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A
Ser podcast. En la ventana. Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
B
Hola, nieves, buenas tardes.
A
¿Qué tal, Marta? Buenas tardes.
B
Te llevo escuchando con Francino durante varios días hablando de la Primera Guerra Mundial, de la implicación española, esa supuesta neutralidad que tuvo España, de los personajes que se beneficiaron con esta guerra, de la revolución tecnológica en una guerra como aquella. Hoy vamos a hablar de un arma concretamente, que supuso un antes y un después en el conflicto.
A
Totalmente, totalmente. Mira, nos hemos centrado, como has dicho bien, nos hemos centrado estos últimos días en el desastroso papel de España en la Gran Guerra y en lo extraordinariamente rentable que fue para unos pocos. Pero vamos a rematar el asunto, como estamos hablando de guerra, pues vamos a rematar el asunto a tiros corresponde eso. Hablamos también de la revolución. Hablamos el otro día con Francisco de la revolución que supuso el combate en el aire, pero íbamos a bajar a tierra porque la revolución tecnológica armamentística fue increíble. Cuando se trata de matar, el ingenio humano no conoce límites. Hace un año, si no recuerdo mal, aproximadamente, tú y yo estuvimos hablando aquí de las armas químicas y todo fue por estas fechas también, o por junio, por ahí, creo recordar. Bueno, pues las armas químicas ahí se disparataron en esta gran guerra. ¿Y hubo tantas y tan constantes innovaciones tecnológicas sobre la marcha que cuando las nuevas armas llegaban a los soldados solo podían decir esto, cómo funciona esto? ¿Por dónde se dispara, dónde hay que apretar? Eran nuevas armas desarrolladas además deprisa y corriendo y que se iban mejorando a la vez que se experimentaba sobre el propio campo de batalla. Armas manejadas malamente porque los soldados habían sido adiestrados con un cusillo y a veces les explotaban a ellos mismos porque el tiro salía por la culata. Literal, literal, literal. Pero la absoluta innovación llegó con un bicharraco como no se había visto. El tanque, al que llamaron tanque porque ese era su nombre en clave para disimular, pero no era un tanque, aunque ahora un tanque ya sí es un tanque. El diccionario ya ha tenido que aceptarlo.
B
A ver, dices para disimular al tanque. Lo llamaron tanque para que pareciera que hablaban de un depósito grande para transportar agua o cualquier líquido sobre un camión
A
o un remolque claro, lo que es un tanque. ¿Esto que es? Un tanque de agua. Por eso lo llamaron tanque. Y se trataba de que el enemigo creyera que los británicos estaban fabricando tanques, depósitos de agua, y no grandes camiones blindados con un cañón encima, que es lo que llamamos carros de combate. Ahora, había que tener mucho cuidado porque se espiaban por encima de sus posibilidades. Ya contamos esto que hablábamos con Francino el otro día del avión. Contamos que cuando derribaron el avión francés. Roland Garros. Perdón, Roland Garros. ¿Cómo le puedes poner a un francés tantas r. Los alemanes lo primero que hicieron cuando capturaron el avión de Roland Garros, lo primero que hicieron fue copiar y mejorar el invento de poner una ametralladora en el morro del avión y que las balas no destrozaran las propias hélices cuando disparaban? Claro, aunque la aviación evolucionó de manera increíble durante la guerra, ya había pilotos antes, ya había gente que sabía volar, la artillería móvil, los cañones ya existían también de antes. Pero claro, respecto a esto de los cañones, un día de repente les llegaron a los belgas y a los franceses unos pepinazos de cañón que decían, pero esto no es posible, si los alemanes están lejísimos. Pero es que habían desarrollado los alemanes un cañón que alcanzaba 12 kilómetros y medio y destruían las fortificaciones con muchísima alegría y mucha soltura. También te digo que las fortificaciones eran de papel maché, algunas. Pero bueno, lo llamaron, a ese cañón de los alemanes lo llamaron el Gran Berta, en honor de la esposa del fabricante. Pero bueno, esto eran cosas que se iban descubriendo sobre la marcha, sobre algo que ya se mejoraba. Pero es que lo del tanque fue la leche, fue la absoluta novedad, nada parecido, ni que mejorara lo que ya existía. Esa cosa no la había visto nadie en la vida.
B
Y fue idea de alguien, una ocurrencia como la que tuvieron Roland Garros. Yo lo digo a la española y su mecánico blindando las hélices.
A
Sí, aquí también hubo. Siempre hay una persona, siempre hay alguien que dice oye, por cierto, fue un militar británico llamado Ernest Swinton. Este hombre, Ernesto, cuando ni siquiera imaginaba que Reino Unido se iba a ver implicado en la Gran Guerra, antes de que empezara, recibió una carta de un amigo describiéndole un tractor que se usaba en Estados Unidos para arrastrar un remolque con carga muy pesada, como con troncos de árboles, por ejemplo. Eran tractores de la empresa Holt, pero en vez de ruedas de caucho lo que tenían eran unas orugas de hierro alargadas, que eso daba mucha estabilidad y mucha fuerza. Esos tractores se usaron desde el principio de la guerra para arrastrar artillería, grandes cañones y cualquier otra carga que fuera muy pesada, o incluso se usaron para arrastrar muchos vagones de tren cuando no se podían usar locomotoras por lo que fuera, simplemente enganchaban y sostiraban. Esos bichos pesaban ocho mil kilos. El tal Holt este, la verdad es que se hizo de oro porque envió a los aliados un total de 10.000 tractores con. Con orugas a lo largo de toda la guerra. Y uno de esos tractores arrastrando un cañón es lo que vio el coronel Ernesto cuando estaba destinado en el frente occidental. Y pensó si en vez de arrastrar el cañón lo ponemos encima de un camión, y si ese camión lo hacemos muy tocho como los tractores Holt que llevan esos rodillos ahí de hierro, y si dentro pudiera ir un tío al que le refanfinflaran los disparos porque rebotarían. Bueno, ahí pensando, pensando. Entre los mayores obstáculos a salvar cuando la infantería intentaba avanzar en los campos de batalla hacia las trincheras del enemigo era atravesar unas tupidas alambradas como si fueran un muro de alambre de espino. Y esa cosa que se le ocurrió al coronel Ernesto podría aplastar los muros de alambradas y pasar por encima de las trincheras. Ernesto fue el que dio la idea. Oye, a lo mejor. A ver qué os parece esto. Pero luego hubo otros ingenieros que ya se encargaron de desarrollar en absoluto secreto aquel tra al que se referían como tanque para hacer creer que estaban construyendo tanques de agua para llevarlos a los campamentos de soldados en las primeras líneas de fuego.
B
¿Y cómo quedaron esos primeros tanques?
A
Un poquito regulares.
B
Ensayo y error.
A
Hicieron dos modelos. Al que llevaba cañón lo llamaron macho. Mira, imagina, imagino por qué. Y otro lo llamaron hembra porque llevaba ametralladoras. En este caso me tenía que explicar por qué, aunque entiendo que sería por sencilla contraposición al macho. Si hay buey, tiene que haber vaca. Y el tanque con el cañón más grande digo yo que sería el macho Alfa. Aquel bicharraco era tan pesado que avanzaba a tres kilómetros por hora, cinco como mucho. El motor tampoco tiraba bien de aquello. En fin, que los primeros tanques no es que sirvieran de mucho, pero a los que los vieron por primera vez. Bueno, eso todavía no se les ha pasado el susto.
B
¿Y cuándo y dónde los estrenaron?
A
Pues fíjate, el tanque. Aquello fue tan novedoso que lo del tanque tiene fecha concreta en el calendario. El 15 de septiembre de 1916 se vio el primer tanque durante la batalla del Somme, en la batalla en el norte de Francia. Pero a los alemanes los dejó absolutamente impactados. Salieron huyendo algunos solo con verlos. Los alemanes primero los oyeron muy a lo lejos, porque les llegaban unos desconcertantes chirridos que no se parecían a nada conocido. Y luego vieron aparecer aquellos armatostes muy feos, alargados, con forma de rombo y que efectivamente parecían tanques de agua, pero que se desplazaban entre dos cadenas articuladas que les permitían rodar. Esas eran las orugas. Eran muy lentos, muy torpes, pero pasaban por encima de las trincheras enemigas saltándoselas
B
a la torera como si fuera mantequilla.
A
Sí, sí, Aplastaban todo lo que se pusiera por delante. Las balas les resbalaban. Pero es que encima esos bichos disparaban, porque al principio creyeron que eran tractores blindados que servían para derribar las tupidas alambradas. Hasta que comprobaron que también disparaba. Los alemanes no fueron los únicos alucinados. También los británicos. Y eso que los tanques eran suyos. Pero como su fabricación fue alto secreto, casi nadie, salvo unos altos mandos y los que los iban a conducir, sabían que eso era un arma. La mayoría de los que construyeron los primeros tanques creían que estaban construyendo eso. Tanques de agua, depósitos. Está claro que los británicos que luchaban en la batalla del Somme se debieron percatar enseguida de que esos tanques eran de los suyos, porque avanzaban contra los alemanes. A ellos no les hacían nada. Y para otra cosa que servían esos tanques era para proteger el avance de las tropas. Te ponías detrás. Eran unos escudos magníficos.
B
¿Y se sabe cómo se les dio el estreno aquel primer día en la vida de un tanque?
A
Pues también reguleras. También reguleras. Aquel día se pusieron en marcha 50 tanques, pero 18 se quedaron en el camino averiados. Y no todos pudieron entrar en combate, porque también fallaron a la hora de disparar los que peor lo llevaron eran los que los conducían, porque es que el monóxido de carbono del motor envenenó a unos cuantos tripulantes. Por eso se quedaban parados los tanques, porque el conductor lo había palmado dentro. Y si no llegaban a palmar, la mezcla ahí dentro de monóxido, vapores de aceite y combustible, más el humo que dejaban los disparos, el ambiente ahí debía ser. Bueno, debía ser. Se sabe que era irrespirable. Hay que imaginar el estruendo de los disparos. Además, ahí dentro, en un sitio de metal, en el cubículo, te debía reventar la cabeza. Y la temperatura podía llegar a los 50 grados. Pero bueno, el potencial estaba claro, porque el general al mando de las tropas británicas en la batalla del Somme llamó a Londres y estos bichos son la caña. Y ya me estáis mandando inmediatamente otros mil. Y a partir de ahí, toda la tecnología de aliados y enemigos se volcó en la mejora de los carros de combate, igual que hacían con los aviones enemigos cuando capturaban alguno, que era estudiar las armas, los motores, el fuselaje, para copiar o mejorar. Pues eso mismo hicieron con el tanque. Cada ejército se puso a construir su propio tanque y a subsanar los defectos que encontraban. Los franceses fueron los más listos, que hicieron un tanquecillo más pequeño, que era más manejable. Un Renault FT, lo llamaban. Yo tuve un Renault 5 amarillo, pero sin tanque. El tanque francés tenía una torreta giratoria arriba. Y así para disparar no había que mover el tanque, sólo había que mover la torreta. Con una ametralladora arriba en la torreta. Claro, o sea que era embrague. Una señora tanque. Cet air qui m' obsède jour et nuit Cet air n' est pas né d' aujourd' hui Il vient d' aussi loin que je vien traîné par cent mille musiciens.
B
Los franceses eran los más listos, decía. Se adelantaron. Pero los chilemanes no se quedaron atrás.
A
Estamos cansados de ver los panzer y todos estos. La verdad es que en poco más de un año los británicos habían perdido la exclusiva del tanque. En abril de 1918, unos meses antes de que terminara la guerra, los alemanes ya habían fabricado sus propios acorazados, que ya dejaron de llamarse oficialmente tanques, porque ese era su nombre en clave y el que ha quedado para el lenguaje común. A los militares ya sabes que les gusta poner nombres guays que suenen a armas. Los británicos ya llamaban a sus carros de combate, los MKA Wiper. Y los alemanes los llamaron los AV, que mejoraron a los británicos y a los franceses, porque cuando los haya, ¿Sabes? Cuando los alemanes se ponen, se pone. Pero cuando pudieron desarrollar bien el tanque, la Gran Guerra ya la tenían prácticamente perdida. Así que se dedicaron a desarrollar nuevo armamento de cara a la Segunda Guerra Mundial, que Hitler tenía pensado liarnos. Porque como todo el armamento que tenían tuvieron que entregarlo, se dedicaron a investigar y fabricar nuevo. Y los alemanes sacaron lo que te decía, los famosos Panzer. Unos ligeros, otros veloces, otros pesados, cada uno con su función para cada momento de la guerra eran indestructibles. Gracias a la amiguita de los nazis, a España, la España de Franco, desde aquí se facilitó todo el wolframio que Hitler necesitaba para endurecer el acero, blindar sus acorazados y reforzar sus proyectiles. Yo creo que aquí voy a dejar ya de dar guerra de la Gran Guerra. Until the philosophy which old one race.
B
Pase lo que pase, Nieves, nunca dejes de dar guerra. Por lo menos en la cadena serí fuera. Un beso, Nieves.
A
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Date: May 28, 2026
Host: Nieves Concostrina (A), with Marta (B)
Source: SER Podcast
In this engaging episode of “Acontece que no es poco,” Nieves Concostrina dives into the technological revolution of weaponry during World War I, focusing (with both her signature wit and clarity) on the birth, development, and first use of the tank. The episode explores not just the technical and strategic innovations, but also the immediate, often chaotic, impact these novel machines had on warfare—and on the people operating them.
“Cuando se trata de matar, el ingenio humano no conoce límites.” (A, 01:21)
“Lo llamaron tanque para que pareciera que hablaban de un depósito grande para transportar agua o cualquier líquido...” (A, 02:53)
“Y si ese camión lo hacemos muy tocho como los tractores Holt que llevan esos rodillos ahí de hierro… Y si dentro pudiera ir un tío al que le refanfinflaran los disparos porque rebotarían...” (A, 05:26)
Marta: “Un poquito regulares.”
Nieves: “Ensayo y error.” (B y A, 07:36-07:40)
(08:20 – 10:04)
“Los alemanes primero los oyeron muy a lo lejos, porque les llegaban unos desconcertantes chirridos que no se parecían a nada conocido. Y luego vieron aparecer aquellos armatostes muy feos, alargados…” (A, 08:34)
“El conductor lo había palmado dentro. Y si no llegaban a palmar, la mezcla ahí dentro de monóxido, vapores de aceite y combustible más el humo... el ambiente ahí debía ser... Bueno, debía ser. Se sabe que era irrespirable…” (A, 10:22)
(10:59 – 12:23)
“Pase lo que pase, Nieves, nunca dejes de dar guerra.” (B, 14:19)
Este episodio destaca de manera amena e irónica el nacimiento del tanque como símbolo de la innovación y, a la vez, del absurdo y caos de la guerra moderna. Nieves Concostrina logra, como siempre, darle voz a la historia desde un ángulo cercano, resaltando la extrañeza y fragilidad humanas frente a los avances tecnológicos, y recordando ese constante “¿y esto… cómo funciona?” con que la mayoría experimentó la irrupción del tanque en el campo de batalla.