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Nieves
Ser podcast.
Host
Hola, Nieves. Buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes. ¿Qué tal?
Host
¿Cómo estás?
Nieves
Muy bien, muy bien.
Host
Oye, Bueno, tú ya sabes, y lo sabe todo el mundo, y si no lo recordamos, que la capacidad de sorpresa del ser humano es inagotable. Tiene que ver con nuestra propia ignorancia. Claro, pero ¿Sabes qué te digo? Qué bendita ignorancia, porque así un día descubrimos cosas de las que no teníamos ni la más remota idea. Yo no puedo hacer ahora mismo una encuesta, no puedo. Pero a ver, seamos sinceros. Hay mucha gente que está escuchando la radio ahora mismo, o trabajando en la radio, que me está mirando ya con cara a ver qué va a decir este. Hay mucha gente que sepa lo que es la bucarofagia. Las cabezas se mueven a un lado y a otro. Bucarofagia. Bueno, pues sea lo que sea, forma parte de la historia. Y tú, Nieves, nos la vas a contar, ¿Verdad?
Nieves
Sí, vamos. Hoy no tiene fecha en el calendario la historia de hoy. Cualquier día de cualquier año del siglo XVII nos sirve para situar la extravagancia alimentaria que vamos a contar.
Host
Ya tenemos una pista.
Nieves
Extravagancia alimentaria por lo de Fagia. Y ya está. Ahora tenemos a los nutricionistas, fíjate, enseñándonos a cuidar la alimentación, que abandonemos la gran los azúcares añadidos. Bueno, pues a ellos los querría, pobreticos, los querría llover allá por mil seiscientos y pico, sobre todo en la primera mitad del siglo, intentando convencer a las niñas pijas de Madrid, a las Cayetanas, para que dejaran de comer barro.
Host
Perdón, ¿Barro? ¿Cómo comer barro?
Nieves
Arcilla. Sí es que era la moda. ¿Era la moda comer barro? Sí, sí, sí, era la moda. Es que es muy absurdo. La moda era liarte a bocados con los jarroncitos para mantener una tez blanquecina y gustar al mozo. Que te gu. No se asombra.
Host
El barro emblanquina la piel. Ignorancia. Veo que va más allá de lo que pensaba.
Nieves
No, no, pero eso no es ignorancia. No es una ignorancia tuya. Las ignorantes eran ellas. No es que blanquee el barro, es que lo que te provoca el barro hace que te pongas pálida. Lo vamos a ir viendo. Fíjate que nos asombramos ahora cuando nos llegan noticias de gente sin dos dedos de frente. Que hacen dietas absurdas, algunas como comerse huevos de tenia.
Host
Tampoco lo sabía.
Nieves
Sí, sí, esto fue hace unos años. Se comían los huevos para que la lombriz solitaria anidara en el intestino y adelgazar, porque claro, la solitaria se va comiendo todo lo bueno. Pues esto fue una moda tremenda. Había otra gente que comía algodón con zumo para saciarte y comer poco. El algodón se hinchaba en el estómago. Esto. Esto puede parecer fruto de la innata estupidez humana, especialmente extendida en este siglo, donde una influencer zoquete pone algo de moda y las zoquete la siguen. Pero esto de seguir una dieta de moda viene de antiguo. Y hoy hablamos de la moda de comer barro, de la bucarofagia. Yo todavía te digo de verdad que no sé cómo no nos hemos extinguido. Hago pájaros de barro y me los como. Hago pájaros de barro y los echo a volar.
Host
Por si el tiempo me.
Nieves
Arrastra a playas de seta.
Host
Pobre Manolo García, en qué fregado lo metemos de vera. Mira qué bonita esta canción de pájaros de barro. Oye, a ver, ¿De dónde viene lo de búcarofagia? De búcaro.
Nieves
A ver, búcaro en realidad es arcilla. Es arcilla, es un nombre. Pero la bucarofagia es un nombre que le dio una estudiosa de este asunto que era historiadora del arte, se llamaba Natacha Seseña. Es una mujer, una historiadora que murió en 2011 y que su especialización era la alfarería tradicional. El búcaro es tierra arcillosa que se usaba para hacer vasijas, jarras para el agua, esas típicas jarras de barro rojo que hemos visto en todas partes o los botijos. Bueno, todavía se harán. No sé si con ese tipo de arcilla, este botijo rojo se hacían con búcaro porque este tipo de arcilla conserva fresca el agua y la aromatiza. Y luego también se llaman búcaros a las jarritas propiamente dichas de un búcaro, un florero. Se puso de moda comer arcilla y masticar pequeñitos trozos de búcaros. Estaba tan extendida entre las jóvenes nobles esta moda que muchos autores lo mencionaban en sus textos como la cosa más normal del mundo. Y te leo un dicho de niña del color quebrado o tienes amor o comes barro. Es decir, quería decir la niña estaba pálida y depre por un mal de amores o porque estaba comiendo barro para estar pálida. Hasta el propio Velázquez plasmó esa moda en Las meninas con un pequeño detalle que se nos escapa la inmensa mayoría de los observadores si alguien no nos lo advierte. Lo mismo lo ha contado en algún momento Miquel del Pozo, A mí no me suena.
Host
A mí no me suena.
Nieves
Yo le sigo siempre, pero esto tampoco me suena. Pero a lo mejor lo ha mencionado alguna vez. Bueno, pues en Las meninas, la infanta Margarita, que es la niña rubita paliducha que mira de frente al espectador desde el centro de la pintura, está recibiendo de manos de la menina María Agustina Sarmiento una vasija muy pequeñita de barro de color rojo sobre una bandeja. Es lo que le está ofreciendo, pero es una vasija demasiado pequeñita. Si te paras en el detalle piensas qué le está dando en esa vasija tan diminuta, si ahí no entra ni un buchito de agua.
Host
Se supone que le está ofreciendo la vasija para que se la coma directamente.
Nieves
Para que se la coma. Los estudiosos del Siglo de Oro tienen la explicación a esta desconcertante escena, porque muy desconcertante. Diego Velázquez estaba reflejando la moda terapéutica del momento y pintó a la infanta Margarita recibiendo ese búcaro para hacerlo añicos y zampárselo como si fueran kikos. Ortega y Gasset dijo, refiriéndose a esa pintura, Las meninas, que el cuadro de Velázquez es un jeroglífico frente al que vivimos perpetuamente en la faena de su interpretación. Es que Ortega también cuando decía algo era muy sesudo, lo decía de una manera. Pero bueno, lo mismo tenía razón. El cuadro es un jeroglífico. Dada la edad de la infanta Margarita en el momento de ser retratada por Velázquez, que apenas tenía 5 años, está claro que la niña no andaba comiendo barro por coquetería, sino porque sufría anemia ferropénica, falta de hierro. Pues es así, es lo que diagnosticaron los médicos, te faltaba hierro. Esa anemia ferropénica se supone que la ingesta de barro proporcionaría los minerales que faltaban, porque la arcilla tiene aluminio y tiene hierro, y a las niñas recomendaron eso. Las jovencitas de más edad, sin embargo, se zampaban los jarroncillos por prescripción propia, automedicación, porque eso les proporcionaba una tez elegantemente blanquecina que se llevaba mucho en la época. Era una dieta muy peligrosa y muy extendida porque se puso de moda y consistía en masticar trocitos de barro, o esos trocitos, pulverizarlos, hacerlos polvo, y con eso se provocaban una. Que a eso vamos, una opilación, un atasco. De ahí que llamaran las opiladas a estas víctimas de la moda, Enfermitas todas, porque a base de tanta ingesta de arcilla acababan con el hígado hecho polvo, con las vías excretoras obstruidas, de ahí lo del atasco, anémicas, perdidas, con la menstruación alterada y lo más importante para ellas, pálidas, muy pálidas. Se ponían pálidas porque enfermaban y era eso lo que buscaban. Por supuesto, esto también es muy grande, el mercado siempre se adapta a los gustos del consumidor. Y se hacían búcaros para comérselos. Les rêves desamoureux sont comme le bon vin Ils donnent de la joie ou bien du chagrin affaibli par la faim Je suis malheureux volant en chemin tout ce que je peux car rien n' est gratuit dans la vie.
Host
Oye, ¿Y en qué se diferenciaban de los otros? ¿Un búcaro para hacer los añicos y comérselo? Pues era el aroma. A lo mejor, o le ponían algo.
Nieves
No, los saborizantes. Los alfareros mezclaban la arcilla, el barro, lo mezclaban con especias, con saborizantes y así. Bueno, pues ya que se lo van a comer.
Host
¿Tú no le diste nunca a mordisco a una goma de borrar?
Nieves
Sí, yo también, claro.
Host
A fresa. Sabían a fresa las gomas, Milan. Sí, sí, hombre, pero un mordisquito tampoco era un.
Nieves
Sí, pero sobre todo lo olías. Parecía que te colgabas oliendo la goma de borrar. Aquello era malísimo. Aunque supieran mejor, era malísimo. Y les ponía el cuerpo del revés. Ellas creían que estaban monísimas porque tenían la tez pálida, pero también estaban estreñidas y acababan con la dentadura hecha polvo. Esto sea todo mal. Así que esto de comer barro se hacía por dos bien porque te lo recetaba el médico, porque creían que si te faltaban minerales había que solucionarlo comiendo directamente esos minerales, como le ocurría a la Infanta, o bien porque las Cayetanas del Madrid barroco lo hacían voluntariamente porque era la moda estar muy blanquita. Ya te digo yo que la especie humana no aprende. No, y fíjate que aunque los dermatólogos adviertan que tomar mucho el sol tiene malas consecuencias, pues ahí tienes achicharrándose a muchos al sol, porque está de moda. Estar moreno es malo. No importa. Importa estar moreno y tenemos noticias cada dos por tres de esto de no te arrimes al precipicio para hacerte el selfie que te puedes caer. Lo importante es subir mi selfie a las redes para que la gente vea que soy imbécil. Eso es fundamental. Hace cuatro siglos se ponían malísimas por comer barro. Tampoco importaba. Importaba estar pálida.
Host
Oye, pero me encanta la palabra. ¿Pero eso estaba muy extendido o sólo se limitaba al cayetanismo, a las clases altas que decía?
Nieves
Estaba relativamente extendido, pero sobre todo en la alta sociedad. Pero sobre todo. Supongo que ocurriría como ahora, que por imitación algunos copian a los cayetanos creyendo que eso te convierte en cayetano. No tiene nada que ver. Si estaba extendida esta moda tan estúpida que una de las comedias más famosas de Lope de Vega está centrada en esto de comer barro. La obra se llama El acero de Madrid, que tiene como protagonista una supuesta opilada a una enferma por comer barro. Con ese título, El acero de Madrid, podría parecer una comedia de estas de capa y espada, porque estaba a la orden del día eso que se llamaba. Se decía cruzar aceros por cualquier bronca. Cruzar aceros era sacar las espadas, pero no se refiere a eso. La obra de Lope de Vega es una comedia de enredo, con muchos personajes, hay muchos líos amorosos, hay engaños, y todo se desarrolla en el entorno de la fuente del acero, que estaba cerca del río Manzanares. Y de esa fuente emanaban aguas aceradas, que llamaban, o ferruginosas, que supuestamente ayudaban a paliar la debilidad y la anemia que provocaba la bucarofagia.
Host
De todas formas, por lo que cuentas, me parece que los pobres médicos estaban en esa época tanto despistados porque tan pronto recomendaban comer barro para solucionar la falta de hierro, como beber agua con hierro para solucionar la anemia. Yo no sé mucho medicina, pero en fin.
Nieves
Los mismos se morían tanto antes.
Host
Prueba error.
Nieves
Te recetaban una cosa y la contraria. Creían entonces que el único tratamiento posible contra la opilación, además del más evidente y que no era otro que dejar de tragar barro, era beber las aguas ferruginosas que emanaban de esas fuentes. Las llamaban fuentes de la salud, se supone que eran aguas buenas, aguas sanas. Había varias en la ribera del Manzanares y también estaban salpicadas por las tapias de la Casa de Campo. La Casa de Campo, de esto tenemos que hablar algún día, era propiedad de los Borbones, solo era su territorio de caza, pero había en las tapias unas fuentes. La más famosa de esas fuentes era la fuente del Acero. Te leo un verso de entonces de la fuente del Acero Ve, niña, a tomar el agua, que los males que te aquejan el acero los acaba, o sea, que era una cosa muy popular, pero luego esta es otra, todo dependía de cómo se entendiese eso de tomar.
Host
El acero, o sea, tenía doble sentido, parece.
Nieves
Ese doble sentido es el que recoge Lope de Vega en su comedia El acero de Madrid. La protagonista de esta comedia es Belisa, que no es que fuera a la fuente, porque era una opilada y estreñida ella, como otras jovencitas, se hacía la enferma para poder salir de casa, beber de aquel manantial saludable y luego darse el largo paseo que prescribían los médicos para que hicieran efecto las aguas y como decían entonces, destaponaran las vías excretoras. Bueno, algunas se hacían las enfermitas para ir, un truco para salir, para pasear, dejarse ver, porque no podían ir a ninguna parte solas. A ligar, vamos, claro, a ligar. Belisa acudía a la fuente del Acero del Manzanares para encontrarse con Lisardo, que era su amante. Estamos contando la trama. Y tantos encontronazos tuvo la falsa opilada con Lisardo, que lejos de deshincharse por el estreñimiento de la opilación, de comer barro, cada vez que pasaba se hinchaba más, que eran las consecuencias del amor intenso. Bueno, a la fuente del acero iban unas a curarse, a tomar el acero como tratamiento contra la opilación por comer barro, y otras iban a ligar, a disfrutar con la dureza del acero de sus amantes. Y no digo más, lo mal que.
Carla
Estoy y lo poco que me quejo, lo mal que estoy y lo poco que me quejo. Siempre me levanto con el pie mirando al suelo, la voz muda me saluda desde lejos me regala su silencio pero yo me hago el sueco mirándome en el espe.
Host
Es mejor que no digas nada. Nada más. Efectivamente. Aquí lo dejamos, Nieves. Un beso. Hasta mañana. Adiós.
Nieves
Gracias, Carla. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Carla
Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, tengo el alma en fuerte, nai, roto el cuerpo, qué dolor que ve, nai, que tormento. Salgo a las afueras, el andar desafinado, la maleta llena de canto rodado, la sonrisa boca abajo de subir tanta escalera sin llegar a ningún lado Y la historia me critica porque siempre estoy penando. Yo les digo, pobre de aquel que oculta su llanto, Un ladrillo no sabe llorar pero tampoco lleva viene el compás. Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, Lo mal que estoy y lo poco que me quejo, Tengo el alma en cuarentena, roto el cuerpo, qué dolor, que pena, nai, que tormento. Y como me duele la vida entera. Y el médico me ha dicho que pongan entredicho la verdad más verdadera, que llegue tarde al nicho y que a cada dolor nuevo le busque un placebo. A mi burro, a mi burro le duele el amor porque nadie le quiere, solo le quiero yo. Ya mí la pena me saludo cuando más me estoy riendo de remiendo tengo lleno el corazón. A mi burro, a mi burro le duele el amor porque nadie le quiere, solo le quiero estoy. A mí la pena me saluda cuando más me estoy riendo de premiendo tengo lleno el corazón. Chimpón.
Podcast: Todo Concostrina
Host: SER Podcast
Episode: Acontece que no es poco | Bucarofagia
Date: January 31, 2024
Host: Nieves Concostrina
In this episode, Nieves Concostrina explores the peculiar, forgotten historical phenomenon of bucarofagia—the fashionable (and dangerous) custom among noblewomen in 17th-century Madrid of eating clay vessels ("búcaros") to achieve a pale complexion or for supposed health benefits. The discussion combines historical curiosity, medical misconceptions, and social commentary, all with Nieves’s characteristic humor and irreverence.
“La capacidad de sorpresa del ser humano es inagotable. Tiene que ver con nuestra propia ignorancia…”
This sets the tone for a discussion about a little-known practice: eating clay.
“…esto de seguir una dieta de moda viene de antiguo. Y hoy hablamos de la moda de comer barro, de la bucarofagia. Yo todavía te digo de verdad que no sé cómo no nos hemos extinguido.” ([02:28])
“De niña del color quebrado, o tienes amor o comes barro.” ([05:08])
(A pale girl: either from heartbreak or eating clay)
"Ellas creían que estaban monísimas porque tenían la tez pálida, pero también estaban estreñidas y acababan con la dentadura hecha polvo. Esto, o sea, todo mal." ([08:49])
Literature:
Medical "Treatments":
“Ve, niña, a tomar el agua, que los males que te aquejan el acero los acaba.” ([12:55])
Double Entendre:
On historical diet fads:
“Yo todavía te digo de verdad que no sé cómo no nos hemos extinguido.” (Nieves, [02:28])
Explaining why eating clay was attractive:
“Las jovencitas… se zampaban los jarroncillos por prescripción propia, automedicación, porque eso les proporcionaba una tez elegantemente blanquecina que se llevaba mucho en la época.” (Nieves, [06:36])
On the health impact:
“Acababan con el hígado hecho polvo, con las vías excretoras obstruidas... anémicas, perdidas, con la menstruación alterada y lo más importante para ellas, pálidas.” (Nieves, [07:22])
On class imitation:
“Supongo que ocurriría como ahora, que por imitación algunos copian a los cayetanos creyendo que eso te convierte en cayetano.” (Nieves, [10:41])
On medical advice contradictions:
“De todas formas, por lo que cuentas, me parece que los pobres médicos estaban en esa época tanto despistados porque tan pronto recomendaban comer barro para solucionar la falta de hierro, como beber agua con hierro para solucionar la anemia.” (Host, [11:46])
Literary double entendre:
“A la fuente del acero iban unas a curarse... y otras iban a ligar, a disfrutar con la dureza del acero de sus amantes. Y no digo más.” (Nieves, [14:13])
Acontece que no es poco dives into the bizarre world of bucarofagia with Nieves Concostrina’s unmistakable blend of scholarship and wit. Through historical anecdotes, cultural references (from Velázquez to Lope de Vega), and sharp contemporary parallels, the episode both amuses and informs—reminding listeners how fads, misconceptions, and pursuit of beauty have always led humans into curious (and often hazardous) behaviors.