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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos en el miércoles 26 de noviembre de 2025. Esto es más de uno, esto es Onda Cero, 35 años después de empezar a emitir. Y aquí seguimos los que quedan, o sea, esto es la radio. Les cuento una historia que es muy corta, ya verán. Sentado bajo un enebro y deseando morirse, dijo el profeta Elí basta ya, Dios mío, quítame la vida. Me he quedado solo. Nadie más te defiende. Abatido, derrotado, Elías se quedó dormido. Lo despertó un ángel que tocándolo, le levántate y come, hombre. Bueno, hombre no lo diría. Ha sido coloquial para un ángel y para un profeta. Levántate y come, porque el camino que te queda es largo. Entonces comió y bebió el profeta Elías, y fortalecido, caminó 40 días con sus 40 noches hasta el monte Horeb. Allí se metió en una cueva y aguardió, aguardó, aguardó a que Dios se le manifestara. Lo hizo Dios y le ¿Qué haces aquí, Elías? Sal fuera. ¿Para qué, Dios mío? Se han vencido los falsos profetas. Han derribado tus altares. Son solo yo he quedado, nadie está conmigo. Dios insistió y le sal fuera, hombre. Buen hombre. Igual no le dijo Sal fuera, vuélvete por tu camino, porque en verdad te digo que no estás solo. Hay 7.000 como tú. 7.000 cuyas bocas no pueden ser silenciadas y cuyas rodillas no serán dobladas. Venga, Elías, ¿No me has oído? Que salgas. Y Elías entonces, reconfortado, supo que el pueblo de Israel, siete mil al menos, que estaban de su parte. Primer Libro de los Reyes, Capítulo 19, Testamento Antiguo.
A la vicepresidenta 2 del gobierno de España, Yolanda Díaz, profeta de la lucha contra las injusticias, le ha ocurrido lo contrario que al profeta Elías. Si, él creía que estaba solo, pero había miles de creyentes dispuestos a acompañarle. Ella lleva cinco días pidiendo a millones de españoles que la acompañen en la manifestación popular contra el Tribunal Supremo y empieza a dar la impresión de que está más sola que la una. En su cueva de Resonan.
Pensó que había 23 millones de españoles, qué menos que media España, decididos a tomar las calles para poner en su sitio al Tribunal Supremo. Fascista, liberticida, heredero de Franco. Y se ha encontrado con que los movilizados hasta ahora caben en un taxi. Nosotros tenemos el derecho legítimo a decirle al pueblo español que salga a defender la democracia como lo hago el 1 de mayo y como lo hago legítimamente siempre.
Con esto de los llamamientos a tomar las calles ocurre como con las peticiones de dimisión, que si insistes mucho en pedirlo y luego no se produce.
Quien sale en pitonada pues eres tú, por tu falta de peso, por tu falta de influencia, por tu falta de poder de convocatoria. Cinco días llamando a la cacerolada. Vaya mañanita. Cinco días llamando a la cacerolada.
Sin que se tengan noticias de los 7.000 israelíes. Una concentración popular el domingo contra la sentencia a las puertas del Supremo. Lo contamos el lunes, pero es una concentración que no da para llamarlo movilización popular porque 400 personas en una ciudad de tres millones y medio de habitantes con 670 mil votantes de la izquierda no parece que vaya a pasar a la historia como una de las grandes manifestaciones ocurridas en Madrid. Santiago de Compostela, en Galicia, tiene menos habitantes, son 100.000 los manifestantes del domingo, allí fueron 500. Tampoco parece que fuera un hito, o sea, manifestaciones dignas de tal nombre son por ejemplo, las de ayer, decenas de ciudades españolas contra la violencia machista. Ahí sí hay un clamor social contra el maltrato, la violencia vicaria, la difusión de vídeos íntimos, el empleo de la inteligencia artificial para causar daño a las mujeres. Eso fueron manifestaciones las de ayer. Manifestaciones dignas de tal nombre son las que se han venido celebrando en distintos lugares de España para exigir soluciones a los precios inaccesibles que hoy tiene la vivienda.
Manifestaciones dignas de tal nombre y de qué manera son las que se han producido en Valencia en el último año contra la gestión del señor mazón de la riada.
Las que hasta ahora se han producido sobre la sentencia del Supremo.
¿De qué manifestaciones habla la vicepresidenta? Aún es tiempo, es verdad, todavía hay tiempo, pero póngase las pilas, porque póngase las pilas Yolanda Díaz y su grupo político menguante porque el paso de los días enfría las indignaciones más desatadas, sobre todo si el desengaño por una sentencia no deseada va siendo reemplazado por la celebración de una nueva fiscal general extraordinariamente bien considerada, Teresa Peramato Martí, o en expresión coloquial que a rey muerto, rey puesto. Es una respuesta contundente poner al frente de la Fiscalía General del Estado una mujer. Ya era hora.
Bueno, ya era hora tampoco. Esto lo dijo ayer la diputada de Sumar tes Hidi. Teresa Peramato es la cuarta mujer fiscal general del Estado. Cuarta. ¿A la primera la nombró el PP, qué vamos a hacer? El PP, Consuelo Madrigal. A la segunda, el Gobierno del PSOE, María José Segarra. A la tercera, el Gobierno de coalición, Dolores Delgado. Y la cuarta va a ser Teresa Penamato. Ninguna, por cierto, duró cuatro años y eso que a ellas nadie las condenó ni fueron inhabilitadas por alguna razón. En España las mujeres fiscal o fiscala general duran menos en ese cargo que los hombres. La media de ellas está en dos años. Los hombres duran como poco tres. Bueno, Conde Pompido y Jesús Cardenal duraron siete. Teresa Peramato veremos cuánto dura, pero la legislatura en la que estamos termina en un año y ocho meses como mucho.
Digo, insistir mucho en la movilización contra el Supremo en ausencia de partido político o sindical que se ponga la tarea de apretar autobuses y armar unas pancartas, es asumir el riesgo de que acabe quedando a la vista que la vehemencia y el fervor con el que el Gobierno se ha tomado la condena igual no están tan extendidas como el Gobierno pretende o desearía entre el común de los mortales en España. ¿Opiniones críticas contra el fallo? Naturalmente que las hay. ¿Derecho a concentrarse legalmente en las calles? Sólo faltaba que no lo hubiera. Pero podría estar ocurriendo que a buena parte de la sociedad no le parezca que esta furibunda reacción de algunos gobernantes contra el alto tribunal esté justificada o dicho de otro modo, podría estar sucediendo que a una buena parte de la sociedad le parezca que tampoco es para tanto. En rigor, lo que ha ocurrido es que el fiscal general ha sido inhabilitado para el cargo y que ha sido sustituido por una nueva fiscal general que, vistos los elogios escuchados ayer y el reconocimiento a su prestigio de colegas de todo signo político, igual hasta acaba siendo mejor que su antecesor en el cargo.
Y sin que nadie haya puesto en cuestión la condición izquierdista de la nueva fiscal.
Como la tenía el fiscal anterior, que parece que es el único requisito que considera irrenunciable el conglomerado de partidos que ha cerrado filas con García Ortiz y contra el Tribunal Supremo que la nueva fiscal o el nuevo fiscal muy izquierdista.
Estos mismos partidos que denuncian la pretensión del PP de apropiarse y controlar las instancias judiciales exigen que se haga patente el control gubernamental o apropiación indebida de la abogacía del Estado. Claro, mantener la tensión contra la Sala Penal del Tribunal Supremo requiere cargar las tintas en las declaraciones que se hacen para transmitir la falsa idea de que lo que ha ocurrido es algo criminal y violento. Y en eso está doctorada Jone Belarra. La derecha política mediática y judicial ha asesinado civilmente al Fiscal General del Estado. Lenguaje judicial creativo.
El asesinato civil, qué será exactamente lo de asesinar civilmente, si acaso será por lo penal.
Lo civil es lo civilizado, lo cívico, lo que no es militar ni eclesiástico. Eso en Podemos, como hay tanto profeta, pues seguro que lo saben cargar las cintas. Y nos quejábamos de González Amador presentándose en el juicio como muerto en vida o moribundo predispuesto al suicidio o me voy de España o me suicido. Eso es, gustan algunos las palabras que evocan violencia. En esto empata Podemos con Ayuso. Amor por las expresiones sanguinolentas. Que todo aquel que ose a ser un contrapoder o un contrapeso será perseguido y acuchillado. Críticos acuchillados. Fiscales asesinados civilmente. Bienvenidos al maravilloso mundo de la política gore.
Nadie, por supuesto, ha sido acuchillado. Nadie, por supuesto, ha sido asesinado. Ya pasó el tiempo en que en España eran asesinados cada semana civiles y militares. Bien lo sabía Otegui. Y aún más, pasó el tiempo en que la muerte era considerada un instrumento para hacer justicia. Bien lo saben los nostálgicos de aquella represión institucionalizada que fue el repulsivo régimen franquista.
Admitamos que la declaración más ponderada de cuantas se le han escuchado hasta ahora al Gobierno ha sido la del ministro más cercano a García Ortiz, regalador de corbatas con la balanza de la justicia, Félix Bolaños. Con independencia de esa sentencia de la que ya conocemos el fallo, insisto en la importancia de de respetar y no generar desconfianza generalizada sobre una institución tan importante como es el Tribunal Supremo y la justicia en general. Pues ahora solo hace falta que convenza usted a sus colegas de gabinete no sólo de sumar singularmente al imitador de Miguel Ángel Rodríguez, Óscar López para que dejen de hacer justo eso que el ministro de Justicia lamenta. Convénzales para que no parezca que se están repartiendo los papeles. Uno pide confianza en el Supremo mientras el otro la sabotea.
Escuchas a Alsina en Onda Cero.
Podcast: Monólogo de Alsina
Host: Onda Cero
Date: 26 de noviembre de 2025
En este monólogo, Carlos Alsina analiza la soledad política de Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda del gobierno español, frente a su llamado a la movilización popular contra el Tribunal Supremo tras la inhabilitación del fiscal general García Ortiz. Con su característico tono irónico y reflexivo, Alsina compara la situación actual con referencias bíblicas y evalúa la respuesta ciudadana y política ante el último episodio de confrontación institucional en España.
"Si él creía que estaba solo, pero había miles de creyentes dispuestos a acompañarle. Ella lleva cinco días pidiendo a millones de españoles que la acompañen en la manifestación popular contra el Tribunal Supremo y empieza a dar la impresión de que está más sola que la una." [01:53]
"Pensó que había 23 millones de españoles, qué menos que media España, decididos a tomar las calles para poner en su sitio al Tribunal Supremo (...), se ha encontrado con que los movilizados hasta ahora caben en un taxi." [02:19]
"Una concentración popular el domingo contra la sentencia a las puertas del Supremo (...), 400 personas en una ciudad de tres millones y medio de habitantes con 670 mil votantes de la izquierda, no parece que vaya a pasar a la historia como una de las grandes manifestaciones ocurridas en Madrid." [03:13]
"O en expresión coloquial, que a rey muerto, rey puesto. Es una respuesta contundente poner al frente de la Fiscalía General del Estado una mujer. Ya era hora." [04:40]
"Teresa Peramato es la cuarta mujer fiscal general del Estado. Cuarta. ¿A la primera la nombró el PP, qué vamos a hacer?" [05:19]
"Insistir mucho en la movilización contra el Supremo (...) es asumir el riesgo de que acabe quedando a la vista que la vehemencia y el fervor con el que el Gobierno se ha tomado la condena igual no están tan extendidas como el Gobierno pretende o desearía entre el común de los mortales en España." [06:16]
"La derecha política mediática y judicial ha asesinado civilmente al Fiscal General del Estado." [08:00, atribuido a Jone Belarra]
"Bienvenidos al maravilloso mundo de la política gore." [08:41]
"Insisto en la importancia de respetar y no generar desconfianza generalizada sobre una institución tan importante como es el Tribunal Supremo y la justicia en general." [09:39, Félix Bolaños]
El monólogo de Alsina expone con fina ironía la desconexión entre la narrativa de movilización del Gobierno y la realidad de la respuesta social. A través de comparaciones históricas y bíblicas, análisis numéricos y crítica del lenguaje polarizante, se dibuja el cuadro de una clase política más preocupada por la retórica que por el pulso ciudadano real. Alsina culmina apelando al respeto institucional y la moderación frente a las turbulencias políticas internas.