
Loading summary
Host
En la ventana. Acontece, que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
Marta
Nieves con costrina. Buenas tardes.
Host
Hola, buenas tardes, Marta, y feliz año.
Marta
Es verdad que no habíamos hablado. Oye, nos acontece de Nieves. Ya saben los oyentes que la Historia, con mayúsculas, es la gran protagonista. Y por cada episodio pasan personajes, algunos más ilustres que otros, políticos, politicuchos, dictadores, curas, papas, víctimas y represaliados, reyes y reinas. Mención especial y con mucha mala leche para la realeza en general, eso hay que decirlo. Pero claro, hoy, siendo el día que es, lo que toca es contar una de Reyes.
Host
Nieves, sin más remedio. Hoy toca Reyes, sin más remedio. Algo, algo, lo que sea, pero tiene que ser de reyes. Pero nos vamos a Inglaterra, que allí los Reyes Magos ni les van ni les vienen por aquellas tierras. Son más de los Windsor, los Estuardo, los Tudor. Aquí, además de aquí, tenemos a los grandes Melchor, Gaspari y Baltasar. Pero aquí la gente no se da cuenta, pero tenemos al cuarto Rey Mago de las finanzas y las comisiones, que ese sí que es un Rey Mago, y que hoy cumple 88 años viviendo a nuestra costa. Felicidades, Juan Caren, Eres un crack. Máquina. Y puede que. Pero bueno, como digo, nos vamos a Inglaterra y puede que el rey inglés más célebre, el que conoce todo el mundo, aunque sólo sea por el nombre, es el Tudor. Enrique VIII, el decapitador, el de las seis esposas, es tan decapitador que algunos sí, hombre, Quique, el que le cortó el cuello a las seis mujeres. Hombre, no, no, sólo decapitó a dos, que no es que nos parezcan pocas, pero vamos, que fueron dos, que de otras dos se divorció, otra se murió por su cuenta y otra tuvo la suerte de quedarse viuda. Evidentemente, la última, Enrique VIII. Enrique VIII era un cacho carne con ojos, un tío monstruoso, sobrepasado de peso, un tío de 1.83 de altura, tal, que mañana, 6 de enero de 1540, se casó con Ana de Cleveris, o Cleves, que también se llama, con la que no se entendía porque ella hablaba perfecto alemán, que no le gustaba ni como mujer ni como esposa, pero con la que no tuvo más remedio que casarse porque era imposible echarse atrás a última hora. Si hubiera podido, lo hubiera hecho. Lo que todavía no se entiende es ¿Cómo es posible que el pintor que metió Photoshop en el retrato de la novia salvara el cuello?
Marta
¿Y qué número hacía Ana de Cleveris en la lista de esposas de Enrique VIII? Porque a mí me suena Catalina de Aragón, que fue la primera, y Ana Bolena, que es la más peliculera, digamos.
Host
Efectivamente, esas son las que le suenan a todo el mundo. Bueno, pues hubo cuatro más. Catalina suena porque es la nuestra, la hija de los Reyes Católicos, y porque fue con la que se lió todo el follón del empeño en divorciarse, de la negativa de Roma de la separación por sus perendengues, que al final consiguió del nacimiento del anglicanismo. Ana Bolena es de la que más pelis hay, porque además fue la primera, la decapitada. La tercera fue Juana Seymour, que esta es la que se murió por su cuenta después de su primer y único parto. Y luego llegó Anna de Cleveris, la cuarta. Las otras dos fueron Catalina Howard, decapitada también, y Catalina Parr, que fue la última. La reina viuda Enrique VIII aceptó casarse con Ana de Cleveris, o Cleves, que también se llama así, solo porque la muchacha era hermana del líder de los protestantes alemanes e Inglaterra necesitaba alianzas con los luteranos del norte de Europa para por si los católicos del sur se iban a por él.
Marta
Enrique VIII había cabreado a muchísima gente al separarse de la obediencia de Roma y necesitaba aliados, claro.
Host
Necesitaba aliados en el continente. Y sobre todo había cabreado al rey del mambo de la Europa católica, al emperador Carlos V. Al rey de España. Rey de España, Carlos I Emperador Carlos V, que encima era sobrino de Catalina de Aragón, a la que había despreciado Enrique VIII, de la que se había divorciado. Si alguien se ha perdido con los parentescos, no pasa nada, ya está. Es que no había quien siguiera. Tampoco los chanchullos familiares y los cruces entre casas reales. A Catalina de Aragón la casaron con el heredero al trono de Inglaterra para sellar una alianza de los reinos de Castilla y Aragón con Inglaterra, cuando las tres coronas eran católicas. Y claro, ahora resulta que Inglaterra era protestante y al carajo el pacto. Todo se fue al guano. El caso es que Enrique VIII, protestante, anglicano, necesitaba alianzas con los protestantes luteranos, oye, por si acaso, vete tú a saber. Y por eso, cuando Enrique se queda viudo de Juana Seymour y con sólo un hijo macho y debilucho. Tenía dos hijas, dos hijas de armas tomar. Él tenía a María y a Isabel, pero él quería chicos. Necesitaba más stock de herederos porque se morían mucho antes, se morían por encima de sus posibilidades. Y claro, necesitabas tener varios por si acaso se iban cascando. Y por eso necesitaba casarse otra vez. Se planteó el matrimonio de Estado con la alemana Anna de Cleveris. Era joven, una chavala de 24 años. Pues hombre, tampoco supondría un esfuerzo sobrehumano, aunque no la conociera de nada. Lo que hizo el rey fue lo que se hacía en estos encargar un retrato para hacerse una idea de lo que se iba a encontrar. Oye, caramba, yo qué sé. Pues la muchacha no estaba nada mal, con lo cual, pues mira, miel sobre hojuela, joven, mona, tal. Inglaterra sellaba un pacto con los protestantes del continente y. Y de paso el rey se llevaba un bombón.
Marta
Pero resultó que el bombón está. Estaba muy bien envuelto, estaba retocado de más, totalmente. ¿Quién fue el pintor que metió el Photoshop?
Host
Pues uno muy reputado. Hans Holbein el Joven, alemán famosísimo. Todos conocemos pinturas suyas, aunque no sepamos que son suyas, pero en cuanto las ves y alguien te dice ah, vale, pues era de este. Pero este hombre estaba empadronado en la corte inglesa. Este era el pintor oficial de Enrique VIII. Casi todos los cuadros de aquella época eran de Holbein. Por eso no entiendo cómo salvó el cuello después de haber hecho el retrato de Ana de Cleveris, en el que quedó tan monísima. De hecho, Enrique VIII se decide por ella al verla en este retrato, que por cierto, está en el Museo del Louvre. Anna de Cleveris. El retrato de Holbein está en el Louvre porque el rey dudaba entre casarse con Anna de Cleveris o con su hermana Amalia. En realidad daba igual, solo era por el pacto, o sea que podía ser cualquiera de las dos. Y por eso le encarga los retratos a Hans Holbein para decidirse. El retrato de Ana es muy conocido, se puede buscar en Google. Es frontal, de medio cuerpo, está a todo color, lo que no sé si lo pintó en aquel momento o luego ya cuando ya se decidió por ella, lo arregló mucho más, pero a todo color. Tienes una mujer con una cara serena, una tez clara, una mirada dulce, las manos cruzadas sobre la tripa en un gesto así modosito de resignación de lo que tú quieras, mi amor. Enrique. El retrato de Amalia. Primer plano, una mirada dura, gesto serio, como a ver si con un poco de suerte no me calla a mí la breva. Y encima estaba en blanco y negro. Yo no sé si es que al pintor le cayó mal Amalia y le cayó bien la otra, o le gustaba más la otra, pero está claro que puso más cariño en un retrato que en otro. Y Enrique VIII, claro, eligió a Ana de Cleveris.
Marta
Pero ¿Qué es lo que Se encontró Enrique VIII?
Host
Pues se encontró una cara con marcas de viruela. Marcas que el pintor había eliminado. Hans Holbein afinó la carita, suavizó el rostro, la pintó más delgadita. Anna de Cleveris, para el gusto de Enrique VIII, era grandota, fea, destartalada y encima no hablaba ni papá de inglés. Aunque bueno, con la cosa de los idiomas no se ve en una pintura. Y además daba igual, porque es que no tenía nada de qué hablar. Enrique VIII avisó desde el principio que le sería muy difícil acostarse con ella porque, dijo, el cuerpo no le iba a responder. Y cierto era, porque el cuerpo no le respondió. Ana de Cleveris fue a la única de sus seis esposas a la que no le puso la mano encima, ni para bien ni para mal. Así que estaba claro que entre que Ana de Cleveris no le gustaba nada y que con ella llegó una dama de compañía muy mona llamada Catalina Howard, pues estaba cantado que al matrimonio de Enrique, que ya ana, le quedaban dos telediarios. Así fue como seis meses después de la boda, aquel 6 de enero, se divorciaron. Se divorciaron en julio y Ana de Cleveris volvió a quedarse soltera y entera. Ahora bien, momento decapitar. Había que decapitar a alguien. Alguien tenía que pagar la cagada con este matrimonio. Y la pagó el que lo propuso, Thomas Crowell.
Guest
Que la vida te dé todo lo que merezca. Que recojas un día lo que sembraste.
Marta
Ayer.
Guest
Y al menos por un instante se haga justicia en el mundo. Y que comprendas ahora lo que nunca quisiste entender.
Marta
Es lo que dices, que había que decapitar a alguien. Porque mira que decapitar al que los presentó y no decapitar al pintor que mintió en el retrato de la novia.
Host
En fin, es que te tira así. Es que Enrique VIII era impredecible. Yo qué sé, pues a lo mejor su pintor le caía bien y lo pasó por alto, ya está. Pero visto que su matrimonio había sido un fracaso, acabó rodando la cabeza del que metió prisa para que el rey se casara con Anna de Cleveris. Thomas Cromwell fue considerado el directo responsable de que aquel matrimonio saliera rana. Era un personaje el tal Thomas Cromwell. No confundirlo con el otro Cromwell de casi 100 años después, Oliver Cromwell, ese que también éste la lió muy parda y también fue decapitado. Pero a este, a Oliver Cromwell, lo decapitaron después de muerto, que duele menos. Este fue una decapitación póstuma. Thomas Cromwell fue el que presionó para sellar la alianza protestante con la familia alemana de los Cleveris. Pero al final la boda trajo malos rollos políticos dentro de la propia Inglaterra. Enrique VIII se cabreó y justo después del divorcio de Anna de Cleveris, le voló la cabeza a Cromwell en la Torre de Londres. Cuentan que el rey, además, con la mala leche que le caracterizaba, eligió para matar a Crowell, eligió un verdugo novato y adolescente para que fallara. Tres intentos tuvo que hacer, por lo.
Singer
Visto, Hasta que no me duele más.
Marta
El caso de Ana de Cleveris y el Photoshop en su retrato. Digo yo que no sería el único, ¿No?
Host
No se ha dado más veces. Se ha dado muchas veces. Pero bueno, si nos venimos a España tenemos dos Primero, cuando hubo que casar al hijo del primer Borbón, al Príncipe de Asturias, Fernando, que luego fue Fernando VI. Y segundo, también se dio otro caso con el Mastuerzo. A Fernando VI había que casarlo con la hija del rey de Portugal, con Bárbara de Bragancia. A ver, vamos a ver. Guapa, lo que se dice guapa, no era. Estamos hablando de acuerdo con los gustos de la época. Y delgada tampoco. El cutis. Un panorama igual que el de Ana de Cleveris, porque también estaba picada de viruela. Desde la corte española no hacían más que reclamar el retrato a la portuguesa. Y desde la corte portuguesa diciendo ya va, ya va, sí, sí, ya la están peinando, enseguida mandamos el retrato. Pero el retrato no llegaba. Y venga a insistir desde España que dónde coño está el retrato y venga a hacerse los locos desde Portugal. Hasta que lo mandaron con un photoshop impresionante. Mejoraron muchísimo a la joven Bárbara de Braganza. Pero vamos, ni por esas quedó bien. Cuentan que cuando el príncipe Fernando vio el retrato, lo escondió debajo del colchón porque dijo no se la podía mirar sin pena. Pero Bueno, la verdad es que estos fueron los principios, porque luego Fernando se enganchó con Bárbara, oye, y fueron felices.
Marta
Y el caso del mastuerzo de Fernando.
Host
VII, pues mira, y además viene bien para que no quede la cosa en que las feas eran ellas.
Marta
No, no, este tenía lo suyo.
Host
Tenía lo suyo. Madre mía. Pongamos el caso contrario, con el impresentable del todavía príncipe de asturias, Fernando. En 1802 hubo que buscarle novia a este mostrenco. La primera de las cuatro que hubo que encontrarle la novia iba a ser María Antonia de Nápoles. Y aquí la trampa la hizo la corte española. Cuando el reino de Nápoles pidió el retrato del príncipe para ver si convenía, o al menos para conocerlo. María Antonia recibió el consabido retrato. Y vale, no era una donis, pero bueno, no estaba mal. Ella, en cambio, era una tía alta, rubia, ojos azules, muy aparente. Y aquí nos remitimos a lo que dejó escrito la propia princesa cuando conoció a su novio. Dijo que cuando se bajó del barco en Barcelona y vio a Fernando, casi se desmaya, que se quedó espantada. Y no sólo por cuestiones de guapura, sino por lo repelente que era de aspecto, con cara de bestia, un gesto zafio y muy grosero en las maneras. Eso sí, como todo el mundo decía, era muy campechano. Tan campechano y tan zafio como su descendiente. El cumpleaños, Juan Carlos de Borbón, el suegro de la ciudadana Leticia. No me pida que me quede si me quiero ir. No me pida que. Las palabras son tan fuertes cuando son así.
Singer
Lo que no quiere oí pero es la gran verdad.
Marta
Capítulo especial de la realeza para esta tarde de Reyes. Nieves con costrina. Muchísimas gracias.
Host
Gracias a ti. Pásalo muy bien.
Singer
Igual.
Marta
Un beso.
Host
Chao. Chao, Marta.
Singer
Chao. Hasta que no me duele más.
Host
Hasta.
Singer
Que no me duele más, Hasta que no quiero llorar, Hasta que no me duele más, Hasta que no me duele más.
Host
El cariño que te tengo nunca se va a ir.
Singer
Y los recuerdos en mi mente se van a volar. Lo bonito que se queda aquí dentro.
Marta
De mí.
Singer
Y lo malo que se vaya, déjalo pasar. Y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele, y me duele. Hasta que no me duele más. Hasta que no me duele más, hasta que no puedo llorar, hasta que no me dele más, hasta que no me dele más, Hasta que no me dele más.
This episode dives into a peculiar and humorous anecdote from history: the ill-fated marriage of England’s Henry VIII to his fourth wife, Anne of Cleves, on January 6, 1540. With her trademark irreverence, Nieves Concostrina explores how politics, royal matchmaking, and some artful portrait retouching (“Photoshop,” centuries before its time) led to this disastrous union. The story expands to include other instances where royal marriages were deceived by flattered portraits—demonstrating that catfishing isn’t a new invention!
On Henry VIII’s Notoriety:
“Enrique VIII era un cacho carne con ojos, un tío monstruoso, sobrepasado de peso, un tío de 1.83 de altura...” — Nieves (01:40)
On Political Marriages:
“...necesitaba tener varios [herederos] por si acaso se iban cascando.” — Nieves (04:40)
(On the high child mortality and dynastic desperation.)
On Royal Portraits:
“Hans Holbein el Joven... estaba empadronado en la corte inglesa... No entiendo cómo salvó el cuello después de haber hecho el retrato de Ana de Cleveris...” — Nieves (06:49)
On Historical Irony:
“Alguien tenía que pagar la cagada con este matrimonio. Y la pagó el que lo propuso, Thomas Crowell.” — Nieves (09:58)
On Overusing Portrait Retouching:
“El caso de Ana de Cleveris y el Photoshop en su retrato. Digo yo que no sería el único, ¿no?” — Marta (12:15)
On Gender Equality in ‘Catfishing’:
“Además viene bien para que no quede la cosa en que las feas eran ellas.” — Marta (13:46)
“Tenía lo suyo. Madre mía.” — Nieves, on Fernando VII (13:54)
This episode uses the failed marriage of Henry VIII and Anne of Cleves to illustrate how beauty standards, political urgency, and manipulated images could ruin—or at least greatly complicate—royal plans. As Nieves wittily demonstrates, “Photoshop” might be a modern term, but image manipulation in the service of power is as old as monarchy itself.
Recommended for:
Listeners who love witty, accessible history, and who enjoy hearing the foibles of the powerful hilariously exposed.