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Ser Podcast.
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Jesús Callejó una temporada más. Bienvenido de nuevo a ser historia.
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¿Qué tal, Nacho? Pues qué placer, qué placer volver a reencontrarnos en este foro histórico que es ni más ni menos que Ser Historia. Pues fenomenal, sobreviviendo al calor y por supuesto presto y dispuesto para esta nueva.
B
Temporada, quince ya quince temporadas. Comenzamos hoy precisamente la decimoquinta temporada de Ser Historia, con un montón de historias, un montón de novedades, un montón de nuevos temas, pero uno de los clásicos desde casi el principio del programa es este cronovisor que imagino, como dice siempre Jesús, las tuercas de la máquina estaban perfectamente engrasadas y ajustadas para comenzar a realizar viajes maravillosos en el tiempo.
C
Ya nos hemos encargado que los engranajes, vamos, me río yo de la máquina Antiquitera, esta está mucho más perfeccionada con aceite de oliva virgen de Jaén, va totalmente engrasada y dispuesta para viajar a esos lugares y a esas zonas y sobre todo a esas fechas apasionantes donde la historia sigue viva, sigue activa y nosotros estamos aquí como cronistas para contarlo.
B
Hablabas de la máquina de Antiquitera, precisamente en este primer programa de la decimoquinta temporada, José Francisco Saz Requena, dentro de unos minutos, en su sección El blues de la ciencia, el blues de la historia, nos va a hablar precisamente de esa máquina de Antiquitera. Pero bueno, el protagonista de este primer cronovisor es un artista al que el otro día revisando programas, le hemos dedicado un par de secciones, un par de bloques a lo largo de estas 15 temporadas. Es Joaquín Sorolla, uno de los magos, Jesús de la pintura, con una luz increíble y lo que me gusta decir siempre en un lenguaje muy particular, que hace ver al espectador, hace identificar enseguida al espectador una pintura con él, con Sorolla.
C
Sí, es verdad, son de los que se identifica claramente su estilo, lo cual para mí es el mayor mérito que puede tener un artista, un pintor o un escultor, que se identifique a lo lejos esto es un Sorolla, igual que se identifica esto es un Dalí o esto es un Miró, pues también Sorolla. Y es cierto que estamos hablando de uno de los grandes pintores, no sólo valenciano, sino también a nivel universal, un auténtico maestro de la luz, porque así se le caracteriza, a pesar de que estuvo en varios movimientos pictóricos de la época, vivió lo suficiente esos 60 años como para dedicar toda una vida a la pintura. Muchísimos, miles de cuadros se le atribuyen y no hay museo con prestigio que no tenga un Sorolla y sobre todo por ese aspecto de la luz, y no una luz cualquiera, sino la luz del Mediterráneo, la luz de Valencia, a pesar de que él tuvo también otro tipo de cuadros, es muy conocido también por los retratos, es muy conocido también por sus temas folclóricos y también por sus temas sociales. Él también reivindicó en una época determinada de su vida, determinadas condiciones penosas en las que vivía el ser humano y todo lo reflejó, lo reflejó como buen fotógrafo casi que era, utilizando sus pinceles y de ahí que muchos de sus cuadros tengan que ver con el realismo, otros tienen que ver con el naturalismo, con el costumbrismo, con el impresionismo y por supuesto, como el luminista también se le llamó a esa última etapa de su vida donde la luz tenía un protagonismo especial.
B
Bueno, pues lo decíamos antes, tenemos aquí preparados los engranajes, en este caso el teclado de nuestra máquina del tiempo, para comenzar un nuevo viaje en este primer programa de la decimoquinta temporada. Jesús Callejo Coronauta, ¿Cuál es la fecha que nos propones esta primera semana?
C
Pues la fecha es el 28 de agosto de 1899.
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Adelante, pasen. Jesús Callejo les está esperando junto al cronovisor.
B
Muy bien, Jesús. El sonido del mar quizás es uno de los más sosegadores, no sé si existirá este palabro, pero genera sosiego, tranquilidad en cualquier persona que lo escuche. Imagino que la persona que tenemos ahí delante con el caballete es nuestro amigo Joaquín Sorolla.
C
Pues mira, estamos en la playa del Cabañal, es decir, del Cañaveral, al sur de la Malvarrosa, que normalmente los valencianos la llaman popularmente las Arenas por el antiguo balneario que hubo aquí. Pero claro, en este momento, en 1899, en esta playa donde Sorolla la vemos con su caballete pintando a unos niños, unos niños que se están sumergiendo en el agua, pero ves que hay niños tullidos, hay niños que van con sus muletas, además, incluso hay un fraile que parece que les está ayudando a entrar en el agua. Y todo esto tiene que ver con un momento propicio en el que Joaquín Sorolla quiere reflejar un aspecto importante de esos niños. Esos niños forman parte de un hospital de la Orden de San Juan de Dios, y algunos de ellos vemos que se mueven con dificultad porque dentro de ese baño de mar, que tiene unos efectos terapéuticos, estos niños tienen secuelas de la poliomielitis. Es decir, que es la primera vez en la historia de la pintura en España y posiblemente a nivel mundial, que se está representando a estos niños que normalmente no se solían representar porque daban como mal rollo y entonces él los tapa pintando y quiere llamar a este cuadro precisamente Los hijos del placer, porque por entonces existía, yo creo que la superstición de que los niños que nacían con algún tipo de tara era porque los padres habían tenido una conducta, vamos a llamarla pecaminosa, o bien porque habían tenido, ya ves tú, dentro de la superstición, porque habían tenido sífilis, porque habían sido alcohólicos, incluso porque habían tenido tuberculosis. Entonces los descendientes, los hijos de estos padres, pues parece que estaban señalados con este estigma y de ahí que lo quisiera llamar Los hijos del placer. Pero Vicente Velasco Ibáñez, que es amigo de Joaquín Sorolla, le no, no lo llames así, llámalo Triste herencia. Este es el nombre que va a recibir el cuadro que estamos ahora viendo, cómo lo está pintando a estos niños desnudos que entran en el mar y como un religioso de la Orden de San Juan de Dios les está ayudando, les está vigilando atentamente para que no sufra ningún percance.
B
Fíjate que estamos no tan al comienzo, porque aquí ya tiene 36 años Sorolla, pero ya es un reconocido artista. Ha marcado, como decíamos antes, ese lenguaje tan particular y siempre, siempre, siempre acercándose a lo más mundano, a lo más cotidiano, a lo más normalizado de aquella sociedad.
C
Sí, porque es que en esta etapa, fíjate que es verdad que ya tiene unos años, pero bueno, era ya conocido, por supuesto, a nivel nacional, ya había obtenido distintos premios aquí con este cuadro importante, porque va a obtener el premio del Grand Prix, que tiene que ver con la Exposición Universal de París, que se va a celebrar el próximo año, en el año 1900. En el año siguiente, 1901, tiene la medalla de honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes en España. Es decir, que este cuadro le va a dar un prestigio no sólo nacional, sino a nivel internacional. Pero atentos, este es el último cuadro que Sorolla va a pintar con un tema de temática social o de crítica social. Ya había pintado otros anteriormente, como otra Margarita, como trata de blancas, o el de Aún dicen que el pescado es caro, que hace referencia precisamente a una obra de Vicente Blasco Ibáñez, y tiene un marinero está agonizando y que luego encima dicen que el pescado todavía es caro, a sabiendas del peligro que corren los marineros. Bueno, pues este en concreto, triste herencia, el que hemos visto pintar en esta playa del Cabañal, sería el último, porque él dice, y lo confesó, que sufrió terriblemente cuando lo pintó, que tuvo que forzarse todo el tiempo y que nunca volverá a pintar un tema como este. Y lo cumplió. A partir de ese momento se dedicó a otras temáticas, a otros aspectos, vamos a llamarles, de esa España blanca. Acuérdate que en aquella época se hablaba mucho de las pinturas que tenían que ver con la España blanca o la España negra, es decir, que de alguna forma se intentaba reflejar distintos aspectos más o menos positivos o negros. La España blanca, evidentemente sería Joaquín Sorolla, incluso podríamos meter a Santiago Roussillón en la España negra, esos cuadros tenebrosos, un poco plagados de esa superstición de la España decimonónica. Podríamos meter a Ignacio Zuluaga, podríamos meter a José Gutiérrez Solana, o podríamos met a Dario de Regoyos. Bueno, pues evidentemente Sorolla fue por otro lado y eso, fíjate, le supuso críticas. Le supuso críticas, por ejemplo, de Unamuno o de Pío Baroja, que decían que no estaba reflejando la España real de aquel momento, que sí, que muchos colores, que mucho optimismo, que mucha luz, pero que eso exactamente no era la España del momento. Y eso le generó una serie de críticas, para que veas un poco ese toque también cainita que tenemos en España, de que a un gran pintor incluso le criticaban por reflejar un aspecto luminoso de España.
B
Qué amargaos, podría decir también, aunque destacaron también por otras facetas de la cultura, pero qué amargaos con este tipo de comentarios. Fíjate, Jesús, vamos a recuperar del archivo de Ser Historia un fragmento de una entrevista que hicimos a la directora del Museo Sorolla en Madrid, Consuelo Luca de Tena, en donde nos va a hablar precisamente de la magia de su pintura, de esos detalles técnicos de salud, esos colores que marcaron, como decíamos al principio, toda la tendencia artística de Joaquín Sorolla. Y si te parece, después de escucharlo, luego retomamos nuestra conversación.
A
Él hizo un tipo de pintura muy personal, siempre se le ha relacionado con el impresionismo y él no es exactamente un pintor impresionista, pero él reconocía su filiación y desde luego nunca hubiera sido posible un Sorolla sin el impresionismo y el postimpresionismo, que Sorolla llegó a conocer muy bien, porque él iba muchísimo a París. Él siempre decía que había que ir a París a ver lo que pasaba en el mundo de la pintura, que allí es donde se cocía todo lo importante. Y él estuvo muy atento a todo lo que pasaba y absorbía, absorbía mucho. Él nunca se apuntó a las vanguardias, nunca quiso alejarse demasiado de lo que verdaderamente le fascinaba, que era representar lo que veía en sus ojos. Simplemente el espectáculo de la naturaleza le emocionaba hasta las lágrimas algunas veces. Entonces por eso nunca quiso. Las vanguardias se iban alejando de la transcripción literal de la realidad, y Sorolla no quería. Quería hacer su interpretación, lógicamente, pero dentro de un mundo naturalista. Él siempre se definió más como un naturalista que otra cosa. Le gustaba pintar cosas vivas, cosas en movimiento, y pintarlas bajo la luz natural. Él decía que había que pintar deprisa, porque todo se mueve, y aunque algo esté quieto, como se mueve el sol, hay que correr para coger el momento de la luz. Él llegó a desarrollar una técnica muy rápida, muy abreviada, y ya al final de su vida, por ejemplo, hace unas pinceladas tan largas y tan gruesas para atrapar ese momento muy deprisa. Así como al principio de su carrera hace algunas pinturas casi en el estilo de Fortuny, de la pincelada menuda, una cosa muy preciosista, técnicamente muy cuidadas, muy preciosistas. Pero a lo largo de toda su carrera, él cada vez pinta más deprisa, más abreviado. Su obsesión era captar el momento, que no se le escapara ese momento de la luz que le había producido el interés, la fascinación, y en eso el mar lleva ventaja, le pasa como al fuego que está en continuo movimiento, refleja la luz, a su vez, tiene transparencias y todo ese mundo tan difícil de reproducir para surgir a un desafío continuo y verdaderamente de captar aquello.
B
Jesús yo estaba pensando antes cuando escuchando ahora a Consuelo Luca de Tena, la directora del Museo Sorolla, y escuchándote a ti también, por desgracia, cuando yo estudié en el bachillerato o en el colegio, lo que era EGB y luego el Boop. Claro, este tipo de artistas, este tipo de momentos históricos estaban al final del curso, porque era la época contemporánea, casi el siglo XIX y XX, donde muchos no llegábamos, no llegábamos a ver la asignatura completa. Y yo reconozco que tengo muchísimas carencias que luego he ido completando por medio de lecturas o por medio también aprendiendo, entrevistando a mucha gente en estos 15 años aquí en Ser Historia. Pero por desgracia, yo creo que Sorolla no es tan conocido como otros pintores, por ejemplo, del barroco, como Velázquez, Murillo, en donde quizás ha hecho más hincapié en ellos. Es cierto que Sorolla es un pintor internacional, como vamos a verlo ahora, pero quizás no es tan conocido como los grandes pintores anteriores del. Y también quizá por hablar de esos temas tan poco agradables, también lo comentábamos ahora en este primer cuadro, cuando viajábamos a la playa para poder descubrirlo, al personaje Triste herencia, con esos chicos con las muletas, el fraile atendiendolos, etc. Eran temas, entre comillas, relativamente poco agradables. Y todo en su conjunto hace que Sorolla, que no se me entienda mal, es muy conocido, pero no es tan conocido como Velázquez u otros grandes artistas.
C
No es verdad. Ya sabes que muchas veces el nacer en España implica que a veces no se le da el reconocimiento que merece a sus méritos. Solo estamos hablando de pintores, estamos hablando también de escritores, de artistas, en fin, siempre tenemos un poco como esa costumbre de que valoramos más lo de fuera que lo de dentro. En el caso de Joaquín Sorolla es verdad que es muy distinto al resto de pintores contemporáneos, porque él sí llega a vivir de la pintura. Hay otros pintores muy buenos que se tienen que dedicar a encargos que le van haciendo. Joaquín Sorolla sí que recibe encargos en una primera etapa de su vida y cuando ven que ya es tan bueno, él va ganando premios como estos que acabo de comentar, en distintas exposiciones internacionales, porque él está en Roma, él está en París, por supuesto, el éxito que tuvo Nueva York, ahora lo comentaremos. Entonces todo eso le da prestigio y hace que ya no tanto. Viva de los encargos, exceptuando los retratos. Ya ves que fue un gran retratista, retrató a muchísima gente, luego te comentaré a qué personajes, incluso al presidente de Estados Unidos, pero luego pinta lo que le da la gana, pinta lo que quiere y eso le permitió tener mucho dinero, dinero suficiente como para tener una casa como la que tenía en Valencia y una casa como la que tenía en Madrid, que por cierto se que se ha convertido como en el Museo Sorolla desde el año 1932. Entonces todo eso es verdad que le diferenciaba mucho de otros coetáneos que pintaban muy bien, que tuvieron también un reconocimiento nacional, pero que no llegaron a vivir exclusivamente de la pintura, cosa que sí hizo Joaquín Sorolla y cosa que además le dio un prestigio internacional, donde allí por donde iba, salvo en Alemania donde van, no funcionó mucho su pintura, pero tanto en París como en Roma, como en Estados Unidos, por donde iba, era aclamado, era reconocido y además sus cuadros conseguían una cotización tremenda. De hecho el cuadro más caro que él tiene se titula La hora del baño, fue vendido por 5,3 millones de euros en el año 2003. 5,3 millones de euros. Eso. No hay uno contemporáneo de esa época y de ese estilo que pueda decir lo mismo.
B
Recordemos que él nació en Valencia en el año 1863 y falleció en Zarcedilla en 1923, sesenta años después. Y quizás el salto, lo comentabas ahora, Roma, París, pero sobre todo Nueva York, es el salto a América, el salto a Estados Unidos lo que marcó esa internacionalidad de Sorolla, que si bien luego lo escucharemos en un nuevo corte de Consuelo Luca de Tena, que nos habla en profundidad de este aspecto internacional de Sorolla, pero su paso por Estados Unidos fue quizás el marchamo final que marcó no solamente el concepto de una pintura con un lenguaje, insisto, muy particular, una belleza inigualable, sino también el reconocimiento mundial. El reconocimiento internacional. Internacional. Ahí Estados Unidos fue clave.
C
Fue clave, Fue clave. Y sobre todo el conocer a una persona que al final actuó de mecenas de él y que fue precisamente el fundador de la Sociedad Hispánica de América, me estoy refiriendo a Archer Milton Huntington. Entonces conocerle a él, una persona que era uno de los grandes millonarios, pero no sólo millonario, sino además una persona muy sensible con el arte, era bibliófilo, era arqueólogo, filántropo, hispanista, poeta y en 1904 había fundado esta Sociedad Hispánica de América, cuya sede estaba en Nueva York. Conoce en uno de los viajes, una de las exposiciones que hace Sorolla, le conoce, se conocen personalmente y ni corto ni perezoso le encarga la gran obra de su vida, por decirlo así. Mira que ya por Entonces Sorolla era muy conocido, estamos hablando del año 1912. Él hace varios viajes a Estados Unidos, el primero lo hace en 1909, pero es en 1912 donde se crea esa amistad, pero además ese contrato, ese contrato casi casi millonario, estamos hablando de 150 mil dólares de la época, que él cobra por un encargo muy determinado, que es hacer lo que se llamaba popularmente la visión de España. La visión de España es recoger distintas regiones de España en 14 murales, en 14 lienzos de un tamaño tremendo. Fíjate cómo serían este tamaño que le dijo Huntington a Sorolla, Tú pírame, lo pinta los cuadros y en función de la dimensión que tenga yo te hago el edificio. Que la sala estaba un poco a disposición de lo que él quisiera pintar. Bueno, pues en ese momento Sorolla empieza con una nueva etapa. Él ya había probado distintos estilos como el postimpresionismo, en fin, todas estas escenas de desnudos. Él estaba por ejemplo, muy influenciado también por Velázquez. Cuando estuvo en la primera vez en Madrid, lo primero que hizo fue ir al Museo del Prado y lo primero que le impresionó fue Velázquez. Entonces tanto los Cristos como los desnudos que él hizo posteriormente hay una influencia clarísima de Velázquez. Pero bueno, en ese momento él no tenía un estilo propio, por decirlo así. Y mira tú por dónde, Hutington lo que le propone es crear un estilo, bueno, no crear, sino conseguir un estilo costumbrista, ni más ni menos que folclórico. Recorre las ciudades de España, aquellos lugares que a ti te parezcan interesantes, los retratas y aquí los vamos a exponer. Porque claro, él era hispanista, lo que quería que hubiera una representación de España, que mejor que Joaquín Sorolla y que mejor que con distintas escenas tradicionales folclóricas de España. Y se pone manos a la obra, empieza a viajar por todo el país a partir de 1912 y empieza a pintar. Evidentemente no le da tiempo a recorrer todas las regiones españolas, de hecho no está representado Asturias, no está representado Murcia, no está tampoco representado Baleares ni Canarias y tampoco está representado León, por favor.
B
Joaquín, no te lo vamos a perdonar.
C
No, no, no. Pero bueno, dentro de esos 14 murales sí que intentó reflejar, claro, en la medida que él podía, dinero tenía, por supuesto, tiempo tenía, pero bueno, no le dio la vida para todo. Y ahí está reflejado esa galería de visión de España, un poco lo que se llama el Prado en miniatura que estaría lo que es la biblioteca de esta sociedad, de la Hispane Society en Nueva York, cualquiera que vaya allí, yo no la he visto todavía, por desgracia, me imagino que tú tampoco, pero es una visita imprescindible porque creo que es una maravilla porque allí está representado Cataluña, Guipúzcoa, Castilla, Aragón, Navarra, Extremadura, en fin, por supuesto Andalucía y como no, Valencia con las grupas y el Palmera Aldelchi. Entonces bueno, es como una especie de enciclopedia, en este caso visual, de distintas páginas que él pensaba que debía reflejar y que caracterizaban un poco el sentir y la diversidad que tenía España y eso fue un momento clave porque hasta 1919 él está embarcado en este trabajo ni más ni menos que unos 8 años, así que eso sí que le da una proyección internacional, le da también muchísimo dinero y sobre todo le da un prestigio y ese prestigio es lo que luego él va amortizando con distintos encargos que él va recibiendo, sobre todo de retratos y como no, como te decía, retratos de Alfonso XIII, de su esposa Victoria, Eugene de Battenberg, el retrato de William Howard Taft, que por entonces era el presidente de EEUU hasta 1913, el retrato de Ramón y Cajal, el de Emilio Castelar, el de entrenamiento Antonio Maura, por supuesto, Blasco Ibáñez, Antonio Machado, Benito Pérez Galdós, etcétera, etcétera, o sea que era con la cren de la cren, con todos ellos se codeaba.
A
En 1906 Sorolla había hecho su primera exposición individual en la galería Georges Petit y tuvo un éxito extraordinario, ya fue una presentación internacional importante, vendió bastante y sobre todo tuvo un éxito de crítica enorme. Lo de Londres, yo no sé muy bien las razones del relativo fracaso, fue relativo porque gustó mucho a la crítica, gustó mucho a los propios pintores, pero sobre todo es que la dimensión del éxito en Estados Unidos fue dimensión americana, que es otra medida. Fue realmente apoteósico porque es que la exposición estuvo un mes y la visión visitaron 200 mil personas, es difícil pensar cómo pudieron ni caber en la sala de exposiciones. Vendió muchísimos catálogos, vendió muchísima pintura, le encargaron retratos, llegó a retratar al presidente de los Estados Unidos, de allí salieron otras exposiciones para los Estados Unidos y eso sí fue para él la consagración internacional y sobre todo el bienestar económico. Allí ganó mucho dinero y ya a partir de ahí digamos que Sorolla entra en una etapa dulce de su vida en que ya no tiene preocupaciones económicas, prácticamente tiene la vida y la popularidad asegurada. Entonces construye su casa, la que hoy es su museo, y digamos que ya pinta para siempre mismo. Además, a mí me gusta mucho señalar que Sorolla nunca decayó, es decir, hay artistas que llegan a una culminación y luego se repiten. En Sorolla no vemos nunca ninguna señal de decadencia, todo lo contrario. Después justamente de esa exposición en Nueva York, es uno de los años de las añadas de pie, pintura de Sorolla, más espectaculares. Es el año en que pinta, cuando vuelve de la exposición, en ese verano es cuando pinta El baño del caballo, El paseo a orilla del mar, El balandrito, quizás las obras más populares, las que siguen siendo más populares de Sorolla. Después de eso vino el gran encargo de la Biblioteca de la Hispanic Society, que para muchos críticos supone un retroceso desde el punto de vista formal, porque es una pintura nuevamente un poco más tradicional. Luego digamos que los críticos han apreciado posteriormente exclusivamente a la vanguardia y han visto en aquellos murales una especie de pintura, como digo yo, de coros y danzas. Pero la verdad es que vistos objetivamente, esos murales son obras maestras de composición. A mí me parecen un Un anticipo del cinemascope, pero vamos, tienen un poderío y una manera de mover las masas, de componer las escenas verdaderamente dignas de un grandísimo director de cine.
B
Escuchábamos ahora un nuevo fragmento de esa entrevista que hicimos hace unos años al Consuelo Luca de Tena, directora del Museo Sorolla, en donde se nos hablaba precisamente de lo que estaba presentándonos Jesús Callejo, nuestro crononauta, en los últimos minutos, esa faceta más internacional y esa popularidad. Estaba pensando yo, 150 mil dólares es mucho dinero ahora, pero imagínate en aquella época, hace más de un siglo, era una barbaridad de dinero. Y Jesús, fíjate, él fue de los pocos artistas, porque en la historia de la pintura siempre encontramos más miserias que grandes fortunas entre los artistas, y yo creo que Joaquín Sorolla fue de los pocos que pudo amasar, no voy a decir una gran fortuna, pero mucho dinero con su arte y con su pintura. Tener esa maravillosa casa, por ejemplo, en Madrid también, lo que hoy es el Museo Sorolla, en contraposición con otros artistas que vivían en circunstancias mucho más precarias.
C
Totalmente, lo acabo de comentar de que es verdad que tuvo esa suerte, evidentemente fruto de su talento, pero también fruto de sus relaciones sociales. Él caía bien, era una persona muy sociable y no tenía ningún tipo de problema en hacer cualquier encargo que le pidieran. De hecho regaló muchísimo cuadros y regaló muchísimos cuadros a sus amigos. Uno de sus amigos era Mariano Benlliuri, otra de las personas, también otro de los artistas geniales que fueron no sólo amigos, sino también exponentes de ese arte español de principios del siglo XX. De hecho, tanto dinero ganó que al final Sorolla se convierte en un coleccionista compulsivo. Empieza a coleccionar cosas, claro, está viajando por el mundo, está viendo cosas exóticas y bueno, esto lo quiero para mi casa. Y él en sus viajes y sobre todo en Estados Unidos, pues él va comprando adornos de cerámica, va comprando cantidad de cosas que a él le llaman especialmente la atención, sobre todo platos, vasijas. Fíjate, una de las cosas que se tiene y que además se puede ver en el Museo Sorolla, en ese estupendo museo que podemos ver en Madrid, en la avenida de General Martínez Campos, bueno, pues una de las cosas que tiene es una lámpara de Tiffany, porque él se hizo amigo del hijo del fundador de Tiffany y tiene lámparas de tulipas amarillas que le encantaba, con la marca Tiffany también, igual que tiene cerámicas de Manises, de Paterna, en fin, incluso pilas de agua bendita le interesaban mucho, le gustaban mucho las pilas de agua bendita y las fue coleccionando. Bueno, todo esto indica el que fuera un coleccionista, indican dos cosas, primero, que tenía buen gusto y segundo, que tenía dinero para poder comprarlo. Con lo cual, a lo largo de sus viajes y por supuesto, las cartas que escribía siempre a su mujer, a Clotilde, donde le decía lo que comía en cada momento, le enviaba el menú, en cada menú aparecía como un dibujito suyo, algún gráfico, todo ese tipo de cosas, esas cartas se siguen conservando y que forman parte de esa vida diaria, de esos acontecimientos que él fue viviendo, de las personas que fue conociendo, porque ya que todas las personas de un ámbito cultural determinado querían conocerle, querían saber quién era, incluso intentaban comprar algún cuadro que se lo regalara, pues todo eso lo consiguió Joaquín Sorolla y fue una persona muy apreciada, muy querida, es decir, a pesar de estas de Pío Baroja o de Unamuno, como te acabo de comentar, pero iban un poco más porque eran contrarios a la visión optimista que daba de España. De hecho Unamuno a sus pinturas, es decir, a sus cuadros de color de esa luz del Mediterráneo, lo llamaba pinturería, o sea, un poco despectivo. Son pinturerías, Qué horror. Unamuno era así de gracioso y mala gracia en este sentido, pero sin embargo tuvo muchísima gente que la apoyó, como Azorín, por ejemplo. Es verdad que todos los que estaban en el ámbito alicantino y valenciano apreciaban muchísimo más su pintura porque le conocía, porque lo conocían muchas veces desde niño y Y sabían todo lo que podía dar de sí. Sé que ese era Joaquín Sorolla, desde luego una de las personas que fue un poco representante de ese luminismo, como así le han querido determinar ese estilo de la última etapa de su vida, pero que prácticamente tocó todos los palillos artísticos, los retratos, los autorretratos, no los olvidemos, y por supuesto toda esa serie de la sociedad Hispánica de América, que son una preciosidad y donde queda muy bien reflejado lo que eran las costumbres y las fiestas populares de aquel modo.
B
Yo recuerdo ahora que decías esa crítica a la luz y al divertimento, entre comillas, que caracteriza algunas de las pinturas de Sorolla, pero yo recuerdo El año pasado, 2022, una exposición sorolla en negro, precisamente en el Museo Sorolla de Madrid, en donde se presentaban cuadros que a bote pronto podríamos pensar que esta alejados de ese estilo tan particular. Son retratos de hombres y de mujeres vestidos de negro, situaciones un tanto más tristes, más convulsas de la sociedad, rostros desencajados, es decir, tenía también su parte oscura en ese sentido, tal y como se veía en esta exposición. Y una parte y una pregunta que a lo mejor te pillo con el pie cambiado. No pasa nada, Jesús, porque no habíamos hablado de ello, pero en el cronovisor siempre nos gusta hablar de misterio. Yo no sé si hay algún misterio relacionado con la figura de Sorolla. Fíjate que es una época. Es una época finales del siglo XIX y comienzos del XX, donde proliferan una serie de acontecimientos como el espiritismo, la. La magia y él como hombre intelectual estoy convencido de que de alguna forma u otra tuvo quizás conocimiento o alguna cercanía a este tipo de cosas. Seguro que sí, porque era lo más natural en la época.
C
Sí, era lo más natural y mira que lo he buscado, pero es verdad que no he encontrado por lo menos nada evidente que él estuviera metido en alguna de estas investigaciones psíquicas que había en aquel momento. Si, es cierto, estaba muy interesado en las investigaciones científicas. De hecho tiene un cuadro del año 1897 de Luis Simarro, donde está tratando un poco el proceso de investigación que lleva a cabo en su laboratorio, o sea, que todo lo que era científico, todo lo que supusiera una investigación en el campo de la medicina, sobre todo dar a conocer nuevos hallazgos, él sí que estaba muy interesado en todo todo esto. Sí, he intentado eso, mirar a ver si él estuvo relacionado con alguien que tuviera que ver con la teosofía o el espiritismo, que tuviera algún tipo de superstición o que tuviera algún tipo de amuleto. No ha encontrado nada. Eso no quiere decir que no lo tuviera, evidentemente, pero sí que él estaba muy interesado en reflejar lo que era la vida cotidiana de la época pleto Covid, de ahí que muchos de sus cuadros tengan que ver con ese realismo a veces crítico y social del momento. Pero de la parte misteriosa, no. Sí, si, excluimos un poco porque estaba muy interesado, por ejemplo, con las obras de Blasco Ibáñez y por supuesto tiene una amistad profunda. Blasco Ibáñez era masón, de acuerdo, entonces, bueno, no sé si él pudo haber estado interesado en la masonería, no te lo puedo decir, pero desde luego esa amistad fue muy profunda y es lo que hizo que estuviera sin ninguna duda interesado en lo que hacía Blasco Ibáñez, en esas tenidas, en esas logias en donde él participó. Por ahí sí que podría ser. Y luego, pues un poco reflejado, hay un cuadro que a mí particularmente me llama mucho la atención y que no es muy conocido, de Sorolla, que se titula Otra Margarita, dentro de esa etapa de temática social, y se está refiriendo, haciendo una referencia a la obra del drama del Doctor Fausto de Goethe, una mujer que se llamaba Margarita, que fue encarcelada por matar a su hijo. Entonces Sorolla lo que hace es que muestra a otra Margarita española, es decir, una mujer así que está alicaída, triste, vestida de negro, camino a la prisión porque había matado también a su hijo, en un ambiente de tristeza que está muy bien retratado, que de alguna forma, a pesar de lo que decía Pío Barauja y Unamuno, sí que intentó reflejar esa parte oscura en esa parte negra, pero él se desligó y ya dijo mira, yo voy por otra vía. Y sí que hizo con sus colores, con su paleta y con su optimismo, reflejar una España mucho más vitalista, mucho más optimista y sobre todo, pues evidentemente, fíjate, cuando él muere, estamos celebrando el centenario de su muerte, él muere antes de que llegue la Guerra Civil y por lo tanto tuvo la suerte, entre comillas, de no ver un poco los desastres que luego ocurrieron en España.
B
Bueno, pues la magia de Joaquín Sorolla con eso no nos quedamos, con el color, la luz, aunque a Unamuno no le gustara, desde luego que lo convirtió en un artista, en un pintor muy muy especial. Y eso es lo que hemos querido recoger, como decía Jesús Calleja, ahora en ese centenario que estamos celebrando de la muerte del fallecimiento de Joaquín Sorolla en Cercedilla en el año 1923. Jesús Callejo, Coronauta, una temporada más. Un año más. Como siempre, muchísimas gracias por habernos ayudado a hacer un poquito más de historia.
C
Pues nada, Nacho, un placer como siempre hacer este primer programa, que ya sabéis que es el pistoletazo de salida de esta niña bonita de la decimoquinta temporada. Y por supuesto seguiremos sorprendiendo a todos nuestros oyentes con más episodios donde el misterio y la historia siempre sea una. Suscríbete a Ser Historia. Todos los episodios y contenidos adicionales en la app de Cadena Ser y en.
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Episode: Cronovisor | Joaquín Sorolla: retrato, mar y aire
Date: September 10, 2023
Host: Nacho Ares
Guest Expert: Jesús Callejo
Featured Interviewee: Consuelo Luca de Tena (Directora del Museo Sorolla)
This episode of "SER Historia" celebrates the start of the show's fifteenth season by delving into the life and artistic legacy of Joaquín Sorolla, one of Spain’s most recognized painters. The episode uses the "cronovisor" time machine as a narrative device to revisit pivotal moments in Sorolla's life, explore his evolution as an artist, assess his international impact, and consider both his luminous and lesser-known, darker works. Notably, the episode features expert perspectives, including an archival interview with Consuelo Luca de Tena, director of the Museo Sorolla.
Key Insight:
Sorolla’s signature use of light—“no una luz cualquiera, sino la luz del Mediterráneo, la luz de Valencia”—made his work instantly recognizable and placed him among the greats of both Spanish and international art (02:11, C).
Date chosen: 28 August 1899
Setting: Playa del Cabañal, Valencia.
Notable Quote:
"Es la primera vez en la historia de la pintura en España y posiblemente a nivel mundial, que se está representando a estos niños... y todo lo reflejó como buen fotógrafo casi que era, utilizando sus pinceles." (04:39, C)
Timestamp Highlight:
Comment:
"A partir de ese momento se dedicó a otras temáticas... toda esa serie de la sociedad Hispánica de América, que son una preciosidad." (29:16, C)
10:19–13:22: Archival Interview Segment
Notable Quotes:
Notable Quotes:
Quote:
"De hecho regaló muchísimo cuadros a sus amigos... tanto dinero ganó que al final Sorolla se convierte en un coleccionista compulsivo." (26:45, C)
Quote:
"Sí, he intentado eso, mirar a ver si él estuvo relacionado con alguien que tuviera que ver con la teosofía o el espiritismo... no ha encontrado nada." (31:37, C)
On Sorolla’s Instantly Recognizable Style
"Esto es un Sorolla, igual que se identifica esto es un Dalí o esto es un Miró." (02:07, C)
On “Triste herencia”
"Nunca volverá a pintar un tema como este. Y lo cumplió." (08:03, C)
On the Influence of Paris and Impressionism
"Sorolla llegó a conocer muy bien [el impresionismo y postimpresionismo], porque él iba muchísimo a París. Él siempre decía que había que ir a París a ver lo que pasaba en el mundo de la pintura." (10:39, Consuelo Luca de Tena)
On His Artistic Legacy
“Nunca decayó, es decir, hay artistas que llegan a una culminación y luego se repiten. En Sorolla no vemos nunca ninguna señal de decadencia, todo lo contrario." (24:26, Consuelo Luca de Tena)
On His Wealth and Collections
"De hecho, tanto dinero ganó que al final Sorolla se convierte en un coleccionista compulsivo... todo esto indica el que fuera un coleccionista, indican dos cosas, primero, que tenía buen gusto y segundo, que tenía dinero para poder comprarlo." (26:45, C)
The episode positions Sorolla as an artist of both radiant optimism and subtle depth, who, through technical innovation and a cosmopolitan spirit, became a rare example of a Spanish painter celebrated at home and abroad—despite some contemporary critics downplaying his approach. His work remains a bridge between tradition and modernity, and his legacy, as expressed throughout this episode, is that of an artist deeply in love with the luminous diversity of Spain and the challenge of capturing life’s fleeting, vibrant moments.