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Singer
Ser podcast.
Host 1
En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
Host 2
Hola Nieves, buenas tardes. Oye, no sé si tuviste ocasión de escuchar. Hace unos días vivimos una experiencia muy grata que fue la emisión de Una ventana del arte especial con Miquel del Pozo y la directora del Guggenheim de Bilbao, paseando por algunas de sus obras, la verdad es que con permiso del gran Museo egipcio que ha abierto sus puertas hace poquito en El Cairo. Yo creo que el caso del Guggenheim debe ser uno de los más potentes en la historia moderna, quiero decir, a la hora de explicar cómo una instalación cultural de este tipo puede cambiar la fisionomía, incluso el espíritu de una ciudad. Pero bueno, dicho esto, venga. Hoy viajamos unos cuantos siglos atrás para hablar de la inauguración de otro de los museos más conocidos del mundo. Y por cierto, no me río, pero que ha sido noticia hace bien poco, el Museo del Louvre en París. Es que me ha salido.
Host 1
Sí, pero cómo no hablar del Louvre. Además, alguien va a pensar que la hemos cogido Llorona. Con Enrique IV, con el primer Borbón de Francia.
Host 2
El de la cabeza, el de la.
Host 1
Cabeza que anda por ahí danzando. El calvinista, luego católico, después calvinista, luego otra vez católico. El de París bien vale una misa. Pero es que este hombre está estrechamente relacionado con el asunto de hoy. Cuando recordamos la inauguración el 18 de noviembre, que fue hoy mismo de 1793, del Museo del Louvre, aunque cuando se inauguró el museo, Enrique IV llevaba frito ya casi 200 años y ya le habían separado la cabeza del cuerpo. Ahora ordenamos esto. Ahora ordenamos esto. Lo que pasa es que además ahora mismo mencionar el Louvre pues lleva a pensar en que entrar a robar está chupado.
Host 2
Eso parece.
Host 1
Pobres, pobres. No, esto es así siempre y cuando tú tengas primero espíritu de ladrón cutre, que te crees que no te van a pillar, pero vas dejando rastro de ADN por donde pasas. Entonces, claro, lógicamente te pillan, pero robar, lo que viene a ser entrar a robar y salir con algo parece relativamente fácil. Ya robó un italiano, lo contamos en su momento, la Gioconda en 1911, se la metió debajo del gabán y salió andando por La Puerta en 1906, de 50 piezas de arte íbero, o ibero o ibérico que tenían en el Louvre apenas quedaban 20, porque el que quería echaba manio, se llevaba una. Que por cierto, Picasso estuvo pringado en uno de estos robos.
Host 2
Esto ya está, lo contamos.
Host 1
Sí, sí. También te digo que quien roba, un ladrón. Oye, pues 100 años de pérdida porque todo el arte ibérico nos lo habían mangado a nosotros. Pero bueno, en vez de cebarnos en las desgracias del Louvre, el museo más concurrido del mundo, mejor conocer su ajetreada y sangrienta historia. Bam.
Guest or Performer
Bam. Ça se plat. J' ai sur mon lit à bouffer sa langue dans du ventre en mon whisky. Quant à moi peu dormi Bû dans la gouttière où j' ai eu un.
Host 1
Flash.
Guest or Performer
En quatre couleurs.
Host 1
Allez.
Guest or Performer
Un matin une louloute est venue chez moi. Poupée de cellophane. Cheveux chinois à sparadrap Une gueule de bois Appuie ma bière dans un grand verre en caoutchouc Comme un indien dans son igloo. Ça plane pour moi.
Host 2
A ver, ¿A dónde nos vamos para tirar del hilo antes de llegar a la inauguración del Louvre como museo?
Host 1
Nos vamos muy atrás, nos Vamos al siglo XII. Siglo 12. Pero bueno, solo para decir que un rey, del que digo no digo ni el nombre porque se nos va a olvidar medio minuto, este hombre construyó una torre defensiva para defenderse de los cansinos ingleses que no paraban de atacar París. Eso fue el Louvre en sus inicios, un torreón defensivo. Luego otro rey se metió en obras para irse a vivir allí. Otro rey más amplió, otro más siguió ampliando. Y bueno, así llegamos hasta nuestro colega Enrique IV, que este es el que decide acometer un gran diseño para convertir aquella fortaleza medieval que había ido creciendo a base de ampliaciones de unos y otros, para convertirlo en un gran palacio. Dice él dice, si yo tengo que vivir aquí, yo me cargo todo vestigio del Louvre y yo lo reconstruyo. Y efectivamente reconstruyó, vamos, alicató hasta el techo. ¿Por qué? Pues para borrar la memoria del baño de sangre que se había producido en el Louvre la famosa noche de San Bartolomé en la que los católicos masacraron a los protestantes. Porque es que fue en el palacio del Louvre donde estaban alojados todos los protestantes aquel agosto de 1571, que habían ido a la boda de Enrique con Margarita, la hija de Catalina de Medici. ¿Lo tenemos reciente esto? Todos, absolutamente todos, menos Enrique, por haberse casado con la muchacha fueron asesinados todos, unos dentro del Palacio del Louvre y otros fueron obligados a salir y asesinados en la calle.
Host 2
Claro. Estoy pensando entonces que lo de vivir en el mismo palacio donde se cargaron a todos los suyos y donde él estuvo a punto de palmar igual no era lo que más le apetecía a este hombre.
Host 1
Qué mal rollo. Y además es que estaba todo igual. Eso era como entrar a la casa del Terror. Por eso, mira, yo le doy la vuelta a este palacio sin reparar en gastos, porque encima pagan los franceses. Que me lo arreglen todo. Primero dijo él quiere una gran galería que una el Louvre con el Palacio de las Tullerías. Señor, Majestad. Debieron decirle. A ver, que eso son 460 metros de galería, casi medio kilómetro. ¿Como kilómetro y medio? Yo quiero una galería. Galería. Y en la otra galería más pequeña, me la vais a decorar con los retratos de los principales reyes de Francia. Con el mío también, que sea el más gordo, para que se sepa que lo he encargado yo todo esto. El primer Borbón del trono francés. Y bueno, pues seguía metido en obras cuando Enrique IV sufrió en 1610 el atentado. Fue un católico fanático que nunca se creyó que la conversión del Borbón fuera cierta y se la cargó. Se lo cargó a Enrique IV, se lo llevaron moribundo al Louvre y allí terminó de cascar, o sea que se libró la noche de San Bartolomé de morir asesinado por los católicos en el Louvre. Pero acabó muriendo en el Louvre porque se lo cargó un católico en la calle. Pues digo yo que estaría de Dios, de alguno de sus dioses. Porque como este chaquetero cambió tanto, vete tú a saber cuál de ellos lo llamó a su seno.
Singer
Le movèle que t' apprivoiser Et c' est bien en vainquant la terre. Si lui convient de refuser rien n' y fait m' en souffrir N' a pas le bien L' autre se tait C' est l' autre que je préfère. Il n' a rien dit, mais il me plaît.
Host 2
Oye, y entonces, ¿Cuántos reyes más pasaron por el Louvre antes de pasar a ser un museo, quiero decir?
Host 1
Poca cosa ya no pasaron mucho. Un par de ellos, solo un par de ellos. Aquello como palacio estaba gafado por muchas obras que hicieran. Allí vivió Luis XIII, que era el hijo de Enrique IV. Y luego llegó el nieto, que este ya era el repollo fashion victim. Este Luis XIV, que a este todo se le hacía poco. Es verdad que completó casi todas las obras previstas y con él se cumplió el plan de los Borbones en Francia, que como siempre disparan con pólvora ajena, pues para conseguir sus caprichos. Ahí sí, el Louvre se convirtió en el palacio más suntuoso de Europa para el soberano más brillante de Europa, en la ciudad más grande y más chupi de Europa. A ver, también es cierto que el palacio de Louvre estaba bien como palacio, pero entonces se dieron cuenta de que la asquerosa plebe había ido rodeándolo con sus casas y además no había jardines, solo casas, gente molesta alrededor. Y entonces dijo Luis XIV eso aquí, aquí, aquí no hay quien viva. Y se metió en más obras. Pero en Versalles el Louvre fue abandonado a su suerte. Se fue deteriorando, porque es lo que tienen tanto las cabañas como los palacios. Si no los usas, si no lo vives, estropean. Pero no todo el mundo abandonó el Louvre y las Tullerías. No olvidemos que los dos palacios estaban unidos por esa medio kilométrica galería.
Host 2
Bueno, entonces, ¿Quién o quiénes se quedaron por allí?
Host 1
Artistas. Artistas. En determinados espacios del Louvre se alojaban muchos artistas. Los reyes no iban a comprarse cuadros a los mercadillos ni obras de arte. Contrataban pintores que iban decorando las estancias. Y esos artistas vivían allí. Y allí siguieron viviendo muchos cuando se fue Luis XIV. Artistas que fueron ocupando más espacios y que seguramente llamarían a más colegas. Oye, que aquí hay sitios de sobra y la vivienda en París está imposible. Luis XIV, visto que había tanto artista empadronado en el Louvre, empezó a crear academias allí mismo, allí dentro. La Academia Francesa, la Academia de Pintura y Escultura, la Academia de Arquitectura. Esto hay que aplaudírselo al repollo o a sus asesores, es verdad. Aprovechar aquel espacio para la cultura, que es exactamente lo contrario que hacen nuestros Borbones, incluido Felipe, tampoco hoy se van a librar. Porque es que el Palacio de Maribén, que fue legado a los ciudadanos de Baleares para museo, escuelas artísticas y servicios, lo ocupan con todo su morro Sofía, Felipe, la ciudadana Ortiz, las condecoradas Sofía y Leonor. Devuelvan Mariben, por favor. Fin de la morcilla reivindicativa. El caso es que en el Palacio del Louvre empezaron a realizarse exposiciones montadas por aquellos artistas que se quedaron. Todavía no eran exposiciones abiertas a la plebe, solo entre ellos y para ellos y para la aristocracia hasta que con Luis XVI. Situémonos. Este era el señor o de María Antonieta. Bueno, pues con Luis XVI surgió la idea de convertir el Palacio del Louvre en el Museo del Louvre. La mala noticia para Luis XVI es que se les metió una revolución por el medio. Empezaron a volar cabezas y el hombre no vio la inauguración aquel 18 de noviembre de 1793.
Singer
Les yeux qui font baisser, les miens un rire qui se perd sur sa bouche. Voilà le portrait sans retouche de l' homme auquel j' appartiens. Quand il me prend dans ses bras, qu' il me parle tout bas, Je vois la vie en rose. Il me dit des mots d', amour, des mots de tous les jours, mais moi ça fait quelque chose.
Host 2
Bueno, mala noticia para el rey, pero buena noticia para los parisinos que ya tenían museo. Algo bueno les dejó Luis XVI, que no está mal.
Host 1
Sí, sí, algo es algo. Al menos lo dejó desde su reinado. Otra cosa es que se le ocurriera a él, que yo, como no me fío de ningún rey, pues yo lo dudo mucho. Y otra cosa también es que de haber seguido con la cabeza en su sitio, Luis XVI hubiera abierto el museo al público. Siempre se atribuye a los reyes, siempre se les atribuye las ideas, las creaciones, pero luego, cuando rascas, descubres que la mayoría de las veces las instituciones culturales no nacían ni por iniciativa del rey, ni mucho menos por su empeño. La mayoría nacía gracias a sus asesores. Pero claro, pasan a la historia esas instituciones, los reyes como los artífices. Ahí tienes al mastuerzo que en todas partes aparece como el creador del Museo del Prado. Venga, hombre. Y resulta que fue su mujer, Isabel de Braganza. Los parisinos pudieron estrenar el Louvre en plena Primera República y podían entrar a verlo los sábados y los domingos. El resto de la semana el recinto, eso ya era solo para los artistas, para que siguieran creando y debatiendo. Y ahí, durante ese periodo republicano, se consolidó la idea de concentrar en aquel majestuoso recinto las mejores joyas artísticas no sólo del país, sino también de todo lo que pudieran ir espoleando por ahí por el mundo. No es que fuera esa la idea inicial, pero es que, bueno, con Napoleón no se podían hacer planes. Y este señorito espoleador estaba por llegar. Y también él quiso y tuvo que dejar su sello de grandeza imperial en el Louvre, que ya no iba a ser sólo un museo de pintura y escultura, sino también un museo de antigüedades.
Singer
Il me l' a dit l' a juré pour la vie et dès que je l'. Aperçois. Alors je sens moi mon coeur qui va con abertura.
Host 2
Territorios de las antigüedades. Hay que recordar que ahí llegó la egiptomanía, porque alguna momia metería en el Louvre, eso seguro, vamos.
Host 1
Metió todo lo que expoliaba. Se llevó todo el arte que pudo de los países que iba conquistando. No me voy a detener con todo el lío de las pinturas que salieron de España, porque esto merece capítulo aparte, pero se llevó lo más grande de Egipto, de Italia, de Grecia. Esto los franceses lo definen con el eufemismo de enriqueció las colecciones del Louvre. Bueno, que es cierto que Napo convirtió el Louvre en un escaparate mundial del arte, pero claro, quitándoselo a los demás. Este es un debate eterno y en bucle del que nunca vamos a poder salir. Es innegable que fue con Napoleón y los 167 sabios que se llevó a Egipto cuando se descubrió aquel país preislámico, aquel brillante Egipto preislámico. Pero tan cierto como que la mayor joya que encontraron en aquella campaña napoleónica en Egipto, la famosa piedra de Rosetta que permitió descifrar la escritura jeroglífica, no la tienen ellos, la tienen los británicos en su museo. Porque cuando llegaron los british para echar a los franceses de Egipto, se quedaron con la piedra. Repito lo de antes, quien roba un ladrón. La piedra de Rosetta la encontraron los franceses, se la llevaron los británicos y los egipcios aún se desgañitan reclamándola porque debería estar en el impresionante Gran Museo egipcio que acaban de inaugurar en El Cairo. Ya has dicho. Y bueno, ya que hemos dejado en suerte los museos, pues yo creo que mañana más.
Host 2
Mañana más. Nieves, tú lo has dicho.
Host 1
Muchas gracias, Carlos.
Host 2
Hasta mañana.
Host 1
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Date: November 18, 2025
Host: Nieves Concostrina (with Carlos - Host 2)
Podcast: SER Podcast
This episode of "Acontece que no es poco" is dedicated to the fascinating and tumultuous history of the Louvre Museum, marking its inauguration as a public institution on November 18, 1793. Nieves Concostrina brings her incisive, satirical tone to recount the journey of the Louvre from its origins as a medieval fortress, through royal renovations and bloody episodes, to its current role as a global cultural icon—complete with tales of theft, revolution, and imperial plundering.
True to Nieves Concostrina’s style, the narration is laced with sarcasm, wit, and a critical eye on historical figures—especially monarchs—while celebrating the cultural evolution that turned a bloody royal palace into the world’s most visited museum. There’s frequent use of humor and irreverent asides, making even the grisliest parts of history engaging and thought-provoking.
If you want a story not just of luminous art and world heritage, but also of “reyes, sangre y robos”, this episode delivers in classic Concostrina fashion—enlightening, irreverent, and sharp, with plenty of historical gems and wry observations on both the glory and the moral ambiguity of the Louvre's long history.