
La poesía de autor y el flamenco (IV)
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José María Velázquez Gaztelu
RNE Audio Descarga la app y disfruta de los programas de RNE y nuestros podcast originales. Radio clásica con el flamenco. En radio clásica de radio nacional de españa. Nuestro flamenco, con josé maría velázquez gaztelu. Señoras y señores, amigos, los más cordiales saludos y bienvenidos a Nuestro Flamenco, el programa que todos los lunes Y miércoles, de 12 de la noche a 1 de la madrugada, les ofrece Radio Clásica Radio Nacional de España. También pueden acompañarnos cualquier día, a cualquier hora y desde cualquier país a través de nuestros pódcast en RNEaudio. Esta noche les invitamos a un cuarto capítulo dedicado a la poesía de autor en las voces del flamenco, aunque leyendo previamente el texto con el fin de contrastarlo con la versión flamenca y de esa manera apreciar más claramente los criterios musicales y expresivos que utiliza el cantaor o cantaora con respecto a un poema específico. Y como ya hemos advertido en programas anteriores, en este recorrido poético musical flamenco repetiremos intérprete y autor del poema. Pero éstos, es decir, los poemas, siempre serán distintos, ya que esta corriente no es algo generalizada, sino de un grupo reducido que ha encontrado o ha descubierto en la poesía de autor un camino propicio, un campo propicio para su desarrollo artístico, logrando en la mayoría de las ocasiones piezas de gran calidad. Si en programas anteriores hemos escuchado a Carmen Linares llevando al ámbito flamenco el poema de Juan Ramón Jiménez Moguer y un fragmento de Auroras de Moguer, además de haberla escuchado también en su versión flamenca de la canción de Los Vendimiadores de Miguel Hernández y en el poema de Borges Milonga del forastero, esta noche volvemos a Carmen y a otro texto de Juan Ramón Jiménez, en este caso a un fragmento del poema Remembranzas, una pieza perteneciente al libro de 1900 Almas de Violeta, con el cante de Carmen Linares, la música y guitarra en tono y compás de alegría de Juan Carlos Romero, la percusión de Tino Dilleraldo y las palmas, voces, acompañamiento y jaleos de Ana María González, Segundo Falcón y Bobote. Recuerdo que cuando niño me parecía en mi pueblo una blanca maravilla, un mundo mágico inmenso. Las casas eran palacios y catedrales los templos, y por las verdes campiñas iba yo siempre contento, inundado de ventura. Al mirar el limpio cielo celeste como mi alma, como mi alma sereno, creyendo que el horizonte era de la tierra. El término no veía en su ignorancia mi inocente pensamiento. Otro mundo más hermoso que aquel mundo de mi pueblo. Qué blanco, qué blanco todo, todo qué grande, qué bel.
Carmen Linares
Recuerdo que cuando niño me parecía mi pueblo, Ay, mi pueblo. Una blanca maravilla, un mundo mágico, inmenso. Recuerdo que cuando niño me parecía mi pueblo, Ay, mi pueblo. Las casas era palacio y catedrales los templos. Y por las verdes camp piñas y bayón. Ay, siempre contento, inundado de ventura. Y al llegar al mismo cielo.
Enrique Morente
Las.
Carmen Linares
Casas eran palacios y cátedra. Cielo celeste como mi alma, Como mi alma frenó creyendo que el horizonte ahí era de la tierra. Terminó. No veía en su ignorancia mi inocente pensamiento. No veía en su ignorancia mi inocente pensamiento. Otro mundo más hermoso catermundo de mi pueblo. Que blanco, que blanco todo que grande y que bello. Que blanco, que blanco, todo. Que grande.
José María Velázquez Gaztelu
Con música y guitarra de Juan Carlos Romero un fragmento del poema de Juan Ramón Jiménez Remembranzas en la voz de Carmen Linares Juan Ramón Jiménez, el gran poeta de Moguer, Huelva, que murió en el exilio en San Juan de Puerto Rico en 1958, Premio Nobel de Literatura en 1956, escribió, según los críticos, el poema más importante de la literatura europea del siglo XX Espacio Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo. Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de todo lo por vivir no soy presente solo, sino fuga, raudal de cabo a fin. Y lo que veo a un lado y otro en esta fuga, rosas, restos de alas, sombra y luz, es sólo mí recuerdo y ansia míos Presentimiento, olvido. ¿Quién sabe más que yo, quién, qué hombre o que dios puede, ha podido, podrá decirme a mí qué es mi vida y mi muerte qué no es? Si hay quien lo sabe, yo lo sé más que ese y si quien lo ignora más que ese, lo ignoro, Luchan entre este ignorar y este saber. Es mi vida, su vida y es la vida. Pasan vientos como pájaros, pájaros igual que flores, flores, soles y lunas, lunas, soles como yo, como almas, como cuerpos, cuerpos como la muerte y la resurrección, como dioses. Otro poeta muy querido por los flamencos es Miguel Hernández. La misma Carmen Linares, Enrique Morente, Manuel Jerena, José Mercé, Miguel Poveda, Arcángel Pitingo, Duquende, el Niño de Elche, entre otros, han cantado a Miguel Hernández la gran carga poética de sus textos, la significación del personaje y también la estructura de sus versos, propicios para ser cantados, han sido y son algunos de los argumentos que han hecho que la obra del poeta de Orihuela tenga tanto atractivo para los flamencos. Hay un texto del poeta chileno Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura en 1971, que describe a Miguel Hernández aludiendo a su muerte dramática en las cárceles franquistas Recordar a Miguel Hernández, dice Pablo Neruda, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela, cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del sur, como los poetas rectilíneos de Andalucía, sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. Y este fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra. Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo, darle la luz, dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz. Ese es el texto de Pablo Neruda hablando de su amigo Miguel Hernández. Otro cantaor que también llevó los versos de Miguel Hernández al ámbito flamenco es el Niño de Elche. En 2013 publicó el disco Sí a Miguel Hernández, en el que, entre otras piezas, incluyó la muy conocida Nanas de la Cebolla, con el cante del Niño de Elche en compás y tonos de bulerías. Las guitarras de Juan Ramón Caro La.
Niño de Elche
Cebolla Escarcha cerrada y pobre. Escarcha de tu día y de mis noches. De mis noches, Hombre y cebolla. Hielo negro y escarcha grande y redonda. Hielo negro y escarcha grande, grande y redond. En la cuna del hambre mi niña. Con sangre de cebolla se amamantaba. Pero tu sangre escarchada de azúcar, cebolla y hambre, Una mujer morena resuelta en luna. Se derrama hilo a hilo sobre la cuna. Ríete, niño, que te traigo la luna cuando es preciso. Que te traigo la luna cuando es preciso. Tu risa me hace libre me voy. Soledades me quita cárcel marranca, Boca que vuela corazón que en tu labio relámpag. De tu risa la espada me habla victoriosa Vencedor de las flores y la rival del sol. Por venir de mi hueso, de mi hueso y de mi amor. Por venir de mi hueso y de mi amor. Desperté de ese niño nunca despierte. Triste llevo la boca. Ríete siempre, Siempre en la cuna defendiendo la risa. Pluma por pluma. Al octavo me ríe. Con cinco azares, Con cinco diminutas ferocidade hay con cinco dientes como cinco amines adolescente Como cinco amines adolescentes. Frontera de los beso será será mañana. Cuando en la dentadura siento un arma, hoy siento un fuego correr. Dientes abajo buscando el centro. Vuela niño en la doble luna del precio. El triste de se vaya tu satisfecho no te derrumbe. No sepas lo que pasa ni lo que ocurre. No sepa lo que pasa ni la, ni la, ni la.
José María Velázquez Gaztelu
Con la guitarra de Juan Ramón Caro Nana de la cebolla de Miguel Hernández en la voz del niño de Elche. Esta noche en Nuestro Flamenco, el programa de Radio Clásica, Radio Nacional de España. La poesía de autor trasladada a distintos estilos o sin perder la esencia flamenca, sin abandonar su carácter, crear nuevas fórmulas musicales para, digamos, encajar un poema específico. Esto ocurre, por ejemplo, en el poema El pequeño reloj de León Felipe, una pieza de su libro de 1958 El ciervo, que Enrique Morente canta añadiéndole al final dos letras de carácter popular con la colaboración de su hija Estrella, el baile de Israel Galván, la guitarra de Niño José Le, el bajo Dalaín Pérez y las palmas de Pelota, bandolero y piraña. He aquí otra manera de medir Y gira y gira el llanto sin cesar, como el rosario, como la noria, como el mundo, como la espiral del mecanismo perfecto y perpetuo de un reloj. El año, el siglo, el tiempo, el llanto y el tiempo contando los pasos. Contamos el tiempo con las cuentas amargas de las lágrimas, el pequeño reloj. Y también contamos el tiempo con el mar, el mar movido eternamente por el viento, que el mar también es un reloj, el gran reloj. Una ola, dos olas, tres olas. Pasan los años y los siglos y las horas no cesan. Las olas van y vienen y se rompen. Hay más olas que estrellas y que granos de arena. Y contamos el tiempo con las olas amargas coronadas de espuma. Yo no le temo a las olas ni a los grandes temporales. Yo le temo a tus ojillos cuando dejan de mirarme. Que me toquen arrebato, las campanas del olvido vengan a apagar el fuego que esta gitana ha encendido.
Enrique Morente
He aquí otra manera de medir. Y gira y gira el llanto sin cesar, Como el rosario, como la noria, como el mundo, como la espiral del mecanismo perfecto y perpetuo de un reloj. El año, el siglo, el rey. Y el llanto y el tiempo contándole lo pasó. Contamos el tiempo con la cuesta amarga de las lágrimas.
Niño de Elche
El pequeño reloj.
Enrique Morente
Y también contamos el tiempo con el mar, el mar movido eternamente por el viento. Que el mar también es un reloj, el mar también es un reloj, el gran reloj, una ola.
Niño de Elche
Pasan los años y los siglos.
José María Velázquez Gaztelu
Y.
Enrique Morente
La ola no cesa. La ola van y vienen y se rompen. Hay más olas que estrellas y que granos. Dale y qué grano daré. Y contamos el tiempo con la ola amarga coronada de espuma, Encendido. Que me toquen arrebato. Que la campana de los bíos dejaría pagar el fuego que está y tan sencillo. La campana del olvido, la campana de.
José María Velázquez Gaztelu
El pequeño reloj. Poema de León Felipe, el poeta de Zamora que falleció en su exilio mexicano en 1968, cantado por Enrique Morente Pero como hemos comentado en otras ocasiones, Morente poseía una profunda cultura poética, era un gran y atento lector y cantó, entre otros, desde San Juan de la Cruz, Góngora, Fray Luis Almotamizo, Quevedo, hasta Javier Egea, Ángel González, Damas Alonso, Cernuda, Borges, Bergamín, pasando por Miguel Hernández, Antonio Emanuel, Machado, Neruda o Alberti. Pero por quien sintió una especial predilección Enrique Morente fue por Federico García Lorca, como demuestran sus discos Omega o Morente Lorca. Y hay otro que quizás no tuvo tanta repercusión, que es Morente. Llanto por Ignacio Sánchez Mejía de Federico García lorca, publicado en 2010 con solo tres piezas, dos versiones de La acogida y la muerte y Alma ausente, dos poemas de los cuatro que integran la totalidad de Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, fechado en 1935 y que Lorca dedicó a la argentinista en la contraportada del disco hay otro título que es altamente aclaratorio, Enrique Morente, Llanto por Ignacio Sánchez Mejía en La voz del flamenco. Y ahí está la clave, en La voz del flamenco. Las composiciones de ambas piezas, La acogida en La muerte y Alma ausente, no se ordenan bajo la disciplina de estilos específicos, sino que se configuran en el espíritu y el carácter flamenco. Es decir, como avisa Morente en La voz del flamenco, en la primera pieza, La acogida y la muerte. Música, cante, voces armónicas, nudillos y percusión electrónica de Enrique Morente y compases de batería de Eric Jiménez. Y en la segunda pieza, Alma ausente, música, cante y guitarra de Enrique Morente. A las cinco de la tarde Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde, una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde, y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde, y un muslo con un asta desolada a las cinco de la tarde. Comenzaron los sones del bordón a las cinco de la tarde, Las campanas de arsénico y el humo a las cinco de la tarde.
Enrique Morente
Cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde, una espuerta.
Niño de Elche
De cal ya prevenida cinco de la tarde.
Enrique Morente
Lo demás era muerte y solo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde, y el óxido sembró cristalini que a las 5 de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde.
José María Velázquez Gaztelu
Y.
Enrique Morente
Hasta desolada a las cinco de la tarde.
Niño de Elche
Comenzaron los sones del bordó a las 5.
Enrique Morente
La campana de arsénico y el humo de la tarde. En la esquina, grupos de silencio a las cinco de la tarde. Cinco de la tarde, Cuando el sudor de nieve fue llegando a las cinco de la tarde. Cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde. La muerte puso huevo en la herida a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco, cinco en punto de la tumba de un con rueda en.
Niño de Elche
La cama cinco de la tarde.
Enrique Morente
Hueso y flauta suenan en su oído.
Niño de Elche
De la tarde.
Enrique Morente
Sufriende a las 5 de la tarde. El cuarto ceniza va de agonía a las 5 de la tarde. A lo lejos ya viene la Cangrena a las 5 de la tarde. Trompa, delirio por la verde ingle a las 5 de la tarde.— Las heridas quemaban como Sol a las 5 de la tarde. El gentío rompía la ventana a las 5 de la tarde. A las 5 de la tarde. Ay, qué terrible 5 de la tarde. Eran las 5 en todos los relojes. Era las 5 en sombra de la tarde.
José María Velázquez Gaztelu
Fragmento de Alma ausente No te conoce el toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde, porque te has muerto para siempre. No te conoce el lomo de la piedra ni el raso negro donde te destrozas. No te conoce tu recuerdo mudo, porque te has muerto para siempre. El otoño vendrá con caracolas, uva de niebla y montes agrupados, pero nadie querrá mirar tus ojos porque te has muerto para siempre.
Enrique Morente
No te conoce el toro ni la higuera, ni caballo ni hormiga de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde, porque te has muerto para siempre. No te conoce el lomo de la piedra. Ni el raso negro donde te destroza. No te conoce tu recuerdo mudo porque te has muerto para siempre. El otoño vendrá con cara a cola, uva de niebla y montes agrupados, Pero.
Niño de Elche
Nadie querrá mirar tus ojos porque te han muerto para siempre.
Enrique Morente
Porque te has muerto para siempre. Como todos los muertos de la tierra, como todos los muertos que se olvidan en un montón de perros apagados. No te conoce nadie, no, no, pero yo. Te canto, yo canto para luego tu.
Niño de Elche
Perfil y tu gracia.
Enrique Morente
La madurez insigne de tu conocimiento, tu apetencia de muerte y alguna de su boca. La tristeza que tuvo tu valiente alegría. Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace. Un andaluz tan claro, tan rico de aventura. Yo canto su elegancia con palabras que gime y recuerdo una brisa triste por los olivos, por los olivos.
José María Velázquez Gaztelu
La acogida y la muerte y Alma ausente. Dos piezas del poema de Federico García Lorca Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, en la versión de Enrique Morente. Alberti también es un poeta cantado por los flamencos. La estructura de algunos de sus poemas facilita el acople con algunos estilos. En 1996, Calixto Sánchez publicó De la lírica al cante, un disco en el que aparecen versos de Gustavo Adolfo Bécquer, Manuel Machado, Fernando Villalón, Federico García Lorca y también Rafael Alberti. Para los tangos flamencos, Calisto Sánchez escogió fragmentos de los libros de Alberti La amante, de 1925, Baladas y canciones del Paraná, de 1954 y Marinero en tierra, de 1925, Con la voz de Calisto Sánchez, las guitarras de Manolo Franco y Pedro Bacán y las palmas y percusiones de Manolo Soler. Castilla tiene castillos pero no tiene una mar, pero sí una estepa grande mi amor donde guerrear. Mi pueblo tiene castillos pero además una mar, un mar dañil y grande mi amor donde guerrear. Hoy las nubes me trajeron volando el mapa de España qué pequeño sobre el río, qué grande sobre el pasto. La sombra que proyectaba se le llenó de caballos. La sombra que proyectaba yo a caballo por su sombra busqué mi pueblo y mi casa entré en el patio que un día fuera una fuente con agua aunque no estaba la fuente, la fuente siempre sonaba y el agua que no corría volvió para darme agua. Yo te hablaba con banderas, hija de la panadera, la que siempre eras de pan entre la grey marinera. Me perdí en la tierra fuera de la mar yo te hablaba a los luceros con la luna del espejo de una estrella volandera Fuera de la mar Me perdí en la tierra.
Niño de Elche
Aquí ya tiene un castillo pero no tiene una más. Hice una estepa muy grande mi amó para que real. Mi tierra tiene un castillo y también tiene una más y una madre añil y grande mi amor para guerrear. Hoy las nubes me trajeron volando el mapa de. Pequeño sobre río y qué grande sobre el pato. La sombra que proyectaba. Se llenó de caballo. La sombra que proyectaba yo a caballo por su sombra busqué mi pueblo y mi casa. Entre en el patio que un día fuera una fuente con él. Y aunque no estaba la fuente, la fuente siempre sonaba y el agua que no corría volvió para darme agua. Yo te hablaba con pandela, hija de la panadera, la que siempre eres de paz entre la grey marina. Me perdí en la tierra fuera de la mar. Yo la daba a los luceros con la luna del espejo de una estrella Durand. Fuera de la mar me perdí en la tierra Y hermano la mau herman solo la ma porque me trajiste pare, padre mío, a la ciudad y herman la más hermano, porque me desenterraste, desentérrate de hermano y el sueño la marejaba, me tirado el corazón se lo quisiera llevar y hermano, hermano la man Herman, hermano la ma.
José María Velázquez Gaztelu
Con las guitarras de Manolo Franco y Pedro Bacán, Tangos en la voz de Calisto Sánchez sobre textos de Rafael Alberti. Y finalizamos este cuarto capítulo dedicado a la poesía de autor en las voces y también guitarras de los flamencos, con lectura previa del texto. Finalizamos, decimos, con dos grandes artistas que se unieron en el disco de 2000 Locura de Brisa y Trino bajo el cielo protector de los versos de Federico García Lorca, música y guitarra de Manolo Sanlúcar y la voz de Carmen Linares, la segunda guitarra de Isidro Muñoz y las percusiones de Tino Di. El soneto de Federico García Lorca, El poeta pide a su amor que le Amor de mis entrañas, viva muerte, en vano espero tu palabra escrita y pienso con la flor que se marchita que si vivo sin mí quiero perderte. El aire es inmortal, la piedra inerte ni conoce la sombra ni la evita. Corazón interior no necesita la miel helada que la luna vierte. Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas, tigre y paloma, sobre tu cintura en duelo de mordiscos y azucenas. Llena pues, de palabras mi locura o déjame vivir en mi serena noche del alma para siempre oscura.
Carmen Linares
Amor de mis entrañas, viva muerte.
José María Velázquez Gaztelu
En.
Carmen Linares
Vano espero tu palabra escrita y pienso con la flor que se marchita que si vivo sin mí quiero perderte. El aire es inmortal a piedra inerte ni conoce la sombra ni la evita, un corazón interior no necesita la mila y la luna, la mila y la luna la muerte. Pero yo te sufrí. Traje mi veina, traje mi veina sobre tu cintura, sobre tu cintura y el duelo de mordijo y a su cena ya ni palabra mi locura o dejarme vivir en mis arena no se deba dar a siempre oscura no se del alma para siempre ocur. No se del alma para sIEMPRE oscura, no se del alma para siempre.
José María Velázquez Gaztelu
Con la música y guitarra de Manolo Sanlúcar y la voz de Carmen Linares. El soneto de Federico García Lorca, El poeta pide a su amor que le escriba Y nada más, amigos, muchas gracias por habernos acompañado con José Luis Beltrán en la edición. Nos despedimos de ustedes y les esperamos todos los lunes y miércoles, de 12 de la noche a 1 de la madrugada. Nuestro flamenco, con josé maría velázquez gaztelu.
Episode: La poesía de autor y el flamenco (IV)
Date: December 15, 2025
Host: José María Velázquez Gaztelu (Radio Clásica)
This fourth installment in the series "La poesía de autor y el flamenco" explores the intimate relationship between canonical poetry and flamenco, focusing on how celebrated Spanish poets' texts are reimagined within the expressive and musical framework of flamenco. The host, José María Velázquez Gaztelu, guides listeners through readings of the original poems followed by contrasting flamenco interpretations—an approach that exposes both the enduring power of these works and the unique artistic lens each interpreter brings. The episode features legendary flamenco voices including Carmen Linares and Enrique Morente, and texts by poets such as Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, León Felipe, Federico García Lorca, and Rafael Alberti.
José María Velázquez Gaztelu, on the relationship between poetry and flamenco:
“Esta corriente no es algo generalizada, sino de un grupo reducido que ha encontrado o descubierto en la poesía de autor un camino propicio para su desarrollo artístico, logrando en la mayoría de las ocasiones piezas de gran calidad.” (01:52)
Pablo Neruda on Miguel Hernández:
“Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela... Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio...” (11:46)
Enrique Morente, transforming Lorca’s "Alma ausente":
“No te conoce el toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde, porque te has muerto para siempre.” (36:41)
Carmen Linares singing Lorca’s sonnet:
“Amor de mis entrañas, viva muerte, en vano espero tu palabra escrita y pienso con la flor que se marchita.” (53:05)
This episode masterfully weaves together canonical Spanish poetry and flamenco’s transformative potential. Through carefully chosen readings and striking musical performances, listeners are immersed in a dialogue between two great Iberian arts—where the spoken word and the sung lament, the lyric and the compás, illuminate each other. The program reveals flamenco’s unique gift for renewing classic poetry, adding new layers of emotion and cultural memory.