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¿Qué tal, cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Ya estamos a martes y después el 12. Pues viene el día de hoy que es 13. Martes 13. Esto es más de uno, esto es onda cero, esto es la radio. Les cuento una historia que es muy corta, ya verán. Estaban unos viejos viendo una obra. Esa zanja tendría que ser más profunda. El mortero se le ha quedado flojo ese nivel, chico, que se te está quedando la pared torcida. Estaban unos viejos viendo una obra, echando ahí la mañana, cuando uno de ellos levantó la cabeza, miró a su izquierda y vio a lo lejos un pelotón de coches oficiales de los que se bajaba una multitud de personas trajeadas que se ponían los chalecos reflectantes y cascos en la cabeza. Mirad esos. Dijo uno de los jubilados. La tropa recién llegada, ordenada, perfectamente disciplinada, iba encabezada por un hombre alto y extremadamente delgado que se detuvo en la marca que le indicaron sus asesores, puso cara de estar francamente interesado y dedicó los siguientes minutos, acompañado en silencio por la legión de subalternos que lo acompañaban, a contemplar como una excavadora con brazo extensible y pinza hidráulica de la compañía AG Demoliciones iba destruyendo la pared de un edificio. Qué espectáculo. Dijo el jubilado. ¿El qué? Preguntó uno de sus amigos. La excavadora. ¿Y dijo nombre? Los aficionados. Aficionados, no, diletantes, dijo otro que había leído esa mañana a Pérez Reverte en El Mundo y sentía el impulso de precisar en la elección de las palabras que utilizaba. Dijo un viejo. No pequéis de soberbia, que tampoco nosotros somos profesionales de la obra, repuso el primero de la construcción. Pero de mirar obras sí somos los profesionales, porque somos los jubilados de España. Qué espectáculo. Primero de los viejos afinó entonces la mirada. Sufría de presbicia, pero de lejos tenía vista de lince y Y Pero bueno, si es Sánchez. Dijo otro. ¿Qué Sánchez? ¿Por qué Sánchez? Va a ser el Pedro Sánchez. Y dijo uno de los viejos. Eso es que lo han jubilado ya también a él. Lo dijo un viejo moderadito fingiendo que a él ni frío ni calor. Lo que le pasara al presidente, el más versado en aritmética parlamentaria. ¿Pero cómo lo van a jubilar, hombre? Si a Feijóo no le alcanza para la moción de censura estaba muy versado en aritmética parlamentaria de este anciano porque había dado clase de cálculo a un diputado de provincias. Y si no está jubilado, ¿Qué va a hacer aquí? Dijo otro de los viejos. ¿Qué va a hacer aquí si no está jubilado? Babeando ante una excavadora. Eso es que Jordi Sevilla lo ha tumbado ya con el manifiesto ese que ha sacado y ahí se le escapó una carcajada al tercero de los viejos que era muy de Óscar Puente aunque lo disimulaba en aras de la concordia. Jubileta. Bueno, echaron el resto a la mañana los tres viejos fabulando sobre lo que habría disfrutado Jordi Sevilla si la excavadora de brazo largo fuera su recién fundada corriente interna y el edificio de campamento que estaba derruyendo la excavadora fuera el edificio del sanchismo. Pero cayeron en la cuenta de que entonces tanto Sánchez como los tres ministros y medio que le secundaban en la contemplación de la obra tendrían que estar dentro, dentro y no fuera del campamento sitiado, o sea, del edificio. Y ahí dejaron ya de imaginar los viejos porque no les pareció agradable la imagen de tres ministros y medio entre escombros por muy del sanchismo que fueran los escombros. Bueno, que esta fue la imagen del día, no la de los viejos sino la de los altos cargos viendo una obra 20 años después el presidente del gobierno con tres ministros y otros ministros y medio, porque estaba también el delegado del Gobierno en Madrid y con una legión de afines y de operarios contemplando cómo una excavadora tumba un edificio. Ni siquiera estaban viendo cómo se construye un edificio, estaban viendo cómo se tira abajo. Bueno es que para construir un barrio nuevo primero hay que quitar los edificios que había antes que eran del Ministerio de defensa. Ayer Antena 3 en una contribución edificante, digamos, ya que hablamos de obras a la memoria reciente, rescató las imágenes de un acto calcado a este pero con Rodríguez Zapatero de presidente del Gobierno y con José Bono con el casco puesto porque era ministro de Defensa, viendo tirar un edificio igualito al de ayer. Ocurrió hace 20 años, porque ya hace 20 años Zapatero presumía de la operación Campamento y se organizaba demoliciones con excavadora a la que invitaba otros altos cargos, todos con casco iguales, que los cascos se heredan como las carteras ministeriales, traspaso de carteras y traspaso de cascos por si hay que ir a mirar obras. Pero bueno, que ayer lo disfrutaron. La ministra del ramo, que es Isabel Sumar, no me quiere Rodríguez, el ministro de la Presidencia y Relaciones con las Obras, Félix Bolaños, el ministro para la transición madrileña, Óscar Aporalluso López y el medioministro que es el delegado del Gobierno para la demolición de la Puerta del Sol, Fran Martín Aguirre. Los cuatro más el presidente, o sea cinco, persuadidos de que el encarecimiento de la vivienda en el país que gobiernan desde hace siete años y medio tiene a la sociedad consternada y a los jóvenes cada vez más descreídos. Y los cinco comprometidos con la construcción de pisos, siempre que sean pisos progresistas, edificados en el lado correcto de la historia, a falta de otras banderas, la vivienda. Hombre, Gaza estuvo muy bien la movilización, el aborto pareció que iba a movilizar muchísimo lo del fiscal general había removido como nunca las conciencias progresistas de España. Donald Trump es el villano perfecto para hacer despertar a la izquierda de nuestro país. Pero al final, al final aquí lo que defrauda y lo que indigna es lo que cuesta pagarse una casa hoy en España, o sea, bien visto por los estrategas. Igual si hablamos menos de Donald Trump y un poco más de los pisos, sacamos algo claro. Total, que el Gobierno. Ayer se organizó este vistoso acto de autopromoción inmobiliaria en el que el presidente naturalmente hizo un discurso, porque no hay visita presidencial sin discurso ni acto, sin propaganda. Y ahí es donde dijo Pedro Sá vamos a desplegar con L. No despegar, no desplegar.
