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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Estamos ya 9 de diciembre, es martes. Esto es Más de uno, es la radio. Les cuento una historia que es muy corta, ya verán. Cuando Heraclio Fournier tenía 18 años en Burgos y aún no había empezado a imprimir naipes, dos ilustradores en Cincinnati, que hasta entonces se ganaban la vida haciendo carteles para circos, fundaron una compañía de artes gráficas que llamaron con sus propios apellidos, Russell y Morgan. Se pasaron luego ya los naipes, pero bastante después que nuestro Heraclio Fournier. Pero fue tal el éxito de estos de Cincinnati, que sus barajas pronto se convirtieron en las más demandadas en Estados Unidos. Y de hecho, su empresa se convirtió en el mayor fabricante de naipes de aquel país. Durante la Segunda Guerra Mundial, el ejército estadounidense recabó la colaboración de estos fabricantes de naipes para una misión muy especial. Había que proveer de barajas a sus soldados en Europa y en el Pacífico para que estos pudieran jugar al póker y para que aprendieran a distinguir los aviones enemigos de los amigos. ¿Qué mejor forma de familiarizarse que con las cartas con las que juegan todos los días? Entonces, cada uno de los palos era una nacionalidad. Las picas eran los aviones estadounidenses, los corazones, los británicos, los diamantes, los alemanes. Y los tréboles eran los japoneses. Y en cada carta aparecía dibujado el perfil y el frontal de un avión tal como se vería en el cielo, a una cierta distancia desde el suelo, de manera que los militares en tierra pudieran saber cuándo debían abrir fuego antiaéreo y cuándo no debían abrirlo. Era una manera de combatir el extendido problema que arrastraban los ejércitos de confundir amigos con enemigos y cargarse a los que no eran. Barajas de NAIPES CONTRA EL FUEGO AMIGO Este concepto del fuego amigo empezó naturalmente entre militares, mucho antes de que se hiciera lugar común en otros ámbitos, singularmente en uno que es la política. Es raro es el día en el que algún político o algún cronista no utiliza esta expresión, fuego amigo, para describir la munición que se dispara desde las propias filas. Y en rigor, utilizamos mal el concepto, porque el fuego amigo en la guerra es el que sucede por error, por una confusión, por accidente. El Real Carlos de la Armada Española reventando a cañonazos el Sara Hermenegildo en la segunda batalla de Algeciras, por ejemplo, lo confundió con barcos británicos y al final reventaron los dos barcos españoles. Pero fue una equivocación, una confusión, un accidente. En la política, por el contrario, el fuego amigo tiene poco de accidental o de confusión, bien al contrario, se dispara con toda la intención de hundir al enemigo y compañero de filas. La última prueba la tenemos a la vista estos días. La munición contra Paco Salazar la dispararon y la dispararon con acierto las mujeres que le habían sufrido en la Moncloa y que militan en el Partido Socialista. Temieron que el almirante Sánchez fuera a promocionar a Salazar como relevo de Súper Santos Zardán en Farraz e hicieron naufragar la operación sin que nadie en el partido, por cierto, les agradeciera públicamente haber librado al PSOE de tener un secretario de organización tan poco feminista, tan poco como el anterior y el anterior del anterior, y haber librado a las compañeras de Ferraz del infierno que ellas en la Moncloa ya habían padecido. Nadie se lo agradeció públicamente. Se les prometió una investigación interna que nadie hizo y sólo cuando eldiario es seis meses después advirtió de que la indagación iba a enterrarse sin haberlas escuchado siquiera. Entonces sí el PSOE tuvo que improvisar un argumentario averiado que mezclaba las excusas con pretendidos argumentos jurídicos. La mancha se ha ido extendiendo. Hoy el Consejo de Ministros va a destituir de su cargo en la Moncloa al director de Coordinación Política, un ciudadano de nombre Antonio Hernández, señalado por las mismas mujeres que sufrieron a Salazar como el monaguillo de este, el hombre que se ocupaba de justificar los comportamientos del compadre tratando de convencerlas a ellas de que no era lo que parecía, que tampoco tenían que darle mayor importancia, de que tenían que estar orgullosas, contentas de trabajar para un tipo tan apreciado en las alturas. Esto lo publicó Ediario Es este domingo en un informe muy completo sobre las andanzas de Paco Salazar y el porqué de su influencia. El presidente Sánchez, que es lector atento al menos de algunos periódicos, al menos de algunos, olió de nuevo el peligro y se quitó de en medio a este Hernández. Vamos, que hasta que no leyó el diario es el presidente. También en esto había estado en Bavia el hombre. Como le pasó con los comportamientos de Salazar, como le pasó con los intereses comerciales de Cerdán, como le pasó con los negocios de Ábalos con Aldama, presuntamente. Todo en Bavia siempre. El mismo Sánchez que el sábado había dicho a los periodistas que no iba a haber destitución alguna porque jamás había habido connivencia de ningún cargo con el tal Salazar, 24 horas después se desmentía a sí mismo y ordenaba deshacerse del connivente.
