Transcript
Narrator (0:03)
Gestionar bien tu dinero no debería ser complicado. En MyInvestor te lo ponemos fácil. Una cuenta sin comisiones, con rentabilidad desde el primer euro y acceso a productos de inversión claros desde muy poco dinero. Porque tomar buenas decisiones financieras es fácil con MyInvestor. Y estar bien informado con pausa también. Descubre más en MyInvestor.
Juan Evaristo Valls (0:26)
Es.
Narrator (0:28)
Invertir conlleva riesgos, incluida la pérdida total o parcial del capital invertido. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.
Marta García (0:36)
¿Que? Me encanta. Pero eres todo un desafío, Juan. Ir de Hannah Arendt a Bad Bunny. Claro, hazte cargo. Esto no pasa todos los días.
Juan Evaristo Valls (0:47)
Debería pasar más días, yo creo.
Marta García (0:49)
Pues hala, vamos. Vamos. Hola, soy Marta García, Ayer. Y vamos a hacer una pausa, aunque a punto, a punto hemos estado de no hacerla. Porque esta pausa va de no hacer nada. De la belleza de las cosas inútiles. Y qué mejor que ahora que se acercan las vacaciones, que hablar del derecho a la pereza. Porque la libertad y la igualdad no pueden pensarse sin la belleza. Hablaremos de por qué la belleza necesita de las cosas inútiles. Eso dice nuestro invitado de hoy, Juan Evaristo Valls, autor del Derecho de las cosas bellas y profesor de Filosofía de la Universidad Complutense. Bueno, el libro de Juan Evaristo es un libro que me ha hecho cambiar de opinión. De opinión respecto a la pereza y a la belleza. Porque nunca me había parado a pensar cuántas cosas tienen en común la pereza y la belleza. Yo es que me tengo por alguien muy racional. Bueno, ahora lo hablamos. Pero antes. Antes te voy a contar una historia. La historia de por qué he vuelto a llevar pendientes. Hace poco dejé de ponérmelos. Hace muchos años, en un alarde de utilitarismo hiperracionalista, dejé de llevarlos convencida de que los pendientes no sirven para nada. Solo para andar llenando las estanterías del baño de aros, en el mejor de los casos, pares. Porque a menudo, como los calcetines, los pendientes, nadie sabe cómo, de repente son impares. Hasta que una peluquera me dijo una vez, escandalizadísima por mi ignorancia, que cómo que los pendientes no sirven para nada. Que claro que sirven. Son un punto de luz. Es esencial en la cara. Realzan el gesto y la mirada. Y me convenció de que volviera a llevar pendientes que sí que eran útiles, aquí los tengo. Y claro, leyendo tu libro, Juan Evaristo, ahora estoy dándole vueltas a si llevar pendientes es útil porque lo bello es necesario, que necesitamos las cosas que son necesarias, pero que lo bello es lo que no es útil. Pero claro, si los pendientes son bellos y son útiles, entonces no son bellos porque sí sirven para algo. Total, que hecho un lío, menos mal que estás aquí. ¿Para qué sirve la belleza?
