Transcript
Marta García Ayer (0:00)
Hasta qué punto hay un nivel de agresividad descomunal con la gente que da el tiempo. Es que es muy loco.
Martín Barreiro (0:06)
De ser una cosa como de ascensor y de las vacaciones y del ocio a ser efectivamente, a recibir amenazas de muerte.
Marta García Ayer (0:14)
Esto que vamos a contar es muy loco.
Martín Barreiro (0:15)
Es muy loco.
Marta García Ayer (0:21)
Hola, soy Marta García Ayer y vamos a hacer una pausa. Una pausa para hablar de eso que hablamos cuando no sabemos de qué hablar. Vamos a hablar del tiempo. ¿Qué está pasando con el tiempo en estos tiempos? ¿Cómo informar de fenómenos meteorológicos cada vez más extremos sin alarmar o es que deberíamos alarmarnos más? ¿Ha pasado el hombre del tiempo de ser hace 30 años víctima de las burlas porque no acertaba demasiado, a víctima de la polarización? ¿Es la meteorología una profesión de riesgo? Pues vamos a hablarlo con uno de ellos. Bueno, con dos. Vamos a hablarlo para saber por qué convertirse en el hombre o la mujer del tiempo es un trabajo realmente arriesgado. Y no precisamente por tener que informar bajo el frío y las tormentas en televisión, que también, pero antes. Antes te voy a contar una historia. La historia de la señora Tillman. Una mujer que en 1905 se convirtió en viajera en el tiempo. No el tiempo atmosférico, sino el del calendario. Y de pronto aparece la Sra. Tillman en un mundo feliz, un mundo del futuro de mil años más tarde. Aparece en 2905. Es un relato de ciencia ficción de Bessie Rogers, una escritora que a principios del siglo XX retrataba a su manera una utopía futura en la que no hay hospitales porque nadie enferma, la gente es capaz de leer los pensamientos y pueden incluso volar. Y cuando la señora Tillman, que es una dama bien del siglo XIX, que acaba de estrenar el 20, llega de repente al futuro un milenio después, le sorprenden cosas como que los relojes se den cuerda solos con la electricidad y que no hicieran falta caballos para la tracción de los vehículos. Y las casas, claro. Entonces de 2905, pues no necesitarán establos. En eso hay que reconocer que Bessie Rogers lo clavó. Sin embargo, a mí me parece fascinante que lo más sorprendente para esta viajera en el tiempo, para la señora Tillman, cuando compara 1905 con el mundo imaginado de dentro de mil años, más que que la gente pueda volar, más que la telepatía Lo que más le sorprende es que se puede predecir el tiempo. La anfitriona del siglo XXX le explica a su invitada, la señora Tillman, que en el futuro, cuando desean conocer las condiciones meteorológicas del día siguiente, simplemente lo consultan y saben, sin posibilidad de error, qué ocurrirá. Lo que les permite, claro, hacer planes. Y la señora Tillman está fascinada. Cuenta que en 1905 ya había barómetros que podían indicar por aproximación si habría tormentas o viento. Pero claro, nunca se habían imaginado que se podría saber el tiempo de un día para otro. La ciencia ficción sirve para saber qué nos fascinaba o asust. En una época, la época en la que se está imaginando ese futuro. Y de este relato me fascina lo mucho que viéndolo ahora con perspectiva, podía sorprender que algún día se pudiera predecir el tiempo, que sea un avance que entonces se viera tan inverosímil como la telepatía a principios del siglo XX. Bueno, y no tan a principios, porque en enero de 1967. Veo que te ríes, Martín. En enero de 1967, tras un otoño de sequía, el meteorólogo Eugenio Martín Rubio pronosticó en televisión Española, el único hombre del tiempo que había entonces que estaba convencido, pero convencido, de que al día siguiente llovía y si se equivocaba, prometió en directo que se cortaría el bigote. Al día siguiente el cielo apareció despejado y Martín Rubio afeitado. Y la noche siguiente comenzó a llover, pero ya era tarde. Aunque la gente estaba acostumbrada a pronósticos erróneos, la promesa convirtió aquel fallo meteorológico en el más famoso de España. Y nuestro meteorólogo de hoy también se llama Martín, pero apellida Barreiro. Es físico, meteorólogo. Da el tiempo en Televisión Española casi 60 años después de aquel compañero tuyo, aquel hombre del tiempo al que la falta de lluvia llevó a afeitarse el bigote. Martín, entiendo que en los pasicos de Televisión Española esta es una anécdota que todavía se recuerda.
