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Narrator
Ser podcast.
Nieves
Soy Nieves con Costrina y estás escuchando Acontece que no es poco, un podcast donde no te contamos nada nuevo, pero te lo contamos de otra manera. Aquí te va otro episodio.
Carla
Hola, Nieves, buenas tardes.
Nieves
Buenas tardes.
Carla
No te rías antes de empezar. Claro, es que esta música es sensacional. Un día tenemos que comentar, tenemos que desmenuzarla con nuestro pianista, al que me encanta escuchar cuando habla del piano, de contrastes, de todo. Es maravilloso Juan.
Nieves
Y además Boccherini tiene muy bonita historia detrás y todo, o sea que yo creo que con Juan estaría muy divertido. No, no, si aporreo el piano, lo destrozo.
Carla
Haremos un Max 1000. Oye, yo estoy seguro de que más de un oyente se va a lleva la sorpresa hoy al saber que el Carlos III de Inglaterra, el actual rey, el hijo de la difunta Isabel II, ya tuvo un antecesor, pero en España tuvo un precedente. Aquí también reinó un Carlos III hace tiempo, eso sí. Bueno, y fue ni más ni menos que el inventor, el impulsor de la lotería. Así como suena.
Nieves
Sí, sí, así es, así es. Ahora, tanto Carlos III, Carlos III. Nosotros lo teníamos antes. Voy a empezar leyendo unas líneas de un decreto que promulgó Carlos III, insisto, el guay, el español, el de toda la vida. Un decreto del 30 de septiembre de 1763 y que demuestra una vez más lo tramposos que son los reyes. Aunque sea el guay, es muy tramposo. A ver, Leo. Prohíbo que las personas estantes. Me encanta eso de personas estantes. Personas estantes en estos reinos, de cualquier calidad y condición que sean, jueguen, tengan o permitan en sus casas los juegos banca o faraón, baceta, carteta, banca fallida, sacanete, parar 30 y 40, cacho flor, 15 31 envidada. Ni otros cualesquiera de naipes que sean de suerte o azar. Dicho todo esto, en lenguaje fino, prohibido jugar a las cartas en todas las casas de España. Y al que juegue lo crujo más o menos. Sí, no, no. Sí, bueno, pero en ese mismo decreto de 30 de septiemb, el señor Carlos III creó un nuevo juego de azar que sería el único permitido a partir de entonces. Por eso decía que eran unos tramposos, que era la lotería de los números. Es decir, en el mismo decreto donde Carlos III crea la lotería está prohibiendo a los españoles que jueguen a las cartas. ¿Tienen o no tienen arte? No me digas tú. Carlos III es uno de los reyes que le acogió llorona con el juego. En su caso era una consecuencia de ese pensamiento ilustrado que se trajo de Italia y que se propuso meter en las cabezotas de los ignorantes españoles a golpe de reales órdenes. También intentó prohibir los toros porque le parecía una salvajada. Y ahí seguimos. Ese decreto contra el juego del 30 de septiembre ni fue la primera ni mucho menos la última orden que dio Carlos III prohibiendo jugar a todo lo que no fuera lotería. Y que por supuesto no le hicieron puñetero caso. Aquí en España todo el mundo siguió echando la partidita y también comprando lotería.
Child
Esto no se juega.
Guest
Dale.
Child
Quita los pies de la mesa. En el salón no se juega. En el sofá no se come. En el salón no se juega. Esto no se toca.
Nieves
Niño.
Child
Con esto no se juega.
Carla
Dale.
Child
Esto no se toca.
Nieves
Quita.
Child
Con este no se juega. Aquí no se juega.
Nieves
Pelota.
Carla
En el salón Aquí no se juega. Oye, me ha impactado esa retahíla de juegos que incluía el decreto este. Juegos de cartas. ¿Por qué el empeño en prohibir los naipes concretamente?
Nieves
En realidad lo que pretendía era prohibir las apuestas que llevaban aparejadas los juegos de cartas. Y la verdad, sí además es que no se dejó un juego fuera. Todos los citados eran juegos de cartas. El cacho en uno de ellos se jugaba con media baraja. Había otro, El sacanete. Se jugaba con seis barajas. El sacanete. Pero el 31 envidad es el mus. Es el mus. Carlos III quería que si tenían que jugarse el dinero se lo jugaran en la Lotería del Estado. Que no se lo jugaran entre los súbditos, que eso no dejaba pasta a la Corona. El truco de instalar la lotería para aumentar los ingresos de la monarquía llevaba pergeñándolo tiempo ya. Carlos III conocía la loto de cuando estuvo como rey de Nápoles durante 25 años y le pareció que aquello funcionaba bien. Por eso se trajo en comisión de servicio a España a varios italianos para que le organizaran el negocio, incluidos los posteros, los dueños de los puestos donde se vendía la lotería, los loteros. Porque ellos ya llevaban años en el negocio y sabían cómo evitar los fraudes. Si era listo Carlos III. Fíjate, en realidad los asesores eran los listos. Siempre digo lo mismo. Carlos III, como sabía que eso de la lotería no le gustaba a la multinacional católica, tampoco tuvo mucho cuidado para colársela. Metió en el decreto las palabras benéfico, beneficencia, objetivos píos, hospicios, hospitales. Metió ahí todas esas palabritas. Fíjate cómo justifica el rey en el decreto la conveniencia de una lotería benéfica. Dice él las ganancias se destinarán a hospitales, hospicios y otras obras pías y públicas en que se consumen anualmente muchos caudales de mi real erario. Toma ya. No digo yo que esté mal pensado lo de la lotería. Pero claro, el erario real estaba para eso, majo, para cuidar del bienestar de los súbditos, no sólo para financiar tus partidas de caza.
Carla
Yo sigo sin ver, claro, que tenía que decir la Iglesia sobre el juego de la lotería. Quiere decir que no es su negociado. Digo, no sé pregunto si hay pasta.
Nieves
Es un negociado, siempre que haya dinero por el medio. La secta tiene mucho que decir, a no ser que trinque una parte de la pasta. Hubo dos papas en el primer cuarto del siglo XVIII que prohibieron radicalmente el juego de lotería. Clemente XI y Benedicto XIII. Y además con pena de excomunión, porque lo de que la gente jugara y apostará no les gustaba nada. Pero fíjate, llegó el siguiente papa, Clemente XII, que vio que la lotería era una herramienta pistonuda para sanear las finanzas pontificias. Hombre, esto no está tan mal. Así que instaló una lotería propia en sus Estados Pontificios y retiró la chorrada de la excomunión. Claro, en cuanto vio que la pasta venía bien, jugar a partir de ahí dejó de ser pecado. Pero con lo del juego, por lo que incumbe a la diversión y al jolgorio, la Iglesia siempre ha estado en contra. Absolutamente menos para ellos, que juegan en secreto y a escondidas. El dominico Tomás de Aquino, sin embargo este tipo es del siglo XIII, estamos hablando de 1200 y pico. Tomás de Aquino parecía tener un poquito más de sentido común que sus colegas. Y este era contrario a toda actividad lúdica, es verdad, sobre todo ejercicios físicos. Los deportes no le gustaba nada. Pero también le molestaban las representaciones teatrales porque las consideraba inmora pero sin embargo evitó toda referencia a los juegos de azar, el tío. Porque Tomás era muy práctico y sabía que si lo prohíbes todo, se te acaba volviendo en contra la plebe. No puedes prohibirlo todo, todo. Él sugería dar un poquito de cuerda, como dijo en sus escritos, conceder descanso al cuerpo y al alma. Permitía también, dijo, desviaciones honestas o dicho de otra manera, jugar con moderación y.
Carla
Solo si eres mayor de edad.
Nieves
Claro, si se jugaba con pasión, eso era contrario al amor de Dios y a los precept de la Iglesia. Y además, fíjate, yo gracias a Tomás de Aquino, leyendo documentación para esto, he aprendido una palabra nueva, porque yo no lo conocía. Él recomendaba cultivar la virtud de la eutrapelia. ¿Tú habías oído eutrapelia?
Carla
Nunca jamás.
Nieves
Bueno, pues eutrapelia es la mesura en la práctica de las diversiones.
Guest
Hoy me he levantado dando un salto mortal, charte dando volteretas, he llegado al baño, me he duchado y he despilfarrado el gel porque algo me dice que voy a pasármelo bien. Sé que tengo algunos enemigos, pero esta noche no podrás contar conmigo porque voy a convertirme en hombre lobo. He jurado a mí mismo que no dormiré solo porque hoy te hoy no falta y voy a pasármelo bien.
Carla
Esto es neutrapelia, Ni hostias. A lo suyo. Oye, no hace falta preguntar, pero te lo pregunto ¿Si triunfó la lotería inventada o impulsada por Carlos III? No, te lo pregunto porque si. ¿Has pasado últimamente por Doña Manolita? Bueno, no sabes la cola que hay todas las mañanas y todas las tardes, o sea, toda hora llevamos comprando, décimos desde hace verano, desde antes del verano incluso. Pero has dicho antes, has comentado de pasada que hubo más ordenanzas contra el juego.
Nieves
Sí, por eso te decía que la cogió llorona sacó otro decreto prohibiendo jugar a cualquier lotería extranjera. Tú no podías pillar un billete de las lotos de Venecia, ni de Florencia, ni de Prusia, porque él quería que se comprara todo aquí. Y Después sacó en 1771 el título largo, la Pragmática sanción en fuerza de ley prohibiendo los juegos de envite, suerte y azar que se expresan y declarando el modo de jugar los permitidos.
Carla
Ha redactado con la.
Nieves
ESO de la expresión en fuerza de ley es para explicitar que aunque la prohibición de jugar no viene dada directamente por una ley, sí hay obligación de acatar las disposiciones. Aunque no diga la ley no es ley, pero como si lo seriese, como si lo fuera. No es que prohibiera jugar en lugares públicos, es que no te podía juntar con tres amigos en casa para echar un moose. Lo prohibía todo. No fue Carlos tercero tampoco el primero en empeñarse en acabar con el juego porque desde que los Borbones se instalaron con Felipe V el repollo este por no había lustro sin ordenanza. Que no juguéis, que es un vicio, que es otra dependencia. Pero Carlos III se dedicó a perseguirlo especialmente por su objetivo recaudatorio con la lotería y que lo escondía tras ese objetivo moral. Decía él que pretendía evitar las ruinas de las familias y los desórdenes procedentes de los juegos porque había navajazos por cobrar las deudas de juego. Y ojo a las condenas si te pillaban jugando. A los Nobles les caían cinco años de de presidio sirviendo en los regimientos. ¿Te acuerdas que ayer hablamos que ya se cargaron los tercios? Pues en los regimientos. Y a los plebeyos otros cinco. Pero estos tenían que servir en los arsenales. Siempre ha habido clases.
Carla
Siempre ha habido clases, efectivamente. Oye, con esa pragmática que has comentado ya no solo se prohibían los juegos de cartas, se prohibían todos, directamente todos.
Nieves
Todos los que fueran de azar. También se prohibió el bisbis, que era muy parecido a la ruleta. Sí, bisbis se llamaba. Era parecido a la ruleta pero sin ruleta. Se jugaba sobre un tablero. Lo que le molestaba a Carlos III era la reunión de ociosos en las tabernas agarrados a un chatodino y a una baraja o unos dados. Ni él ni sus antecesores borbonés entendían cómo los españoles se reunían en tertulias para murmurar, bailar y jugar sin otro objetivo intelectual. Hombre, ya, claro, tú no me das cultura como Estado no me la voy a sacar de la manga. Tendré que divertirme de alguna manera. Estaba la plebe entonces como para organizar tertulias literarias. Por eso el juego continuó, las apuestas continuaron, pero al menos a Carlos III de Dos que intentó, le salió una bien porque el triunfo de la lotería es absolutamente incontestable Y el objetivo. Objetivo de contribuir al mantenimiento del Estado. Pues también. Ya ves, el 34% de lo que nos gastamos en lotería lo ingresa el tesoro público. Ahora bien, el rey no podía acabar con el juego por decreto, porque el hombre lleva jugando desde que se juntaron cuatro en un corrillo. Yo creo que lo primero que se oyó en Atapuerca fue bus. Y nuestros antepasados romanos. A ver, eran unos jugadores de los más viciosos.
Carla
Cómo los romanos también nos legaron el juego. Los romanos también nos han legado el juego.
Nieves
Los dados. Los dados tenían un vici tremendo. Las apuestas eran salvajes. Tuvieron hasta un emperador ludópata, Cómodo. Joaquín Fénix, el malo de Gladiator.
Carla
Es verdad.
Nieves
Este se jugaba hasta las partidas destinadas a la guerra. Se la jugaba a jugar dados. En Roma lo llamaban alea, que significa juego de azar. De álea viene aleatorio y aleatorio significa al azar. ¿Que dijo César al cruzar el rubí con alea y actaes, el dado está tirado, La suerte está echada? Así que ya sabes, aparte de los acueductos, el alcantarillado, las carreteras, los baños públicos y la irrigación qué nos dieron los romanos, Los dados.
Carla
Los dados. Vivanieves. Hasta el lunes.
Nieves
Un beso. Carla.
Carla
Gracias.
Narrator
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Host: Nieves Concostrina
Date: September 29, 2022
Channel: SER Podcast
This episode dives into the peculiar Spanish relationship with gambling, tracing back to the reign of King Carlos III and the paradoxical way in which he both banned most games of chance and simultaneously launched the beloved Spanish lottery. With her trademark wit and sharp historical anecdotes, Nieves Concostrina examines how attempts at moral and economic control often led to unexpected cultural outcomes.
“Prohíbo que las personas estantes... jueguen, tengan o permitan en sus casas los juegos banca o faraón, baceta, carteta... ni otros cualesquiera de naipes... Dicho todo esto, en lenguaje fino, prohibido jugar a las cartas en todas las casas de España. Y al que juegue lo crujo más o menos.”
– Nieves (01:30)
"En el mismo decreto donde Carlos III crea la lotería está prohibiendo a los españoles que jueguen a las cartas. ¿Tienen o no tienen arte?"
– Nieves (02:18)
“Las ganancias se destinarán a hospitales, hospicios y otras obras pías y públicas en que se consumen anualmente muchos caudales de mi real erario. Toma ya.”
– Nieves quoting Carlos III (05:23)
"En cuanto vio que la pasta venía bien, jugar a partir de ahí dejó de ser pecado."
– Nieves (06:50)
“Eutrapelia es la mesura en la práctica de las diversiones.”
– Nieves (08:28)
"No es que prohibiera jugar en lugares públicos, es que no te podía juntar con tres amigos en casa para echar un mus. Lo prohibía todo."
– Nieves (10:16)
"Carlos III es uno de los reyes que le acogió llorona con el juego..."
– Nieves on the king’s preoccupation with gambling (02:40)
"El rey no podía acabar con el juego por decreto..."
– Nieves, on human nature and the futility of bans (12:27)
On the triumph of the lottery:
"El triunfo de la lotería es absolutamente incontestable y el objetivo de contribuir al mantenimiento del Estado, pues también. Ya ves, el 34% de lo que nos gastamos en lotería lo ingresa el tesoro público."
– Nieves (12:11)
On Church attitudes:
"La secta tiene mucho que decir, a no ser que trinque una parte de la pasta."
– Nieves (06:24)
Linguistic Gem about Roman dice:
"En Roma lo llamaban alea, que significa juego de azar. De álea viene aleatorio y aleatorio significa al azar. ¿Qué dijo César al cruzar el Rubicón...? El dado está tirado, la suerte está echada..."
– Nieves (12:54)
Nieves blends rigorous historical detail with breezy, ironic humor. Her language is direct, colloquial, and slightly irreverent, making history lively and relatable. She is consistently skeptical of authority, quick to point out hypocrisies—whether royal or ecclesiastical—and fond of memorable, punchy lines.
Even in an age of royal decrees and ecclesiastical bans, the urge to play—and the creativity to circumvent authority—has persisted. Carlos III’s attempt to channel public vice into public revenue via the lottery was both pragmatic and cunning. The Spanish lottery survives as a national institution, but, as Nieves wryly observes, so does the deeply rooted culture of risk, chance, and play.
End quote:
"El hombre lleva jugando desde que se juntaron cuatro en un corrillo."
– Nieves Concostrina (12:27)