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Ser podcast.
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La Lonja de Valencia es uno de los edificios góticos civiles más importantes de Europa. Construido a instancias del Conseil General, fue destinado a la contratación comercial y a albergar el Tribunal del Consulado. Las obras, encomendadas a Perecomte, dieron comienzo en 1482. En el jardín de los Naranjos hay una puerta de exuberante decoración vegetal. Ocho columnas a los estriadas en espiral sustentan la bóveda. Es el lugar de contratación, la verdadera lonja, constituida por tres naves, donde el gótico muestra todo su esplendor.
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Escuchábamos un nuevo fragmento de ese documental de Televisión española del año 1978 en donde se hacía referencia a la Lonja. La Lonja de Valencia, uno de los edificios civiles más increíbles, un edificio del siglo XV con una historia realmente sobrecogedora desde el punto de vista de lo que se vivió dentro, desde el punto de vista de la arquitectura, desde el punto de vista de los símbolos. De todo ello queremos hablar en los próximos minutos con un buen amigo, Juan Francisco Fernándiz. Él acaba de publicar con Grijalvo La Lonja de la Seda, donde precisamente habla de la historia y de las aventuras vividas en este edificio. Juan Francisco, bienvenido de nuevo a Ser Historia.
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Gracias, gracias. Encantado de estar aquí de nuevo.
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Es un placer compartir de nuevo micrófono contigo aquí en esa historia. Nos conocemos desde hace muchísimos años por ser autores de de Grijalvo. Enhorabuena por la tercera edición que vas ya de la Lonja de la Seda. La historia de Valencia vende.
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Sí, sí. Además ha sido una sorpresa, pero yo creo que también.
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No digas eso, no ha sido ninguna sorpresa. Es maravilloso, es verdad.
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Sobre todo la sensación del calor que ha tenido y la acogida que tiene aquí, en la propia ciudad también, y en la propia Valencia. El conocer algo más de este edificio y de las historias que surgieron alrededor de él es fantástico.
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Para empezar desde el comienzo. Desde el principio. La Lonja es un edificio del siglo XV, un templo del comercio, podríamos decir. Lo comentábamos antes de empezar el programa. Mucha gente se cree al pasar por delante que es una iglesia con ese arco coloquial de los Reyes Católicos, bliblabla, pero no, no es una iglesia, es un edificio civil.
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Así es, efectivamente. Es decir, la G. Mercader, ¿Como se llama? Es decir, la Lonja de Mercaderes, que es conocida popularmente como la Lonja de Valencia, y por eso hemos elegido el título, fue realmente un símbolo de la ciudad. Estamos en ese final del siglo XV. Suceden una serie de casualidades o causalidades que propulsan a Valencia como una potencia mercantil, artística, histórica, el siglo de oro de las letras valencianas. Todo eso se concentra en unas décadas y es ahí donde la ciudad quiere de alguna manera demostrar al mundo ese poderío y esa capacidad mercantil. Y lo que hace es crear un símbolo, construir un símbolo. ¿Que es esta lonja? Es una lonja, es un edificio para el comercio, para vender y comprar. Pero es especial, aunque se inspire en la Lonja de Mallorca, tiene algo diferente. ¿Esas puertas, esos símbolos alrededor de la puerta, esas gárgolas dónde estamos? El suelo cuando entras es negro, absolutamente negro, que el original ya era así. El cielo estaba pintado de azul con estrellas. ¿A dónde estamos entrando? Yo creo que es un mensaje que aquellos mercaderes querían transmitir al mundo en general. Y es lo que he tratado de plasmar en esta novela histórica, que desentraña todos esos misterios de aquellos constructores que no solo ponían unas piedras encima de otras, sino que querían contar cosas, querían contar secretos, querían revelar al mundo cosas que ellos entendían que eran vitales.
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Esa piedra nos está contando historias. Tiene una narración, tiene un relato que tú cuentas muy bien en tu novela. Hay algunas, quizás las más conocidas son algunas gárgolas con temas satíricos, con temas eróticos, pero va mucho más allá. Háblanos si quieres un poco de estas también. Pero el relato que se cuenta, lo que se cuenta en esas gárgolas, al igual que sucede en los edificios religiosos, en los capiteles también, y en esas gárgolas de algunas iglesias, de algunas ermitas góticas, tiene también la faceta de educar, de contar una historia, un relato.
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Fíjate que esta lonja, cuando se decide construir el consejo deja escrito algo un poco extraño, que es donde los historiadores han tratado de investigar, y es cuando dice que se construye. Ordena a Pere Conte y a Joan Ibarra que la construyen conforme a una Monstruo Mall bien dibujada, es decir, a una muestra bien dibujada, a un plano. Ahí es donde los historiadores plantan las orejas a ver quién ha hecho este plano. Entonces se investiga y todas las pistas indican que pudo ser su maestro, Francesc Valdomar, que estando en Lleida construyendo, estuvo en contacto con constructores franceses. Es decir, empezamos a ver una especie de corriente, de una tradición de aquellos antiguos constructores medievales, aquellos masones, que va llegando y quizás nos llegue a esta lonja. Y lo decimos precisamente por esa simbología que la rodea. Hemos hablado de gárgolas, de esas imágenes escabrosas, pero fíjate que la puerta oeste, la que da el mercado, es donde está lo que dicen algunos, el compendio erótico valenciano. Es decir, hay figuras eróticas, hay reptiles, hay casi figuras de pesadilla. En cambio, la puerta de enfrente, la que está opuesta a esta, es toda armonía, son hiedra murta, Estamos en un lugar casi paradisíaco. Entonces tenemos dos puertas opuestas, con imágenes y simbología opuesta. A partir de ahí es cuando empezamos a entender lo que decías, Es decir, no estamos solamente ante un edificio para mercadear, sino que estamos en un edificio para crecer espiritualmente. Hay un mensaje, hay una enseñanza espiritual y esta lonja lo tiene y es una de las maravillas que tenemos en Valencia. Es mucho más que un edificio, una joya del gótico civil, que es lo que realmente nos explican cuando vamos, sino que estamos entrando a un lugar, a un templo, pero no un templo dedicado a Dios, Dios ya tiene su catedral, su Seu en Valencia, sino un templo para la humanidad, para aquellos mercaderes y para aquellos valencianos de aquella época y quizás también para los valencianos de hoy.
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Es un edificio maravilloso. Yo en esta ocasión no he entrado, pero he estado en otras ocasiones. Uno de los. Quizás la altura es lo que más llama la atención, las columnas con esos dibujos ascendentes. Todo parece que tiene un significado, una armonía y una finalidad.
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Así es, de hecho, la novela en sí, de lo que parte es de la historia de Joan Ibarra, que es uno de los constructores, que es una figura histórica, y lo que vamos a hacer es ser parte de su familia. Vamos a conocer los entresijos. La historia empieza con un hecho histórico que es la Colometa, un incendio que hubo en la catedral, porque aquí nos gustan mucho los petardos y tal, y los tiramos dentro de las iglesias si hace falta, hasta que en un momento dado bajamos. Exacto, se nos fue de la mano una tarde de Pentecostés, bajando una paloma gigantesca llena de cohetes y de chispas y de tal, se incendió. Y a partir de ahí empieza esta historia, porque yo lo que quiero hacer es un recorrido por aquella valencia del siglo XV, por aquel lugar de Esplendor, aquella capital prácticamente del Mediterráneo, que como cualquier metrópolis a nivel arquetípico, tiene sus luces y sus sombras. Es decir, tenemos este arte maravilloso, tenemos las letras, tenemos Sor Isabel de Viena, tenemos Joanna Martorell con el Tiran Leblanc, pero también tenemos, según un viajero holandés que pasó por aquella época, el prostíbulo más grande de Europa, que además era una empresa pública, es decir, lo gestionaba el Ayuntamiento. Y ese tipo de contrastes creo que a nivel literario pueden generar infinidad de tramas, subtramas. Y aquí es donde recorremos esa Valencia con sus casos de corrupción, con sus crímenes, con sus misterios y con sus enigmas constructivos, que es de lo que estábamos hablando.
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Porque el edificio es importante desde el punto de vista arquitectónico, pero quizás es más importante también quiénes lo construyeron. No me estoy refiriendo solo al arquitecto, sino a las personas que trabajaban la piedra, que dejaban sus marcas de cantero, porque en definitiva la piedra podríamos entenderlo como un objeto yermo, sin vida, y todo lo contrario, en este caso le da un pálpito especial para que ese
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edificio tenga significado, mira simbólicamente y en aquel momento era así, es decir, Dios construye el mundo en seis días y ya no ha construido nada más. Sin embargo, cedió esa faceta constructiva a una serie de elegidos en la humanidad que eran los constructores. Estos constructores, estos canteros, estos picapedres que llamábamos en Valencia, eran gente especial, eran gente tocada con a lo casi divino. Conocían esos secretos constructivos, la proporción áurea, las medidas, los pesos, los equilibrios. No eran simplemente albañiles que construían casas, sabían hacer este tipo de templos, iglesias, catedrales que estaban en pie siglos y siglos. Era casi milagroso, era una obra casi divina. Todo eso se envolvía en simbolismo y se transmitía entre ellos. Eran hermandades, eran aquellos primeros masones operativos que de un sitio a otro se transmitían. Y sí que vemos, por ejemplo, en quien pensó esta lonja, cómo tuvo sus contactos, como he dicho antes, con otros constructores europeos y quizás de ellos bebió no solamente los secretos para levantar esta maravilla que es la Lonja de Valencia, sino también para picar y dejar en la piedra todos esos símbolos, esas gárgolas y toda esa. Todo ese mensaje que está encerrado. Y eso es lo maravilloso, que un lector del siglo XXI pueda entrar y acceder a descubrir secretos que se han mantenido siglos ocultos. Y es una de las maravillas que a través de la literatura nos podemos permitir hoy en día. Y yo he tratado de hacerlo así.
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Desde luego que sí. Porque además el hecho de que la lonja esté aquí en Valencia no es una cuestión baradí. Es decir, se hace en Valencia porque Valencia, hay gente que lo ha comparado, era la Nueva York de la época. Era un lugar donde el comercio fluía, donde permitía la conexión de pensamientos, de ideas, de tradiciones, de otros lugares que venían hasta el puerto de Valencia. Y todo eso justificaba que aquí se hiciera un edificio de esta categoría.
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Claro, es decir, lonjas hay muchas. Las lonjas de la Corona de Aragón son conocidas, pero como esta no hay ninguna. Sobre todo por el contenido y el continente. Pero sí que es cierto que es lo que decíamos, Valencia, cuando los turcos conquistan Constantinopla, se corta el comercio en Oriente del Mediterráneo y quizás todo el comercio tenía que haber basculado hacia Barcelona. Pero Barcelona está inmersa en una guerra civil con el rey Juan II, con el padre de Fernando el Católico. Entonces Valencia asume ese testigo y la capacidad de los valencianos de asumir todo ese poderío, todo ese negocio se había cortado al mercado de la seda que venía de las rutas orientales. Entonces aquí pasó algo. Fue muy inteligente nuestra reina María de Castilla, la esposa de Alfonso V, porque determinados sederos genoveses quisieron instalarse en Valencia y les vale, os dejo instalaros, pero en la condición de que los aprendices sean valencianos. Claro, los genoveses eran los que tenían realmente los secretos de la seda buenos. Aquí se tejía seda, pero era una tradición de los mudéjares muy antigua, muy tradicional. Quienes tenían realmente los secretos industriales, las maneras de trabajar modernas, eran los genoveses. Y así fue como Valencia y los valencianos aprendieron secretos y maneras de tejer la seda, de hebrarla, de criar los gusanos de una manera que no se conocía por la península. Y eso es lo que nos dio una ventaja mercantil importantísima y también nos propulsó a nivel económico. Y todo eso pasaba mientras esos mercaderes que se van enriqueciendo se daban cuenta de que tenían que tener un símbolo más allá del dinero, más allá de sus palacios, de sus grandes fastos, tenía que haber un símbolo que representara todo ese poderío y toda esa fuerza mercantil y todo ese arte y toda esa cultura. Y ahí es donde la lonja asume ese protagonismo.
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Fíjate que estamos hablando de la magia que rodea a la lonja, la Lonja de la Seda, que era otro de los nombres que tenía en aquella época, pero claro, es un edificio civil y no tenemos que olvidarlo. Era un lugar que sirvió también de prisión, tengo entendido, para los mercaderes que no pagaban. Allí se hacían transacciones de todo tipo. En el patio de los Naranjos era donde se hablaba y se tramitaba y se negociaba todo ello. No hay que perder tampoco el fondo real para qué servía la lonja.
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Efectivamente, siempre ha sido un edificio civil y si quieres habéis mencionado a Blasco Ibáñez varias veces durante el programa. También os digo que su entierro civil se celebró en la propia lonja, es decir, allí hay imágenes donde realmente se puso el catafalco y se hizo la celebración civil. Siempre ha sido un lugar especial para todo el mundo mercantil. Esta historia se basa sobre todo en la construcción del salón de contratación y la torre, lo que es en sí el Consola del Mar, que es la otra parte, se construyó un tiempo después. Aquí en la novela no sale, pero siempre ha sido el símbolo del poderío mercantil y de los mercaderes de Valencia. Y realmente su función mercantil ha durado hasta hace pocos años. Es decir, precisamente a raíz de esta novela se ha aproximado a mí mucha gente, sobre todo en las firmas y tal, y he conocido hasta los nietos del conserje que vivía en la lonja, gente que su abuelo ha llegado a vender cosas en la propia lonja. Es decir, que su función, aunque ha sido cuartel, ha sido varias cosas a lo largo de los siglos, pero siempre que ha tenido su oportunidad ha sido el edificio, manteniendo ese espíritu para el cual se construyó, que es el mercadeo, el comercio y el aportar a la gente valenciana riqueza.
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Valencia celebra este año 2026 el 30 aniversario como ciudad Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO. Después de ese nombramiento, el 7 de diciembre del año 1996, uno de los edificios, uno de los garantes de ese nombramiento fue precisamente la lonja que se ha rehabilitado. Pero ¿Hasta qué punto está reconstruida? ¿Hasta qué punto? Porque ahora lo vemos todo muy puro. ¿Hasta qué punTo la lonja que vemos ahora es la misma que podían haber visto en el siglo XV?
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Pues mira, yo creo que es bastante parecida. Cuando digo que yo creo, lógicamente, es basándome un poco en todo lo que he estado investigando, el tiempo necesario para poder tejer esta historia. Es un edificio que apenas tiene ninguna grieta, ha perdido lógicamente el color, el techo era pintado de azul con estrellas, el suelo por ejemplo que vemos negro, no es el original, el original está unos 20 centímetros más abajo, pero prácticamente las reconstrucciones y las restauraciones han tratado de mantener el espíritu original de tal manera que es uno de los edificios mejor conservados que tiene esta ciudad y yo creo que tiene toda España y sobre todo que se han podido conservar bastante bien. Toda esa simbología que hay en las puertas Gárgola sí que hay algunas de la época, otras son nuevas de restauraciones posteriores, pero en definitiva se bebe el espíritu. Es un lugar telúrico. Yo esta mañana he estado con prensa y lo he vuelto a comprobar. La gente cuando entra allí baja la voz. No estamos en una iglesia, pero la gente baja la voz. Enfrente está el mercado y en el mercado todo el mundo va a gritos, pero allí la gente se sobrecoge. Y yo creo que es precisamente lo que pretendían conseguir estos constructores. Es decir, aquí servirá este lugar para transacciones mercantiles, pero va a ser algo más y la gente lo va a notar. Y yo creo que aún a pesar de haber pasado 500 años todavía se nota.
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Apasionante la historia de la Lonja que hemos disfrutado en los últimos minutos con Juan Francisco Fernándiz, autor de La lonja de la seda, publicado por Grijalvo, su última novela. Un trabajo extraordinario que es una novela histórica, pero como siempre todo lo que hace Juanfran perfectamente documentado y trabajado desde un punto de vista histórico con mucha fidelidad. Juan Francisco, Juanfran, como siempre, muchísimas gracias una vez más por habernos ayudado a hacer un poquito más de historia.
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Date: May 28, 2026
Host: SER Podcast
Guest: Juan Francisco Fernándiz, autor de La lonja de la seda
En este episodio, el historiador y novelista Juan Francisco Fernándiz se une al programa para examinar en profundidad la Lonja de Valencia, uno de los edificios civiles góticos más importantes de Europa y el principal símbolo del poder económico y social de la Valencia del siglo XV. A través de una conversación amena y apasionada, el autor nos guía por los secretos arquitectónicos, simbólicos y sociales de la Lonja, destacando tanto sus aspectos históricos como su pervivencia espiritual y cultural en la actualidad.
Descripción arquitectónica y función histórica
“No es una iglesia, es un edificio civil. Fue realmente un símbolo de la ciudad.”
— Juan Francisco Fernándiz (02:57)
Destacan los constructores de la época, obreros “tocados con algo casi divino” por su dominio de la técnica y el simbolismo.
“Conocían esos secretos constructivos, la proporción áurea, las medidas, los pesos, los equilibrios. […] Era una obra casi divina.”
— Juan Francisco Fernándiz (10:02)
El contexto histórico: tras la caída de Constantinopla y la guerra civil en Barcelona, Valencia asume el protagonismo en el Mediterráneo.
Estrategias inteligentes como la introducción de sederos genoveses y aprendizajes valencianos en el arte de la seda, impulsaron el auge mercantil de la ciudad (12:02–14:03).
La Lonja, en ese sentido, se erige como símbolo no solo de riqueza económica sino también de cultura y poder valenciano.
“Tenía que haber un símbolo que representara todo ese poderío y toda esa fuerza mercantil y todo ese arte y toda esa cultura. Y ahí es donde la Lonja asume ese protagonismo.”
— Juan Francisco Fernándiz (13:42)
No solo epicentro de transacciones, también prisión para mercaderes morosos y, posteriormente, espacio civil simbólico (e.g., entierro civil de Blasco Ibáñez) (14:03–16:02).
La función mercantil de la Lonja perduró hasta bien entrado el siglo XX, manteniendo siempre su espíritu original.
“Siempre que ha tenido su oportunidad ha sido el edificio, manteniendo ese espíritu para el cual se construyó, que es el mercadeo, el comercio y el aportar a la gente valenciana riqueza.”
— Juan Francisco Fernándiz (15:31)
Gran parte del edificio actual permanece fiel al original, salvo por detalles como el colorido anterior de techos y suelos.
El espacio sigue generando respeto y sobrecogimiento, conservando su atmósfera “telúrica” a pesar del paso de los siglos (16:02–18:08).
“La gente cuando entra allí baja la voz. No estamos en una iglesia, pero la gente baja la voz. […] Y yo creo que es precisamente lo que pretendían conseguir estos constructores.”
— Juan Francisco Fernándiz (17:37)
Este episodio ofrece una visión profunda, vibrante y asequible de la Lonja de Valencia, mostrando su riqueza patrimonial, artística y simbólica. Gracias a la erudición y pasión de Juan Francisco Fernándiz, la Lonja emerge no sólo como un centro de comercio, sino como auténtico templo civil, repleto de misterios y enseñanzas heredadas por siglos que siguen inspirando y sobrecogiendo a todos sus visitantes.