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B
Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Hola, Carlas, ¿Qué tal? Buenas tardes.
B
¿Cómo vas?
A
Muy bien, muy bien.
B
Dicen que los caminos del Señor son inescrutables. Yo no tengo constancia, No sé tú, yo tengo constancia, pero sí sé que los caminos de la historia resultan prácticamente infinitos. Hay de todo. Igual te topas con una batalla, con un descubrimiento, con una aventura, con algún rey o reina haciendo las suyas, o con algún episodio donde se cruzan la realidad y la ficción, que eso también puede ocurrir. Es precisamente el caso de hoy, que tiene un titular absolutamente suculento y llamativo. El Bacillelmo de Mambrino. El bacillelmo, que casi es palabra compuesta. El bacillelmo de Mambrino. Que Mambrino ya renuncio a saber lo que es. ¿Tú lo cuentas? Venga.
A
Sí, no, claro, lo sabes de sobra. Lo que pasa es que está ahí escondido en tu memoria, porque hoy nos toca generosa, nos toca un asunto cervantino o quijotesco, según se mire, porque cuando estuvimos hablando hace un par de semanas de una cosa que no sabíamos si servía para algo, que era hablar de la evolución de los cascos en la historia, ¿Te acuerdas? Pues dije que el tema en realidad era una excusa para hablar de uno de los cascos más famosos del mundo y creo yo el más famoso de la literatura universal, puesto que el Quijote está considerado la obra cumbre de las letras castellanas y una de las más importantes del mundo por extensión, digo yo, el yelmo de Mambrino o el Bacillelmo de Mambrino, que es ese casco raro que llevaba dos, pues también tiene que ser uno de los cascos más célebres del mundo. Pero bueno, eso es lo que se supone, porque yo no lo tengo nada claro. Por eso lo quería yo contar. El Quijote es la novela más leída del mundo después de la Biblia dicen. Yo no me lo creo, porque ninguna de las dos novelas son las más leídas. Puede que sean las dos más compradas, las más editadas, las más distribuidas, pero no las más leídas, porque tenerlas hay que tenerlas. A veces por puro postureo. Me recuerda a una viñeta de Forges en la que se ve a un tipo ahí con cara de lerdo preguntándole a una chica ¿Qué lees? Y dice ya, el Quejote. Y vuelve a preguntar al chico, ¿Y de qué va?
B
Pues está bien, qué grande.
A
Pues eso es lo que yo creo que pasa con los dos libros supuestamente más leídos del mundo, que unos solo los tienen porque hay que tenerlos, otros porque les han obligado a tenerlos para venerarlos sin saber de qué van, y otros que los tienen porque quieren. Las tres cosas son válidas, No es ninguna crítica, es una exposición de hechos.
B
Tú has leído el Quijote, yo no.
A
A mí el onda que te van a dar a ti me lo dieron por una cosa que es verdad, es verdad. Y me divirtió muchísimo y mucho. Tardé en leerlo porque a mí me parecía un peñazo, hasta que. ¿Pero yo cómo me he perdido esto? En fin, bueno, todas las cosas tienen su momento. Tú habrás leído otras cosas que no he leído yo, o sea, que los dos libros más editados del mundo, la Biblia y el Quijote, son pura fantasía y los dos muy divertidos. La Biblia incluso más que el Quijote. Y para quien no sepa de qué va eso del yelmo o el bacillelmo de Mambrino, esa cosa rara que el ingenioso hidalgo llevaba en la cabeza, pues lo vamos a contar hoy.
B
A ver, empecemos por explicar qué es esto del bacillelmo. A ver, eso se llama así. Se denomina así porque el casco de DQ era una vacía de barbero.
A
Exactamente. Claro que sí. Por eso es muy loco que lo llevara en la cabeza. Era muy útil en aquella época. Los caballeros se ponían para cubrirse la cabeza. Dada la época de que hablamos, se usaba un almete, una celada, un yelmo, pero no una bacía. La bacía era un instrumento de barbero que tenía una doble para afeitar y para hacer sangrías, sangrías de las de sangrar. El recipiente cóncavo central de esa vacía servía para hacer la espuma del afeitado o para recoger la sangre de la sangría, de la flebotomía, que se llamaba, y el corte semicircular que tiene la vacía en un lado, pues era para ajustarlo en el cuello, debajo de la cara, del tipo al que el barbero fuera a afeitar. Si se iba a hacer una sangría, esa escotadura, ese corte semicircular se ajustaba al brazo, se ponía ahí, se ajustaba al brazo que se fuera a sangrar. Es que los barberos entonces valían prácticamente para todo. Un barbero te afeitaba, te arreglaba los bigotes, te sacaba una muela, te entablillaba una pierna, te intentaba arreglar una hernia. Por eso se llamaban cirujanos barberos. Y ese oficio lo conocía muy bien, muy bien Cervantes, porque su padre fue cirujano barbero, su padre se llamaba Rodrigo Cervantes y él quiso ser médico en general, como su abuelo materno, pero era sordo y esa sordera se lo impidió y por eso tuvo que conformarse con la escala inferior, que era ser cirujano barbero. Es un oficio para el que sólo había que pasar un ligero examen ante un médico. Y cuando el cirujano barbero tenía su carta de examen, que se llamaba su autorización para ejercer, pues a veces iban por los caminos, por las ventas, por los pueblos, ofreciendo sus servicios, pero también tenían su propio establecimiento.
B
En ese caso sería ese establecimiento lo que ahora se conoce como una barbería.
A
Claro, es lo mismo, cuando no estaba por los caminos, estaba quieto, pues eso era una barbería. Yo no sé si mucha gente lo sabe, pero en cuanto digamos lo que había en la puerta de un establecimiento de un cirujano barbero del siglo XVI, XVII, para que la gente supiera que eso era una barbería, pues lo mismo le suena algo muy parecido a lo que hay ahora. El instrumental que un cirujano barbero llevaba en su maletilla cuando estaba por ahí de la ceca la Meca, eran las navajas para afeitar, brocha, tijeritas, tenazas para sacar muelas, la vacía citada, lógico que era el recipiente donde se hacía la espuma, pero para hacer las sangrías también llevaba vendas, unas vendas blancas y un palo redondo que el paciente tenía que apretar fuerte para que las venas se hincharan y así la sangre fluyera mejor. Ese palo era rojo por razones obvias, porque estaba manchado de la sangre. Cuando el barbero volvía a su barbería, a su establecimiento. Colgaba el palo en la fachada o en la puerta y lo envolvía a intervalos oblicuos con una gasa blanca con las vendas que usaba para vendar los brazos sangrados. Colgar este poste rojo y blanco por las vendas acabó siendo la seña, el logotipo de las barberías y se convirtió en el símbolo del gremio de barberos cirujanos. Cuando el gremio de los cirujanos barberos se separó en barberos por un sitio y cirujanos por otro, los barberos se quedaron con el logotipo, que eran muy listos. Y en muchas barberías hoy hay un cilindro que da vuelta, claro, pues con un pomo dorado o plateado encima. Ese pomo representa la vacía y el cilindro aquel palo de los cirujanos barberos.
B
Un fragmentito del Barbero de Sevilla, ¿Verdad? Que nos conecta a la mar de bien, oye. Vale, ya tenemos lo de la bacía del barbero y lo del yelmo. ¿Y el tal Mambrino, ¿Quién fue Mambrino a todo esto?
A
Me hace muchísima gracia. A ver. Mambrino fue un rey moro que salía en una novela de caballerías que se titulaba Orlando enamorado, una de las muchas que había por ahí. Ese tal Mambrino siempre llevaba un casco, un yelmo de oro que estaba encantado, era mágico, le hacía invencible en sus aventuras. Invencible, claro. Pero hasta que Mambrino tuvo una bronca en la novela con otro caballero que se llamaba Reinaldo de Montalbán, que le quitó la vida a Mambrino y de paso le quitó el yelmo, se lo birló. La novela Orlando enamorado tuvo una segunda parte en otra novela que se tituló Orlando furioso, en la que Reinaldo de Montalbán siguió siendo invulnerable gracias al yelmo que le había robado a Mambrino. DQ se había leído todas las novelas de caballería, estaba como una regadera y. Y también quería ser invencible y quería tener un yelmo como el de Bambrino. Por eso cuando en el capítulo 21 del Quijote ve venir por el campo a un caballero sobre su caballo con algo brillante en la cabeza que él se imagina que es de oro. Ya está. Ese caballero lleva puesto el yelmo de Mambrino y se lo tengo que quitar para ser yo el invencible. El tipo que venía por el campo en realidad era un barbero que iba en burro no en caballo, y que se había puesto la bacía en la cabeza porque llovía y la vacía era de metal, de latón, y por eso relucía con el agua. Don Quijote le robó la vacía al barbero y a partir de ese momento empieza a pasearse con la vacía en la cabeza, diciéndole a todo el mundo que ese es el yelmo de Mambrino. Y esta es la conexión entre yelmo y vacía, entre Mambrino y el barbero, que uno era el caballero andante de una novela de caballerías y el otro era un barbero andarín, pues que tuvieron la buena o la mala suerte de cruzarse en el camino de Don Quijote.
B
De la Y hablando de cruzar, el nombre, el nombre compuesto del bazi Yelmo, ¿Quién se lo pone?
A
Eso se lo pone Sancho, que es el más listo de la novela, es el que le pone el nombre unos capítulos más adelante, en el 44, porque vuelven a encontrarse con el barbero y el barbero se va por ellos, porque dice que esos dos tipos, el alto y el gordo, que le había robado uno su vacía nueva que estaba sin estrenar, y el otro los aparejos del burro, la albarda que se pone sobre el lomo del burro para montar cómodo. Hay un diálogo de ese encuentro buenísimo, porque dice el barbero cuando los está acusando de haberle robado delante de la gente, Señores, así esta albarda es mía como la muerte que debo a Dios, y así la conozco como si la hubiera parido. Y ahí está mi asno en el establo que no me dejará mentir. Si no pruébensela y si no le viniere pintiparada, yo quedaré por infame. Y hay más, que el mismo día que ella se me quitó me quitaron también una bacía de azófar, de azúcar de la tor nueva, que no se había estrenado. Ahí es donde salta Don Quijote y dice que eso es el yelmo de ma. ¿Qué dice ese de vacía? Que eso es el yelmo de Mambrino, no una vacía. Y entra Sancho y dice, en eso no hay duda de que era una vacía, dice él, de que era el yelmo. Porque desde que mi señor le ganó al barbero hasta ahora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a los sin ventura encadenados a los galeotes que liberó en el campo. Y si no fuera por este bacillelmo. Ahí es cuando lo pronuncia por primera vez. No lo pasará entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance. Es decir, SP sabe que es una vacía, pero algo de mágica debe de tener, como el yelmo de Mambrino, porque es un milagro que a DQ todavía no lo hayan matado, con los follones en los que se iba metiendo y en todas las palizas que se llevaban.
B
Tenemos que dedicar un día algún acontecido a los libros de caballerías para saber si es verdad eso de que hicieron tanto daño como decían.
A
¿Oye, el próximo lunes toca también libros, como todos los lunes? Pues el lunes mismo. Y además me consta que Benjamín Prado es otro enamorado del Quijote. Este libro nos ha dado muchísimo. Insisto, tiene su momento para leerlo. No hay que leerlo por obligación nunca, porque no entra. Yo creo que todo lo que hablemos de él es poco. Bazillelmo ha quedado en el diccionario para definir además una situación caracterizada por la pretensión de integrar en uno solo elementos procedentes de alucinación y de realidad y también situación caracterizada por la pretensión de conciliar dos elementos dispares, o sea que ha entrado al diccionario. Esta palabra, bacillelmo, está en el diccionario indicando que es un término creado por Sancho Panza, Y esto es curioso, no dice creado por Miguel de Cervantes, que es el que lo pone en boca de Sancho. Es como si los dos personajes se hubieran comido al autor. Existen Don Quijote y Sancho, pero no Cervantes.
B
Pues nada, Niepes, mañana te espero después del fútbol, ¿Vale?
A
Hay fútbol, ¿No?
B
Sí, mañana hay fútbol.
A
Venga.
B
Pero te espero después, ¿Vale? Venga, un beso. Hasta luego.
A
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Date: November 16, 2022
Host: Nieves Concostrina
Produced by: SER Podcast
This episode delves into the story behind the "baciyelmo de Mambrino," an iconic and comically misunderstood object from Don Quijote—a “helmet” that is, in truth, a barber’s basin. Nieves Concostrina, with her signature witty and informal style, explores how this everyday object became legendary through a blend of history, literature, and clever wordplay. The episode unpacks the real history of barbers, the Cervantine origin of the baciyelmo, its linguistic legacy, and the collision of reality and fantasy in literature.
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For More:
Listen to the next episode for more on literary curiosities and the enduring impact of chivalric novels—always with Nieves Concostrina’s unique, playful flair.