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A
Ser podcast. En La Ventana. Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con Costrina, Cadena SER.
B
Hola, Nieves. Bienvenida un día más a la ventana. ¿Qué tal?
A
Muchas gracias, Carla. Muy bien, ¿Y tú? ¿Todo bien?
B
Muy bien, muy bien. Hoy, en nuestros paseos diarios por la historia, ya lo siento, seguimos un hilo que por desgracia vuelve a estar muy de actualidad, que es el hilo de la guerra. De las guerras en plural, diríamos, porque hay un montón, aunque normalmente solo hablaremos de dos o tres. Ayer lo pusimos en suerte y hoy lo confirmamos. Hoy ponemos el foco en cómo han cambiado las armas. Y no sólo las armas de guerra, también la logística, toda la parte tecnológica, digamos. Y el punto de inflexión, o desde luego uno de los más relevantes, si miramos atrás, tal vez haya que buscarlo en la Primera Guerra Mundial, en la Gran Guerra, esa en la que España teóricamente se mantuvo neutral. ¿Que contamos ahí? ¿No te ríes?
A
Pues sí, cómo no me voy a reír. La neutralidad de las dos guerras de España. Han sido muy graciosas las dos. Pues es que ayer dejamos un campo de melones sembrado a partir del papel de España en la Primera Guerra Mundial.
B
Mucho de donde tirar. Y lo haremos estos días, supongo.
A
Sí, sí, sí. Lo vamos a seguir. Vamos a dar mucha turra con esto. La Gran Guerra no solo puso el mundo boca abajo, también fue una revolución tecnológica. Efectivamente, lo que dices fue un punto de inflexión, pero vamos, definitivo, en toda la cuestión del armamento de guerra. Estábamos ya en el. ¿Claro, el armamento para qué va a ser si no es para guerra? Qué tontería acabo de decir. Estábamos ya en el siglo XX y se empezaron a ver cosas nunca vistas. Eran aviones de combate, armas químicas, acorazados en el mar, tanques en la tierra, submarinos, ametralladoras. Las ametralladoras existían de antes, pero no con la velocidad y el alcance de 3 kilómetros que tuvieron en la Gran Guerra. Es que el fuego de una ametralladora manejada por un tío en la Gran Guerra equivalía al daño que hacían 500 tíos con fusiles en las guerras anteriores. Es que esto fue tremendo. Y resulta que España fue el gran bazar de los países beligerantes, porque todos necesitaban de todo para fabricar esas armas. Acero, hierro, plomo, estaño, zinc, chatarra, cobre. Y otra cosa, fíjate que tuvo España, demandadísima. No eran armas de guerra, pero eran muy útiles en la guerra. Las mulas, Las mulas, las mulas. Vaya mulas de calidad que tenemos en España, señores. Estilizadas. Y además eran muy resistentes y listas. Y los burros también teníamos burros. Fetén. No suene esto a ironía, estoy hablando de verdad. Mulas y burros eran marav. Francia, sobre todo, se pirraba por las mulas españolas antes de la Gran Guerra. George Washington, el primer presidente de Estados Unidos, era admirador de los burros españoles. En el libro que mencioné ayer, el de España en la Gran Guerra, de Fernando García Sanz, el autor llama a las mulas los todoterrenos de la Primera Guerra Mundial. Es imposible saber las mulas que se exportaron desde España a británicos, italianos y franceses. Quizás unas 70.000, siendo prudentes, tirando. Y además algunas iban porque tenían un impuesto para pasar la frontera impresionante. Pero algunas pasaron de contrabando. La mayoría de esas mulas las adquirieron los franceses. Y bueno, como te decía, el trapicheo de mulas que había por los Pirineos, increíble. También te digo que el Partido Animalista se habría extinguido por un síncope colectivo de todos sus miembros.
B
Esta canción, este blues, habla de las duras condiciones de los muleros en Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XX. Una canción magnífica que cantan Lonnie Donegan y Van Morrison. Volviendo a los burros y a las mulas, otro gran cambio en la Gran Guerra fue que los caballos, que habían sido. Bueno, dejaron de ser uno de los principales activos en combate, en transporte y en todo, claro.
A
Y en unidades móviles. Las unidades móviles de la radiotelegrafía iban en caballos. Bueno, la Primera Guerra Mundial terminó mecanizada, industrializada, pero es que empezó con las tropas a caballo en 1914. Los primeros combates son con tíos a caballo, pero todo fue cambiando sobre la marcha. Al final los caballos útiles fueron los poderosos, los percherones, para acarrear armamento, tirar de cañones, tirar de lo que fuera. En total, entre burros, mulas y caballos estuvieron de servicio unos 6 millones de animales en la Gran Guerra. Por no hablar de otros tantos millones de hurones, palomas, perros. En fin, se usó de todo.
B
Palomas.
A
Es que aquella Gran Guerra fue de unas dimensiones que son. Por eso me apetecía mucho este tema, porque es que es difícil imaginar lo que fue aquello cambiaron tantas cosas. Fue tan tremenda que yo trabajando este asunto y leyendo llegué a arrepentirme de haber abierto el melón. También te digo porque hay tanto que hablemos de lo que hablemos, parece que todo se va a quedar a menos.
B
No, mujer, ya contaremos. Tenemos tiempo. No tenemos ninguna prisa.
A
No, pero menos de las. Fíjate de las armas químicas, que fue otra de las innovaciones de la Gran Guerra. Pero ya hablamos de ello Marta del Vado y yo el año pasado. El podcast el 5 de junio.
B
5 de junio. Vale. Este año el 5 de junio es viernes seguro.
A
Bueno, pues el año pasado era junio y tú no estabas porque estabas viajando para abrir la ventana en Pontevedra.
B
Mira, pero está contado.
A
Está contado con el tema de hoy de las armas. La verdad es que no sabía si hablar de cosas o de personas, si de lo que supuso la guerra desde el aire o si hablar de los que manejaban aquellos aviones. El Barón rojo. Roland Garraud. ¿Perdón? Roland Garraud. Bueno, pues este señor ya sabes tú que antes de ser un torneo de tenis fue un señor. Tampoco sé si hablar de los boquiabiertos que se quedaron cuando vieron el primer tanque en un campo de batalla o cuando otros no se pudieron creer que un submarino revolucionara la estrategia. ¿Como lo revolucionó? Es que fue increíble todo.
B
Bueno, hay que elegir y hay que ordenar. A ver, referencia que has hecho antes. Lo de los burros y George Washington.
A
Esto es gracioso. Eso fue un regalo de estado de Carlos III a George Washington. Estamos hablando del siglo XVIII. Después de conseguida la independencia, Washington se retiró a su granja y quería criar mulas, pero buscaba un buen burro semental español porque tenían mucha fama. Carlos III se enteró y pues ya le mando yo a este dos asnos, que me voy a llevar bien con él, y zamoranos, que son los mejores. Los asnos zamoranos eran. No sé si seguirán siendo, pero eran la leche. Y también le mandó un pastor, también zamorano. Uno de los burros se murió en el viaje, pero el otro llegó vivo. Y el pastor también llegó vivo. Afortunadamente, las mejores mulas estadounidenses fueron descendientes de un asno español que vivió como un rey en casa de Washington. Esas fueron las mejores mulas que hubo en estado. ¿Te acuerdas lo de las gambusias del otro día? Las de medio mundo. Descienden de aquella charca de Talayuela. Bueno, pues igual. Pero bueno, ya que el tema es la guerra, vamos a centrar el tiro y hablemos de la Gran Guerra en el aire. Por arrancar de algún sitio que una ve ahora cómo eran esos avioncitos con un tío pilotando y otro detrás disparando. Y no sé qué hay que tener en la cabeza para subirse ahí de verdad. La aviación ya existía antes de la Primera Guerra Mundial. Bueno, sólo desde 11 años antes, desde aquella experiencia de los hermanos Wright. Pero recién iniciada la guerra, En junio de 1914, alguien pensó en utilizar los
B
aviones en el combate, como ahora. Los drones exactamente igual, claro.
A
Jodido, porque bastante tenían con mantenerse allá arriba. Es más, durante las primeras semanas de la guerra, cuando se cruzaban aviones enemigos, se saludaban. Era como la camaradería en el aire. Todavía estaban tanteándose, se dedicaban a observar. Y tampoco podían hacer nada más arriba, salvo ser unos caballeros por sentirse parte del club de los aviadores. Pero el lógico avance de la guerra acabó con tanta deportividad. Si abajo se está estaban matando, arriba había que empezar a derribarse.
B
En un intento de conectar temas, estaba pensando, para responder a la pregunta de cuándo tardaron en olvidarse de la camaradería. Igual hay que volver a las ametralladoras. Me imagino que cuando se instaló la primera ametralladora en la carlinga de un avión, ahí se acabó. Se acabaron los buenos propósitos.
A
El hecho fue tan importante que tiene fecha señalada en el calendario. 15 de octubre de 1914. Cuatro meses después de iniciarse la guerra. Pero la verdad es que fueron improvisando. Antes de este día, los pilotos empezaron a apedrearse. Sí, sí, directamente le tiraban ladrillos al avión enemigo. Ladrillos. Como eran tan frágiles, un ladrillazo o una buena pedrada al fuselaje derribaba el avión. Los primeros aviones eran de madera y alambre. Y las alas, esos biplanos, estaban recubiertos de tela. Un ladrillazo rompía la tela y a la porra. Ya está, caías. Luego pasaron a disparar a pistola o con un fusil. El piloto o el copiloto llevaban una pistola normal, se ponían a la altura del otro y pum, pum, pum. Hasta aquel 15 de octubre, cuando un sargento francés y su copiloto, que sólo estaban en misión de observación, decidieron instalar, por si acaso, una ametralladora atada de mala manera. Ataron ahí como pudieron, se cruzaron con un avión alemán, que por supuesto iba desarmado. Los franceses se arrimaron, los alemanes no sospecharon nada, dispararon y al carajo. Ese fue el primer derribo en combate de la historia. Por armas, quiero decir. A las pocas semanas, todos los aviones de los países en guerra, todos, habían instalado ametralladoras. Pero claro, aquello seguía siendo ensayo. Horror. El primer derribo que hicieron los franceses del avión alemán casi fue pura chiripa, porque la imprecisión de los disparos en vuelo era altísima. Los pilotos morían sobre todo por accidentes, por maniobras bruscas, por aterrizajes, por una pedrada, porque un tormentón los tiraba abajo. Pero por disparos era muy difícil. Estamos hablando de los inicios de los combates en el aire, porque el avance tecnológico fue brutal en los cuatro años de guerra.
B
Antes ha salido, hablando de combates al erario, a relucir el nombre de Roland Garros, que puede que a muchos les sorprenda, pero que efectivamente fue un uno de los ases de la aviación en aquella gran guerra. Aunque también le gustara el tenis.
A
Quién le iba a decir a él que iba a estar en boca de todos, pero que iba a perder casi su identidad y sus méritos aéreos en beneficios del Grand Slam, que yo dije una vez hace mucho. Digo que seguramente este hombre no sabía ni por dónde se agarraba una raqueta. Pero sí, sí lo sabía. Roland Garros era aficionado al tenis, pero a Roland Garros donde le gustaba competir era allá arriba. Ese era su medio. Batía constantemente récord de altitud, se los arrebataba a sí mismo. Y también fue el primero en cruzar el Mediterráneo, y el primero en una carrera de aviones entre París y Roma. Y fue de los que contribuyó al desarrollo tecnológico de la aviación de combate. Fue junto con su mecánico. Idearon los dos, la verdad es que más el mecánico que él, idearon cómo disparar de frente en vez de de costado, blindando las hélices para que las balas rebotaran y las que pasaran entre aspa y aspa pudieran hacer blanco. Porque claro, si disparabas y daba en tus aspas, a la porra te ibas tú. Pero después de cuatro derribos firmados por Roland Garros, los alemanes capturaron su avión y le copiaron el invento. No sólo lo copiaron, sino que lo mejoraron con un sincronizador entre hélice y ametralladora. Que solo permitía el disparo cuando las balas pudieran pasar entre las.
B
Y evitarse problemas.
A
Claro. Garros, por supuesto y por estadística, acabó derribado y muerto en combate sin haber ganado un Gran Slam.
B
Lo que has hecho. Por supuesto y por estadísticas, supongo. Porque lo normal es que los pilotos palmaran en combate.
A
Lo extraordinario era sobrevivir. Eso era lo verdaderamente raro. Volar era de locos, porque los aviones eran unas tartanas. Al principio iban con la. Bueno, lo hemos visto en la peli. Aunque se iba. Y van con la cabecica al aire. Así, por fuera. Un gorrito y unas gafas. Si bajamos al terreno de lo humano y dejamos la máquina. Hay que pensar en el valor que había que tener para ser piloto. En la Gran Guerra la esperanza de vida se medía en horas de vuelo. 18 horas de vuelo era la media de lo que sobrevivía un piloto. Por eso sólo aceptaban para ser pilotos a hombres muy jóvenes y solteros. Muy jóvenes porque eran los irresponsables. Y solteros para que no tuvieran cargas familiares. Tampoco tenían interés los maduros en ser pilotos. Porque estos ya pensaban más. Y salvo los que tenían ansia viva de fama y de gloria, pues sabían que tenían un 60.70% de posibilidades de morir. Y decían qué necesidad. Eso sí, la mayoría iba con unos cuantos copazos para infundirse valor. Bebían mucho. Aquí podía decirse eso. Si no bebes, no pilotes.
B
No pilotes. Oye, una cosa. ¿Con cuántos derribos o con cuántas hazañas? Bueno, derribos. Se consideraba un piloto. Eso que llamaban un as de la aviación, que es una expresión que nació en la Gran Guerra.
A
Nació ahí, Sí. Y también con Roland Garros. Porque tras su tercer derribo, la prensa francesa lo llamó as. Y la palabra la copiaron el resto de países aliados. Para referirse a los que consiguieran cinco derribos. Tenías cinco derribos y ya eras un as de la aviación. También he dicho antes algo. He dicho algo que no es del todo cierto. Que se perdió la deportividad. No exactamente. Había un código de honor entre pilotos enemigos. Y mucho respeto. No disparar a un piloto que caía en paracaídas. No atacar cuando el avión estaba sin munición o averiado. Y eso era lo honorable. A mí me parece una chorrada. Porque el honorable no matarse. En general, los pilotos fueron. La verdad. Ese grupo fueron los pijos de aquella Gran Guerra. No se manchaban de barro las trincheras, se alojaban, Estaban cuidadísimos, se alojaban en las mansiones que se expropiaban en la guerra y se alojaban junto a las pistas de aterrizaje, con buenos vinos, todas las comodidades en esas mansiones. Pero claro, en cuanto despegaban, tenían todas las papeletas para no aterrizar de vuelta. Y no hemos hablado del más célebre de los ases de la aviación, el Barón Rojo, el alemán, que no sé yo si fue un héroe o un chulo con mucha puntería. Ya lo veremos. 80 derribos.
B
80.
A
80 derribos hasta que lo derribaron a él. Ya caerá. Nunca mejor dicho.
B
De momento, música con varón rojo.
C
Parece que anda suelta.
B
A la nieves. Hasta mañana.
A
Hasta mañana, Carla.
B
Gracias.
A
Gracias.
C
Un semáforo va a dar a luz una novia vestida de tu. Se masturba sobre un ataúd. Parece que anda suelto. Peacebu. Parece que anda suelto. Peace.
A
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D
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This episode explores the technological revolution in warfare brought by the First World War (“La Gran Guerra”), focusing on how weaponry, logistics, and even animal power transformed both the battlefield and the broader context of the conflict. Nieves Concostrina, with her trademark wit and historical anecdotes, examines Spain's unique role as a neutral supplier and dives deep into early aviation warfare.
Technological Breakthroughs (01:25)
Spain as a “Neutral Bazaar” (02:13)
The Surprising Role of Mules and Burros (02:26)
Early Days: Observation and Civility (08:25)
Escalation to Combat (09:11)
Rapid Technological Progress (10:40)
Short Life Expectancy (13:19)
Pilot Profile and Culture (13:40)
Aces’ Social Status (15:00)
The Red Baron (15:47)
The episode maintains Concostrina’s wry and lively touch—mixing sharp historic insight with humor, vivid anecdotes, and a clear passion for making history tangible and relatable.
Recommended for:
Anyone interested in how technology transformed warfare, the often-overlooked role of Spain in WWI, and intriguing stories from the pioneering days of military aviation.