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Chau. ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Ya estamos a jueves, ya estamos a 29 de enero del año 26. Esto es más de uno, es la radio. Les cuento una historia que es muy corta. Más de 20 títulos nobiliarios acumulaba dos Rodrigo, se llamaba como el Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, pero además Hurtado de Mendoza y de la Vega y Luna, duque del Infantado, cuatro marquesados, tropecientos condados, hombre poderoso y con fortuna, amante de las armas y de la política. Oye, ¿A quién mejor iba a poderle dedicar su libro? Un escritor, comentarista, crítico, columnista, diríamos hoy, y estudioso de la política, politólogo, diríamos ahora, llamado Francisco de Quevedo, le dedicó al duque del Infantado Vida de Marco Bruto. Marco Bruto, blasón de la República romana, escribió Quevedo. El hombre que antepuso la lealtad a su patria al afecto por su mentor político, o sea, César. En ese manual de política dejó dicho Quevedo que los reinos minan sus propios cimientos cuando encomiendan su gobierno a ministros que abrazan la opulencia, que el que hurta empieza haciéndolo para sí mismo, pero luego lo hace para acallar a quienes le envidian y a quienes pudieran acusarle a él. Y esta otra reflexión que ese lector impenitente y en la cárcel que es Hans Christian Ávalos, seguro que conoce esta reflexión que dice que aquel hombre que pierde su honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra. Señor Ávaros, recluso preventivo a la espera de juicio por corrupción en las mascarillas e investigado por corrupción en la obra pública, publicó ayer el último relato que hasta ahora ha salido de su fina pluma. En ese relato narra Hans Christian cómo ha sido ahora y solo ahora, al ver rechazado su recurso al encarcelamiento, cuando ha caído en la cuenta, como quien se cae del caballo, de que no puede seguir atornillado a su escaño. Bueno, lo del caballo y el atornillamiento no lo escribe él, lo digo yo. Es una versión, digamos, de lo que él. De lo que él dice. Él sí dice que si ha seguido siendo diputado aunque estuviera suspendido sus funciones desde que lo metieron en la cárcel, es porque estaba defendiendo la dignidad del Congreso, porque estaba defendiendo el derecho de representación. ¿Qué es esto de alterar la composición de la Cámara dimitiendo por un procesamiento? Ha sido un verdadero honor, dice Ábalos, haber servido al pueblo español en estas últimas legislaturas. Naturalmente será cada español, digo yo, quien juzgue para qué le ha servido Ábalos. Y si no, será Ábalos quien se ha servido del pueblo para favorecerse a sí mismo. El señor Ábalos, profeta contra la corrupción ajena, primer caballero del sanchismo, hombre de confianza del presidente que lo colmó de cargos y que ahora alega que siempre estuvo en Bavia, deja hoy de ser diputado. Lo hace un año después de haber sido procesado por el Tribunal Supremo, un año después de que el Congreso concediera su suplicatorio, dos meses después de ser encarcelado. Durante un año entero ha fingido que seguía representando a los españoles en el Congreso, que seguía trabajando por ellos y que velaba por sus intereses. Un cuento sobre otro cuento sobre otro cuento. Ahora que por fin da el paso de quitarse de en medio, es natural que la pregunta ¿Por qué ahora? ¿Por qué ahora y no antes? Él dice que es porque el recurso que presentó contra su encarcelamiento le ha sido rechazado. Pero no le sorprenderá a José Luis Ábalos que la oposición se malicie que es el último favor que Lancelotto Lanzarote le hacia el rey Arturo devolviéndole el sillón con el que éste le pagó los servicios prestados y aportando así al grupo parlamentario socialista el voto que hasta ahora tenía suspendido, que era el suyo. Estaba en el grupo mixto ya, pero votaba siempre con el grupo socialista hasta que lo metieron en prisión y el voto ya no podía contabilizarse, o sea que si alguien no puede extrañar que el personal busque explicaciones partidistas al anuncio que ayer hizo Ávalos, pues es Ábalos, que se hartó en sus días de gloria de buscar explicaciones a las decisiones que tomaban otros. Claro, coincide esta baja parlamentaria de José Luis Ábalos y el relevo por una nueva diputada socialista que ahora se estrena y que votará seguro, disciplinada con su grupo, coincide con la tarea a la que está entregado estos días el presidente que no se enteraba de nada, o sea, Pedro Sánchez y esa tarea es la del apuntalamiento de su bloque de investidura, el famoso bloque el apuntalamiento primero y la rehabilitación después de este inmueble que se encuentra en un estado bastante precario, o sea, cómo reconstruir el muro, miré los muros de la investidura mía, Si, un tiempo fuerte soy desmoronados Dos años y medio han pasado desde la noche electoral del 23, año 23, en la que Pedro Sánchez, acuérdese, corto de votos como suele ocurrirle, perdió las elecciones y echó mano de la calculadora. Ya tenía experiencia porque había hecho la misma operación, Las dos cosas, perder las elecciones y hacer cálculos. En el año 2016, claro, en las elecciones de 2023 comprobó que el Frankenstein temporada 1 en las elecciones del 23, que el Frankenstein temporada 1, que es el que le había servido para gobernar con Podemos, estaba con acuerdos a mil bandas. Podemos, Esquerra, Bildu, el PNV, el Bloque, en fin. Pues que todavía con eso seguía yendo corto ya en el año 23, que le seguían faltando diputados, pero metiendo en la suma la derecha independentista catalana. Oye, con eso ya sí que les daba. Somos más, dijo el presidente, autoeligiéndose líder de una mayoría ómnibus, que diría Bolaños. Una mayoría ómnibus o potaje, mayoría batiburrillo, en la que lo mismo le valía la izquierda populista que la derecha secesionista, porque para el muro todo sillar valley. Bueno, dos años y medio después, o sea ahora, el muro se le había caído a Sánchez por el lado izquierdo estaba rebotado Podemos con Yolanda Díaz, con Compromis y con la Chunta haciendo vida aparte, ya emancipándose. Y se le había desmoronado por el lado derecho porque Puigdemont sigue llorando por las esquinas su amnistía Aguada esto de hemos sido engañados, hemos sido engañados. Habrá que reconocerle hoy al constructor de muros y ahora reconstructor, qué talento para el billar no le falta. ¿Cómo habría de faltarle si el presidente, ante todo es un jugador? Ahora la carambola. Abrazar el regreso del hijo pródigo morao Podemos a la casa común del sanchismo en versión extendida. Cederle una pizca de protagonismo en la regularización de inmigrantes, para la que Podemos no hacía ninguna falta. Sugerirle a Sumar, que no enrede, porque Sumar en las encuestas se desangra. Darle a Podemos la coartada que necesita para que abrace ahora con entusiasmo la cesión de competencias migratorias a Cataluña, en contra de la que ayer batallaba por racista. Presentarse ante Puigdemont con la cabeza baja, entregándole lo que había reclamado y confiar en que a Puigdemont le levante el castigo cuanto antes el Tribunal Constitucional, o sea, Condepun, y que Puigdemont a su vez le levante el castigo a Sánchez y se avenga a negociarle unos Presupuestos del Estado. Oye, el plan está claro, luego saldrá o no saldrá, Pero las primeras carambolas ya se han producido. Reflotar el bloque naufragado. Reconstruir el muro. El Gobierno, cada vez con mayor audacia y también cada vez con menos votos a la luz de las encuestas y las elecciones extremeñas, está admitiendo en realidad lo que tantas veces negó. Hoy carece de mayoría parlamentaria porque el famoso bloque de la investidura, fatigados sus materiales de tanto forzar las coartadas ideológicas, colapsó. Por eso no hubo cuestión de confianza, por eso no se ha presentado proyecto de presupuestos. Por eso se está recurriendo a los reales decretos para ir tirando. Claro, toda esta tarea previa a la que ahora estamos asistiendo de siembra de justificaciones, de ponerse si hace falta colorao, viene a probar que hoy el Gobierno es una máquina de buscar hora atajos, hora carreteras de circunvalación, para camuflar la falta de respaldo parlamentario en un sistema como el nuestro de democracia representativa, en el que el jefe de Gobierno se debe al Parlamento y es al Parlamento al que tiene que rendir cuentas. Pero habrá que admitir también, por decirlo todo, que si Pedro Sánchez, en su nuevo papel de rehabilitador de casas en ruinas, logra que haya una mayoría de diputados que le aprueben al final un presupuesto, si es que alguna vez se anima a presentarlo, aunque sea tarde, y a base de ir concediendo a cada uno de sus socios una medallita y unos minutos de gloria, si lo consigue, habrá rehabilitado la confianza del Parlamento que hoy no tiene. Habrá revalidado la confianza perdida. Y entonces sí, oye, si saca delante unos presupuestos, podrá presumir de tener músculo parlamentario para seguir gobernando. Entonces sí. ¿Podrá hacerlo hoy? De momento, aún no puede. Estrambote. Al cabo de tantos ratos mal gastados, tantas noches mal dormidas, tantas penas merecidas y tantos pasos inconcierto dados, el Príncipe aún alberga la esperanza de llegar al verano redivivo. Escuchas al SINA en Onda Cero, dirección de Fran Montes.
Podcast: Monólogo de Alsina – Onda Cero
Fecha: 29 de enero de 2026
Host: Carlos Alsina
Este monólogo, conducido por Carlos Alsina, reflexiona sobre la dimisión de José Luis Ábalos de su escaño en el Congreso tras su procesamiento y encarcelamiento por casos de corrupción, y la analiza en el contexto de la actualidad política española; en especial, la frágil situación del Gobierno de Pedro Sánchez y su continua búsqueda de apoyos para sobrevivir parlamentariamente. Alsina utiliza paralelismos históricos y literarios para ilustrar la situación actual del Ejecutivo y su esfuerzo por "reconstruir el muro" de apoyos que le permitieron la investidura.
Relata la situación de José Luis Ábalos, antiguo ministro, encarcelado y ahora dimitido tras el rechazo a su recurso por prisión preventiva.
Ironiza sobre las justificaciones de Ábalos para mantenerse aferrado al escaño hasta ahora.
"Durante un año entero ha fingido que seguía representando a los españoles en el Congreso, que seguía trabajando por ellos y que velaba por sus intereses. Un cuento sobre otro cuento sobre otro cuento."
— Carlos Alsina
Analiza las sospechas políticas tras la dimisión y su posible utilidad para el PSOE:
Desglosa las recientes maniobras del presidente para recomponer alianzas:
Cita de Alsina sobre la táctica política:
“Aquel hombre que pierde su honra por el negocio, pierde el negocio y pierde la honra.”
— Francisco de Quevedo (citado por Alsina) [02:10]
“Durante un año entero ha fingido que seguía representando a los españoles en el Congreso...”
— Carlos Alsina [03:50]
“Mayoría ómnibus o potaje, mayoría batiburrillo, en la que lo mismo le valía la izquierda populista que la derecha secesionista, porque para el muro todo sillar vale.”
— Carlos Alsina [08:25]
“Habrá que reconocerle [...] qué talento para el billar no le falta. [...] El presidente, ante todo, es un jugador.”
— Carlos Alsina [11:25]
“Hoy el Gobierno es una máquina de buscar hora atajos, hora carreteras de circunvalación, para camuflar la falta de respaldo parlamentario.”
— Carlos Alsina [14:30]
“El Príncipe aún alberga la esperanza de llegar al verano redivivo.”
— Carlos Alsina [17:10]
| Momento | Tema | | ------------- | -------------------------------------------------------------- | | 00:19 - 02:35 | Introducción literaria e histórica | | 02:36 - 07:00 | Caso Ábalos: justificaciones y análisis político | | 07:01 - 09:55 | El bloque de investidura, sus orígenes y fracturas | | 09:56 - 13:10 | Estrategias de Sánchez para reconstruir apoyos | | 13:11 - 15:00 | Admisión de debilidad, falta de mayoría y uso de atajos | | 15:01 - 16:15 | La posible recuperación del músculo parlamentario | | 16:16 - 17:10 | Estrambote poético: esperanza, desgaste y futuro |
Alsina utiliza, en su característico tono irónico y culto, la figura literaria y la aguda observación política para diseccionar tanto las excusas y las consecuencias de la dimisión de Ábalos como la compleja, líquida y fatigada arquitectura de mayorías sobre las que Sánchez intenta mantener a flote su gobierno. El episodio expone la fragilidad de la política de bloques en España, la falta de confianza y la tendencia a la supervivencia a través de negociaciones y cesiones, concluyendo con una nota de incertidumbre para el futuro inmediato del Ejecutivo.