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A
Ser podcast. En la ventana Acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina. Cadena SER.
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Buenas tardes, Nieves.
A
Buenas tardes, Carlas.
B
Aquí estamos, aquí seguimos. Bueno, ya saben los oyentes que esta semana le ha dado Nieves en nuestro paseo por la historia. Le ha dado por los museos, porque. Cosa que está muy bien, porque los museos son exactamente depósitos de historia. Ayer hablamos del Louvre y de todas las peripecias que rodearon su inauguración, supuesta marcha como tal. Hoy contamos el nacimiento de otro grande, pero muy grande, que es el Museo Británico. Que por cierto, a lo mejor ya lo dijimos también ayer, a lo mejor es tan grande porque los británicos birlaron mucho por ahí, igual que Napoleón cuando eran un imperio. Pero bueno, eso ya lo iremos contando hoy. ¿Por dónde empezamos, Nieves?
A
A ver, qué ya que hemos pillado camino, pues vamos a pasar del majestuoso Museo francés al impresionante Museo Británico. Pero voy a empezar contando una historia. A mediados del siglo XVIII vivía en Londres un señor que se llamaba Hans Sloan. Era irlandés. Y un día recibió una visita de otro señor muy importante, que nos va a sonar a todos el nombre. Se llamaba George Friedrich Händel, que entraría diciendo, digo, yoguten Taj, Hans, invítame a un té. Y el Sr. Sloan le puso un té y pan con mantequilla. Cómo estaría esa casa de petada de cosas que Händel no encontraba hueco donde dejar la rebanada de pan con mantequilla. Así que como pudo, la dejó con cuidado encima de un libro antiguo. Bueno, la que le montó, le montó un pollo. ¿Pero qué hago? Si es que no hay dónde dejar nada. Händel no lo sabía, pero estaba sentado y merendando en lo que acabaría siendo el Museo Británico. Porque Sloan era un tipo tan curioso y tan observador que todo lo que encontraba se lo llevaba para estudiarlo y conservarlo. También lo podríamos llamar síndrome de Diógenes.
B
Estaba pensando eso.
A
Pues eso, yo creo que era un síndrome de Diógenes en toda regla. Porque además, después de toda una vida de coleccionismo compulsivo, su legado fue miles y miles de minerales, monedas, fósiles, piezas arqueológicas de todo tipo y condición, conchas, caracolas. Ahí había de todo. Bichos, huevos, nidos, pájaros disecados, peces amojamados, libros grabados, manuscritos. Es una locura. Cuando el Sr. Sloan murió en 1753 declaró heredero de su desordenada y estrafalaria colección a Reino Unido. La nación aceptó la herencia y así nació el Museo Británico. A lo tonto.
B
¿Aquí es muy importante el contexto, La época, siglo XVIII, como has dicho? El Sloan, el linimento, el Sloan. Este hombre debía tener uno de esos. Se llamaban gabinetes de curiosidades que estaban tan de moda. Pero esto era un gabinete a lo bestia. Por lo que acabas de contar.
A
Esto era.
B
¿Cuántos objetos tenía?
A
71.000. Es que yo no sé en la casa donde. No me extraña que Händel no tuviera dónde dejar la rebanadita de mantequilla. Muchos museos del mundo han tenido su origen en esos gabinetes de curiosidades, que también se llamaban gabinetes de rarezas o, o también tenían el origen en colecciones naturalistas de los ricos, de los aristócratas a los que les gustaba enseñar cosas curiosas a las visitas en los gabinetes de curiosidades. Por ejemplo, en Francia se estima que hubo unos 4.000 gabinetes de curiosidades. En esos gabinetes había hasta restos humanos en cuatro o cinco sitios de Europa. Hay varios supuestos huesos del Cid y de doña Jimena que acabaron en gabinetes de curiosidades de aristócratas europeos. En el único sitio donde no hay nada del Cid y de doña Jimena es en la tumba que los curas enseñan en la catedral de Burgos. La lápida muy mona debajo. Cualquier cosa menos huesos de este señor por el que se pirra José María Aznar. Y por cierto, sigo insistiendo para que no les tomen el pelo con la Tizona a los visitantes. También en Burgos, la espadita fake que enseñan en el Museo de la Ciudad no es del Cid, es muy nueva. Como dicen el todo por la radio.
B
Que no nos engañen, que no digan la verdad, oye. De esos gabinetes de curiosidades me imagino que hubo que. Que limpiar luego mucha morralla, porque en fin, los nidos y los huevos, no sé, digo yo lo que fuera.
A
Además todo lleno de polvo, estoy convencida, llenarían contenedores de basura tirando cosas cuando fueran, descubriendo objetos absolutamente inservibles o sin ningún interés científico o cosas que no era lo que se creía que era. Por ejemplo, la espadita fake no estaría como también tuvieron que retirar con el tiempo esos cinturones de castidad de hierro con candado incluido. Que no sé en qué momento alguien se inventó que les ponían a las mujeres en la Edad Media. Que era mentira. Imagina cómo eran esos gabinetes privados. La cabeza reducida de un jíbaro junto a un jarrón chino. Había también penacho de plumas azteca. ¿Dónde ponemos esto? Pues al lado del fémur de un dinosaurio, que ni siquiera se sabía que era un dinosaurio. En fin, aquello era una melee de cosas desconcertantes. El caso es que con aquellos 71.000 objetos del señor Sloan, por primera vez un país creaba un espacio para enseñar a sus ciudadanos la cultura, el arte y la ciencia propia y ajena.
B
El Museo Británico fue primero en esto.
A
El primero. Al principio sólo se mostraba un batiburrillo de mil cosas procedentes de mil sitios, casi todos sin clasificar. Simplemente se juntaban piedras con piedras, insectos con insectos, huesos con huesos. Los visitantes iban, miraban, se sorprendían con un bicho raro con el caparazón de una tortuga, con una moneda oxidada, una jirafa disecada que también había.
B
Oye, ¿Y cuánto tardaron en ordenar todo aquel batiburrillo de objetos? Para abrir el museo, quiero decir. ¿Cuánto tiempo tardaron?
A
Seis años. Seis años. La inauguración oficial del Museo Británico, que es el primer gran museo del mundo, su apertura al público fue en enero de 1759. Bien es cierto que, aunque en un primer momento los cachivaches del Sr. Sloan se recibieran como un regalo envenenado, a esta donación se sumó poco después la que hizo el rey Jorge II de su antigua biblioteca real. Y con todo junto, los británicos. Bueno, pues yo creo que aquí tenemos para un museo variadito. Primero instalado, lo instalaron en una gran mansión que enseguida se quedó pequeña y tuvieron que trasladarse. Y bueno, aquello siguió creci y creciendo, y pasaron las décadas y los siglos, y entonces separaron las cositas naturales y los bichos, los separaron del arte y de otros artefactos, y los separaron también de los libros. Y ya pusieron todo en orden. Esto ya estoy adelantando mucho, pero el Museo Británico ya quedó por un lado, el Museo de Historia Natural por otro, la biblioteca por otro. Lo malo es que al igual que le pasó a Napoleón en el Louvre, y a los británicos con su museo y a los alemanes con los suyos, todos se volvieron ansia viva por birlarles cosas a países con antiguas civilizaciones para rellenar sus museos. Antes no necesitaban excusas, ellos llegaban, lo agarraban y se lo llevaban o trampeaban para llevárselo. Ahora la excusa que te ponen es que hombre, se lo llevaron porque en el lugar no hacían caso al arte, porque si lo dejaban se hubiera perdido, porque las gentes eran ignorantes que no valoraban su patrimonio. Habría que ver los contextos de les agentes también. Así fue como las zonas con un rico patrimonio arqueológico, bien por ignorancia de los lugareños, por desidia de sus gobernantes, por guerras, por invasiones, por lo que fuera, vieron como los vestigios de sus antiguas civilizaciones iban saliendo de casa caminito de los museos que creaban las grandes potencias europeas en el siglo XVIII y XIX. Y además con un. Es que es alucinante. Además tenían un pique entre esta gente, entre los museos, a ver quién la tenía más larga, a ver quién conseguía las mejores piezas, a ver quién tenía el diplomático o el científico con más cara dura o más espabilado para llevarse lo más antiguo, lo más raro, lo más valioso. Funniest sound I ever heard. ¿Is he serious or is he faint?
B
Oye Nieves, además de la piedra Roseta de la que hablamos ayer, los griegos, en este caso los griegos, no paran de reclamarles a los británicos todo lo que se llevaron de la Acrópolis de Atenas. Bueno, los mármoles del Partenón, Madre mía.
A
Es que eso sí fue un robo en toda regla. ¿Y el ladrón de guante blanco? Es que tiene nombre y apellidos. Thomas Bruce, VII conde Elgin y XI duque de King Cardine. Cuanto más altos son los títulos son más chorizos. Yo no sé cómo lo hace. Este fue el que se aprovechó primero de que en 1800 Grecia no era de los griegos, era del sultán otomano, e interpretó este caradura aristócrata lo que quiso interpretar, porque es verdad que los otomanos, los turcos, le dieron un permiso para llevarse piedras sueltas con inscripciones que fuera encontrando y dibujos ahí, pero que encontrara por la Acrópolis no le autorizaron a subirse al Partenón y a los otros templos para arrancar las obras de arte que los adornaban. Por supuesto también funcionaron los sobornos y el trampeo, pero así el tal Lord Elgin desmontó los frisos y frontones del Partenón, se llevaron capiteles, se llevaron metopas. Bueno, en total un expolio con el que llenaron 200 cajas que salieron en 1803 camino de Inglaterra. Y fíjate en esto, es alucinante. Los británicos son tremendos. Tienen además tan asumido su expolio que tienen un término en su diccionario, Elginis, llaman, lo podemos traducir el guinismo. Viene de Elgin, del conde Elgin. Es un epónimo que significa vandalismo cultural. Ellos mismos, ellos mismos utilizan el nombre del tipo que robó los mármoles del Parteno para definir. Con esa palabra definen el saqueo del patrimonio de un país y su apropiación por otro. Es increíble. En tu misma cara. Lo que pasa es que las reclamaciones les entran por un oído y les salen por otro. Los británicos tienen una cabeza de la antigua Armenia que compraron y que el gobierno armenio reclama. Tienen una famosa colección de bronces de Nigeria, del antiguo reino de Benín, que esto sí que fue un robo tremendo. Los nigerianos han tenido que comprarles varios bronces, pero exigen que les devuelvan el resto porque es que fueron robados, robados directamente. Han robado manuscritos chinos. Compraron el tesoro del Oxus de Tayikistán, que son 170 piezas de oro. Han robado la piedra de oro.
B
Y una duda, ¿Es lo mismo robar que comprar piezas? No, no, en principio.
A
A ver, es que técnicamente no, pero sí cuando se ha demostrado que por eso se reclaman piezas, que te has aprovechado de la ignorancia de la persona. Es como. No sé si será el timo del tocomocho este o del timo de la estampita. Estás aprovechando de la ignorancia de la persona que tiene la pieza porque no sabe lo que tiene. Ejemplo de esto es lo que hicieron los franceses con esa bellísima pieza de arte ibérico que es la Dama de Elche. Un agricultor se encuentra el cabezón cuando rea con la azada, su patrón se la queda. Por allí anda un francés oliendo el arte ibérico, ofrece un dinerillo y hala, para París. El que la encontró, claro, ni imaginaba el valor que tenía aquello. Y el que la compró le quitó importancia de lo que valía. Todos contentos. No cuento cómo conseguimos que volviera la ibérica Dama Delche, porque es largo, pero la verdad es que fue una jugada maestra.
B
Bueno, pero ayer decíamos que gran parte del arte ibérico que tenía el Louvre fue robado a principios del siglo XX y es verdad que no se llevaron la Dama Delche, pero bueno, ¿Por qué? Porque igual es que pesa mucho.
A
Hombre, hemos visto la Dama Delche era más grande, pesaba, pero por eso volaron y se sabe las piezas pequeñas que estaban expuestas Y en esta historia parece que los alemanes, que estamos hablando de británicos, parece que los alemanes no han roto un plato pero es que también tienen lo suyo. El busto de Nefertiti, su joya que enseñan por todas partes, tienen en Berlín, pertenece al capítulo este birle oficial por Tolmorro aprovechando otro ejemplo, la ignorancia de quienes les permitieron llevárselo. Esto ya fue en 1913 los alemanes habían acordado hacer un reparto con las autoridades egipcias de lo hallado en unas excavaciones en tele La Marna es un yacimiento que ocultaba la antigua ciudad fundada por Akenatón y el pacto era que puesto todo sobre la mesa, los alemanes se llevaban la mitad de lo encontrado y la otra mitad quedaba en los fondos del Museo del Cairo. El que controlaba el valor de las piezas para dar el visto bueno al reparto, pero por parte de los egipcios era un francés que era un panoli, o sea, este no debía entender nada. Cuando los alemanes catalogaron las piezas describieron el busto de Nefertiti como una obra de yeso sin valor alguno de una princesa cualquiera. Esto es un adornito para encima de la tele antes de que fueran de plasma, nada más. Nadie se percató de que los alemanes estaban quitando la importancia, que la corona azul identificaba Nefertiti y que la obra era de caliza y estuco, no de yeso. Desde entonces los egipcios están llamando a los alemanes cochinos, mentirosos y con razón, con razón. Bueno, la mala noticia es que pienso seguir con la cosa museís. And here's what happened when they decided to cut loose, they headed down to swear they ran into a great big hassle.
B
No mala noticia ni mucho menos. Puedes seguir con historias de museos el tiempo que quieras. Muchas gracias Carla, a ver mañana qué contamos. Un beso, Nieves.
A
Un beso para ti también. Gracias. Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Episode: Acontece que no es poco | El grave caso de síndrome de Diógenes que derivó en la creación del Museo Británico
Date: 19 de noviembre de 2025
Host: Nieves Concostrina (A), acompañado de Carlas (B)
Podcast: SER Podcast
El episodio explora el peculiar origen del Museo Británico, centrándose en el coleccionismo compulsivo de Hans Sloane y la relación entre los grandes museos europeos y la apropiación de patrimonios ajenos. Con su característico humor e ironía, Nieves Concostrina recorre las excentricidades de los gabinetes de curiosidades, el saqueo colonial y cómo esta obsesión por guardar y exhibir “cosas” llevó a la creación del museo más emblemático de Gran Bretaña.
[00:55 – 03:13]
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Este episodio utiliza humor y crítica mordaz para desenmascarar la historia no oficial de los grandes museos europeos y sus orígenes en el coleccionismo y el expolio. Nieves Concostrina invita a mirar los objetos, las historias y los museos con una perspectiva crítica y desmitificadora, desmontando relatos nacionalistas y señalando prácticas históricas de apropiación y engaño.
Un relato tan entretenido como didáctico, ideal para repensar la procedencia y el significado de los objetos que admiramos en cualquier museo.