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Raúl del Pozo
Pero coño, si esta sección es la mía.
Manolo Vicent
Sí que lo es. Claro que lo es. Claro que lo es. Y eso ya no hay quien lo cambie, Raúl. Viva el vino será para siempre tuya. Un poco nuestra también, si nos dejas un poco de quienes cada viernes te esperábamos a ver por dónde sale hoy. Y cada viernes nos quedábamos con ganas de seguir escuchándote cuando colgabas ese teléfono. Fijo que hacíamos la broma de que había que reponerte de vez en cuando porque los destrozabas con el ímpetu de tu despedida festiva. Ha dicho la Casa del Rey. No te lo vas a creer. Esto ha dicho la Casa del Rey. Que fuiste el mejor relator del ruido de la calle y quien mejor colgaba el teléfono. Nos lo colgaste por última vez en vísperas de Navidades y ninguno sabíamos que íbamos a saber que sería la última. Si hasta te tocamos las narices aquel día anunciando que estabas a punto de cumplir 89 años. Que tengas buen fin de semana, Raúl del Pozo, y que te vayas preparando para la fiesta de cumpleaños. Ya está a punto de llegar.
Raúl del Pozo
¿Vale? Un abrazo. Vale.
Manolo Vicent
Hemos dicho ya no quiere saber más. Iba a colgar y colgó. Y por si no se ha entendido lo que me dijo Raúl del Pozo, qué cabrón eres. Porque no le gustaba que se hablara de su edad. Decía que a los viejos los íbamos quitando de los programas y de las tertulias. No le gustaba que se hablara de salud, o de mala salud, o de las averías que le fueron debilitando hasta privarnos, ya iniciado este año, de Viva el vino. Hasta el final quisimos pensar que volvería. Nunca dimos por terminada su sección. La sección en diciembre quedó ahí en el aire, suspendida. Y así se va a quedar ya para siempre. Suspendida en la memoria de quienes tuvimos ocasión de disfrutarla, quienes tuvimos la suerte de poder disfrutar a Raúl.
Raúl del Pozo
No hay que presumir de nada, porque la vanidad es una cosa estúpida. Pero tengo un poco de vanidad por viva el vino. ¿Sabes que no hay día que no salga a la calle y me digan tres o cuatro veces Viva el vino?
Manolo Vicent
No cabe engañarse. Raúl del Pozo era muy coqueto. Salía de casa como un pincel. Gustaba de ser reconocido por las señoras, los señores menos cuando se sentaba a comer en el restaurante con los amigos. Bueno, a comer no, lo de comer daba un poco igual. Él se sentaba a conversar, a pasar revista la situación, a bromear sobre la profesión, a contar sucedidos pasados que riman con sucedidos presentes, a conspirar contra la seriedad impostada, contra la petulancia, contra la solemnidad. Porque con Raúl se trataba sobre todo de reír, de celebrar el ingenio, el talento, la literatura, la gente y el oficio. Con Raúl se trataba de pasarlo bien. Habrían sido una pareja radiofónica imbatible si se hubieran dejado Raúl y su vecino Manolo Vicente, columnistas veteranos los dos chicos que llegaron de provincias a Madrid los dos, y que se aventuraron en la trepidante vida de los periódicos en aquel tiempo en que España cambiaba la atadura por la libertad y el puritanismo por el amor libre.
Antonio Lucas
En aquellos años 60 todo confluía en el Café Gijón. El que quería ser alguien en la vida era el Café Gijón. En aquel momento estaba de moda el miserabilismo. Uno presumía de haber llegado desde Cádiz en un camión lleno de pollos, otros en un autobús polvoriento de las provincias de no sé qué. Allí estaba Raúl. Raúl era un joven garduño que venía de Cuenca. Y allí confluimos todos el umbral, el Raúl, hasta convertir el Gijón en una gabarra de náufragos. Y otros han llegado a escribir páginas que pueden tal vez perdurar en la historia de la literatura.
Manolo Vicent
Ha escrito Antonio Lucas, que es lo más parecido a un hijo que tuvo Raúl, que cada 1 de enero Manolo Vicent llamaba a su vecino para de este año no pasa uno de los dos palmas y acerca el momento del gran disgusto. Bromear con la muerte no es otra cosa que bromear. Y la relación de estos dos lectores, escritores y comentaristas y vecinos fue tejida durante décadas a base de bromas mucho más que de disgustos.
Raúl del Pozo
Hemos vivido en la época de democracia más grande de España, hemos vivido el amor libre, los maquis, la dictadura, una democracia maravillosa, el LSD, Internet y todas estas cosas, o sea que no nos podemos quejar.
Manolo Vicent
Me recordó ayer José María García, hermano de Raúl del Pozo, aun con madres y padres distintos. Me recordó la mañana radiofónica en la que juntamos aquí a Del Pozo y a Vicen para que ambos hicieran lo que más disfrutaban después de escribir, que era conversar de García, al que Raúl llamaba por cualquiera de sus tres nombres, o sea, García, José o Butano, nunca se cansó de decir que era el periodista de más impacto que había existido nunca, el que más narices le echó a todo, el más listo y el que más dinero ganó, valga la redundancia. Y también decía Raúl de García que ha sido el periodista que más ha regalado sin dejar que se supiera. Pues he aquí Raúl del Pozo, reportero, cronista, columnista, 3 en 1. Hombre de radio que escribió pasajes memorables para ser interpretados por Jesús Quintero. Hombre de radio al que le costó pasar de escritor para otros a escritor para sí mismo porque decía ya ves tú que con el micrófono delante él no leía bien.
Raúl del Pozo
Hubo un tiempo en que Felipe y Guerra eran hermanos. La historia está llena de amigos que se matan mientras duermen por ser reyes. La lucha, como en los tiempos de Enrique de Trastámara y Pedro el Cruel, fue puede llevar a la división del partido.
Manolo Vicent
Hombre de radio que puso en apuros unos cuantos a Luis de Olmo una
Raúl del Pozo
noche de juerga por ahí toda la noche y llegué ciego a la radio y entonces empezó a Oye, Raúl, en plan cachondeo, en plan a ver si yo era bastante moderno. ¿Y qué piensas de los gays? Bueno, Luis, ¿Quién con cuatro copas no se tiró a un amigo?
Manolo Vicent
He dicho que fueron unos cuantos los apuros, porque esto de tirarse a los amigos no fue lo últ. Que descolocó a Luis.
Raúl del Pozo
Sin darme cuenta que estaba la cosa roja encendida, me raúl, acaba de fallecer el emperador del Japón y que le den por culo. Hubo un verdadero escándalo. Yo me fui a mi casa y me llamó Luis diciéndome tienes que venir a pedir disculpas porque ha llamado la embajada. Yo volví y bueno, pido disculpas, pero realmente acerté en cierta manera porque el emperador Japón había sido un fascista.
Manolo Vicent
Aquí Raúl del Pozo, el único hombre que se atrevió a hablar mal de Aba Gardner porque la vio orinar una noche de farra al lado de un
Raúl del Pozo
seto de Madrid y estaba al lado de un árbol. Solo te digo que eso, que estaba al lado de un árbol, un arbolito pequeño de esos que hay en Madrid que ponen con un redondel de tierra. No me atrevo a decirlo. Bueno, yo también meaba, pero
Manolo Vicent
el enviado especial a Cabo Cañaveral casi, casi. El enviado especial a la Luna sin saber una palabra de inglés. El periodista de investigación que accedió, garganta de seda mediante, a los secretos de Luis Bárcenas. El visitador asiduo, que lo era, del Museo del Prado, a donde iba de hover a usar el baño y ya casi se quedó a vivir allí. El lector de autores clásicos, capaz de colocarte a Cicerón y a Quevedo en el mismo párrafo. Y el demócrata. El demócrata de raigambre roja que frecuentó políticos de todos los colores. A su sección la llamamos Viva el vino. Porque daba igual como se llamara y porque cuando aún no tenía nombre la sección, o sea, el primer día que la hizo, la remató así él mismo, así Alsina.
Raúl del Pozo
Que se vayan al infierno los pensadores de sillones que miserablemente nos dividen. Vivan las reinas de la vendimia. Viva España y viva el vino.
Manolo Vicent
Así nació Viva el vino, La palabra escrita para la radio. La radio que teniendo a un Raúl del Pozo no envejecía. 89 años, habría cumplido 90 el día de Navidad de este año. Una carrera inabarcable, en efecto, una vida entera con Natalia, pero un niño. Es que nunca dejó de ser un niño que se alimentaba de cariño, como dice Carmen Rigal. Carmen Rigal, Puerto Refugio, como Antonio Casado, como Pilar Cernuda. Para Raúl era el niño gamberro que hace estallar un petardo y te revienta de risa. Una tertulia con tertulios desconcertados al escucharle evocar que un artista de cine navegaba lo mismo a vela que a moto o que Orson Welles le inventó una copa una noche y él temió que intentara meterle man he visto a desahogados líderes políticos agradecerle a Raúl creyendo haber recibido un elogio. La más letal de las estocadas en directo en una de las primeras tertulias aquí en la radio conmigo, le soltó un rejonazo feroz a no recuerdo qué ministro. Yo fingí escándalo para reforzar un poco el efecto dramático. Dije Hombre, Raúl, ten un poco de piedad. Y al terminar vino a preguntarme muy ¿No me habré pasado? Porque era frecuente que inquiriera si se pasó o se quedó corto, como si en el fragor de la conversación perdiera el sentido de la medida y agitara la mesa demasiado o demasiado poco. Una declaración política que los demás diseccionábamos con celo de entomólogo. Él la despachaba vaya gilipollez. Para lamentarse luego por si pudo haber parecido que nos había llamado gilipollas. El niño petardero que detestaba por encima de cualquier otra cosa el aburrimiento y también la reiteración y también el servilismo y sobre todo que le dijeran viejo o maestro. Fue el más joven de los opinadores que se asomó a este micrófono, un reportero con 20 siglos de lecturas a sus espaldas que seguía armando cada día un folio nuevo y aún era capaz de sorprendernos, o sea, no era un columnista, era un milagro, el milagro de la fiesta. Con Raúl en pozo, que en paz descanse, llegaba cada semana a la radio la alegría, el disfrute de ver en acción a un hombre libre, curtido en la calle, en el barro, en la alcoba y curado de espanto, de pedantes y de bobadas. Y ahora sí, cuando quieras y como quieras, Raúl, puedes colgar.
Raúl del Pozo
Viva el vino que alegra los corazones.
Podcast: Monólogo de Alsina (OndaCero)
Fecha: 11 de marzo de 2026
Tema principal:
Un emotivo homenaje a Raúl del Pozo, legendario periodista, escritor y colaborador radiofónico, tras su fallecimiento. Amigos, compañeros y colegas evocan anécdotas, recuerdos y la pasión por la vida, la libertad y el ingenio que impregnó su obra —en especial, la icónica sección "Viva el vino".
El tono del episodio es profundamente humano, nostálgico, festivo y orgánicamente irreverente, fiel al estilo de Raúl del Pozo. Las intervenciones rebosan cariño, complicidad y un respeto alegre por la figura homenajeada, celebrando la vida y el periodismo libre.
Para quienes no escucharon el programa, este episodio es tanto un adiós sincero como una lección sobre cómo el periodismo, la literatura y la amistad pueden conjugarse en la radio, de la mano de un personaje irrepetible: el demócrata y petardo genial Raúl del Pozo.