Transcript
Marta García Ayer (0:02)
Suspiro cuando he pensado en el mundo. Te lo juro.
María Martínez Bascuñán (0:05)
Ya. Yo tengo ansiedad geopolítica. No sé si esto está diagnosticado, pero. Y después va Cuba y después de repente me da el corazón. Como digo, esta es ansiedad geopolítica.
Marta García Ayer (0:21)
Oye, ¿No hay ansiedad climática? Pues también. Hola, soy Marta García Ayer y vamos a hacer una pausa y luego tú ya interpretas lo que te parezca. Cada uno, cada una, pensará algo distinto de este episodio. Y todas esas opiniones juntas formarán la realidad. ¿Por qué cada vez es más difícil ponerse de acuerdo en algo? ¿Son todas las opiniones igual de válidas o eso nos llevaría a un relativismo sofocante? ¿Importan los hechos más que las opiniones? Pues vamos a hablar hoy de la normalización de la mentira, de cómo hemos sustituido la pluralidad por una lógica tribal y lo más cómo recuperarla. Porque es agotador andar debatiendo no solo opiniones, también sobre la realidad misma. Es decir, esta es una pausa sobre el fin del mundo común, sobre cómo con el auge de los populismos, la polarización y la posverdad, a medida que ha ido aumentando la incertidumbre y se desvanecen las certezas, hemos enterrado consensos cada vez más básicos. Y sin ellos proliferan eso que ahora se llaman realidades alternativas, es decir, mundos ficticios que el iluminado de turno es capaz de imponer a cambio de vender un simulacro de certezas. ¿Qué está pasando con la verdad? ¿Y con la confianza y con la realidad? Es un tema, ya lo sabes, que me obsesiona desde hace tiempo. Lo hemos hablado esta temporada de pausa con los detectives de los bulos, con Cara Jiménez y Carlos Hernández, pero también con Daniel Iriarte en el episodio de la geopolítica de la confusión, Episodio, por cierto, muy vigente estos días. La realidad es cada vez más difusa y no es solo un problema de los deepfakes y la inteligencia artificial, sino de la pérdida de confianza de un espacio público cada vez menos tolerante con lo plural. Vamos a hablar de todo esto con Maria Martínez Bascuñán, profesora de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid y autora de El fin del mundo común, un libro que se supone que va de Hannah Arendt, pero que en realidad va de nosotros. Pero antes. Antes te voy a contar una la historia de la compota de manzana. Mejor dicho, de qué pasaría como cuenta Rafael del Águila, si alguien afirmara que el centro de la Tierra está hecho de compota de manzana, la mayoría ni le creeríamos ni nos molestaríamos en verificarlo. Pero ¿Y si cada vez más gente empezara a creerlo? ¿Y si se convirtiera en una opinión que exige ser tan respetable como la de aquellos que dicen que está compuesta de hierro, níquel, azufre y silicio? ¿Y si empezamos a dividir a la gente entre los que opinan que la Tierra está hecha de compota de manzana y los que no? Pues Marian nos cuenta en su libro que a lo mejor la verificación técnica no funciona tan bien cuando la verdad se convierte en una cuestión de identidad. Por eso, aunque me va a tener que convencer, porque yo me resisto a ello como periodista, dice esta profesora de políticas que la clave a lo mejor no son los hechos, sino las opiniones. En esta pausa vamos a hablar mucho de la importancia de las opiniones, de aquello que nos conecta y nos separa a la vez. Nos conecta porque estamos todos en la misma realidad, pero al mismo tiempo nos separa porque cada uno la ve desde una perspectiva distinta. En el mundo común del que habla nuestra invitada de hoy, no se trata de que todos pensemos igual, sino de que todos podamos discrepar sobre el mismo mundo. ¿Por qué llevarnos la contraria es fundamental para ponernos de acuerdo? ¿Cómo opinar de algo sin saber qué es real y qué no? ¿Y todas las opiniones entonces valen lo mismo? ¿Cómo hacemos para que las opiniones sean plurales y no maneras de militar en una identidad? Marian son preguntas que nos estamos haciendo todos los días, y creo que no solo los que nos dedicamos a esto del periodismo.
