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Cadena SER Announcer
Ser podcast.
Nieves Costrina
Estás escuchando Acontece que no es poco y yo soy Nieves con Costrina, la que te lo cuenta. Un podcast de historia para conocer, para entretenerse, para criticar, para cotillear y para lo que se tercie. Que disfrutes del episodio.
Carla
Hola, Nieves, buenas tardes, ¿Qué tal?
Nieves Costrina
Hola, muy bien. Buenas tardes, Carlas. ¿Cómo estás?
Carla
¿Tú qué person infantil querrías ser tú? ¿Infantil? He dicho infantil es la pregunta de la tarde.
Nieves Costrina
Ya, pero tienen que ser niños, ¿No? ¿O niñas?
Carla
Sí, claro.
Nieves Costrina
No, vale. Balú. Balú no, Valú.
Carla
Bueno, sí, sí, también vale. También valdría Balú Bagheera. Sí, sí, vale, vale todo. Bueno, ahora que ya sabemos esto, vamos a empezar lo nuestro. Y si te parece, vamos a empezar subrayando una obviedad. Parece que es una obviedad. No hay peores disputas que las familiares, no hay peores guerras que las civiles y no hay peores broncas que las religiosas. Incluso cuando se trata del mismo dios, de la misma base de fe, pero con miradas, con ángulos, con interpretaciones distintas, lo que sea. Hoy, en este Acontece que no es poco, vamos a recordar una de las grandes rupturas del cristianismo. Pero tampoco quiero dar más pistas, que eso de crear emoción y expectación no está reservado solo a las series. Nosotros también. Venga, va.
Nieves Costrina
Hala, vamos a por ello. También la cuestión del negocio es lo.
Carla
Que influye en esa 31 de octubre de 1517.
Nieves Costrina
Ahí está, que lo hemos titulado. Podríamos titularlo cómo Liar La Parda con 95 tesis. Hoy recordamos. Efectivamente, es un hecho muy famoso, de los que provocan una ruptura en la historia, esas fechas que quedan para siempre. Ya, pero que sin embargo, parece que no sucedió tal y como nos han contado qué ocurrió. Esto no resta en absoluto importancia al hecho en sí, pero no fue como creemos que fue. Quizás ha sido un poquito. Bueno, quizás no. Se que ha sido un poquito adornado con el paso del tiempo, porque algo tan trascendente tiene que estar rodeado de cierta escenografía para dar más fuerza a ese episodio. Voy a contar primero, si te parece, la historia adornada, la que conocemos todos, y luego con lo que parece que de verdad ocurrió. El 31 de octubre de 1517, un monje muy cabreado agarró un martillo y unos clavos, se acercó a grandes zancadas hasta la iglesia de Wittenberg, en Alemania, con las faldas Remang y las tesis apoyadas en la cadera, desenrolló el pergamino que llevaba, lo clavó en la puerta de la iglesia. Otros dicen que lo pegó con cera, que no clavó nada y lo puso justo encima, tapando otro pergamino que anunciaba la venta de indulgencias de la multinacional católica.
Carla
Esto da una pista.
Nieves Costrina
Ya, vamos. Bueno, hecho lo cual, se volvió a su convento agustino, pues mucho más desahogado el hombre. Lo imaginamos además haciendo aspavientos, consciente del pollo que iba a montar con aquellas 95 tesis escritas en aquel pergamino. 95 puntos que Martín Lutero enumeraba para quejarse, para protestar por el despiporre de Roma, por el sacacuartos de la Iglesia, por las novias de los cardenales. Esta es la historia, un poco adornada para los profanos, para nosotros, para que imaginemos una situación épica, valerosa y muy desafiante, y que le demos la importancia que tiene. Pero los expertos, los investigadores, dicen que nada de eso ocurrió, nada, que Lutero no clavó nada en ninguna puerta. Se eligió ese escenario para la posteridad, la puerta de la iglesia de Wittenberg, porque era un espacio de debate y una especie de tablón de anuncios en las puertas de las iglesias. Se hacía ahí, iba todo el mundo a ver qué se ofrecía y qué se busco. Piso, alquilo habitación para Erasmus, se venden indulgencias, el arzobispo es un chori, por ejemplo, cosas así.
Unidentified Singer/Performer
Yo vendo unos ojos, ¿Quien me los quiere comprar? Los vendo por embusteros, porque me han pagado mal. Ojos negros, traicioneros, porque me miráis así, tan alegres para otros y tan tristes para mí. Más te quise, más te amo yo, y toda la noche la paso suspirando por tu amor.
Carla
No suspires. Oye, ¿Cómo se supone entonces que fue lo del episodio de las 95 tesis?
Nieves Costrina
Pues parece que todo. Sí, sí, parece que sí. Hay otras discusiones también, que dicen que no fueron 95, que fueron 80 y tantas. Pero bueno, parece que todo fue mucho menos dramático y que se alargó un poquito más en el tiempo. De entrada, no hay testigos de la clavada del cartel. Ni siquiera el propio Lutero lo escribió, lo refirió en sus propios escritos. Lo que hizo Lutero fue cumplir en realidad con lo que debía hacer. Lo hizo bien con el protocolo y envió sus 95 proposiciones teológicas, redactadas en latín y en las que planteaba el fraude que suponía la venta de indulgencias a los pavos de los feligreses. Y se lo envió a quien debía, al arzobispo de Maguncia, a su superior. Y digo que estaban redactadas en latín porque esta es otra prueba de que no. De que parece que no pudo colgar las 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg porque allí no hablaba latín ni Dios. Eran alemanes, hablaban alemán. No entenderían ni papa en latín, porque el latín sólo lo hablaban los que estudiaban teología, no la gente de a pie. La gente no iba por Alemania hablando en alea y actaes. Lutero envió las tesis al arzobispo de Maguncia, que no hizo puñetero caso, con la intención de abrir un debate académico para que Roma se replanteara esa venta de indulgencias. Luego, mucho tiempo después, se teatralizó la historia de la clavada del cartel y también se eligió premeditadamente el día que supuestamente se hizo, el 31 de octubre, hoy. Y la fecha no se eligió a voleo porque el 31 de octubre era víspera de Todos los Santos. Y se supone que acudiría. Bueno, se supone no, porque era lo que ocurría. Acudiría mucha gente a la iglesia a venerar las reliquias. Esa era la costumbre. Lutero, se supone, trató de imped. Que dejaran de hacer la tontada esa de venerar huesos de vete tú a saber quién de muertos que sólo servían y sirven para sacar dinero a los incautos. Esa es la historia que se fabricó. Pero no hubo ni pergamino expuesto al público, ni clavada en la puerta, ni. Fue el día 31.
Carla
Pero entonces, si no las clavó en ninguna parte las tesis, y además el arzobispo tampoco, dices que hizo ni caso, ¿Cómo llegar a alcanzar tanta repercusión?
Nieves Costrina
Bueno, porque gracias a una cosa peligrosísima, ya que hoy es la cosa de los libros, una cosa que estaba recién inventa, a la que no hicieron mucho caso los que acabaron pagando las consecuencias por no calcular los riesgos de ese invento. La imprenta. La imprenta. El arzobispo no hizo caso al debate teológico que planteó Lutero. El papa de Roma tampoco hizo caso cuando Lutero también quiso plantearle lo feo que estaba eso de vender indulgencia.
Carla
Es que está feo.
Nieves Costrina
Es que está feísimo. Es una estafa como una catedral y se sigue vendiendo. León. León X era el Papa de entonces. Este era un sinvergonzón sin escrúpulos que dijo aquello de lo hemos comentado alguna dios nos ha dado el papado, disfrutémoslo. BN 16 también pisa igual Me han dado el papado. Vamos a disfrutarlo. Y como nadie hizo caso a Lutero, las tesis empezaron a publicarse y a difundirse, ya no en latín, ojo, sino en otros idiomas, sobre todo en alemán. Y esas tesis, con la imprenta, se distribuyeron por el norte de Europa y la Iglesia empezó a perder clientes. Solo cuando los dominicos, que eran los que estaban directamente implicados en la venta de indulgencias, presionaron al Papa y le oye, tío, haz algo, que este tal Lutero nos la está liando, que cada vez vendemos menos y cada vez nos miran peor. Sólo entonces el Papa León X se tomó la cosa en serio y sacó una bula condenando los escritos de Lutero. Pero tardó bastante. Pero ya era tarde. Ya era muy tarde. Tenía miles de defensores Lutero. Las protestas habían corrido como la pólvora. Lutero ya se había venido arriba y cuando le llegó la bula de condena montó una fogata, la quemó y se hizo unas chuletillas a la brasa.
Carla
Me ha encantado lo de las chuletillas a la brasa. Chuletillas a la bula serían esto. Oye, que estamos hablando de indulgencias, que yo creo que ya se entiende, pero igual no todo el mundo tiene claro exactamente qué es eso.
Nieves Costrina
Mejor lo explicamos. Ser indulgente, eso sí lo usamos más habitualmente, es tener facilidad para perdonar. Esto de perdonar lo convirtió la Iglesia en un negociazo de proporciones bíblicas con el que era muy fácil sacarle el dinero a los crédulos. El timo consistía en meter miedo a la gente con la muerte, el infierno y el purgatorio. Y cuando los tenías acogotados y acojonados, directamente les vendías unos papelitos que les borraban los pecados y les aseguraban un lugar en el cielo. Cuanto más pagaras, más pecados te perdonaban. Cuanto más dinero tuvieras, más podías pecar, porque más indulgencias podías comprar. Esto era increíble. ¿Alguien dirá pero qué clase de tonto se come este fraude? Por mucho tonto todavía se lo comen. Pero claro, ahora es muy fácil decirlo, pero en aquel entonces la gente se moría mucho y se moría muy joven. Había mucho miedo, había pestes, muchísimas enfermedades, mucho miedo a morir y mucho miedo a lo que hubiera después. La Iglesia se encargaba, aún se encarga de meter pánico, terror con el más allá para venderle a la gente la salvación. Eso era un negocio redondo. Sobre todo porque nadie puede volver después a decir oye, que es mentira, que no hay nada. En aquel siglo XVI todo el mundo andaba muy preocupado por no acabar en el purgatorio, que era un estado intermedio que se inventó la Iglesia en el siglo XIII, que esto es medieval, y que situó entre ese purgatorio, lo situó entre los otros dos inventos, entre el cielo y el infierno. Se supone que en el purgatorio había una especie de su turno, como en la charcutería, era una lista de espera para ir o al cielo o al infierno, ahí estado intermedio. El purgatorio ya lo han descatalogado, como el limbo también. Además, poco antes de dimitir Benedicto XVI recalificó el purgatorio y lo convirtió. Dijo él bueno, a ver, es que en realidad el purgatorio es una especie de estado espiritual que era como decir disimuladamente que bueno, que sí, que vale una metáfora, como dicen ellos, que el purgatorio no existe.
Carla
Oye, ¿Y quién corbaba las indulgencias? ¿Que decía? ¿Dónde iba el dinero? ¿A Roma directamente o a los arzobispos de cada lugar?
Nieves Costrina
Había una red de recaudación. Es que estaba perfectamente. Cuando digo un negocio no es un eufemismo, es que era un negocio. Estaba perfectamente organizado. Lo de las indulgencias existían desde mucho antes, porque la indulgencia es lo mismo que venga, te perdono, te perdono, pero te castigo, te rezas esto, o te vas de peregrinaje a tal lugar santo, o te arreas un par de latigazos con cuidado de que no te guste, o dejas de comer tres días, o mejor nos dejas un donativo y te ahorras el sufrimiento, que esa era la otra forma. Hasta que vamos a ver, ¿Y por qué estamos dando esto gratis o a cambio solo de unas monedillas? Y se ponen en serio a rentabilizar el ser indulgentes, el perdón. A raíz de meterse todo esto tuvo como principio que se metieron en Roma en unas obras para hacer una iglesia muy grande, muy grande, muy grande. Una iglesia por encima de sus posibilidades y que se le fue de presupuesto. San Pedro del Vaticano estaba saliendo por un pico y no había suficiente dinero. Así que hubo que inventarse algo para recaudar, vender perdones. Esas eran las indulgencias. Visto que el negocio se dio bien, pues fueron tomando nota los arzobispados de otros lugares. Por ejemplo en Maguncia, que ahí es donde se despiporraron en Alemania, fue donde el arzobispo, que se llamaba Alberto de Brandenburgo y que le este señor, antes de ser una puerta, fue un señor. Y este obispo fue el que le compró el cargo al Papa por 24.000 ducados. Pues también consiguió el permiso para vender indulgencias en su territorio. Y es que el arzobispo tenía muchísimas deudas con la banca Fugger, con la alemana, y para pagar las deudas vendía indulgencias a los pavos de los cristianos que se lo creían. El arzobispo a su vez, tenía repartidos por Alemania una red de comerciales dominicos a sueldo que se encargaban de la venta de indulgencias y de toda la recaudación. Y contra esto estalla en aquel 1517 el monje Lutero.
Carla
Pero esto digamos que fue la gota que colmó el vaso, porque antes había otras cuestiones que también hizo que todo se complicara. Muchísimas reliquias que comentabas antes.
Nieves Costrina
Claro, si es que eran varias cosas. Esto fue, digamos eso, la gotita. Lo que más le cabreaba también era el comercio de huesos humanos, los miles de santos inventados también porque decimos que estos santos y que la mitad, bueno, la mitad del 95% no existen. El celibato impuesto, las novias y los novios de los cardenales. Es que se llegó al extremo de vender indulgencias hasta por los pequeños futuros por los que aún no se habían cometido. Y dicho lo cual, no vaya a parecer esto que los protestantes luteranos eran buenos. Siguieron haciendo las mismas canalladas que sus colegas católicos. Pero bueno, desde mi punto de vista como atea militante, oye, todo lo que sea que se disperse el enemigo es una buena noticia.
Cadena SER Announcer
Felicito. Que bien actúas. De eso no me cabe duda. Con tu papel. Continúa. Te queda bien ese yo que felicita.
Carla
Bueno, Nieves, hasta el miércoles, que mañana hay carrusel de Champions. ¿Vale?
Nieves Costrina
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Cadena SER Announcer
Cadena ser, la radio.
Host: Nieves Concostrina
Guest/Co-host: Carla
Date: October 31, 2022
In this episode of Acontece que no es poco, Nieves Concostrina brings her signature wit and irreverence to dissect one of the pivotal events in Christian history: the origins of the Protestant Reformation sparked by Martin Luther's 95 Theses. The conversation debunks popular myths surrounding the dramatic narrative of Luther nailing his challenges to a church door, examines the deep-rooted corruption and commercialization within the Church at the time, and explores how the newly invented printing press supercharged the proliferation of revolutionary ideas.
On the Power of Mythmaking:
“Se teatralizó la historia de la clavada del cartel y también se eligió premeditadamente el día… el 31 de octubre, víspera de Todos los Santos.” — Nieves (05:30)
On Church Corruption:
“León X era el Papa de entonces… un sinvergonzón sin escrúpulos que dijo aquello de ‘Dios nos ha dado el papado, disfrutémoslo’.” — Nieves (07:16)
On Indulgences as a Business:
“Cuando digo un negocio no es un eufemismo, es que era un negocio. Estaba perfectamente organizado.” — Nieves (11:52)
On Exploiting Fear:
“La Iglesia se encargaba, aún se encarga de meter pánico, terror con el más allá para venderle a la gente la salvación.” — Nieves (10:32)
On Reformation’s Real Impact:
“No vaya a parecer esto que los protestantes luteranos eran buenos. Siguieron haciendo las mismas canalladas que sus colegas católicos.” — Nieves (14:25)
Nieves Concostrina unpacks the Protestant Reformation’s origin story, debunking the heroic narrative of Luther nailing his 95 Theses and exposing the intricate, profit-driven machinery of the medieval Church. The episode reveals how technological innovation (the printing press) unintentionally became a weapon against entrenched power, and how religious institutions—then and now—capitalize on fear. Concostrina’s irreverent tone, historical rigor, and skepticism toward religious power make the episode both entertaining and enlightening—a must-listen for those interested in how history is written, edited, and sometimes, simply made up.