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A (0:06)
¿Qué tal, ¿Cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radio. Ya es lunes 15 de diciembre del año 2025. Escucha más de uno. Esto es la Radio, esto es Onda Cero. Déjenme que les cuente una historia que además es muy corta. Érase una vez un señor que tenía la mala costumbre de decir él qué es lo que opinaba su mujer. En cada cena con amigos se producía la misma escena. En cada cena, la misma escena. Él que era dado a colgarse medallas, se comparaba con los demás hombres y se ponía una nota excelente. Era mejor en todo que cualquiera. Por eso su mujer tenía que estar encantada de tenerle de marido. Lo decía con ella allí a su lado y callada. Él era más feminista que nadie, más honrado que nadie, más cumplidor que nadie, más mejor que cualquier otro hombre. Soy lo mejor que le ha pasado, decía él a ella. Soy lo mejor que le ha pasado a ella conmigo. Ha mejorado, ha progresado económicamente, tiene más derechos que nunca. Una noche en que quiso hacerse el moderno porque le había dado por grabarse vídeos para TikTok, les dijo a los amigos en la cena con la esposa a su lado, le a mi mujer le renta que yo sea su marido. Se sorprendió cuando ella carraspeó un poco, bebió agua, levantó el dedo para advertir de que iba a decir una cosa sonriente y calmada. Dijo la eso, cariño mío, deberías dejar que fuera yo quien lo dijera. Y luego, mirándole a los ojos añadió ¿No te parece? Él se quedó un poco descolocado. Claro. Bueno, dijo él, si lo digo es porque es un honor ser tu marido, aunque sea en estas circunstancias. Sé que estamos pasando una temporada difícil, pero incluso en estas circunstancias a ti te renta que yo esté contigo. ¿Y ella dijo Y entonces por qué no dejas que sea yo quien lo diga? Que a mí nunca me preguntas. Los amigos asistían a la cena ligeramente incómodos, pero francamente entretenidos. Dijo el A ver, que elegiste casarte conmigo. Soy tu marido legítimo. Nunca he dicho que no lo seas, dijo ella. Solo te he preguntado por qué hablas en mi nombre en lugar de dejar que sea yo quien opine. Y dijo él pues Por si acaso. ¿Por si acaso qué? Pues por si acaso tu respuesta no me gusta. Ya nos vamos entendiendo, dijo ella. Hablas por mí y te cuelgas mil medallas. A ver si al que le renta, cariño mío, es a ti. El próximo domingo hay elecciones en Extremadura. El presidente Sánchez estuvo mitineando ayer en Cáceres. Se preguntó a sí mismo si merece la pena gobernar España.
B (2:35)
A los españoles y a las españolas les renta este gobierno.
A (2:39)
El presidente del Gobierno ya se preguntó una vez, en abril del año 24, cuando la espantada Fake. Ya se preguntó entonces si le merecía la pena gobernarnos en aquellas circunstancias. Ayer hizo este juego de manos que consiste en preguntar si a España le merece la pena que gobierne él y responder él como si fuera España. A los españoles les renta este gobierno, fue su desinteresado y exquisitamente neutral veredicto. La pregunta siguiente, pregunta obligada, pero esta ya no se la hizo. ¿Por qué rehuye entonces cualquier posibilidad de que los españoles opinen ellos directamente, sin ventrílocuos que les hagan decir lo que no han dicho? Cuando en 2023 este mismo presidente adelantó las elecciones generales lo hizo invocando la necesidad que sentía de saber si los españoles querían seguir teniendo un gobierno de izquierdas. Se habían pegado tal tortazo sus gobiernos filiales en las elecciones autonómicas que el presidente, esa fue la versión oficial, entendió que era obligado dar voz a los españoles. Perdió las elecciones generales y solo pudo mantener el poder dejándose apadrinar por la derecha independentista catalana al precio de una amnistía de la que antes renegaba. Dos años y medio después, sin mayoría parlamentaria, habiendo incumplido repetidamente el mandato de presentar presupuestos a las Cortes, habiendo tenido que sacudirse a dos secretarios de organización cazados por la UCO como presuntos corruptos, con tres ministerios objeto de indagación judicial ya y registradas varias empresas públicas, con un ministro al que llamaban el putero y con una revuelta interna creciente en su partido por haber sido tibio en la denuncia de los acosos sexuales sufridos por mujeres a manos de hombres que han desempeñado cargos públicos, cargos orgánicos y cargos de confianza, estos últimos cargos de confianza del presidente en la Moncloa. Dos años y medio después, el presidente no ve necesidad alguna de dar voz a los españoles porque su voz vale por la de todos.
