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Alsina. La hora son las 8 de la mañana, 7 en punto de la mañana en Canarias. Buenos días desde Onda Cero. ¿Qué tal? ¿Cómo está? Bienvenidos a una nueva mañana de radios Más de uno. Es Onda Cero. Estamos a viernes, es 3 de julio del año 2026. Déjenme que les cuente una historia que es muy corta, ya verán. No fue cosa de César, sino de Shakespeare. Fue el escritor quien le hizo ¿No malgasta ya Bruto sus rodillas? Bruto, Gasca y los otros conjurados, tercer acto, se han puesto de acuerdo en ponerse de pie todos a la vez después de haberse arrodillado para suplicar al César que revoque el destierro de Publio Cimbro. César les ha disuadido repudiando a quienes cambian de opinión sólo porque hay voces que se lo piden. Les ha dicho César, no os engañéis sobre mí. Yo no llevo sangre voluble, soy tan constante como la estrella del norte. Plagado está el mundo de hombres que cambian de sitio, pero hay uno que se sostiene inmutable, inalterable al movimiento de los otros. Y ese soy yo. Con firmeza os digo que mi posición no cambia. Y ahí le dan la primera puñalada. Y luego le mulan los siguientes herida sobre herida. Y cuando ya sólo queda uno que no le ha atacado todavía, César lo mira y le dice las tres palabras que había preparado Shakespeare. Le pitu, Bruto. Y ahí la última puñalada. Y cae César. Y la frase de Shakespeare permanece por los siglos de los siglos reformulada en español, que seguramente es como todos la recordamos, como un Tú también, Juanma. ¿Perdón? ¿Tú también, Bruto? Pues él también. Ni Bruto al final era distinto a los otros senadores, ni la Vía Andaluza era distinta a la vía Extremeña, la vía Aragonesa y la Vía Castellana. Sin que el anuncio alcanzara a sorprender ayer a nadie, Juanma Moreno consumó su casamiento con Vox, aceptando que su vicepresidente sea el señor Gavira, delegado en Andalucía del hombre que llama Juanma Moreno, Juan Mamoruno, o sea Santiago Abascal, y firmándole un programa de gobierno al gusto de la extrema derecha, con su prioridad nacional, su No más menas, su lo que haga falta con tal de superar ya la investidura y desterrar del horizonte de los andaluces la posibilidad de volver a votar. Vox obtiene lo que exigía un programa de satanización de los inmigrantes sin papeles y entrar en el gobierno de Andalucía no con una consejería de cartón, sino con una vicepresidencia primera de la que dependerá Justicia, Turismo, Motor Económico de Andalucía y Relación con los Ayuntamientos, el equivalente a lo que hasta ahora eran dos consejerías, pero con un rango superior, el de la vicepresidencia, como ya ocurrió en las tres comunidades autónomas anteriores. Se sabe en qué ha cedido el Partido Popular y no consta en qué ha cedido Vox, como si me consta que Juanma Moreno es oyente de esta hora. Nada de lo que diga a continuación le va a poder sorprender. Vamos a ello. Érase un presidente que para seguir siéndolo, seguir en el poder, refutó lo que hasta entonces sostenía, se refutó a sí mismo e hizo justo aquello que él consideraba irrazonable, insensato e incomprensible para la ciudadanía. Los adjetivos los puso él mismo cuando aún trataba de disuadir a su socio de reclamarle sillones en el Gobierno.
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No tiene ningún sentido o no tendría ningún sentido la imposición o la búsqueda permanente de un sillón que creo que no sería razonable, sensato ni sería comprensible para esa inmayoría de andaluces que han optado claramente por el partido.
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Ni razonable, ni sensato ni comprensible. Era así un presidente llamado Juanma Moreno que después de haber afirmado lo insensato e incomprensible que sería para sus votantes darle a Vox un puesto en el Gobierno, fue y se lo dio. Era así un presidente autonómico que para no dar voz de nuevo a los andaluces en las urnas, a riesgo de ver menguada su victoria arrolladora de la última vez, plasmó en un programa de gobierno aquello que él mismo había denunciado como un engaño a los electores, una promesa ilegal y un daño irreversible a la credibilidad de las instituciones, o sea, la prioridad nacional.
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La prioridad nacional es un eslogan efectista y recurrente. Vox dice lo que algunos quieren escuchar. Puedes decir lo que tú quieras. Andalucía no tiene competencia en materia migratoria. Ahí hay cosas que se están prometiendo, se están diciendo que no existen. Aquí yo estoy viendo unas promesas que unas son irreales y otras son ilegales. Estamos engañando a los ciudadanos con esas promesas electorales. Me parece que son un mal ejercicio para la política, para las instituciones y para la credibilidad, digamos, de nuestro sistema democrático.
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Pues el mal ejercicio lo acabó practicando él mismo, dice su programa de gobierno firmado ayer con Vox. El acceso a todas las ayudas públicas se inspirará en el principio de prioridad nacional, dice su programa de la Junta de Andalucía. No facilitará la acogida de menores extranjeros no acompañados, no habilitará nuevos centros, devolverá a los menores a sus países de origen. En dos meses la prioridad nacional ha pasado de ser la promesa de una ilegalidad que hacía la extrema derecha populista y que el presidente denunciaba con vehemencia. Ha pasado a ser el compromiso firme del presidente, que aún tendrá luego el cuajo de criticarle a Sánchez sus cambios y opinión para satisfacer a los socios que le hacen presidente. En la noche electoral de las andaluzas, cuando el PP encajó el revés de quedarse corto en escaños, aún habiendo ganado de calle las elecciones autonómicas de calle, Juanma Moreno aún confiaba, seguro que sí, en poder pactar con Vox una cosa aseada, un acuerdo de investidura que no supusiera la entrada de Vox en el Gobierno, que a verle es que el pp le sacó 38 escaños de ventaja a Vox. Aún confiaba seguro en poder sortear la prioridad nacional con la que habían tragado sus colegas varones de Extremadura, de Castilla y León, de Aragón. Seguro que la mayoría de sus votantes también lo esperaba, aunque sólo fuera porque les había pedido el voto justo para impedir que Vox tocara el poder. Pero fue aquella noche electoral, recuerdo que lo comentamos aquí en nuestro programa especial, cuando el señor Gavira, delegado de Abascal, se marcó un mitin triunfal no solo como si hubiera ganado él las elecciones, sino como si fuera ya el vicepresidente de la Junta. Que han dejado claro qué es lo que quieren. Y lo que quieren es prioridad nacional. Quieren prioridad nacional, Claro, Juanma Moreno, que había revelado dos días antes que era él quien cantaba el himno de campaña de su partido, aún no quería creer que acabaría cambiando de canción para entonar con voz quebrada, digamos, esta de la prioridad nacional. Tienen razón sus partidarios en que esto no es lo mismo que lo de María Guardiola. No es lo mismo porque es peor. Guardiola ya tuvo su momento mutante en el año 23 cuando se traicionó a sí misma y tragó con Vox. Pero claro, ella, la prioridad nacional, se la encontró en esta última negociación y fue Génova. ¿Quien se la bendijo? Moreno no se la encontró en la negociación. Ya venía avisado porque ya pudo opinar sobre la prioridad nacional cuando la firmó Guardiola. Y de hecho opinó y se ocupó de que todo el mundo entendiera que él jamás habría pasado por ahí, sus votantes incluidos. Bueno, pues al final, oye, ya está investido y ya hay gobierno de coalición también en Andalucía. ¿Tú también, Juanma? La vida andaluza era esto una copia tardía, digamos, de la vía extremeña. Después de todo, en realidad él fue el primer varón del PP que se entendió con Vox En el año 19, mes de enero, después de aquellas elecciones autonómicas. Se entendió con Vox y con Ciudadanos. Es verdad que en aquel pacto Vox no entraba en el Gobierno y todo lo que se decía sobre la inmigración es que había que cumplir la ley. Hace tiempo que sabemos que no hay una sola cuestión en la que a Pedro Sánchez no le dejen cueros la hemeroteca. Hace tiempo que sabemos que no es Sánchez el único que muta, que se desdice, que olvida lo que prometió. Hace tiempo que sabemos que el PP está dispuesto a hacer suya cualquier bandera de Vox con tal de amarrar el poder en las comunidades autónomas. Y hace tiempo que sabemos que Feijóo plasmará él también en su programa de investidura el no más Menas y los españoles primero. Si ese es el precio para dormir al colchón suelto en el Palacio de la Moncloa. Y sabiendo todo esto, que lo sabemos ya, se librarán las próximas elecciones generales con los socios de Sánchez habiendo acreditado que pueden arrastrar al PSOE a casi cualquier posición si es el poder lo que está en juego. Y con Abascal habiendo probado ya que en la negociación con el PP quien se sale con la suya siempre es él y quien borra sus líneas rojas siempre es el PP. Que los socios te tengan agarrado por tus partes nobles, que son las más sensibles, siempre ha sido un deporte de riesgo. Bueno, Pedro Sánchez sigue haciendo historia, no nos olvidemos. Después de coronarse como el primer presidente que hurta al Parlamento su derecho a debatir cada año unos presupuestos. Después de coronarse como el primer presidente que pierde la confianza de quien le invistió e impide que los españoles puedan hablar ya en las urnas. El primer presidente al que le condenan a un exministro por corrupción estando él todavía en el cargo, después de coronarse como el primer presidente al que le imputan a tres presidentes seguidos de la SEPI como el primero que tiene que nombrar nuevo fiscal general porque al que nombró lo han condenado por revelación de secretos. Ahora conquista una nueva marca y ya es difícil conquistar nuevas marcas. Ahora conquista una nueva marca. Es el primer presidente del Gobierno al que le imputan a una directora general de la Guardia Civil y la mantiene en el cargo. Quién dijo que ya lo habíamos visto todo de los autores de no llevamos ningún imputado en nuestras listas y presumimos de ello. Llega ya nos pueden imputar a quien sea, que no vamos a relevarlo. A Mercedes González, directora de la Guardia Civil, que no vio problema en reunirse tres veces con Leire 10 cuando ya estaba publicada y requete publicada la implicación de Leyre en el juego sucio contra jueces y fiscales en sincronía con Ferraz. A Mercedes González la cita el juez como investigada por haber practicado ella misma juego sucio contra sus propios agentes de la UCO. Aquí no es Manos Limpias, no, No es la Fiscalía Anticorrupción la que pedía la imputación. La Fiscalía Anticorrupción es una institución del Estado. No le sirve esta vez a la fábrica de coartada socialista, el comodín de las asociaciones ultras y los recortes de prensa. Es la Fiscalía quien sospecha de la directora de la Guardia Civil y sospecha que puso obstáculos a una investigación judicial. Poca broma. Sospecha de ella y sospecha del director adjunto operativo. La directora de la Guardia Civil, que según Grande Marlaska nunca se había visto bajo ningún concepto con ley de 10, está imputada no sólo por verse con ella, sino por el efecto, las consecuencias que pudieron tener aquellas reuniones. Marlaska, que la palabra del ministro perdió valor hace tantos meses que, en fin, ya huelga siquiera mencionarlo. Una institución del Estado. La Fiscalía atribuye a la directora de la Guardia Civil haber participado en las maniobras ilícitas de las cloacas. El Gobierno mantiene que la integridad de la directora está fuera de duda. Otra institución del Estado, la abogacía, se ha personado en la causa de las joyas como acusación a Zapatero por haber ocultado su patrimonio a Hacienda. El Gobierno mantiene que la integridad del expresidente está fuera de duda. Ayer recordamos aquí que la fiscalía al menos en teoría, es independiente del Gobierno, de lo que el Gobierno quiera que se haga o deje de querer. A diferencia de la Abogacía del Estado, que es el instrumento del Gobierno para defender los intereses del Estado en las causas judiciales. De modo que el mismo Gobierno que a través de la Abogacía sospecha de la ocultación fiscal de Zapatero, sostiene en público que Zapatero siempre cumplió con sus obligaciones legales. Y a todo esto, Zapatero de viva voz no dice nada desde hace 45 días al edificio gubernativo le sale cada día una grieta nueva y hay departamentos que ya amenazan ruinas. Lo que empieza a ser misión imposible para el Gobierno es defenderse a sí mismo. Escuchas a Alsina en Onda Cero, Dirección de.
Podcast: Monólogo de Alsina (Onda Cero)
Host: Carlos Alsina
Date: July 3, 2026
Runtime covered: [00:03]–[~15:00]
In this monologue, Carlos Alsina dissects the recent political developments in Andalusia, centering on Juanma Moreno (PP) sealing a coalition agreement with Vox, which includes the controversial “prioridad nacional” (national preference) agenda and a vice presidency for Vox. Alsina draws parallels between this move and the betrayal of Caesar by Brutus, reflecting on hypocrisy, shifting positions, and what political survival means in the current climate. The monologue also broadens out to parallel controversies in the national government, illustrating recurrent patterns across the Spanish political spectrum.
“La frase de Shakespeare permanece por los siglos de los siglos reformulada en español... ¿Tú también, Juanma? ¿Perdón? ¿Tú también, Bruto? Pues él también.” – Alsina [01:39]
“No tiene ningún sentido... no sería razonable, sensato ni sería comprensible para esa mayoría de andaluces.” – Juanma Moreno (quoted by Alsina) [03:50]
“Era así un presidente llamado Juanma Moreno que después de haber afirmado lo insensato e incomprensible que sería para sus votantes darle a Vox un puesto en el Gobierno, fue y se lo dio.” – Alsina [04:07]
“La prioridad nacional es un eslogan efectista y recurrente... Andalucía no tiene competencia en materia migratoria... hay promesas que unas son irreales y otras son ilegales. Estamos engañando a los ciudadanos..." – Juanma Moreno (quoted) [04:43]
“El mal ejercicio lo acabó practicando él mismo, dice su programa de gobierno firmado ayer con Vox. ... En dos meses la prioridad nacional ha pasado de ser la promesa de una ilegalidad... a ser el compromiso firme del presidente...” – Alsina [05:14]
“Hace tiempo que sabemos que PP está dispuesto a hacer suya cualquier bandera de Vox con tal de amarrar el poder... Y hace tiempo que sabemos que Feijóo plasmará él también en su programa de investidura el no más Menas y los españoles primero. Si ese es el precio para dormir al colchón suelto en el Palacio de la Moncloa.” – Alsina [12:41]
“Ahora conquista una nueva marca... Es el primer presidente del Gobierno al que le imputan a una directora general de la Guardia Civil y la mantiene en el cargo.” – Alsina [14:15]
Carlos Alsina’s monologue offers a sharp, critical take on political consistency, the prioritization of power over principle, and the growing normalization of transactional politics in Spain. Using the betrayal of Caesar as an allegory, Alsina underscores that no political figure or party appears immune from hypocrisy or reversal—whether it’s the PP adopting Vox’s agenda for executive survival, or the PSOE managing an escalating string of scandals while maintaining public denials. The result is a landscape where institutional credibility erodes and the promise of “change” becomes little more than a change of actors, not scripts.