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El metro de Medellín es el orgullo de una ciudad que sobrevivió a la época de horror del narcotráfico. A diario transporta un promedio de 800.000 pasajeros, que van de una estación a otra sin percatarse de las amenazas que aletean alrededor del sistema masivo de transporte. En este capítulo conoceremos lo que sucedió el día que la guerrilla de las Farc estuvo a pocos segundos de ejecutar un catastrófico ataque terrorista en el único tren urbano de Colombia, en una carrera contra el tiempo que llevó a los detectives al límite del desespero.

Una secta satánica le infligió un truculento castigo a un inocente de apenas seis años de edad, en un pueblo minero de Colombia. Los fanáticos creían que el pequeño, sangre de su propia sangre, estaba poseído por un espíritu que les impedía encontrar metales preciosos bajo la tierra. Este capítulo narra la historia detrás de la desaparición del niño, cuyo desenlace nadie, ni el más pesimista de los humanos, se podría imaginar.

El afamado conferencista José Holmer Torres soñó que había un tesoro enterrado en su casa de Medellín. Cavó el suelo y perforó las paredes durante dos años, hasta que encontró 96 lingotes de oro, valorados en más de un millón de dólares. Lo que al principio pareció la solución a todos sus problemas, en poco tiempo se transformó en horror por causa de los sicarios del Clan del Golfo.

Cuando se firmaron los acuerdos de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc, muchos pensaron que vendrían tiempos de prosperidad para Colombia. Pero a la sombra fue surgiendo una nueva generación de rebeldes que no estaban dispuestos a entregar las armas ni renunciar al narcotráfico ni al terrorismo. Uno de ellos fue Ricardo Ayala, alias "Cabuyo", un joven con la guerra tatuada en la piel, que se dispuso a reconquistar los territorios abandonados por la insurgencia en el Norte del departamento de Antioquia. En su sangrienta cruzada arrasó con la paz de las comunidades y entró a la lista de los terroristas más buscados del país. Para capturarlo, la Fuerza Pública tuvo que lanzar 11 operaciones, que incluyeron bombardeos, francotiradores y espionaje con una joven que pretendía en amores.

En Yarumal, un pueblo enclavado en las montañas de Colombia, ocurrió un secuestro que desafió toda lógica racional. Una niña de cinco años fue raptada varias horas y solo pudo ser encontrada por las visiones fantasmagóricas de una bruja. La comunidad creyó fervientemente que detrás de este misterio había un duende, un ser maligno que acechaba en los montes a la caza de inocentes y trató de matar a la pequeña. Yo soy el Inspector, y en este capítulo les contaré una de las historias más asombrosas con las que me he cruzado en mi carrera periodística. Acompáñenme en mi recorrido por las cumbres tenebrosas de Yarumal, deshaciendo los pasos de un espectro que aterrorizó a los lugareños y de cuyo crimen las autoridades nunca pudieron encontrar explicación.

En Yarumal, un pueblo enclavado en las montañas de Colombia, ocurrió un secuestro que desafió toda lógica racional. Una niña de cinco años fue raptada varias horas y solo pudo ser encontrada por las visiones fantasmagóricas de una bruja. La comunidad creyó fervientemente que detrás de este misterio había un duende, un ser maligno que acechaba en los montes a la caza de inocentes y trató de matar a la pequeña. Yo soy el Inspector, y en este capítulo les contaré una de las historias más asombrosas con las que me he cruzado en mi carrera periodística. Acompáñenme en mi recorrido por las cumbres tenebrosas de Yarumal, deshaciendo los pasos de un espectro que aterrorizó a los lugareños y de cuyo crimen las autoridades nunca pudieron encontrar explicación.

“Hasta que la muerte nos separe”. Cuando los enamorados pronuncian esta frase en el altar, imaginan que es una promesa que se cumplirá dentro de muchos años, cuando la vejez los arrope y el cuerpo se vaya apagando. Pero si la mafia está conspirando a sus espaldas, la muerte es una certeza mucho más cercana. El asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en una playa paradisiaca de Colombia, justo cuando disfrutaba de su Luna de Miel, dejó al descubierto que el crimen organizado no tiene fronteras y mucho menos corazón. En este capítulo les contaré los detalles de cómo fue planeado y ejecutado ese homicidio que conmocionó a las autoridades de Colombia y Paraguay, dos naciones separadas por 3.460 kilómetros y unidas por la maraña del narcotráfico.

En las redes sociales y en los bares de Medellín se tejen redes de araña, que aguardan en la clandestinidad para capturar a extranjeros incautos que buscan damas de compañía. Los donjuanes no se dan cuenta de que detrás de las hermosas jóvenes que los seducen, se esconden bandas delincuenciales especializadas en drogar a sus víctimas para vaciarles las cuentas bancarias. Escopolamina, burundanga o benzodiacepina, mezcladas con licor, forman el coctel con el que muchos ingenuos caen inconscientes a sus pies. En la lista de víctimas de estos cazadores sigilosos hay turistas, empresarios y docentes, como el visitante turco Ramazan Gencay, a quien una cita pactada por redes sociales lo arrastró a un triste final en la zona rosa de Medellín.

En la historia de la violencia en Colombia hay un hombre que se manchó las manos de sangre peleando para todos los bandos del conflicto armado. Fue guerrillero, en su natal Urabá; paramilitar, en los Llanos Orientales; y narcotraficante, con tentáculos en cada rincón del país. Durante 34 años, desde 1987 hasta 2021, Dairo Antonio Úsuga David fue una pesadilla que sembró de miedo los corazones de miles de víctimas. Su cacería fue la más grande del siglo XXI en Colombia y su carrera solo emulable por el sangriento capo Pablo Emilio Escobar Gaviria.

En la historia de la violencia en Colombia hay un hombre que se manchó las manos de sangre peleando para todos los bandos del conflicto armado. Fue guerrillero, en su natal Urabá; paramilitar, en los Llanos Orientales; y narcotraficante, con tentáculos en cada rincón del país. Durante 34 años, desde 1987 hasta 2021, Dairo Antonio Úsuga David fue una pesadilla que sembró de miedo los corazones de miles de víctimas. Su cacería fue la más grande del siglo XXI en Colombia y su carrera solo emulable por el sangriento capo Pablo Emilio Escobar Gaviria.