 178. Abstenciones, 5. En consecuencia, se rechazan los objetivos de estabilidad presupuestaria y de deuda pública propuestos.
Narrador/Locutor
Por el Gobierno en ausencia ya de José Luis Ábalos. El Gobierno, que presume de tener con él a la sociedad, vio ayer como sólo 164 diputados de 347 le bendecían la senda. Es decir, sin Junts, sin Podemos y sin Compromis. La ingeniería parlamentaria Somos más. Da igual lo que seamos, da igual quienes seamos. La ingeniería que hizo posible la moción de censura de 2018 y la investidura de 2023 se resquebraja a la vez que dos de sus arquitectos, primero Cerdán, después Ábalos, pasan por el trago, que siempre es amargo, de la prisión preventiva. Hemos hecho historia y el futuro es nuestro. Hace historia el PSOE y hacen historia los partidos que lo secundan en el Parlamento. Este es otro hito. La novedosa doctrina según la cual si la corrupción anida en la planta más alta de un partido político y en la planta más alta del ministerio con más músculo inversor del Gobierno, sólo tienen que asumir responsabilidades, desapareciendo de la política aquellos que se corrompieron. Ellos y nadie más. La novedosa doctrina que por ejemplo, abraza ahora Gabriel Rufián y que choca con la que hasta este momento imperaba, que era aquella doctrina que decía que hay una responsabilidad no penal, pero sí responsabilidad de quienes les dieron galones y no supieron detectar a tiempo que metían la mano en la caja y que esa responsabilidad se asume apartándose también la doctrina. Ahora se ha reescrito para alumbrar este nuevo mantra que eran tres manzanas podridas, tres casos aislados, tres golfos.
El mantra que exonera de toda responsabilidad a quienes no fueron capaces de impedir hasta que apareció la Ucrania, que personas de su más íntima confianza se corrompieran. Señorías, la corrupción actúa como un agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país.
José Luis Ábalos
Los españoles no podemos tolerar la corrupción ni la indecencia como si fuera algo normal. No podemos normalizar la corrupción, nunca. Se podrá evitar, pero no justificable. La decencia debe ser algo esencial, no accesorio.
Podcast: Monólogo de Alsina (OndaCero)
Host: Carlos Alsina
Episode Date: 28 de noviembre, 2025
En este episodio, Carlos Alsina reflexiona sobre el auge y caída de José Luis Ábalos, exministro y diputado del PSOE, y su vínculo clave con la trayectoria política de Pedro Sánchez desde 2015 hasta el presente. El monólogo recorre la evolución de las alianzas políticas desde la crisis del PSOE post-2015 hasta el presente, donde Ábalos se convierte en el primer diputado en democracia en entrar en prisión preventiva por riesgo de fuga, dentro del contexto del caso de corrupción de las mascarillas. Alsina analiza las implicaciones históricas y políticas de estos hechos y cuestiona la responsabilidad de los líderes ante los escándalos de corrupción.
(00:03–04:53)
Contextualiza el escenario tras las elecciones generales del 20 de diciembre de 2015, marcadas por el peor resultado histórico del PSOE.
Pedro Sánchez, pese a la derrota, busca fórmulas de gobierno aliándose tanto con Ciudadanos (entonces partido centrista) como con Podemos, inaugurando una política de pactos transversales.
Destaca la tensión interna en el PSOE y la resistencia de barones como Ximo Puig y Susana Díaz contra la estrategia de alianzas de Sánchez.
"El joven Sánchez cambió el debate sobre el hundimiento socialista por el debate sobre con cuántos grupos políticos distintos estaba justificado pactar para conquistar el poder."
(03:36)
(04:53–06:51)
En la reunión del Comité Federal del PSOE (28 de diciembre de 2015), José Luis Ábalos, entonces un diputado valenciano poco conocido a nivel nacional, se posiciona como firme defensor de Sánchez y partidario de explorar todo tipo de pactos para gobernar.
“Todo el apoyo que le dimos a nuestro secretario general del PSPDS, sea el mismo apoyo que le demos al secretario general del PSOE para que inicie las conversaciones y que si es posible… tengamos un gobierno de izquierda.”
– José Luis Ábalos (05:08)
Alsina lo define como “sanchista antes de que existiera el sanchismo”, y explica cómo Ábalos se convierte en pieza clave para que Sánchez recupere el liderazgo del partido y prepare la moción de censura que lo llevaría a la presidencia.
"José Luis Ábalos, meco sanchista antes de que existiera el sanchismo."
(05:42)
(06:51–10:32)
Repaso de los logros políticos de Pedro Sánchez: primera moción de censura exitosa, primer gobierno de coalición, y más.
Nueva “doctrina” en la política de alianzas: “somos más, da igual quiénes seamos,” donde lo importante es sumar apoyos, sin importar su filiación ideológica.
Primera vez en la democracia que un diputado (Ábalos) entra en prisión preventiva por riesgo de fuga en un caso de corrupción.
"Hemos hecho historia. Y el futuro es nuestro. Muchísimas gracias."
– Pedro Sánchez, citado por Alsina (07:19)
“José Luis Ábalos...se convierte esta mañana en el primer diputado de la presente etapa democrática que amanece en prisión preventiva por el riesgo extremo de que se fugue de España para eludir su juicio por corrupción.”
(07:19)
Relata cómo las investigaciones demuestran que los negocios y favores remunerados con personajes afines a Ábalos y Sánchez comenzaron ya desde 2018, apenas llegado Sánchez a La Moncloa.
(10:32–11:16)
El encarcelamiento de Ábalos debilita aún más la ajustada mayoría de investidura. El gobierno de Sánchez pierde apoyos clave, siendo incapaz incluso de aprobar los objetivos de estabilidad presupuestaria.
“La ingeniería parlamentaria ‘Somos más. Da igual quienes seamos’...se resquebraja a la vez que dos de sus arquitectos, primero Cerdán, después Ábalos, pasan por el trago, que siempre es amargo, de la prisión preventiva.”
(11:08)
Se mencionan las consecuencias prácticas: Ábalos en prisión ya no puede votar, debilitando aún más al gobierno.
(11:16–13:13)
El episodio critica la nueva “doctrina” política que consiste en aislar los casos de corrupción y exonerar a los líderes bajo la idea de “tres manzanas podridas”, evitando cualquier asunción de responsabilidad política por parte de quienes designaron y protegieron a los corruptos.
“La novedosa doctrina...según la cual si la corrupción anida en la planta más alta de un partido político... sólo tienen que asumir responsabilidades, desapareciendo de la política aquellos que se corrompieron. Ellos y nadie más.”
(12:40)
Alsina subraya la gravedad de la corrupción como “agente disolvente y profundamente nocivo para cualquier país”.
Ironía final con una declaración antigua de Ábalos sobre la corrupción:
“Los españoles no podemos tolerar la corrupción ni la indecencia como si fuera algo normal. No podemos normalizar la corrupción, nunca. Se podrá evitar, pero no justificable. La decencia debe ser algo esencial, no accesorio.”
– José Luis Ábalos (13:13)
El monólogo de Alsina disecciona la transformación política del PSOE y el papel central de José Luis Ábalos, desde ser el arquitecto de los pactos que auparon a Pedro Sánchez, hasta convertirse en símbolo de la caída y la corrupción en el partido. Con tono crítico y reflexivo, Alsina plantea cuestiones sobre la legitimidad de las nuevas lógicas de poder, la fragilidad de las alianzas políticas y la higiene democrática en la gestión de los escándalos de corrupción. Es un episodio imprescindible para entender los desafíos actuales de la política española y el desenlace de una era que empezó en 2015 y encuentra su final, de momento, en los tribunales.