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SER Podcast.
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El Manuscrito Voynich es el último gran misterio literario que queda por descifrar. Es un libro, un códice del siglo XV muy misterioso, escrito en un lenguaje que nadie ha logrado todavía desencriptar y con unas imágenes de plantas rarísimas que tampoco nadie ha logrado identificar. El nombre Efectiv Voynich le viene de un librero lituano de origen polaco que se llamaba Wilfrid Voynich. Voynich se obsesiona con este libro por precisamente conocer el misterio de su contenido y hace todo la vida y pure todo a lo largo de su vida, enviando copias a diestra y a siniestra para que lingüistas, criptógrafos de todo tipo le ayuden a desentrañar este misterio que finalmente no logra desentrañar.
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Continuamos en Ser Historia en este programa especial que estamos haciendo en el Scriptorium de Albelda. Escuchábamos ahora a Pablo Molinero, coeditor de Siloé, una editorial de Burgos que se dedica a hacer facsímiles. Él hablaba del Manuscrito Voynich. A mí me sirve, es un reportaje que yo hice para la televisión, para Cuarto Milenio, hace muchos años. A mí me sirve para hablar un poco precisamente del valor que tienen los lugares como en el que nos encontramos, para proyectar esa idea de la cultura por medio de copias de libros que al final han sido ese legado que hemos heredado con el paso de los siglos y que nos permite tener conocimiento desde prácticamente muchísimos autores clásicos, lo decíamos antes en El Coronovisor, junto con Jesús Callejo, y también ese conocimiento contemporáneo, medieval, a partir del siglo X, que es cuando aparece este monasterio y aparece también este código albeldense. Andrés Cámara, bienvenido a Ser Historia.
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Muchas gracias.
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Andrés Cámara es miembro de la Asociación de Amigos de la Historia de aquí de Albelda, uno de los pioneros en la puesta en valor de este lugar. Yo creo que ha quedado claro, pero Llevamos hablando durante este lugar, en este programa de Ser Historia, sobre el scriptorium de Albelda, un lugar donde se copian libros, donde se estudia realmente un scriptorium.
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Qué era sencillamente era el lugar donde los monjes copiaban, escribían los manuscritos que recibían. No olvidemos que los manuscritos iban y venían de un monasterio a otro. La biblioteca y el lugar donde escribían es lo que se llama escriptorium. No confundir que a veces se hace el scriptorium que estuvo en el monasterio de San Martín, a escasa distancia de aquí, de estas cuevas, a las que también llamamos scriptorium, por una hipótesis que luego podemos explicar.
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Sí, es el trabajo de Antonio González Blanco, que fue el primero en hablar de este scriptorium a partir de un documento también. Cuéntanos si quieres brevemente la historia, cuáles son las conclusiones de esta investigación de Antonio González.
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Bueno, él en la década de los 90 estuvo por aquí, porque él era un catedrático, bueno, es un catedrático, todavía vive, aunque es muy mayor. Estuvo visitando cuevas en La Rioja y en otros muchos sitios de España, y le llamó la atención este espacio concretamente algunas cosas que vio aquí le parecieron importantes y dio ya entonces la voz de alerta de que esto podía ser no sólo unas bodegas o unos palomares, sino algo mucho más interesante. Eso es en la década de los 90, hacia el 2015, después de años de peregrinar por administraciones varias, recaló una vez más por Albelda, nos dio una conferencia y nos convenció de que teníamos que hacer algo con este sitio, no podíamos dejarlo abandonado como estaba. Y ahí comenzó el peregrinaje hasta este.
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Momento, administrativo y burocrático hasta este momento, porque yo creo que va llegando a buen puerto como se merece. Claro que sí, se hablaba de un granero, de un palomar, quizás esa referencia más cercana en el tiempo, al haber sido reutilizado, yo decía que tampoco es una idea propia. Esto seguro que lo ha lanzado más de un curioso, más de un investigador más sesudo y con más datos que que pudo haber sido todo al mismo tiempo. Pudo haber sido un scriptorium, pudo haber sido un eremitorio, un lugar de recogimiento en un principio en la Edad Media, que se ha ido convirtiendo en el tiempo, igual que las tumbas del Valle de los Reyes en Egipto, que fueron tumbas de grandes faraones, pero también fueron lugares en donde los primeros cristianos coptos, ya a partir del siglo II, tercero de nuestra era, realizaban misas vivían y eso no quita el significado de uno ni de otro. No pudo haber sido muchas cosas a la vez.
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De estas cuevas en realidad, desde el punto de vista científico podemos decir muy poco, es decir, en lo que todo el mundo parece estar de acuerdo en que son cuevas de la Edad Media o de la Alta Edad Media y en realidad no sabemos más. Ese es el gran misterio. Todo lo que podemos decir a partir de ahí son hipótesis, porque no hay ningún resto arqueológico que se haya encontrado ni aquí ni en ningún otro sitio para poder determinar alguna de estas hipótesis. La ocupación sucesiva a lo largo de los siglos de las cuevas han impedido que aquí se conservara algo. Entonces, hipótesis, yo las divido en dos categorías. Hay una hipótesis religiosa y una hipótesis laica. La hipótesis religiosa dice que estas cuevas se construyeron para que fueran habitadas por humanos, primero huyendo de los visigodos que entraban en España y arrasaban con todas las ciudades romanas y a continuación, a lo largo del tiempo pudieron ser morada de monjes eremitas. Esa es la hipótesis religiosa. La hipótesis civil dice que esto ha sido siempre un almacén de distintos productos agrícolas, principalmente grano, y después han sido muchas otras cosas. Y por último palomares, porque eso lo hemos conocido todos en el Hadas marroquí existen algunas cuevas en los acantilados de las montañas que recuerdan mucho a esto. Y esto les hace pensar a algunos arqueólogos, por lo menos algunos que estuvimos aquí, que pudimos contratar para estudiar estas cuevas, les llevan a pensar por similitud, de que esto pudo ser unas cuevas al estilo magrebí. Es decir, que como muchas veces hemos dicho en el pueblo, estos eran las cuevas de los Moros, que siempre nos ha parecido algo muy exótico, pero en realidad a lo mejor tenían algo de eso, es decir, de graneros rupestres importados aquí por los musulmanes del Magreb. Esa es la hipótesis civil. La hipótesis religiosa abunda en que si aquí hubo monjes eremitas, pues aquí pudieron vivir hasta que se fundó el monasterio en el año 925. Y si ya muy temprano se produjeron libros y manuscritos en el monasterio y fueron los moques eremitas los que habitaron el monasterio, eso le hace pensar a Antonio González Blanco que aquí bien puede ser que aquí empezasen a escribir ya, porque para producir estas maravillas no se necesita una sola generación de banuenses, sino varias. Y esa es la hipótesis de Antonino y por eso le llamamos scripturium rupestre. Es una hipótesis un poco arriesgada pero plausible y con mucha fuerza y mucha potencia de leyenda y por eso la hemos llamado así.
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Desde luego que sí, además no hay que olvidar que ha pasado un poco de soslayo en la charla que hemos tenido con nuestros invitados anteriores, pero estamos en un núcleo neurálgico del Camino de Santiago, es un lugar por donde vienen ideas, por donde vienen entra el conocimiento, vendría por aquí gente con libros que se querrían copiar, es decir, el Camino de Santiago en Albelda es parte también de su propia identidad.
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De hecho, vamos a ver, el primer peregrino documentado del Camino francés, porque en Asturias hubo alguno anterior, está documentado en un manuscrito escrito aquí en en San Martín de Albelda por Sarracino, cuando el obispo Godescalco, francés, pasó por aquí a pedirle una copia.
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¿Godescalco?
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Sí, Godescalco, bueno, su nombre visigodo, pero en realidad era obispo francés de La Puy en Velay. Entonces él pasó por aquí, sabía que aquí había un escritorio muy potente, le encargó un un escrito a Abaddulquito Sarracino lo copió, se fue a visita Santiago de Compostela y a la vuelta se lo llevó a Francia, acabó finalmente en la Biblioteca Nacional de París, que es donde está ahora. Nosotros hemos conseguido hacer una copia para tenerla aquí, o sea que el primer peregrino del Camino francés pasó por Albelda y está documentado en Albelda.
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Ese Camino de Santiago lo que hace es nutrir de mucha gente de lo que decía antes, ese conocimiento que entra desde Europa, en definitiva, luego el románico, un poco más adelante ya el gótico, todo ese tipo de estilos que van entrando en la península por medio del Camino de Santiago y haría que muchos acabaran recayendo y quedándose a vivir en esta localidad, en Albelda. Antes lo has comentado un poco de pasada, Andrés, pero a ver si podemos profundizar un poquito más en ello. Claro, esto no se copia, este facsímil que tenemos aquí del Códice Albeldense no se copia. Se puede copiar en un tiempo reducido, más o menos, pero necesitas un conocimiento de más de una generación de personas que han estado aprendiendo, enseñando, aprendiendo, enseñando, aprendizaje, entiendo, enseñando así varios lustros, varias décadas, para conseguir este resultado tan maravilloso. Aquí habría dibujantes, habría manuenses que se limitarían a copiar, habría personas que preparaban las tintas, habría dibujantes. Es un poco el mundo editorial de la Edad Media, casi.
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Por supuesto, el apoyo económico del monasterio era fundamental, porque para hacer un códice que tiene 440 páginas había que sacrificar un montón de corderos neonatos o muy pequeños, y eso no era nada barato. Y además hay que pensar que seguramente cometerían algún error y tendrían que repetir y demás. Aunque parece increíble que no encuentres ni el más mínimo error en todo lo que mires.
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A lo mejor usaban tipex.
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Es posible. Bueno, tipex no, pero sí que.
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Raspaban la tinta.
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Y el equipo normalmente lo formaban tres personas. Dos eran amanuenses. En el caso del Códice Vigilano eran Vigila, el escribáis a Racino, que era el maestro de Vigila, y un discípulo que se llamaba García. Los tres aparecen retratados en la última página.
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Seguro que el discípulo era el que hacía todo y la fama se la llevaron los otros, porque eso no ha cambiado en España nada en mil años, estoy convencido. El becario lo ha hecho todo.
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Y porque el discípulo tenía muchas cosas que hacer. Porque claro, hasta que el corderito llegaba a manos de Vigila, ya pautado con las rayas, y se ponía a escribir. Efectivamente. Había un trabajo de cosa cos. Efectivamente. Pero ese era el equipo y se iban transmitiendo como dicho Sarracino era el maestro de Vigila y Sarracino tuvo uno anterior, y así sucesivamente.
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Y claro, desde el punto de vista industrial, hay que tener los neonatos, los ganaderos que proporcionen esos animales, las tintas, los fabricantes de tintas, los que fabrican las plumas. Bueno, las plumas las fabrican los pájaros.
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Tenemos a un experto amanuense que está aquí sentado, que hace sus propias plumas. Y bueno, no digo sus propias cintas, quizá no, pero las plumas desde luego que sí. Copia muchos de los escritos que tenemos.
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A mí me parece un mundo apasionante, Francisco Cámara. A mí me parece un mundo apasionante el de los espacios dedicados en los monasterios a la copia de manuscritos, que en realidad, lo decíamos un poco al principio, el caso del codex tiene infinidad de singularidades que lo convierten en un códice muy especial. No solamente esos números, esas imágenes, es un poco el conjunto. Y muchos de esos detalles.
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Bueno, ya sólo el compendio de la. De la legislación civil y religiosa que ocupa la mayor parte del códice, es una cosa espectacular. Pero incluso las primeras páginas, que son 30 o 40, que son mucho más divertidas, en los que aparecen tratados de matemáticas, de geografía, etc. Son muy espectaculares. La iconografía, la iluminación del códice es única. Toda mundo creo que está de acuerdo en que Vigila era el mayor ilustrador de la España del siglo X.
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Desde luego, sería como John Romita, el dibujante de Spiderman en los años 80. Yo soy muy fan de Spiderman también. John Romita y su hijo John Rita Jr. Pues dos dibujantes extraordinarios.
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Vigila tenía cosas muy modernas para su tiempo. Por ejemplo, voy a citar primero él se hace un selfie en la primera página y otra en la última, ya para empezar un autorretrato, él mismo escribiendo. Y por otra parte, esa cosa que hemos oído de muchos escritores, desde el pánico a la página en blanco, en la primera página que aparece escribiendo hay un escrito en que se confiesa abrumado por la tarea que le espera y pide a Dios gracia para poderla concluir.
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Claro, también pensándolo así, eso implica no solamente un conocimiento propio, pero también el tener una biblioteca importante. El monasterio de San Martín debería tener una biblioteca con bastantes decenas o cientos.
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De libros, no sabemos. Pero evidentemente esto salió de muchos manuscritos anteriores. Evidentemente, como pasaba en todas partes, y a pesar de lo que ha dicho Javier García Turza, hay varios manuscritos que se conservan todavía, no sólo este y el de Godescalco y algún otro. Y no perdemos la esperanza de encontrar alguno más, porque es posible que en Toledo todavía existan manuscritos sin descubrir de Albelda.
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Sí, lo decía Javier en el cronovisor. Son pocos documentos, pero con una calidad extraordinaria que casi supera a las decenas que pueda haber en en otros lugares. Es un poco la calidad de este lugar.
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Sí, el primero, el manuscrito Godescalco, en palabras del hermano de Javier, Claudio García Turza, decía que era la letra visigótica más bella y más maravillosa que ha visto jamás en su vida. Y por supuesto, este tiene las ilustraciones absolutamente más maravillosas de todos. Efectivamente, la calidad es extraordinaria.
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Desde luego que sí. Merece la pena. Merece la pena acercarse a los misterios que rodean este códice albendense y sobre todo la localidad de Albelda. Con este scriptorium que es un poco el marco físico en donde se puede recoger toda esa historia tan maravillosa. Andrés Cámara, de la Asociación de Amigos de la Historia de Albelda, muchísimas gracias por habernos ayudado a hacer un poquito más de historia.
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Podcast: SER Historia
Host: Cadena SER
Guest(s): Andrés Cámara (Asociación de Amigos de la Historia de Albelda)
Date: December 30, 2025
Duration (main segment): ~00:38 – 17:56
Este episodio especial de SER Historia se adentra en el pasado medieval del scriptorium de Albelda, un enclave histórico esencial en La Rioja para la copia y transmisión de manuscritos en la Península Ibérica. A través del diálogo entre el presentador, colaboradores y Andrés Cámara, se exploran los orígenes y las funciones de los scriptorium, así como los misterios e hipótesis sobre las cuevas de Albelda y su papel en la cultura medieval, todo ello respaldado por relatos apasionados y un tono cercano.
"El Manuscrito Voynich es el último gran misterio literario que queda por descifrar."
(Pablo Molinero, [00:38])
Segmento principal: [01:39] – [06:05]
El scriptorium es descrito como el lugar físico y simbólico donde monjes copiaban y preservaban la cultura escrita.
Aclara confusiones sobre su ubicación histórica, diferenciando entre el scriptorium del monasterio y el de las cuevas próximas.
Hipótesis sobre las cuevas:
"De estas cuevas en realidad, desde el punto de vista científico podemos decir muy poco... Todo lo que podemos decir a partir de ahí son hipótesis."
(Andrés Cámara, [06:05])
Entrelazando historia local y europea: [09:13] – [10:46]
El Camino favorece la entrada de ideas, libros y peregrinos ilustres; se cita el caso del obispo francés Godescalco:
"El primer peregrino documentado del Camino francés... está documentado en un manuscrito escrito aquí en San Martín de Albelda."
(Andrés Cámara, [09:45])
Este intercambio expande la cultura, los estilos artísticos y las tradiciones escritas, integrando a Albelda en una red europea.
Elaboración de códices: [10:46] – [14:15]
Detalla el proceso, la diversidad de roles involucrados (amanuenses, dibujantes, preparadores de tintas).
Se destaca el coste y la logística, como el sacrificio de corderos para obtener pergamino.
Se humaniza el relato con anécdotas y humor sobre la vida del discípulo y la cadena de transmisión de técnicas:
"El equipo normalmente lo formaban tres personas... Los tres aparecen retratados en la última página."
(Andrés Cámara, [12:48])
"Seguro que el discípulo era el que hacía todo y la fama se la llevaron los otros, porque eso no ha cambiado en España nada en mil años..."
(Host, [13:07])
Valor artístico y cultural: [14:15] – [17:30]
Se subraya la originalidad del códice, desde su contenido variado (geografía, matemáticas, legislación) hasta su iconografía pionera.
Se equipara a Vigila, su principal ilustrador, con dibujantes modernos por su ingenio:
"Vigila tenía cosas muy modernas para su tiempo. Por ejemplo, voy a citar primero él se hace un selfie en la primera página y otra en la última..."
(Andrés Cámara, [15:38])
Se resalta la necesidad de una biblioteca robusta y la posibilidad de nuevas futuras sorpresas en el ámbito documental.
Reflexión final: [17:30] – [17:56]
Albelda y su scriptorium se presentan como un eje de calidad excepcional más que de cantidad en la artesanía manuscrita.
La localidad se enorgullece de su herencia y del impulso a la investigación, la conservación y la divulgación.
"Merece la pena acercarse a los misterios que rodean este códice albendense y sobre todo la localidad de Albelda. Con este scriptorium que es un poco el marco físico en donde se puede recoger toda esa historia tan maravillosa."
(Host, [17:30])
Sobre el misterio de las cuevas:
"Todo lo que podemos decir a partir de ahí son hipótesis, porque no hay ningún resto arqueológico... La ocupación sucesiva a lo largo de los siglos... ha impedido que aquí se conservara algo."
(Andrés Cámara, [06:05])
Sobre el valor del trabajo colectivo y transmitido:
"Aquí habría dibujantes, habría manuenses que se limitarían a copiar, habría personas que preparaban las tintas..."
(Host, [11:46])
Sobre la modernidad de Vigila:
"Voy a citar primero: él se hace un selfie en la primera página y otra en la última..."
(Andrés Cámara, [15:38])
Sobre la excelencia del códice:
"La calidad es extraordinaria."
(Andrés Cámara, [17:08])
La charla mantiene un tono divulgativo, ameno y apasionado, con pinceladas de humor e ironía que hacen cercana la erudición, apostando siempre por resaltar la riqueza y el misterio que encierra el patrimonio histórico de Albelda y sus manuscritos.
En definitiva, este episodio ofrece una ventana al mundo de los scriptorium monásticos, muestra la interacción entre religiosidad, cultura y economía en la Edad Media, y deja claro que muchos misterios de la historia siguen esperando ser descubiertos —siempre con la fascinación propia de los grandes relatos.