Transcript
Nieves (0:00)
Ser podcast.
Host (0:10)
Hola, Nieves. Buenas tardes.
Nieves (0:12)
Buenas tardes. ¿Qué tal?
Host (0:13)
¿Cómo estás?
Nieves (0:14)
Muy bien, muy bien.
Host (0:15)
Oye, Bueno, tú ya sabes, y lo sabe todo el mundo, y si no lo recordamos, que la capacidad de sorpresa del ser humano es inagotable. Tiene que ver con nuestra propia ignorancia. Claro, pero ¿Sabes qué te digo? Qué bendita ignorancia, porque así un día descubrimos cosas de las que no teníamos ni la más remota idea. Yo no puedo hacer ahora mismo una encuesta, no puedo. Pero a ver, seamos sinceros. Hay mucha gente que está escuchando la radio ahora mismo, o trabajando en la radio, que me está mirando ya con cara a ver qué va a decir este. Hay mucha gente que sepa lo que es la bucarofagia. Las cabezas se mueven a un lado y a otro. Bucarofagia. Bueno, pues sea lo que sea, forma parte de la historia. Y tú, Nieves, nos la vas a contar, ¿Verdad?
Nieves (1:00)
Sí, vamos. Hoy no tiene fecha en el calendario la historia de hoy. Cualquier día de cualquier año del siglo XVII nos sirve para situar la extravagancia alimentaria que vamos a contar.
Host (1:16)
Ya tenemos una pista.
Nieves (1:17)
Extravagancia alimentaria por lo de Fagia. Y ya está. Ahora tenemos a los nutricionistas, fíjate, enseñándonos a cuidar la alimentación, que abandonemos la gran los azúcares añadidos. Bueno, pues a ellos los querría, pobreticos, los querría llover allá por mil seiscientos y pico, sobre todo en la primera mitad del siglo, intentando convencer a las niñas pijas de Madrid, a las Cayetanas, para que dejaran de comer barro.
Host (1:43)
Perdón, ¿Barro? ¿Cómo comer barro?
Nieves (1:45)
Arcilla. Sí es que era la moda. ¿Era la moda comer barro? Sí, sí, sí, era la moda. Es que es muy absurdo. La moda era liarte a bocados con los jarroncitos para mantener una tez blanquecina y gustar al mozo. Que te gu. No se asombra.
Host (2:00)
El barro emblanquina la piel. Ignorancia. Veo que va más allá de lo que pensaba.
Nieves (2:05)
No, no, pero eso no es ignorancia. No es una ignorancia tuya. Las ignorantes eran ellas. No es que blanquee el barro, es que lo que te provoca el barro hace que te pongas pálida. Lo vamos a ir viendo. Fíjate que nos asombramos ahora cuando nos llegan noticias de gente sin dos dedos de frente. Que hacen dietas absurdas, algunas como comerse huevos de tenia.
