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¿Qué tal, cómo están? Bienvenidos a una nueva mañana de radios. Miércoles, estamos a 10 de diciembre del año 2025. Esto es la radio es más de uno, es Onda Cero. Y les cuento una historia que es muy corta, ya verán. El respetado crítico cinematográfico Óscar López, que ejerce interinamente, provisionalmente, como ministro polemista del Gobierno de España y que antes fue jefe de Gabinete de Presidencia en los años de gloria de Paco Salazar. Por cierto.
Paco Salazar, ese hombre, el respetado crítico cinematográfico Óscar López, está al tanto, como estudioso que es, de los guiones de Hollywood, de La vida y milagros de Dalton Trumbo, uno de los gigantes de la escritura para cine, el guionista rojo, pero rojo de verdad, no como tanto izquierdista de camuflaje que hay ahora. Trumbo era rojo de verdad, tenía una mesita en la bañera, o sea.
En la bañera, y sobre la mesa que ponía en la bañera, colocaba la máquina a escribir y se metía en el agua vestido únicamente con un vaso de whisky y un paquete de cigarrillos, ataviado así con los cigarrillos del whisky, pues en la bañera escribía los guiones, o al menos esa es la leyenda que él tuvo interés también en divulgar. Bueno, Dalton Trump sufrió la persecución por parte del poder político, nada que ver con los políticos que usan su poder para perseguir a las voces críticas. Y Dalton Tropos sufrió la cancelación, cuando todavía no debía de haberse inventado ese concepto, cuando aún se le llamaba no cancelación, sino condena al ostracismo o abuso de poder para hacerle la vida imposible a alguien e impedir que pueda ganarse la vida, que esto es lo que se intentó en tiempo del senador McCarthy con el amigo Trumbo. Bueno, en contra de lo que parece pensar el cinéfilo Óscar López, lo que hace grande un guión de cine no es su creatividad, sino su solvencia, la calidad literaria y el talento para relatar una historia. Es natural que altos cargos interinos de la administración española, entregados en cuerpo y alma a la construcción de relatos, procuren aprender de los maestros del relato cinematográfico. Procuren, digo, porque es verdad que luego hay más voluntad que acierto a la hora de construir los relatos. Bueno, Dalton Trumbo publicó en 1939, cuando España sufría el desgarro de una guerra civil, la historia de un joven que se alista voluntario para combatir en la primera guerra Mundial y en la primera línea, persuadido de que su país le me iban a llamar dentro de seis meses. Además, si la patria te necesita, hay que ir. Si la patria te necesita, pues ahí tienes que estar tú. El joven entusiasta luego resulta herido gravemente en combate y se descubre a sí mismo inmóvil en la cama de un hospital, inhabilitado para seguir haciendo su vida de siempre. Y baja en una guerra que ahora siente que no era suya. Los teléfonos a medianoche dan mala suerte. Los teléfonos a medianoche dan mala suerte. El nombre del soldado que vio arruinada su vida, o que ve arruinada su vida en este guión cinematográfico, en esta novela, en esta película, es Joe Bonham. El título de la novela y de la película que Trumbo escribió, escribió primero la novela en el 39 y luego hizo la película a principios de los 70. El título de la película, como usted seguramente conoce, es Johnny cogió su fusil, que es una réplica al eslogan militar con el que se animaba a los jóvenes estadounidenses a alistarse. Y como sabe el estudioso del guión cinematográfico Óscar López, el pobre Joe, a solas con sus pensamientos y viendo el estado en el que ha quedado, se hace a sí mismo la pregunta que bien podría hacerse un fiscal general.
Oh, Jo, ¿Por qué diablos te metiste en este lío? No era tu pelea, Jo, este no era sitio para ti. Esta no era una guerra para ti. ¿Qué interés tenías tú en salvar la democracia y salvar al mundo?
El Tribunal Supremo de España, integrado por los juristas más veteranos y experimentados del país, ayer difundió la sentencia que explica por qué considera probado que el fiscal general García Ortiz quebrantó el deber que tenía de mantener la reserva sobre datos a los que tenía acceso sólo por el cargo que desempeñaba y cuya difusión afectaba al derecho de defensa de un investigado por fraude fiscal de nombre González Amador. Se difundió la sentencia que señala que el propio fiscal general confirmó la quiebra de esa reserva cuando expuso que él personalmente dictó pasajes de correos confidenciales a una periodista subordinada suya para que se los difundiera la opinión pública. Y se difundió también el voto discrepante de dos de los siete magistrados, dos magistradas que en este caso valoran de forma diferente a la mayoría las pruebas que se han presentado y que entienden, y así lo dicen en su voto particular que el fiscal general, por falta de pruebas incriminatorias, debería haber sido absuelto. No hubo sorpresa ni en los fundamentos alegados por el tribunal ni en las alegaciones de las dos magistradas que discrepan. La sentencia tiene 240 folios, 238 folios. Se difundió cerca de la una de la tarde. Media hora después, el ministro polemista Óscar López ya era capaz de despreciarla al tiempo que admitía que no la había leído. Pleno al 15 he podido leer lo que he podido leer porque acaba de salir, pero a la vista de lo que he podido leer y lo que le escucho a ustedes, conozco muchos guiones de Hollywood con menos creatividad que esa sentencia. Bueno, este es el agotador esfuerzo. Perdón, Este es el agotador esfuerzo de tener que ser todos los días ocurrente. Es una especie de obligación que se han autoimpuesto algunos ministros a sí mismos. Todos los días tengo que ser ocurrente. Hoy se me ha ocurrido esto del guión de Hollywood. A continuación, el ministro López hizo una sinopsis de la sentencia que refleja muy malamente lo que la sentencia en realidad dice. ¿Pero qué más dará? ¿Qué más dará si sólo es un ministro del Gobierno de España y al final le da igual lo que diga la sentencia porque su opinión no va a cambiar? Bueno, casi a la vez que Oscar López se tiraba a la bañera sin el talento relator de Dalto el Trumbo, su colega portavoz Pilar Alegría alegaba precisamente que aún no había tenido tiempo de leer la sentencia para evitar valorarla. Bien hecho. Desde luego creo que sería imprudente y osado por mi parte cuando, como le decía, no hemos tenido tiempo, lógicamente, para leerlo. Sí, me corrijo, no es que ella no lo hubiera leído. La ministra utilizaba con propiedad el plural. Decían no hemos tenido tiempo para leer. Claro, porque en realidad no era ella. En realidad se trata de que sean otros quienes hayan leído la sentencia y le digan a la ministra portavoz, como ocurre cada martes, que es lo que toca decir en la rueda de prensa del Consejo de Ministros. Pero bueno, ¿Fue prudente? ¿Fue prudente el Gobierno a primera hora? No hemos leído la sentencia y parece que no está mal leer la sentencia antes de opinar sobre ella. Bueno, su jefe, el jefe de Pilar Alegría, el presidente mitinero Pedro Sánchez, como predicó muchas horas después ante el público cautivo de la UGT ya había tenido tiempo de afinar un poco el argumentario y como ya había tenido tiempo sorprendió que no lo hubiera afinado, o sea, la dejadez con la que se limitó a repetir los mismos estribillos que vienen tonando antes de que el Fiscal General fuera imputado, antes de que fuera procesado, después de ser procesado, después de ser juzgado y después de haberse emitido el fallo, o sea, lo de Sánchez empieza a ser como un eterno remake, son mítines en redifusión, un Fiscal General del Estado que lo que ha hecho ha sido defender la verdad y la institución de la Fiscalía General del Estado. Si quien tiene que pedir perdón es la señora Ayuso y quien tiene que exigir responsabilidad de la señora Ayuso es el señor Feijóo. Bueno, es que era un mítin, ya le digo. Entonces los mítines de Sánchez se diferencian de los discursos oficiales de Sánchez en el tonillo que pone cuando dice las cosas tono mitinero o tono pretendidamente institucional, pero decir dice exactamente lo mismo siempre. ¿Y qué es lo que dice? Pues ayuso, ayuso, ayuso. Feijo, ayuso, ayuSO, Pablo Casado, ayuso, ayusO, ayusO, ayuso. Por eso lo más interesante de todo lo que dijo ayer el Gobierno de España sobre la sentencia, lo más interesante es esto otro de Óscar López, Pero ya está, el Gobierno ha respetado, ha acatado, ha relevado al Fiscal General del Estado y ya está. Y ya está. ¿Que significa? Que el Gobierno renuncia a seguir utilizando este asunto de García Ortiz como motor de movilización de los progresistas del mundo mundial que están indignadísimos por todo lo que ha ocurrido.
Qué diferencia de la primera reacción al fallo condenatorio, los ánimos movilizadores se han ido enfriando y es natural que se hayan ido enfriando. Yolanda Díaz se pasó cinco días, cinco días instando a los españoles a salir a la calle a defender la democracia y no salieron ni los votantes de su mar.
Bueno, más allá del Fiscal General, hay dos aspectos interesantes en los que el Tribunal Supremo se ha querido fijar en esta sentencia, que igual luego tenemos tiempo en la tertulia de darles una vuelta. Uno, la naturalidad con la que la defensa de García Ortiz expuso en el afán de defender al acusado, que hasta 600 personas tuvieron acceso a las conversaciones reservadas entre.
El abogado Neira y el fiscal Julián Salto hasta 600 personas. Poca reserva parece. Si una multitud puede ver esos correos confidenciales así abierta o alegremente, es que sobrevoló todo este juicio la incómoda sensación de que los fiscales de muy alto rango hablaban de las filtraciones como si fueran el pan suyo de cada día. Si la fiscalía fuera una especie de máquina de filtrar, dependiendo de quién filtra, se filtra con una intención o se filtra con otra. Eso uno. Y el otro aspecto es el de los periodistas, que es un aspecto muy interesante, sobre todo para los periodistas, claro. Famoso secreto profesional, que ahí el tribunal ha echado el resto, el redactor de la sentencia, que es el presidente de la sala, proclamando lo sagrado que es el derecho al secreto profesional del periodista en España y lo absolutamente blindado que está en nuestra legislación. ¿Podría ser que los jueces, que son lectores también de prensa, hubieran sentido la necesidad de refutar columnas de periódicos que los han venido a acusar, de poner bajo sospecha a los periodistas que declararon como testigos o al periodismo en general? No es eso. No es eso, es lo que dice ahora la sentencia. Lo que explica es que el periodista, en efecto, tiene un derecho, que es el derecho a proteger sus fuentes que no tienen otros testigos que declaran en un juicio, por ejemplo, los fiscales que declararon. Porque el derecho a proteger tus fuentes, el derecho al secreto profesional, es el derecho a callar, el derecho a no responder, el derecho a utilizar una vía legal y legítima de escape de la que disponen los periodistas cuando declaran un juicio y de la que no disponen otras personas y disponen de ella o de ese derecho a los periodistas precisamente para poder seguir disponiendo de las fuentes en que se abastecen, dice la sentencia, las fuentes reveladas son fuentes que se secan. El secreto profesional es un derecho, no es un deber legal, como dice también la sentencia, si acaso es ético o deontológico. Por eso luego cada periodista ya valorará, y hoy, de hecho, el famoso dilema moral, si se quiere llamar así, del que se habló en el juicio, cobra también sentido. Igual nos da tiempo a hablar de. Yo digo en la tertulia después, porque ya es tarde, o sea, aquel periodista a quien el correo del abogado y el fiscal se lo filtró una persona que no sea ni el fiscal general ni nadie del entorno del fiscal general, pues hoy decidirá en conciencia.
Si ahora ve necesidad u oportunidad o pertinencia de revelar quién se lo filtró precisamente para refutar al Tribunal Supremo o si ya lo deja estar. No fue nadie del entorno del Fiscal General quien me lo filtró a mí, pero ya dejo la cosa como está porque prevalece la protección de las fuentes sobre la presunta injusticia que se ha cometido en este caso a costa, es verdad, de haber condenado a alguien que nada filtró. Y eso ya sí que es decisión de cada uno. Cada uno es cada uno. Cada uno asume lo que sabe y cada uno asume lo que hace o deja de hacer.
Escucha, sal.
Podcast: Monólogo de Alsina – Onda Cero
Fecha: 10 de diciembre, 2025
Host: Carlos Alsina
En este monólogo, Carlos Alsina reflexiona sobre la reciente sentencia del Tribunal Supremo de España, que condena al fiscal general García Ortiz por vulnerar la confidencialidad de información sensible en el llamado “caso González Amador”. Con su característico estilo irónico y literario, Alsina examina la reacción del Gobierno y analiza el trasfondo de la sentencia, abordando temas como la construcción de relatos políticos, el secreto profesional de los periodistas, y el agotamiento del discurso gubernamental tras la resolución judicial.
Paralelismo Trumbo-Gobierno:
Sobre la creatividad “excesiva” de la sentencia según Óscar López:
Critica al argumentario repetitivo del Gobierno:
Cambio de ciclo tras la sentencia:
Ética periodística y secreto profesional:
Alsina disecciona –con referencias culturales y rigor crítico– la respuesta política a una sentencia judicial clave, ironizando sobre la teatralidad y los relatos prefabricados del Gobierno. Pone en valor el matiz legal y ético tanto para políticos como para periodistas, concluyendo que, tras el vértigo inicial y la polémica, las aguas vuelven a su cauce, y cada actor público debe cargar con sus palabras y decisiones.