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¿Qué tal? ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Ya es lunes de nuevo. Qué alegría. Es el primer lunes de este mes de mayo, día 4. Esto es más de uno. Es la radio sonda cero. Y les cuento una historia que es muy corta. Mucho antes, mucho antes de que Bangkok, en modo crisis total, se medio cortara su oreja izquierda, la envolviera en un pañuelo y se la entregara a una empleada de la limpieza. Y bastante antes de que San Pedro desenvainara la espada. ¿Que hacía San Pedro llevando espada? Y mutilar al pobre centurión que sólo hacía su trabajo cortándole también la oreja. Mucho antes de eso, la oreja más famosa de la humanidad era la de Alejandro Magno. Sus dos orejas, en rigor, pero alternadas. Alejandro era a la vez rey absoluto y juez supremo. Gobernar e impartir justicia en una misma persona.
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¿Que?
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¿Que es el sueño de tantos gobernantes actuales? No solo el nuestro. Sustituir a los jueces y ejercer de tribunal supremo. Entonces Alejandro Magno se decía que cuando había de juzgar un caso escuchaba a quien presentaba la denuncia tapándose una oreja con la mano. ¿Acaso no oye bien? Preguntó un litigante preocupado. Y le dijo Alejandro, oye como Dios. ¿Entonces por qué se tapa la oreja? Porque atiende al juez y lo vas a entender. Cuando el denunciante terminaba su alegato acusatorio, entonces llegaba el momento de escuchar al denunciado. Dijo el mira lo que hace el rey Alejandro ahora. ¿Y qué hizo pues Alejandro? En un ágil cambio de manos se destapó la oreja y se tapó la otra con la otra mano. ¿Seguro que oye bien? No has entendido nada. Oye perfectamente. Lo que pasa es que escucha sin prejuicio a quien acusa primero y al acusado después. Se tapa cada vez una oreja como gesto de su absoluta imparcialidad. Los siete magistrados que integran el tribunal del caso Mascarillas disponen de dos orejas cada uno. Explicaron las crónicas el día que comenzó este juicio que estos jueces forman un grupo equilibrado entre progresistas, que es como se dan en llamar los jueces de izquierdas, y conservadores, que es como se dan en llamar los jueces de derechas. Y que el presidente del tribunal, que es Martínez Arrieta, es moderado, que es como se da en llamar al que no es ni de derechas ni de izquierda, ni falta que hace para el trabajo que desempeña moderado. Se da por hecho que la corrupción es delictiva y es castigable independientemente de a quién vote cada magistrado de un tribunal. Se da por hecho que un corrupto repugna por igual a la derecha que a la izquierda y que si el procesado es un exministro de izquierdas goza de las mismas garantías y del mismo castigo si se prueba el delito que un exministro de derechas. Esta semana se están siendo juzgados dos exministros, uno en la Kitchen Fernández Díaz, de derechas, y otro en mascarillas. José Luis Ábalos, de izquierdas. Hoy el Sr. Ábalos, autor del más sonado alegato parlamentario contra la corrupción que se ha escuchado en el Congreso en los últimos diez años, aquel discurso de la moción de censura. Hoy el señor Ábalos tratará de hacer ver al tribunal que lo juzga que él nunca formó parte de organización corrupta alguna, que nunca manejó dinero de procedencia ilícita y que nunca sufragó sus muchos gastos a base de comisiones y mordidas. Sigo teniendo derechos como persona y estoy completamente convencido de mi inocencia. Igual estoy completamente convencido de la cacería política de la que simplemente no soy objeto. Soy un elemento, como digo muchas veces, desechable. El objetivo es el gobierno. Hoy José Luis Ábalos admitirá probablemente que llevó una vida desordenada con mujeres, exmujeres, novias, amantes y el íntimo deseo de ayudar a todo aquel, o mejor, a todo, a aquella que se lo pidiera. Hoy José Luis Ábalos alegra que nunca decidió él a quién se le compraban las mascarillas y que como declaró Coldo, el leal y fiel Coldo, él estaba al margen de la relación que su asesor, asesorísimo chófer, guardaespaldas, asistente, contable, encargado de todo, o sea, Coldo, tenía con Víctor de Aldama, al que él trató, pero poco. Hoy José Luis Ábalos encara la misión imposible de persuadir a la opinión pública de que él es víctima de una cacería política destinada a debilitar a Pedro Sánchez. La misión imposible de volver a ser aquel que era antes de que la UCO lo desnudara, aquel escudero sanchista, afable, bien humorado, que gobernó el PSOE en los años de las victorias, que sirvió al Presidente desde el Ministerio de la Obra Pública, que fue apartado sin explicaciones de la Corte del Rey Pedro y que sufrió con resignación de diputado y plus de presidente de comisión, los rumores envenenados sobre su vida metida en gastos y metida en coldos. Desde el punto de vista personal era un gran desconocido para mí. Un gran desconocido para mí. Conocí unas facetas de su dimensión personal que fueron muy desconocidas para mí, muy desconocidas para el presidente, hasta que dejaron de ser tan desconocidas y empezaron a ser un poco conocidas por el presidente en Babia. Ábalos, el hombre que habría querido pasar a la historia como el capitán del ejército que llevó a Sánchez a la Moncloa y le ayudó a sobrevivir a una pandemia y que sin embargo, y desgraciadamente para él, pues va a pasar a la historia como el jeta de las chistorras, de los chalés y de las yésicas, como el ministro putero. La sentencia de la opinión pública está emitida, creo yo, hace tiempo. Es probable que cada uno de los magistrados que integra el tribunal tenga a estas alturas también un criterio bastante formado ya, bastante sólido sobre lo que hicieron los procesados, sobre lo que hubo y lo que no hubo. Pero hasta que el juicio no termina no empieza a deliberarse nada. Y el capítulo final de la temporada, el final de la primera temporada del caso Ábalos, porque aún quedan otras, el capítulo final no está escrito todavía. Lo van a escribir hoy en directo a partir de las 10 de la mañana el exministro Ábalos, el fiscal anticorrupción Luzón y el abogado del procesado. Siglo y medio antes de que Alejandro Magno se tapara alternativamente las orejas para hacer justicia, Heráclito de Éfeso, un hombre muy estudioso que odiaba por cierto a casi todo el mundo, cometió el error de combatir la retención de líquidos que padecía tendiéndose al sol y haciéndose cubrir de estiércol pensando que eso le iba a aliviar de su mal. Bueno, lo de los líquidos es verdad que se le remedió de golpe. A Heráclito se le remedió de golpe porque se murió, o sea que más que final de temporada fue final a secas. Y fue así como el autor de aquella frase que tantas veces han utilizado algunos no es posible bañarse dos veces en el mismo río. Fue así como terminó su paso por este mundo cubierto de caca de vaca. Zenón de Elea nació unos años después de episodio del estiércol de Heráclito. Él también fue filósofo, como buen griego, clásico aportó al mundo la paradoja de Aquiles y la tortuga, según la cual un corredor, por rápido que sea, nunca podría adelantar a quien hubiera salido antes que él. Aplicando la lógica matemática por supuesto que lo adelanta, por eso se llama paradoja. Explicársela ya se lo dejo a Santi García Cremades, que en este programa es el que sabe de matemáticas. Pero probablemente para sus contemporáneos lo más notable de Zenón de L. A. No fue lo de la tortuga y Aquiles, sino lo de la oreja. Con la excusa de contarle al tirano de turno una confidencia en voz muy baja, fue autorizado a acercarse al gobernante y aprovechó Zenón para arrancarle la oreja a mordiscos. No alcanzó la categoría de magnicidio porque el tirano siguió siéndolo desorejado y porque quien terminó malamente fue Zenón, que fue neutralizado inmediatamente por los escoltas. No consta que Álvaro García Ortiz, exfiscal general del Estado, soñará con arrancarle nunca una oreja al magistrado Martínez Arrieta, presidente del tribunal que lo condenó, pero a juzgar por lo que ha declarado García Ortiz al programa de Jordi Évole, habría preferido ser juzgado por magistrados que no le conocieran a él de nada, porque haber coincidido tantas veces en sus carreras y en tantos casos se ve que puede perjudicar, en opinión del procesado, la imparcialidad del tribunal que juzga. Sostiene García Ortiz que a él se le ha aplicado la muerte civil como en Roma.
