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Quien es infiel cuando oculta, está privando a la otra persona de conocer cómo son las reglas del juego. Es hacerlo jugar sin tener las instrucciones. Si la fidelidad implica actuar con honestidad e ir con la verdad, la infidelidad está en el otro polo. Se juega en el terreno de la mentira. No tiene que ver con ser buenas o malas personas. La infidelidad muchas veces refleja algo mucho más complejo que el acto en sí mismo. Quedarnos solo en eso sería ver solamente la punta del iceberg. Estás escuchando Psicología al desnudo, un podcast de Psyoma Moliti. Siempre escuchamos que amar es elegir a una sola persona y no desear nunca más a nadie. Como si el amor viniera con un interruptor que apaga el deseo por el resto del mundo. Pero eso no pasa. Y no porque seamos malos, fríos o incapaces de amar. Pasa porque somos humanos. Los estudios más grandes sobre relaciones muestran que entre el 30 y el 60 por ciento de las personas va a ser infiel al menos una vez en su vida. Incluso aquellas que se consideran profundamente enamoradas. Entonces el problema no es que algo anda mal con vos, sino que andamos atrás de una expectativa bastante imposible. La mayoría de las personas no vive una monogamia perfecta, sino algo mucho más ambiguo. Parejas con silencios, con tentaciones, con cosas que no se dicen. Relaciones donde hay mucho amor, pero también deseo por otras personas. ¿Por qué somos infieles y Y qué hacemos con la infidelidad cuando aparece? No existe infidelidad sin pensar en su polo opuesto, la fidelidad. Para entender qué significa este polo de la infidelidad, tenemos que saber qué significa su opuesto. Ser fiel tiene que ver con la confianza. Significa ser leal al pacto que construimos con otro. Significa que puedo respetar la fe que esa persona depositó en mí. Soy leal al pacto que ambos construimos. Esto podemos verlo en una pareja, en la familia, en una amistad, en una sociedad. Es como si existiera, implícita o explícitamente, una especie de contrato de acuerdo con las condiciones necesarias para cuidar ese vínculo. Entonces, ser fiel es poder respetar ese contrato. Con esto en mente, entendemos que la infidelidad no es una lista universal de acciones prohibidas. No hay un manual que diga esto sí es infidelidad y esto no. La infidelidad es romper un acuerdo, es no cumplir con eso que se pactó explícita o implícitamente dentro de un vínculo. Por eso una misma acción puede ser infidelidad en una pareja y no serlo en otra. Hay parejas donde mandarse mensajes con otra persona ya cruza un límite, y otras donde eso no molesta en absoluto. Para algunas personas que su pareja vea pornografía es una traición y para otras es totalmente neutro. Hay parejas donde seducir a otro se vive como infidelidad y otras donde eso no genera ningún conflicto mientras se mantenga solamente en un coqueteo. Por ejemplo, en algunas relaciones tener sexo con otra persona es completamente impensado, mientras que en otras está permitido siempre que no se diga o siempre que sí se diga. Y hay vínculos donde lo que duele no es lo que se hace, sino lo que se oculta. Por eso es que ser infiel no es hacer tal cosa o hacer tal otra, es faltar al acuerdo que existe entre dos personas. Y el acuerdo puede tener formas muy distintas. Cada pareja va a tener su propio acuerdo, su propio contrato, que puede sonar me molesta que hagas esto, esto no me molesta, siempre y cuando me lo cuentes o esto podés hacerlo, mejor no me cuentes nada porque no quisiera saber o no me cuentes porque no me molesta que lo hagas. ¿Qué es entonces la infidelidad y qué no es? Eso lo va a definir cada pareja. Si los dos decidimos que vamos a ser exclusivos sexualmente hablando, ser infiel en este caso sería tener sexo con otra persona porque estoy incumpliendo el pacto que tenemos. Ahora, si yo tengo el acuerdo con mi pareja de tener una relación abierta y tengo relaciones sexuales con otra persona, no estoy siendo infiel porque eso es parte del acuerdo. Pero, Pero si yo empiezo a tener una pseudo segunda relación y no le digo nada a mi pareja, ahí sí de nuevo estoy siendo infiel porque estoy faltando al acuerdo que tengo con el otro. Porque nosotros habíamos acordado que sí podíamos tener relaciones sexuales, pero no relaciones afectivas por fuera de lo sexual, por ejemplo. Eso no entraba dentro de él, del contrato que teníamos pactado. Entonces, resumiendo todos estos ejemplos, ser fiel significa que somos leales en tanto cumplamos las leyes que los dos pusimos. Ese contrato imaginario es lo que marca las reglas del juego. El problema es que ese acuerdo muchas veces se da por sentado, no se habla, nos manejamos por nuestras propias leyes o por lo que socialmente se espera lo establecido socialmente como lo correcto. Y dar por sentado este tipo de cosas da pase libre a las interpretaciones personales. Entonces creemos que el otro percibe el mundo y los vínculos de la misma manera que nosotros. Y eso no tiene por qué ser así, porque entonces ahí aparecen los malentendidos. Ay, pero yo pensé que esto no te molestaba, por eso lo hice, o a mí nunca se me hubiera cruzado por la cabeza hacer esto, no entiendo cómo lo haces. Esto pasa porque no sentamos las bases, no nos detuvimos a hablar sobre qué sí, qué no, qué me hace daño, qué cosas no me importan, qué otras cosas sí me importan. No pusimos las reglas claras del juego sobre la mesa. Ahora, no estoy diciendo que para empezar un vínculo de pareja tengas que llamar un abogado y sentar cláusula por cláusula lo que esperás de la relación. No quiero decir eso. Estoy diciendo que hablar y a ser explícito ayuda a cuidar el vínculo, a entenderse y a que ese contrato de verdad sea justo para las dos partes. Tener una relación sana es todo un trabajo, porque además de acordar, hay que reacordar cada cierto tiempo. La psicóloga Esther Perel, que es reconocida por su trabajo en el campo de la sexualidad y de las relaciones de pareja, habla un montón de cómo cada relación necesita ser renegociada muchas veces a lo largo de la vida. Ella dice que en las relaciones modernas ya no tenemos una sola pareja, sino que con suerte tenemos varias versiones de la misma persona como pareja a lo largo del tiempo. Cada crisis, cada cambio vital, cada etapa, nos invita a revisar el contrato, actualizar los términos del vínculo para que siga teniendo sentido para las dos personas. Y hacerlo implica volver una y otra vez sobre preguntas incómodas ¿Qué cosas te hacen mal y no quisieras que yo haga? ¿Qué cosas no te importan? ¿Qué cosas te hacen sentir seguro que yo haga? ¿Qué necesitas hoy que quizás antes no necesitabas? ¿No eran importantes para vos? Los acuerdos no son eternos. Las personas cambiamos, el deseo cambia. A lo que voy con esto es que el acuerdo o el compromiso que elijas tener con tu pareja no tiene el fin de convertirse en un limitante, sino en algo que posibilite el cuidado del vínculo. Porque cuando ese acuerdo se habla, se revisa, se readapta, deja de ser una obligación para transformarse en una elección que se renueva. ¿Si quisieras saber cómo lograr esto? Quédate escuchando porque en minutos te voy a compartir puntos claves que te van a servir para revisar este acuerdo con tu pareja. Y también vamos a hablar un poco de qué hacer cuando la infidelidad ya sucedió y solo nos queda ver qué hacemos con ella. ¿Cuántas parejas monógamas conocemos donde hubo alguna traición silenciada, algún desliz negado? Demasiadas. Incluso así, preferimos mirar por otro lado antes que cuestionar el libreto. Porque admitir que la fidelidad absoluta es un mito nos duele. Implicaría reescribir nuestras normas afectivas desde cero. Y eso da vértigo. Nos aferramos a la monogamia como si fuera un chaleco antibalas emocional. Como si elegir ese formato nos volviera inmunes a la infidelidad. Pero, dato incómodo, la monogamia es el formato más elegido y también el más engañado. Ahora, esto no significa que sea un mal formato. Significa que ningún formato garantiza el 100% del bienestar. Hay parejas monógamas llenas de control y mentiras. Hay vínculos abiertos con mucho cuidado y acuerdos claros. Y al revés también. Es decir, el problema nunca es el formato. El problema es creer que el formato hace el trabajo que en realidad debería hacer el diálogo. Si la fidelidad implica actuar con honestidad e ir con la verdad, la infidelidad está en el otro polo. Se juega en el terreno de la mentira. Y cuando alguien engaña y oculta, no solo rompe un acuerdo, sino que además le quita al otro la posibilidad de elegir quien es infiel. Cuando oculta, está privando a la otra persona de conocer cómo son las reglas del juego. Es hacerlo jugar sin tener las instrucciones. La mentira genera una relación desigual. Uno sabe y el otro no. Uno decide y el otro queda afuera. Y eso duele incluso más que por la infidelidad en sí. Porque si vos no me contás lo que hacés, que está por fuera de lo que acordamos, vos estás decidiendo por mí. Me estás quitando la libertad de decidir si yo quiero seguir en una relación donde el acuerdo no es el que yo acepté. Entonces, si soy infiel y decido ocultarlo, estoy privando a la otra persona de decidir si quiere o no seguir jugando con estas nuevas reglas que yo propongo. Y acá me voy a detener en la pregunta del millón. ¿Qué hace que una persona sea infiel? ¿Cuáles son las causas de la infidelidad? Mi respuesta para esto tantas causas como personas que son infieles, o sea, no hay una causa específica, no hay un porqué que podamos generalizar como siempre traigo en este podcast. Cada uno de nosotros tiene una historia diferente marcada por situaciones, aprendizajes, vínculos que no pueden repetirse, que son muy únicos. Lo que sí podemos pensar es que el ser infiel como conducta tiene una función, hay un para qué detrás, aunque la persona no siempre sea consciente de esto. Ser infiel no es un rasgo fijo de personalidad, es una respuesta aprendida que en contextos concretos aporta algo regula el vacío, regula la inseguridad, el miedo, el aburrimiento, puede dar calma, alivio, puede ir por el lado de la evitación, de la reafirmación. Por alguien que lleva muchos años en pareja con la misma persona podría no sentirse deseado o desconectado emocionalmente y busca el encuentro con otra persona para calmar entonces ese malestar. Sin darse cuenta se van perdiendo dentro del vínculo. Vamos a imaginar que se fusionaron con el otro, dejaron de hacer cosas que las conectaba con su deseo, con su vitalidad, con su sensación de ser ellas mismas y entonces el encuentro con un otro, con un tercero, aparece como un intento torpe de recuperar eso propio, de sentir quizás que todavía pueden gustar, que todavía valen, que todavía despiertan un interés, casi como la necesidad de un recordatorio de que todavía pueden generar deseo. En ese caso la infidelidad regula emociones como el vacío, la inseguridad o el aburrimiento y quizás a corto plazo sirve porque la persona se vuelve a sentir deseada, atractiva y demás, aunque a largo plazo puede poner en juego algo súper importante como el vínculo con su pareja. También puede pasar que alguien que ya no quiere continuar con su pareja sea infiel porque no logra enfrentar la situación, tener que decirle al otro que ya no quiere seguir le resulta demasiado doloroso, le da mucha culpa, miedo, tristeza. Entonces sin darse cuenta busca otra alternativa, una en la que no sea necesario tomar la decisión de frente y ahí la infidelidad puede aparecer como una manera de provocar que sea el otro quien se canse, quien decida irse, quien ponga el punto final. En esos casos la infidelidad no tiene tanto que ver con el deseo de estar con alguien más, sino con evitar el dolor que implica hacer el corte con esta persona. Es una forma de escaparse de una experiencia interna difícil, de culpa, de miedo a lastimar otra vez. Eso puede traer alivio momentáneo, pero el costo es alto porque evita el dolor de la conversación, pero seguramente genere uno mucho más grande después. Otras veces la infidelidad funciona como un mensaje, una forma de expresar enojo, resentimiento, dolor, cosas no dichas. Y ahí aparecen pistas, errores casuales que van dejando huella, como si algo del inconsciente quisiera ser descubierto. Un mensaje, el teléfono en la mesa. Y la pareja ve un mensaje. Entonces, la conclusión es que no hay una sola infidelidad. Hay muchas y cada una tiene su historia. Rara vez la infidelidad aparece en vínculos donde hay diálogo, deseo compartido y espacio para hablar de lo que incomoda. Casi siempre suele llegar después de mucho tiempo de silencios o cuando algo ya venía pasando. Había distancia, soledad dentro de la pareja, un deseo medio apagado, charlas que se evitan durante años. Ojo, que esto no justifica, pero explica, nos ayuda a entender. Muchas veces la infidelidad no habla de falta de amor, sino de falta de espacio para decir lo que nos pasa. Y cuando no hay lugar para decir cómo nos sentimos, el deseo busca salida. Por otro lado, a veces no se engaña para irse, se engaña porque no se sabe cómo quedarse siendo uno mismo. Por eso, mirar la infidelidad solamente desde el juicio o desde la culpa nos deja atrapados en la superficie. Nada más Mirarla desde la función, es decir, entender para qué, nos abre otra la del entendimiento, la de la responsabilidad y, si se quiere, la del cambio. Bien, hasta que entendimos por qué pasa la infidelidad, qué busca, qué tapa, qué intenta decir. Pero hay un momento en el que todo eso deja de importar, que es cuando la infidelidad ya no es una idea, ni una hipótesis, ni algo que le pasa a otros allá lejos. Es un hecho y nos pasa a nosotros. ¿Qué hacemos cuando la infidelidad es una realidad, cuando la tenemos arriba de la mesa y es momento de tomar decisiones? Bueno, lo primero, aunque no sea lo que más calma, es entender algo clave. Esto no se resuelve callando ni adivinando, se resuelve hablando. Todo se puede hablar. Eso no significa que sea placentero ni fácil, pero va a ser la única manera de entender en qué situación están las dos partes del vínculo y de intentar aclarar puntos en relación a ese acuerdo que no se cumplió. La conversación no es solo sobre la infidelidad como hecho puntual. Es sobre todo lo que venía antes, lo que faltó, lo que dolió, lo que no se dijo, lo que todavía se necesita. Y también sobre si hay algo que aún vale la pena cuidar o que queremos reconstruir. Vamos a ordenar esto primero, porque cuando hay una infidelidad el ruido interno es enorme y es muy fácil perderse. Así que ahora sí, vamos a dejar la explicación de lado y vamos a meternos en terreno de la parte traque el qué hacer, qué decir y qué tener en cuenta, tanto si fuiste quien sufrió la infidelidad como si fuiste quien la cometió. Vamos por partes. Si sos vos quien sufrió una infidelidad por parte de tu pareja, entonces quiero dejarte una serie de recomendaciones. Primero, habilitar un diálogo honesto y sincero. Yo sé que es muy difícil y que probablemente el sufrimiento de este momento haga que estés haciendo lo que podés, y eso está bien. Pero si podés, evitá quedarte en los detalles y andá mejor al porqué, al sentido de la infidelidad. Probablemente te dé mucha más claridad. Cuando nos quedamos en el ¿Qué pasó? ¿Cuándo pasó? Dónde, ¿Cuántas veces? ¿Cómo fue? Y demás detalles, lo que hacemos es clavar una aguja en la herida. Agregamos una dosis extra de sufrimiento al dolor que ya está ahí. Entonces el foco debería correrse de ahí, de los detalles al sentido. ¿Qué quiso decir esto? ¿Que pasó qué no nos animamos a hablar antes? ¿Qué cosas evitamos? ¿Qué era lo que se estaba apagando? Y no hablamos a tiempo. Esto no justifica la infidelidad, pero sí nos permite entenderla. Y entender es lo único que después nos permite decidir. Un punto clave acá no transformes tu vida en una investigación. Revisar celulares, bolsillos, ropa, redes, puede darte calma por 20 minutos, pero después te deja peor. Además te roba tu vida. Porque para controlar al otro tenés que abandonar tu paz, tu tiempo, tu. Ahora, si la otra persona no quiere hablar, si lo niega, si manipula la situación, entonces ahí sí es turno de replantearte por qué y para qué seguís con alguien que elige mentirte en vez de decirte la verdad. Segunda evaluá si estás dispuesto a dejar que esa persona repare. No se trata de un te tenés que separar sí o sí, o tenés que perdonar sí o sí. No, no hay nada que tengas que hacer. ¿Pregúntate quiero y puedo intentar un proceso de reparación? ¿Tengo la energía emocional para escuchar al otro? ¿Estoy dispuesto o dispuesta a ver si hay cambios reales sostenidos y no solamente promesas de otro lado? Dejar que alguien repare lo que hizo no significa olvidarnos o minimizar lo que pasó, pero tampoco es torturar al otro. Significa abrir un espacio para que la otra persona asuma responsabilidad, entienda el daño que causó y haga algo concreto para reparar mientras te cuidás y pones límites claros. Y tercero, evaluá si existe la posibilidad de establecer acuerdos que los dos puedan cumplir sin mentirse. Si existe la posibilidad de seguir, hay algo que no se puede evitar. Hay que revisar los acuerdos, porque muchas veces la confianza no se rompe por lo que pasó, sino porque nunca estuvo claro qué se esperaba. Entonces tenemos que volver a revisar el contrato de la relación, poner en palabras lo que cada uno necesita y establecer reglas claras que nos permitan reconstruir la confianza. Algunos puntos claves para ¿Qué límites son innegociables para cada uno? ¿Qué cosas necesitan ser dichas explícitamente para que no quede libre a interpretación de cada uno? ¿Qué nivel de transparencia necesita hoy este vínculo? ¿Qué acciones, no palabras, nos muestran un compromiso real con el cambio? Y si por el contrario, estás del otro lado y sos vos quien cometió la infidelidad, si tu pareja ya sabe y están en una instancia de diálogo o de reparación, dale tiempo al otro. Se necesita tiempo para procesar lo que pasó. Es súper importante entender que nuestras acciones tienen consecuencias. Y si la otra persona está enojada y está herida, tiene todo el sentido del mundo. Entonces, respetar sus tiempos y validar sus emociones va a ser clave para reparar o para dar lugar a la conversación. Y si estás en medio de una infidelidad y tu pareja no lo sabe, Quiero dejarte algunas ¿Para qué estás haciendo esto? ¿Qué estás evitando enfrentar? ¿Qué estás ganando ahora y qué podés perder después? ¿Cuánto tiempo más imaginás sostener esto? Y última si vos estuvieras del otro lado, ¿Cómo te gustaría que fueran con vos? A veces atravesar por todas estas emociones puede ser muy abrumador. Si este es tu caso y te está costando enfrentar este proceso, quiero decirte que no tenés por qué hacerlo en soledad. Y aprovecho a contarte que McMamoliti somos un equipo de psicólogos de con experiencia, muchos años de formación clínica y podemos acompañarte En estos casos la terapia puede realmente hacer toda la diferencia. La infidelidad no tiene que ver con ser buenas o malas personas. La infidelidad muchas veces refleja algo mucho más complejo que el acto en sí mismo. Quedarnos solo en eso sería ver solamente la punta del iceberg. Cuando entendemos la función que la infidelidad ocupa, se abre la posibilidad de reparar, de revisar acuerdos y de poner en palabras lo que necesitamos. Y ahí es donde podemos evaluar si es posible seguir construyendo desde un lugar diferente, más honesto, más cuidado. No es fácil, no es cómodo, no es placentero, pero los vínculos más genuinos y valiosos están llenos de incomodidad, al igual que todas las cosas importantes en la vida. Tal vez el verdadero trabajo esté en algo muy incómodo, que es hacernos cargo de lo que deseamos, de lo que prometemos, de lo que podemos dar y de lo que no. Porque amar no es no equivocarse nunca, pero sí es dejar de mentirnos y decirnos la verdad, aunque duela, es mucho más sano que cualquier ideal perfecto. Hasta acá el episodio de hoy. Nos vemos la semana que viene.
Host: Psi Mammoliti
Fecha: 28 de mayo, 2026
En este episodio, la psicóloga clínica Marina Mammoliti explora el tema complejo de la infidelidad y la confianza rota dentro de las relaciones de pareja. Con un enfoque profundamente humano y compasivo, desmitifica las creencias comunes sobre la fidelidad, analiza las causas emocionales detrás de la infidelidad, y ofrece herramientas concretas para quienes han atravesado este tipo de crisis en sus vínculos. El episodio insiste en la importancia del diálogo, el establecimiento de acuerdos claros y la revisión constante de los contratos amorosos para construir relaciones más genuinas y cuidadas.
[00:00 – 07:00]
"Ser fiel significa ser leal al pacto que construimos con otro, respetar la fe que esa persona depositó en mí." (A, 02:40)
[07:00 – 13:00]
"Nos aferramos a la monogamia como si fuera un chaleco antibalas emocional. Como si elegir ese formato nos volviera inmunes a la infidelidad. Pero, dato incómodo, la monogamia es el formato más elegido y también el más engañado." (A, 11:50)
[13:00 – 17:00]
"La mentira genera una relación desigual. Uno sabe y el otro no. Uno decide y el otro queda afuera. Y eso duele incluso más que por la infidelidad en sí." (A, 15:35)
[17:00 – 27:30]
"Ser infiel no es un rasgo fijo de personalidad, es una respuesta aprendida que en contextos concretos aporta algo." (A, 19:50)
"Muchas veces la infidelidad no habla de falta de amor, sino de falta de espacio para decir lo que nos pasa." (A, 25:30)
[27:30 – 45:00]
"Cuando nos quedamos en el '¿Qué pasó? ¿Cuándo pasó? ¿Cuántas veces?', lo que hacemos es clavar una aguja en la herida." (A, 34:55)
"Los acuerdos no son eternos. Las personas cambiamos, el deseo cambia." (A, 09:35)
[45:00 – 49:00]
"Porque amar no es no equivocarse nunca, pero sí es dejar de mentirnos y decirnos la verdad, aunque duela, es mucho más sano que cualquier ideal perfecto." (A, 48:10)
Este episodio profundiza en la infidelidad desde una perspectiva integradora y realista. Lejos de moralizar, ayuda a entender que las crisis de este tipo pueden ser oportunidades de crecimiento si se abordan con honestidad, revisión de acuerdos y diálogo genuino. Mammoliti nos recuerda que amar no implica nunca fallar, sino tener la valentía de repensar, conversar y elegir el compromiso en cada etapa de la relación.