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A
Ser podcast. En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con Costrina, Cadena SER.
B
Nieves con Costrino. Buenas tardes.
A
Buenas tardes, Marta. ¿Qué tal?
B
Muy bien, ¿Y tú?
A
Estupendamente.
B
Oye, cuando decimos que los derechos hay que defenderlos es porque los derechos y las garantías que tenemos actualmente no nos han caído del cielo, porque antes otros los han regulado, han intentado blindarlos en las constituciones, en tratados internacionales y gracias a ellos nuestras sociedades han podido prosperar y somos hoy un poquito mejores. Porque hace no tanto hubo una época en la que se trabajaba, por ejemplo, sin descanso, en la que los sueldos eran una miseria, todavía más miserables que ahora. Hoy vamos a hablar de derechos laborales, Nieves.
A
Ahí vamos, ahí vamos. Esto iba de derechos laborales, que parece un peñazo, pero no lo es. No lo es. Y se me ha ocurrido pues una tontería, pero se me ocurrió a raíz de los últimos festivos que hemos tenido. Empezamos con esto, pero me parece que te va a tocar seria a ti ya no se le va a tocar solo a Francine. Me encanta, pero es que se trata de llegar. Cuando se aprobó la ley del descanso dominical. Actualmente, cuando una festividad local coincide con un domingo, el ayuntamiento puede moverla al lunes siguiente. De la misma manera que cuando una F cae en domingo, las comunidades autónomas pueden optar por trasladarla al lunes. Eso hicieron cinco comunidades autónomas en el 12 de octubre pasado, que cayó en domingo. Bueno, pues pasaron al lunes, solo hicieron cinco. Y eso han hecho también hace un par de semanas o tres, tres o cuatro municipios de España el domingo 9 de noviembre, pasar la fiesta el lunes. Y esto es así porque está asumido que el domingo es para no trabajar. Y a los 52 domingos del año se tienen que sumar, dependiendo de la comunidad, entre 12 y 14 festivos más que los trabajadores tienen derecho a disfrutar. En total 64 días festivos al año. Pero no sé si todo el mundo sabe que a principios del siglo XIX España era el país con más fiestas de Europa. Esto era una locura de fiestas. Aquí había más de tres meses de festivos.
B
Entiendo que hablamos de festividades, no de vacaciones.
A
No, las vacaciones, vacaciones, otra cosa. No, no. En el siglo XIX no había vacaciones. Vacaciones, decían. Perdona, ¿Y cuando empezó el XX tampoco hablamos de festividades? Adivina. Por supuesto. Fiestas en honor de estatuas, Todas. Y de muñecas. A principios del XIX, a los 52 domingos había que añadir 17 fiestas de guardar más otras 20 medias fiestas en las que te dejaban trabajar pero después de ir a misa, más las fiestas de los patrones locales, que no era una o dos, podían ser siete u ocho, más las fiestas improvisadas que le salían de la peineta al obispo de turno porque había quedado con un seminarista o porque, yo qué sé, quisiera organizar una rogativa para que lloviese o para que dejara de llover. En total en España había más de tres meses en los que no se trabajaba por orden de la Iglesia. Hubo que pedirle al Papa que por favor quitara fiestas de España porque eso de hora et labora era una farsa que sólo les viene bien a la oscura que no pega el sello.
B
¿Y aceptó el Papa retirar esas fiestas de guardar para que se trabajara más y se orara menos?
A
Bueno, se lo pidió el presidente del Gobierno directamente, el general Narváez en 1867 a Pionono, que ya sabes tú que antes de ser pastelito fue un señor. Era un momento en el que se necesitaba más productividad en el país, con los trabajadores explotados pero más productivos. Y tantas fiestas no dejaban trabajar tres días seguidos. El Papa eliminó fiestas, quitó los 20 días medio festivos en los que era obligatorio ir a misa y puso a cada diócesis un solo patrón al que festejar, no tropecientos. Y las fiestas de los patrones locales hubo que trasladarlas al domingo y quitó otras dos fiestas más. En fin, España siguió teniendo más fiestas que nadie, pero al menos se alcanzó el estándar moderno de 300 días laborables al año que otros países habían alcanzado un siglo antes. Pero de repente todo se dio la vuelta en Europa, en el mundo y en España. Llegó la industria, se disparó el comercio y se necesitaba mano de obra todos los días, a todas horas. Se pasó de trabajar poco a no parar de trabajar. El empresario se volvió absolutamente insaciable. Los sueldos eran ínfimos. Y A principios del XX llegaron las grandes por subidas salariales, por reducción de jornada, por mejorar las condiciones. Pero hubo un derecho que se consiguió sin huelga, un derecho laboral que era el descanso dominical, que salió motu proprio y encima por iniciativa de un gobierno conservador. Qué loco. Qué raro. Y más raro aún que el derecho al descanso dominical le sentara fatal a una mayoría de trabajadores. A quien también le sentó fatal fue a la COE de entonces. El lema de la COE, ya sabes, de todos los siglos, es mopongo ellos mopongo a todo. A todo que no. A todo que no.
B
¿Pero desde cuándo es un derecho adquirido?
A
Este des dominical se aprobó en las Cortes en diciembre de 1903. Aprobado en las Cortes, se publicó más tarde la ley y el domingo 11 de septiembre de 1904 fue el primero en el que los españoles descansaron porque sí, los domingos obligatoriamente. Los trabajadores, más que querer un día libre completo a la semana, ellos preferían menos horas de trabajo al día. Y por supuesto, mejores salarios, menos explotación. Claro, ellos buscaban cobertura, buscaban que si un trabajador enfermaba, que sufr familia, no se quedara sin sustento, que no tuvieran que trabajar el padre, la madre y el hijo para reunir un sueldo. Absolutamente ridículo. Porque en aquel final del siglo XIX y principios del XX la situación laboral en España era absolutamente insoportable. Los obreros trabajaban en pésimas condiciones, en mitad de epidemias de tifus y tuberculosis. Había un periodista, el periodista Antonio Rovira i Virgil, que tiene la Universidad de Tarragona, lleva su nombre, escribió una frase que a algunos aquel fin de siglo les parecía el fin del mundo. Se estaba refiriendo a las asunto laboral. La deshumanización de los obreros en el trabajo llegó a tales extremos que nació un concepto en la calle, en la prensa y en la política al que llamaron muy finamente la cuestión social. Y esto era que la pobreza, la miseria, la mala calidad de vida de la clase trabajadora eran tan escandalosas que algunos intelectuales y políticos reclamaban que el Estado empezara a intervenir activamente para proteger a los trabajadores. No había leyes que prohibieran trabajar más de 11 o 12 horas, o 13 o las que fueran. El despido, por supuesto, era li no existía ninguna clase de seguridad social. Hubo muchas huelgas, pero hasta donde sé y hasta donde averiguado, no había ninguna pancarta pidiendo el descanso dominical.
B
Y entonces ¿De dónde salió la idea de concederlo? Porque alguien se lo propondría al gobierno. ¿Es quien parece?
A
Sí, Sí esto sale de un organismo gubernamental que se llamaba el Instituto de Reformas Sociales. Pero antes de esto, antes de que existiera este organismo y antes de que se propusiera, antes de legislar sobre el descanso dominical, ya se venían haciendo recomendaciones desde el gobierno central, conservador por supuesto mediante decretos, a gobernadores civiles y alcaldes para que se preocuparan de hacer observar las fiestas religiosas. Fíjate, no era por esto, sino para que fuera tenéis que atender.
B
No era por el bienestar de los.
A
Obreros exactamente, era por otra cosa. Es decir, que pusieran fácil el que no se trabajara en domingo, pero como sugerencia. Y no porque se considerara que el trabajador necesitara descanso, sino porque tenían que asistir a las magias dominicales de la carne y la sangre. Pero se oficializó el trabajo en precario, se normalizó el trabajador pobre, el que trabajaba 12 horas al día sin descanso semanal, y encima es que ni ganaba para sobrevivir. La situación se empezaba a tensar tanto, los sindicatos empezaban a asomar la patita, los obreros empezaban a organizarse, sobre todo por Europa, que a finales. Y por Estados Unidos, que a finales del XIX se creó en España una Comisión de Reformas Sociales, luego llamado de Reformas Sociales, preocupada por las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera para mejorar un poquito ante una bronca que iba creciendo y a la que se le puso eso, el nombre ese tan bonito de la cuestión social.
B
Es que la cuestión social parece un chiste, vamos, un eufemismo totalmente.
A
Era la cuestión social, en vez de decir que los estamos matando. Es un pedazo de eufemismo. La cuestión social se refería a la miseria de los trabajadores que les obligaba hasta a mendigar. Se refería a su maltrato, su analfabetismo, su explotación. Eso era la cuestión social. Y antes de que llegara la revolución empezaron a aprobar normas proteccionistas, porque vieron esto se nos puede liar. Una ley sobre los accidentes de trabajo, otra ley que obligaba a que hubiera una silla para las trabajadoras, y la ley sobre la obligación de no trabajar en domingo, que aprueba el Congreso el 12 de diciembre de 1903. Se promulgó en marzo siguiente, y el domingo 11, 11 de septiembre de 1904 fue el primer domingo que estuvo prohibido trabajar con esta ley se pusieron muy contentos, aunque por razones bien distintas. Pablo Iglesias, el fundador del sindicato UGT y la Conferencia Episcopal, que ya tendría, dijo vamos a tener más clientela en domingo. En contra, por supuesto, los empresarios que tenían que pagar lo mismo a los obreros por trabajar un día menos. No te imaginas cómo se puso la CEO de finales del 19 los debates previos a la ley del descanso dominical. No solo los debates políticos, sino sociales, en ateneos, en la prensa, por la cuestión social. Madre mía la que se lió.
B
Escuchando lo que a veces dice Garamendi en el siglo XXI, puedo imaginar lo que dirían los empresarios del XIX.
A
Más o menos. Garamendi, pues ya la lía. Hace poco dijo que Carlos Alcaraz, que el hombre es hipermillonario, nos alegramos mucho por él, Dice, hombre, que él trabaja más de 37 horas a la semana. ¿De qué nos quejamos los demás? Que tomen nota los trabajadores de lo mucho que trabaja Carlitos Alcaraz. Bueno, pues hubo un abogado ultracatólico y ultramonárquico y ultra todo, se llamaba Juan Manuel Ortiz, que cuando se denunciaba la falta de caridad ante la explotación de los trabajadores, aprovechando la resignación del pobre, dijo en un debate que decirle al empresariado cómo tenía que actuar era violar los principios de la justicia y el derecho de la propiedad. Ya sabe, eran propiedad suya los trabajadores. Y que si los obreros se veían obligados a mendigar no era tan malo, porque la religión autoriza la mendicidad y ennoblece al mendigo. Mendigar fomenta el espíritu cristiano. Y hubo otro diputado, muy católico por supuesto también, Alberto Bosc, que cuando se debatió en el Congreso limitar las horas de trabajo de mujeres y niños, dijo que ni de coña. Dijo, limitar el trabajo del niño es entorpecer la educación tecnológica y el aprendizaje. Limitar el trabajo de las mujeres es impedir que la madre realice el más hermoso de los sacrificios. El sacrificio indispensable en algunas ocasiones para mantener el hogar de la familia. Ya sabes que a Dios le gusta mucho que la gente se sacrifique por él. Bueno, pues este es el tipo de animal de bellota que llega, diputado. Y tenemos unos cuantos.
C
Es un cabrón, por eso le cantamos esta canción.
B
Pero no me queda claro, Nieves, por qué a los trabajadores no les cayó tan bien la medida del descanso dominical, entiendo que por otras razones que a la iglesia.
A
Claro, pero ¿Por qué hemos puesto el contexto? Acabaremos entendiéndolo. No les gustaba a los que curraban por horas sin contrato, porque si el domingo no podían trabajar, dejaban de cobrar. Y no les gustaba a los demás porque se aburrían, no sabían qué hacer. Así que a la taberna. Bueno, la misa era un horror, por supuesto, pero la misa también era una hora total. Los domingos eran aburridos o días de bronca en taberna y días para gastarse en vino, lo que no había que gastar porque el ocio era necesario. Pero es peligroso si no hay herramientas sociales y culturales para llenar el ocio. Con este asunto del ocio seguimos mañana, pero la buena noticia en este siglo es que el artículo 37 del Estatuto de los Trabajadores dice que los trabajadores tienen derecho a un descanso mínimo semanal de día y medio ininterrumpido, que como regla general, comprenderá la tarde del sábado y el día completo del domingo. Y la mejor, la mejor, la mejor noticia de todas es que no hay que ir a misa.
C
Mi jefe no me deja ni tomar café. Mi jefe es un vikingo, es un becerro, es un cabrón. Por eso le cantamos esta canción.
B
Gracias, Nieves. Mañana seguimos ampliando.
A
Gracias a ti.
B
Con Dios, con Zeus o con quien.
A
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Episode: Diciembre 1903: Aprobada la ley de descanso dominical, para disgusto obrero y alegría episcopal
Host: Nieves Concostrina (with Marta)
Date: November 26, 2025
Podcast: Todo Concostrina, SER Podcast
This episode delves into the origins and societal effects of the 1903 Spanish law establishing Sunday as a mandatory day of rest—the "descanso dominical." Nieves Concostrina applies her signature wit to trace how this law, which was supposed to protect labor rights, ended up displeasing workers while delighting the Church hierarchy. The discussion captures the clash between worker realities, religious interests, and fledgling social welfare reforms at the turn of the 20th century.
The episode concludes with Nieves noting the evolution of rest rights: Spanish law now guarantees a day and a half of weekly rest, typically including Sunday and half of Saturday ([13:52]). But, she wryly celebrates, unlike in 1903, nobody is required to attend mass.
This episode provides a vivid, critical, and entertaining account of why the compulsory Sunday rest was not originally the blessing we might assume—and how social and economic reforms emerge from conflict, not consensus.
Podcaster’s Note for Next Time:
Nieves hints that the theme of leisure, and the complexities it brings, will be picked up in her next episode.