Loading summary
A
Ser podcast.
B
Nieves Oncostrina, que sigue en Radio Bierzo. Nieves, buenas tardes. Hola.
A
Me he empadronado en el Bierzo.
B
No es mal sitio. No mal sitio para empadronarse, ni muchísimo menos. Oye, yo no sé los oyentes de La Ventana, pero yo desde luego todavía me estoy recuperando de la historia de ayer de los gorriones, del exterminio masivo de gorriones en la China, de Mao en la China comunista. Quizá por eso Nieves insiste hoy, para darle un poco de continuidad temática con otro de animales. Bueno, de animales y de animaladas. Yo diría, en ese combate eterno entre la razón y la fe, entre la ciencia y la religión, que no tendrían por qué pelearse porque son territorios distintos. Pero cuando hay lío, hay lío. Y el 30 de junio de 1860 hubo lío y de los gordos en Oxford.
A
Sí, un lío muy bonito. Además, este lío me encanta. El de hoy es otra de esas historias, de las muchas, en las que se empeña en enfrentarse a Darwin y siempre pierde. Siempre. El 30 de junio de 1860 se produjo en el Museo Universitario de Historia Natural de Oxford, en Reino Unido, un debate muy chulo entre varios señores. Aquello se conoció como el debate de la evolución en Oxford, 1860. Así ha pasado a la historia. El reto de Oxford, lo llaman otros. Fue una disputa. Iba a decir intelectual, pero no es exacto. No es correcto decir intelectual. Digamos que sólo fue un debate apasionante y entretenido. No puede ser intelectual porque una parte de los allí presentes manejaban datos, pruebas y hechos, y otra parte no tenían ni un hecho, ni una prueba, ni un dato al que agarrarse. No tenían nada. Unos enarbolaban El origen de las especies de Charles Darwin, y los otros enarbolaban la Biblia de varios autores. Unos se basaban en la ciencia y otros se basaban en la fe. Y la fe es intelectualidad multiplicada por cero.
B
Son planos distintos.
A
Aquel sábado de junio, que era sábado, en uno de los salones del museo, totalmente abarrotado de creacionistas y de evolucionistas, pues se enfrentaron dos hombres y metió baza un tercero, un tipo muy exaltado y fanático que se llamaba Robert fitzroy. Los dos debatientes eran otro no menos exaltado y más fanático aún, que era el obispo de Oxford, y otro igualmente exaltado que se llamaba Thomas Huxley. A este lo llamaban el bulldog de Darwin o el cancerbero de Darwin, porque lo defendía mordiscos avocados directamente. El caso es que ahí estaban todos tremendamente saltados, pero la razón la tenía el, que la tenía el bulldog de Darwin. Y tenía la razón porque el tiempo le ha dado la razón y la ciencia lo ha ratificado.
B
Por la fecha que hemos comentado, 30 de junio de 1860. Estaba en pleno apogeo la teoría de la evolución.
A
No, Claro, totalmente. Es que acababa de publicarse un año antes, ¿No? Claro, el libro era de 1859. Finales de 1859 salió y en enero de 1860 ya hubo que reeditar 3.000 ejemplares porque aquello me lo quitan de las manos. Me lo quitan de las manos. Fue la locura. Y volvió a agotarse enseguida. Y en plena euforia se organizó el debate de Oxford, porque estaban todos de cabeza, estaban todos volteados con lo de Darwin. A los teólogos más liberales ya no les encajaba el relato bíblico y se sentían incapaces de defenderlo. Pero también había presuntos científicos que se resistían a aceptar que el mundo no era lo que contaba la novela que decíamos el otro día. Si aparecía un fósil enorme, no eran los testículos fosilizados de un gigante bíblico, eran de un dinosaurio, como luego se demostró que estaban en la Tierra mucho antes que Dios. Cuando sale el libro de Darwin, estábamos en la segunda mitad del siglo XIX y la gente ya quería saber. La gente ya estaba en plan mucho más curioso. Ya no colaba la estupidez del barro y la costillita para una parte de la gente. Que por cierto, hace muy poco que Es que hay una. Tengo que averiguar esto más despacio, pero hay una iglesia en un pueblo de Navarra. Sí, sí, sí. Bueno, pues no te digo cuál porque tengo que averiguar y no quiero levantar la liebre, pero tengo que conseguir verlo. El cura enseña como reliquia que conservan ahí barro con el que Dios fabricó a Adán. Yo eso tengo que conseguir verlo como sea. No sé cómo lo voy a hacer, pero tengo que verlo. Tengo que hacerme pasar por católica fundamentalista, pero yo tengo que verlo. Bueno, el caso es que a raíz de la publicación del origen de las especies. La discusión fue subiendo de tono. En tertulias de café, en salones, en sociedades científicas, en las universidades. Y ya ni te cuento en los púlpitos. Ahí ya estaban disparatados. Estaban de los nervios. Había pánico al mono. Tenían pánico al mono. Se les caía todo el tinglado abajo. Y fue entonces cuando alguien planteó oye, ¿Y si hacemos una reunión pública y discutimos a ver quién se lleva el gato al agua? Y ahí es cuando se organizó el debate de Oxford, aquel 30 de.
B
Has mencionado antes al científico, al gacerbero de Darwin. Pero no a Darwin porque no fuera el debate.
A
Estaba malito, estaba enfermo.
B
Baja por lesión.
A
Siempre estaba enfermo Darwin. De hecho, hay una enfermedad que se conoce por su nombre, la enfermedad de Darwin. Porque sí es que no se sabía qué tenía, pero le pasaba de todo. Tenía de todo y no tenía de nada. Tenía fatiga extrema, tenía palpitaciones, tenía dolor de pecho, estaba mal del estómago. Y así se tiró toda su vida. Pero no había un diagnóstico para nada para defender la teoría de la evolución. Por eso acudí Thomas Henry Huxley, que era un científico de 35 años y estaba considerado el zoólogo británico más brillante. Era un tipo brillantísimo. Y enfrente tenía a varios torpes que es que no sabían dar un maldito argumento. Uno de ellos era, y sobre todo con el que discutió, era el obispo de Oxford. Este tipo se llamaba Samuel Wilberforce, pero todos lo conocían como Sam el Jabonoso.
B
Jabonoso.
A
Bueno, pues al parecer este hombre estaba obsesionado con quedar bien con todo el mundo. Menos con Huxley, claro. Era un suavón. Era un tipo baboso, directamente. Bueno, pues le llamaban eso. Entre estos dos se dio la bronca más gorda. Pero el tercero en discordia tiene guaça. Tiene guasa, porque era Robert fitzroy el que mencionó al principio que estaba disparatado. Estaba de los nervios y muy cabreado. Y durante el debate no hacía más que levantar la Biblia por encima de su cabeza delante de todo el mundo, gritando a los presentes en el creed en Dios, no en los hombres. Creed en Dios, no en los hombres. Así se tiró todo el debate. Y digo que tiene guasa porque es que este tipo fue el comandante del Beagle. Fue el jefe de la expedición que 30 años antes había llevado al joven científico Charles Darwin alrededor del mundo. Y debo estar loco al atormentarme sin haber razón, pero voy a luchar hasta arrancar esta ingrata mentira de mi corazón.
B
¿Pero que le molestaba tanto a este hombre? Estaba cabreado por. No sé, por haber contribuido sin querer a que el trabajo de Darwin saliera adelante. ¿Era por eso?
A
Claro, hombre, es que él. Sin querer, él le lleva al gran viaje de donde Darwin saca toda su teoría, donde va confirmando todas sus sospechas. Entonces, claro, él se siente muy culpable y él era un creyente inquebrantable. Dijo que se sentía traicionado por aquel maldito pasajero que acababa de publicar aquel maldito libro que ponía en duda la creación divina. Y lo peor es que se sentía culpable de la blasfemia evolucionista por haber llevado a Darwin a bordo de su barco. Es una pena que no exista una transcripción de aquel debate de Oxford, pero sí se sabe todo lo que ocurrió porque muchos asistentes dejaron escritos. Hubo artículos, se publicaron muchísimos artículos en prensa. Es que está considerado uno de los más importantes debates científicos de la histor.
B
Debió ser muy interesante.
A
Aquello fue la leche. ¿Entre los momentos más espectaculares y que más se recoge en todas partes, es cuando Sam el Jabonoso, el obispo de Oxford, quiso hacerse el gracioso con el zoólogo Huxley y le preguntó en un momento del debate que si tan convencido estaba de que el hombre descendía del mono, de dónde venía su descendencia? Le preguntó si descendía del mono por línea paterna o por línea materna. Huxley respondió que prefería descender del mono antes que de un hombre como el obispo.
B
Tampoco se quedó corto la respuesta, pero.
A
Fíjate que esto lo he resumido mucho, pero como este era científico y era británico, se puso muy estupendo y empleó mejor oratoria para darle un guantazo al obispo con la mano abierta. Porque le si la cuestión es si prefiero tener por abuelo a un triste mono o a un hombre magníficamente dotado por la naturaleza y de gran influencia que emplea esas facultades y esa influencia para el simple propósito de introducir el ridículo en una seria discusión científica, sin duda afirmo mi preferencia por el mono.
B
Toma, vuelve a por más. Vuelga por más. No está mal.
A
Buenísimo.
B
Oye, y el debate este de Oxford, ¿Qué repercusión tuvo por aquel entonces?
A
Tremendo. De entrada, fue un impulso tremendo a la teoría de la evolución de Darwin. Primero porque el obispo hizo un ridículo espantoso sin un argumento que dar salvo lo que decía la novela bíblica. Segundo, porque Huxley estuvo brillante y contundente en todos sus planteamientos. Y tercero, porque el debate se celebró en un lugar abierto al público. Por eso no solo se propagó por toda Inglaterra lo sucedido aquel sábado 30 de junio en aquella sala del Museo de Historia Natural. Es que aquello trascendió a todo el mundo. Se corrió por todas partes. Si eso se llega a haber celebrado ese debate en una institución más cerrada, por ejemplo en la Real Sociedad Científica de Londres, esto no habría trascendido lo mismo. Porque los de la Real Sociedad eran unos casposos elitistas y muy clasistas. La ciencia era para ellos y hablaban entre ellos. Sí, que trascendiera, nada más. Pero ya existía. Lo bueno es que ya existía desde 1830 en Londres una asociación que se llamaba Asociación para el Avance de las Ciencias que se empeñó en abrir el debate a científicos y aficionados para acercar la ciencia a la sociedad. Claro, era para que todo el mundo tuviera acceso a esos conocimientos. Esta asociación es la que organizó el debate en Oxford. Por eso trascendió todo lo dicho, porque las revistas científicas y los periódicos tuvieron acceso y pudieron publicar. El aforo de aquella sala se reventó. Se reventó en el debate. Tuvieron que cambiar de sala a última hora porque es que llegaron, se calculan, unas mil personas y aquello estaban como piojos en costura, que decían. Y a la pasión de aquel debate además había que añadir el ambiente cargadísimo por la gente. Estamos a 30 de junio y como llevaban todas esas capas de ropajes, hubo desmayos de algunas señoras. Y los desmayos también salieron en los periódicos.
B
Que por cierto, buena noticia que pudieron asistir mujeres a esas reuniones científicas porque antes no se podía.
A
Claro, es que esa fue otra de las ventajas de esa asociación británica que no hubiera sido posible en la Real Sociedad Científica. La que se desmayó fue Lady Brewster, pero bueno, no saben si por el calor o porque le dio un soponcio al conocer que entre sus antepasados había un chimpancé. No está claro. Y mientras el comandante del Beagle seguía agitando su Biblia y gritando que en ella estaban todas las respuestas. Las respuestas están. Claro que están. Pero todas son mentiras. Aquel debate de creacionistas contra evolucionistas lo ganó la ciencia, evidentemente. Porque los creacionistas tienen mucha fe. Es verdad. Y los evolucionistas solo tienen pruebas. Suscríbete Acontece que no es poco. Todos los episodios y contenidos adicionales en la app de Cadena Ser y en nuestros canales de Apple Podcast, Spotify, iVoox, Google Podcast y YouTube. Escúchanos en directo en la SER de lunes a jueves a las 7 de la tarde. Cadena Ser, La radio.
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (with interview partner)
Episode: Acontece que no es poco | El debate de la evolución en Oxford
Date: June 30, 2022
Theme: A lively historical recounting of the famous 1860 Oxford debate between supporters of Charles Darwin’s theory of evolution and proponents of creationism.
This episode focuses on the legendary Oxford debate of 1860, a pivotal moment in the clash between science and religion. Nieves Concostrina, in her signature humorous and irreverent style, delves into the details and colorful personalities involved in public discussions following the publication of Darwin's On the Origin of Species.
Quote:
"En uno de los salones del museo, totalmente abarrotado de creacionistas y de evolucionistas, pues se enfrentaron dos hombres y metió baza un tercero, un tipo muy exaltado y fanático que se llamaba Robert Fitzroy."
— Nieves Concostrina (02:05)
Quote:
"La razón la tenía el bulldog de Darwin. Y tenía la razón porque el tiempo le ha dado la razón y la ciencia lo ha ratificado."
— Nieves Concostrina (02:50)
Quote:
"Había pánico al mono. Tenían pánico al mono. Se les caía todo el tinglado abajo."
— Nieves Concostrina (04:17)
Quote:
"Si la cuestión es si prefiero tener por abuelo a un triste mono o a un hombre magníficamente dotado... que emplea esas facultades... para introducir el ridículo en una seria discusión científica, sin duda afirmo mi preferencia por el mono."
— Thomas Henry Huxley, recounted by Nieves Concostrina (09:27)
Quote:
"El aforo de aquella sala se reventó... llegaron, se calculan, unas mil personas y aquello estaban como piojos en costura… hubo desmayos de algunas señoras. Y los desmayos también salieron en los periódicos."
— Nieves Concostrina (11:23)
Quote:
"Los creacionistas tienen mucha fe. Es verdad. Y los evolucionistas sólo tienen pruebas."
— Nieves Concostrina (12:23)
Opening Context
"En ese combate eterno entre la razón y la fe, entre la ciencia y la religión... el 30 de junio de 1860 hubo lío y de los gordos en Oxford."
— Interviewer (00:26)
On Fitzroy’s Conflict
"Se sentía culpable de la blasfemia evolucionista por haber llevado a Darwin a bordo de su barco."
— Nieves Concostrina (07:56)
Wilberforce’s Mockery & Huxley’s Taketown
"Le preguntó si descendía del mono por línea paterna o materna. Huxley respondió que prefería descender del mono antes que de un hombre como el obispo."
— (09:03)
On the Debate’s Impact
"Fue un impulso tremendo a la teoría de la evolución... el debate se celebró en un lugar abierto al público... trascendió a todo el mundo."
— (09:56)
Nieves Concostrina delivers the episode with humor, irony, and colloquial language, making the history both accessible and engaging. Her style blends historical accuracy with biting asides and playful mockery of both the characters and their foibles.
The Oxford debate of 1860 stands as a landmark confrontation not just between science and faith, but between open inquiry and dogma. Nieves Concostrina’s telling reminds us how public debates, open to all, can be catalysts for intellectual and social change—even causing a few fainting spells along the way.
Recommended for:
Anyone interested in the history of ideas, the emergence of evolutionary theory, or simply great stories of scientific drama told with wit and candor.