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A
Ser podcast. En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Hola, nieves, buenas tardes. ¿Qué tal?
A
Buenas tardes.
B
Buenas tardes. En Cayo Perico, oye, dice la leyenda que el Cid ganó una batalla después de un muerto. Es una leyenda, insisto, y una licencia literaria, o sea, que es mentira. Pero nos viene al punto la referencia para presentar nuestro episodio de hoy. Va a ir muy bien porque nuestro paseo por la historia. En el de hoy el protagonista no es el Cid, sino Napoleón, y más que él, sus restos, que fueron los que alguien quiso utilizar para ganar algo más que una batalla. Pero vayamos al origen. Tal día como hoy, 12 de mayo de 1840, los británicos autorizaron el traslado de los restos de Napoleón. Y a partir de ahí, pues todo tuyo, todo tuyo, Nieves. Dale, venga.
A
Napoleón a mí me encanta.
B
Un personajazo de la historia.
A
Claro, es que es alucinante. Víctor Hugo dijo que todo en Napoleón era desmesurado y espléndido. Es verdad, Absolutamente indiscutible. Incluso cuando ya no estuvo en su mano la desmesura y la esplendidez porque estaba muerto, Napoleón continuó siendo desmesurado y espléndido. El 12 de mayo de 1840, 19 años y 7 días después de haberse muerto, los franceses supieron que los británicos habían dado su permiso para que trasladara los restos de su cansino emperador desde la isla de Santa Elena a París. Pero lo autorizaron porque por fin los franceses lo pidieron, o alguien conoce toda la peripecia del último exilio de Napoleón o se estará preguntando qué pintaba Napoleón en Santa Elena, qué tenían que decir o dejar de decir los británicos, si los franceses enterraban aquí o allí a su emperador, o por qué tardaron casi 20 años en meter a Napoleón en esa tumba tan turística, tan imponente y tan chula que hay en Los Inválidos de París. He de decir que allá Por mayo de 2020, en plena pandemia, que me da fatiga hasta recordar, estuvimos hablando de la muerte de Napoleón, de la multitudinaria autopsia que hubo, que aquello parecía el metro, no La punta. De la mutilación y la subasta de su pene.
B
Eso te queda grabado, quieras que no,
A
porque duele, duele pensarlo. De los trapicheos con sus máscaras funerarias, del comercio de sus pertenencias y de su entierro en un bucólico y pastoril valle, el valle de los geranios que se llama, junto a un manantial y a la sombra de un inmenso sauce llorón. De todo eso hablamos, pero no de su regreso a París. Su tumba estuvo vigilada por soldados británicos que no dejaron de montar guardia desde el día que lo enterraron, en 1821, hasta el día de su exhumación, 19 años después. No se fiaban de Napoleón ni muerto. Non, rien de rien. Non, je ne regrette rien. Ni le bien conigal.
B
De todas formas, será Napoleón, que ya sé qué tal, pero 19 años son muchos. Son muchos años para estar vigilando, muerto y en una isla inhóspita en mitad del Atlántico. ¿Por qué no lo llevaron de vuelta a Francia? Ya cuando palmó, que es lo.
A
Pues no, porque cuando murió Napoleón reinaba un Borbón en Francia. Reinaba el orondo Luis XVIII, un inepto. Y por nada del mundo iba a permitir que ese Bonaparte volviera a Francia y que su tumba se convirtiera en un lugar de culto. Ni de coña. Napoleón especificó en su testamento, escrito unos pocos días antes de morir, cuando su úlcera o su cáncer de estómago ya lo tenían amargadito, perdido, manifestó su deseo de ser enterrado a orillas del Sena, en medio de ese pueblo francés que tanto he amado. Son sus palabras. Así que cuando los británicos informaron a Francia de que el Bonaparte había muerto, el rey de Francia respondió muy bien, para vosotros, os lo quedáis. Si lo habéis mantenido secuestrado y vivo durante seis años, pues lo mantenéis también muerto, que encima os va a salir más barato. Luis XVIII había expulsado a todos los Bonaparte del país. Eran enemigos. Había borrado todo rastro del Emperador del espacio público, como para que ahora volviera con los pies por delante a liarla. No como en Francia. Negaron su regreso. Los británicos no pudieron escaquearse de la custodia de Napoleón. Lo enterraron, pusieron una lápida sin nombre, pero no dejaron de vigilar porque tenían miedo a que alguien pudiera profanar la tumba y robar los restos. Podía ocurrir cualquier cosa. Ellos eran los responsables.
B
Los responsables. Los Custod. Después de tantos años, ¿Qué cambió para que Napoleón pudiera volver? Bueno, los restos de Napoleón.
A
Sí. Además de cambiar la dinastía reinante en Francia, porque los Orleans apearon a los Borbones del trono, se decidió el traslado porque la situación política en el país requería un golpe de efecto que distrajera la atención Por eso la historia de hoy no se refiere tanto a un muerto Napoleón, sino a todo lo que ocurrió alrededor. Como digo, los Borbones perdieron el trono y su último rey fue otro inepto y además absolutista. Se llamaba Carlos X. Este fue el último Borbón. El reinado fue nefasto. Que raro en un Borbón, ¿Verdad? Lo bien que lo hacen todo. Meteduras de pata de asidia también. Hasta que los franceses le montaron una revolución. Hubo follón en toda Francia, barricadas en París y lo echaron. Y ahí estaban azuzando al personal y animando el cotarro los de la dinastía contraria, los Orleans, para hacerse con el trono. Y claro, se hicieron. Se hicieron con él. El nuevo rey de Francia se llamaba. Bueno, ahora ya de los franceses. El nuevo rey se llamaba Luis Felipe de Orleans. E iba de rey progre, Ya estamos. Este fue revolucionario, fue republicano. Este votó a favor de la decapitación de Luis XVI. Lo conocieron, era conocido como Philippe Egalité. Mira tú qué fino. Felipe Igualdad. Felipe Igualdad lo llamaban, o también lo llamaban rey ciudadano, o también lo llamaron en Europa lo llamaron el rey de las barricadas, porque salió de aquella revolución de 1830 y se supone que había sido elegido por aclamación popular. También le podemos llamar el rey del postureo, porque en fin, que es que un rey nunca es guay, pero se hacía el guay.
B
Es que en fin, un revolucionario y republicano que acabe siendo rey de Francia a mí me vuela la cabeza. No parece tener mucho encaje, lógico, porque no lo tiene.
A
Pero hay algunos y algunas que ven la moqueta, el brilli brilli y se apuntan al besamanos a la vez que se guardan su republicanismo en el bolsillo. Pues eso hizo también Luis Felipe de Orleans, ir de rey constitucionalista saludando a la gente por la calle, campechano, porque el pueblo lo había aclamado como rey. Se trataba de que los franceses vieran en Luis Felipe un rey popular y populacho.
B
Hombre, mejor que el otro sería, no, o más simpático por lo menos, no sé, aparentemente.
A
Pero uy, no te fíes de los campechanos. Líbreme del rey campechano, que del absolutista ya me libro yo, aunque sea guantazos. Bueno, el cambio de rey y de dinastía llevó a Francia a sus la facultad de reinar por derecho de nacimiento, que todavía en España está vigente, esta casposa sucesión, hacerlo por la soberanía popular. Todavía hoy en 2026 están a tortas por el trono de Francia los que se creen herederos Borbones, que se hacen llamar legitimistas porque tienen ese derecho de nacimiento sólo por llamarse Borbón, y los que se creen herederos de los Orleans porque como fueron los últimos en reinar se creen que son ellos los legales, o sea que como son unos cínicos también exigen su derecho por nacimiento. Esto les llaman los orleanistas.
B
Pero unos y otros ya saben que
A
no van a pillar falta sermo tonto. El actual aspirante Borbón ya sabes quién es porque hemos hablado de él.
B
Luis Alfonso de Borbón. El bisnieto de Franco.
A
Claro, bisnieto de Franco y bisnieto de Alfonso XIII. Le ha caído todo lo malo encima porque claro, es el hijo de la nieta de Franco. Y el nieto de Alfonso XIII es el ricachón este ultraderechista hijo de la indecorosa Carmen Martínez Bordiu. El caso es que aquel periodo político en Francia fue muy agitado y muy raro. Estamos hablando entre 1830 y 1840. Fue una etapa de transición en la que desapareció el término súbditos. Ahora ya se hablaba de conciudadanos. Algo es algo. Sí, claro, pero insisto, con el postureo, todo postureo. Dejó de decirse eso del rey de Francia, ahora se decía rey de los franceses. Y los franceses no sabían, la verdad, si estar a setas o a roles. En realidad querían estar a todo. Querían monarquía, pero que esa monarquía fuera muy popular, muy constitucional, muy laica y manifiestamente a favor de la soberanía popular. Pero también querían mayor democracia. Y claro, es que esto no funciona así. Es que es imposible. Alguien lo definió ya en su momento como un acuerdo antinatura. No encaja. Si funciona ahora, ahora que pueda funcionar en España, en otros sitios, es porque los reyes no tienen más remedio que tragar si quieren seguir viviendo a la sopa boba. Pero aquellos mediados del siglo XX no acabó de funcionar. Resultó que el rey tenía más apego al poder del que aparentaba y que lo de la soberanía popular vale pero poco. Y cuando se le pidió que el censo electoral había que ampliarlo porque sólo podían votar los ricos, que si tan popular era, pues que votara también el pueblo, ¿No? Ah, no, eso ya no le venía el bien, porque entonces lo mismo le salía un gobierno tan republicano como lo era él antes y lo echarían del trono, o sea que soberanía popular, la justita. Hubo follón con esto y con muchas más cosas, porque la burguesía se vino muy arriba y la revolución industrial llevó a las clases bajas mucho más abajo. Por eso en 1840 desenterrar a Napoleón se convirtió en una magnífica maniobra de distracción.
B
Pero yo me pregunto, no sé, quiero decir. 20 años después de la muerte de Napoleón, ¿Su figura aún tenía tanto atractivo para los franceses como para agarrarse a eso y montar un buen espectáculo?
A
Es que es una figura muy poderosa. Y tenía más atractivo que antes. Es que estamos en pleno periodo romántico, El romanticismo. Hombre, que las emociones ya superaban la razón ilustrada. Si es que se puso todo el mundo muy intenso, vamos. Y recibieron una carta de amor con una falta de ortografía y se suicidaban prácticamente. Y aunque. Aunque Napoleón fue un grano en el culo para todo el mundo, menos para los franceses, pasado un tiempo se le despojó de todas sus pifias y se quedaron con sus hazañas. Y sobre todo, Napoleón era antiborbónico, casi tanto como yo. Y los franceses también eran antiborbónicos. Por eso tenían cierta conexión con su antiguo emperador, que ese sí había salido del pueblo. Napoleón había sido un soldado que engrandeció Francia. Añade a esto la manía que tenían los franceses a los británicos. Esos británicos que exiliaron y dejaron morir en un lugar inhóspito y alejado de todo y de todos a una de las figuras más grandes que ha tenido Francia. Con el tiempo, la leyenda de Napoleón se engrandeció. Coincidió que hasta se inauguró el mastodóntico Arco del Triunfo de París que había proyectado Napoleón, que comenzó a construirse durante su imperio. Y fíjate, acabó inaugurándose en 1836, ya con Luis Felipe de Orleans en el trono. El populachero este. Y ojo que a Luis Felipe de Orleans Napoleón le caía tan mal como le caía a los Borbones, porque también este rey era antibonapartista. Sin embargo, lo que pasa es que Luis Felipe tenía un ministro que luego fue presidente de su gobierno, Adolf Thiers se llamaba, que visto que la imagen del rey Luis Felipe de Orleans estaba cayendo en picado y que la leyenda de Napoleón crecía y crecía, convenció al rey para unir su figura a la del Bonaparte.
B
Hay que seguir el hilo de las cosas para entenderlas, pero esto es un ejercicio de pura propaganda. Muy bien, hecho, por cierto. Y de ahí lo de recuperar los restos de Napoleón, aunque hubieran pasado casi 20 años.
A
Claro, si no se dan estas circunstancias, de Napoleón pasan, hubieran pasado. Y es el presidente del gobierno, este hombre, Thiers, listo como el hambre, quien le dice a Luis Felipe, verás lo que vamos a hacer, señor Majestad. Verás, vamos a solicitar el permiso a los británicos para traer a Napoleón, lo vamos a aprobar en asamblea. Vamos a montar un numerazo con el traslado, vamos a organizar en París unos funerales como no se han visto antes. Vamos, funerales que no vas a tener ni tú cuando te mueras. Vamos a construir un sepulcro que quite lipo y lo vamos a colocar en el recinto de los inválidos, en el antiguo hospital de soldados, donde. No te lo vas a creer, señor Rey, pero van a cobrar en 2026 17,85 euros por entrar a verlo. Verás tú. Y en medio de todo esto, tú, rey mío, luciéndote, pavoneandote como campechano que eres, porque la plebe se creerá que tú has hecho posible el regreso del héroe. Los destinos del emperador Napoleón y de Luis Felipe de Orleans quedarían unidos. Y de paso así le diría é vamos a distraer a la opinión pública mejor que con una final de la Champions en la Cibeles. Ahí vamos a poner desfile, gradas en la calle, banderas, música, colorines. Todo el mundo se olvidará de esas chorradas de que voten más ciudadanos, además de los ricos y de la bronca política y de todos esos mangarranes republicanos que siguen dando la turra ahí para acabar con la monarquía. Esto, claro, todo esto entrañaba riesgos, porque la respuesta de la calle podría ser la prevista, o sea, entusiasta más no poder, o podría mira, vale, nos encanta que vuelva a Napoleón, pero no somos gilipollas y sabemos por qué lo estás trayendo precisamente ahora.
B
Ya. Lo que pasa que hemos agotado prácticamente el tiempo de hoy, o sea que nos ha. Sabremos cuál va a ser esa reacción qué mañana o qué hacemos.
A
Qué tramposa soy, de verdad. No vamos a saber eso.
B
Sembrado el camino de cositas, claro.
A
Sí, sí, sí. Tampoco vamos a saber cómo fue el traslado, pero lo sabremos. Solo decir que efectivamente, después de que Luis Felipe aprobara la propuesta de su presidente a regañadientes porque no soportaba Napoleón, Bueno, finalmente, aquel 12 de mayo de 1840 se informó a la Asamblea de Francia de que el gobierno británico había dado su permiso para el traslado de los restos de Napoleón desde Santa Elena. Lo que vino después ya es otra historia.
B
Pues ya la contaremos. Hasta mañana, Nieves.
A
Hasta hoy. La mía voz con esta voz, por favor.
B
Qué voz, qué maravilla. Un beso muy grande.
A
Gracias. Un beso. Chao. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Láser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Todo Concostrina – Acontece que no es poco Episode: 12 de mayo de 1840: Los británicos autorizan el traslado de los restos de Napoleón a París Date: May 12, 2026 Host: Nieves Concostrina
En este episodio, Nieves Concostrina examina con su característico humor e ironía la historia del llamado “retorno de Napoleón”: los motivos y las circunstancias políticas que llevaron, en 1840, casi veinte años después de su muerte en el exilio, a que el gobierno británico autorizara el traslado de los restos de Napoleón Bonaparte desde la isla de Santa Elena a París. El episodio, más allá de detallar el acontecimiento, se centra en el uso simbólico y propagandístico de la figura de Napoleón, y el papel que jugó en la política interna francesa en un periodo marcado por agitación y crisis de legitimidad, satirizando los vaivenes monárquicos y el postureo de sus protagonistas.
“Napoleón a mí me encanta.”
Llama la atención sobre su desmesura y esplendor, recordando que incluso muerto seguía siendo una figura colosal.
“No se fiaban de Napoleón ni muerto. Non, rien de rien. Non, je ne regrette rien." (03:19)
“Un revolucionario y republicano que acabe siendo rey de Francia a mí me vuela la cabeza. No parece tener mucho encaje, lógico, porque no lo tiene.” (06:52)
"Querían monarquía, pero... democrática... y claro, esto no funciona así. Es que es imposible." (08:58)
“Dejó de decirse eso del rey de Francia, ahora se decía rey de los franceses... con el postureo, todo postureo.” (08:28)
“En 1840 desenterrar a Napoleón se convirtió en una magnífica maniobra de distracción.” (10:43)
“Vamos a organizar en París unos funerales como no se han visto antes. Funerales que no vas a tener ni tú cuando te mueras. Vamos a construir un sepulcro que quite el hipo..." (13:08)
“Los destinos del emperador Napoleón y de Luis Felipe de Orleans quedarían unidos. Y de paso así distraemos a la opinión pública mejor que con una final de la Champions en la Cibeles.” (13:29)
“Sembrado el camino de cositas, claro... Tampoco vamos a saber cómo fue el traslado, pero lo sabremos.” (14:46)
El tono es irónico, desenfadado y didáctico, cargado de sarcasmo hacia los grandes nombres de la historia francesa y el mecanismo monárquico. Nieves Concostrina imprime su sello personal al analizar tramas históricas complejas y convertirlas en relatos accesibles y entretenidos, siempre cuestionando el relato oficial y poniendo en primer plano el componente humano y absurdo de los hechos.
Este episodio desmenuza el viaje póstumo de Napoleón desde Santa Elena hasta París, ilustrando cómo una operación de Estado —el traslado de unos restos ilustres— puede convertirse en un ejercicio de propaganda y distracción, mientras la sociedad francesa buscaba su camino entre monarquía, revolución y democracia real. Todo, salpicado con anécdotas, sarcasmo y una reflexión crítica sobre el poder y la construcción de los mitos nacionales.