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Hola Nieves, buenas tardes.
A
Hola, buenas tardes.
B
Oye, antes de meternos en materia, yo creo que casi por alusiones, acabamos de contar que el Senado ha aprobado ya, es la aprobación definitiva de la nueva ley de Memoria Democrática que declara ilegal la dictadura. Francia costado y castiga exaltación de la dictadura. Yo quería saber, porque te he visto ahí, digo, está llegando y está escuchando esta noticia, he brincado, claro.
A
No sé, Hombre, ahora lo que me gustaría también es saber esas sanciones que son, porque si aprobamos una ley, pero aquí tenemos una calle dedicada a un cabrón que mató a 4.000 personas en Badajoz, como es el general Yahweh, de qué me sirve esa ley, o sea, todo eso tiene que ir fuera, o los cruceros, o que venga el alcalde de Madrid a poner una calle al crucero Baleares que masacró a la gente, esa memoria tiene que ser patente y eso se tiene que demostrar y tiene que condenarse y tiene que juzgarse. Lo que no puede ser es crear una ley que se quede ahí como muy bonita para mencionarla y no ponerla en práctica.
B
Bueno, pues hoy se ha dado el primer paso, ya veremos cómo continúa el camino. A ver, hablando de caminos, hoy retomamos uno de esos que Nieves de vez en cuando abre y deja por ahí tirado con unos hilitos cuando cuenta algún episodio histórico. Hace pocos días, cuando hablamos de la muerte del último samurái en Japón, que era un tema apasionante, ya nos explicó cómo determinados acontecimientos, no solo en Japón, sino en otros lugares del mundo, empujaron por aquel entonces cuando los samuráis, a unos cuantos japoneses a quedarse aquí en casa, aquí en casita, y todavía se sigue el rastro.
A
Sí, sí, sí. Y además eso, lo que contamos hoy tiene que ver con aquel autobloqueo del aislamiento japonés. No queremos saber nada de nadie. Fue un autobloqueo que duró dos siglos, desde mediados del XVII a mediados del XIX, en que los japoneses se cerraron a todo, al comercio, a la cultura, a la religión, a todo lo que oliera extranjero. ¿A que el aislamiento tiene que ver con lo que contamos hoy? El 5 de octubre de 1614 una expedición de japoneses desembarcó en Sanlúcar de Barrameda, que esto tiene mucho arte. Luego subieron por el Guadalquivir hasta Coria del Río. Allí estuvieron unos días. Llegaron después a Sevilla, donde esperaron permiso para poder ir a la Villa y Corte y ser recibidos por el cretino de Felipe III. Lo que no tenían previsto era tener que ir a Roma para ser recibidos. Sí, porque allí tenía que recibirle el no menos cretino papa Pablo V. Pero es que las cosas empezaron a complicarse en España y luego en el Vaticano y en Japón. Así que aquella expedición de japoneses tuvo que volverse por donde había venido. Pero claro, algunos de ellos pensaron cualquiera vuelve a Japón.
B
Normal, bien pensado, porque lo mismo entramos.
A
Pero duramos vivos dos telediarios. Así que mejor nos empadronamos en Coria del Río, a orillas del Guadalquivir. Y ahí tenemos todavía sus descendientes que han ido perdiendo los ojos rasgados. Ya no hay nadie por Coria del Río que vaya sospechando, pero mantienen el apellido Japón. Y eso hemos venido a contar. Por qué vinieron, para qué, por qué se torció la cosa Y sobre todo si les había costado un año llegar de Japón a España, pues daba mucha pereza emplear por lo menos otro en volver. Porque mira que está Leo Japón. Me ha invitado un amigo mío a que me vaya con él de vacaciones. Haré Japón. No sé si voy a ir yo. Estamos lejos. Japón.
B
Me encanta. Esto ya es como un himno de la ventana, de verdad, me encanta. Oye, vayamos al principio de esta historia, al por qué y para qué vienen los japoneses.
A
Pues vamos a ver, una vez más la culpa de todo la tiene la religión, en este caso la cristiana, cómo no. Así que nos tenemos que ir a mediados del siglo XVI, que es cuando un tal Francisco Javier, el jesuita, se fue a dar la turra a los japoneses para que se hicieran cristianos. Estaban en Japón, en sus propios rollos espirituales que ellos también tienen sus cosas. Y que nada tenían que ver con mamarrachadas de dioses, que es cuando apareció por allí el tal Francisco Javier el Navarro, con su proselitismo cristiano. Este hombre, más conocido por los suyos como San Francisco Javier, fue una comisión de servicio a aquella parte del mundo para extender el negocio e ir abriendo sucursales por allí. Pero a la mayoría de los japoneses aquello no les gustó, y mucho menos le gustó al gobierno, al shogunato. ¿Te acuerdas? El otro día dijimos que Japón estaba gobernado por un shogun que era un alto mando militar.
B
Militar.
A
Este tío era el que mangoneaba el país en nombre de un emperador que ni pinchaba ni cortaba. El cura Francisco Javier llegó a japón en 1549 y al principio bien le dijeron, no pasó nada, pero acabó liando la parda, porque aunque inicialmente consiguió que el shgun respetara a los convertidos, eso compromiso, enseguida se percataron los mandamases japoneses de la maniobra, porque es que los nuevos cristianos tenían que poner por delante del shogun y del emperador a ese tal dios que les acababan de colar. Esto era pistonudo. Tú tienes un país controlado y aparece un tío con faldas que le a tus súbditos que pongan por delante de ti a un tal Dios que nadie ve, nadie sabe dónde ha salido, que no está en ninguna parte, pero que habla por boca de los hombres. Por eso el shogunato empezó a perseguir a los cristianos. Esto es así a grandes rasgos. Nos contamos rápidamente el antecedente inmediato a la expedición de japoneses que atraca en Sanlúcar en 1614.
B
Pero entonces los que vinieron en esa expedición eran cristianos japoneses. Japoneses cristianos.
A
Los fueron bautizando a saltos, porque los que vinieron eran negociantes. Eran japoneses que venían en nombre de un señor feudal de Japón. Y como jefe de esa expedición venía uno de los principales samuráis de este señor feudal, No me acuerdo cómo se llamaba, tenía muchas cas. El objetivo era establecer relaciones con la Monarquía Hispánica porque era la mayor potencia europea de la época. En esa expedición que llega a Sanlúcar venían, además del jefe samurái Hasekura, en nombre de su señor feudal, también venía un franciscano, que era el que de verdad cortaba el bacalao, un tipo que se llamaba Luis Otelo y que se supone iba a ir abriendo puertas a los japoneses en España para entrevistarse con Felipe III y hacerle llegar la oferta japonesa. ¿Qué oferta japonesa era eso? El señor feudal ofrecía al rey de España convertir al cristianismo por el artículo 33 a todos los súbditos de su feudo. Claro, ¿No decía yo que quieres que te hagan cristiano? Pues esto no duele, yo te los hago cristianos a todos. Si a cambio el rey le concedía a este señor un trato de favor en el comercio con Nueva España, o sea, lo que quería era negociar. Claro, pero es que esa Nueva España no era poco. Nueva España es lo que ahora es todo México, Estados Unidos, casi entero, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica, casi media América. Pero no era el único interés ahí rarito que viajaba a bordo de esa expedición, porque el propio franciscano Luis Otelo venía a apuntarse ante el rey el tanto estar contribuyendo al afianzamiento del cristianismo entre los japoneses y que por ello pretendía él se le premiara nombrándole obispo de Japón. Aquí ni Dios daba puntada sin hilo.
B
Titular sería el precio de la fe.
A
Todo tiene un precio de la fe también.
B
Oye, ¿Cuántos venían en esta expedición? ¿Por dónde vinieron? ¿Qué rutas siguieron en ese año de.
A
Viaje atravesaron el Pacífico, venían 140 japoneses y otros 40 entre españoles y portugueses que ya vinían para acá? Aprovecharon el viaje, se sumaron, el bla bla barco sería esto. Partieron en un solo barco desde Japón, llegaron a Acapulco en la costa del Pacífico, se fueron a patita hasta Veracruz en la costa atlántica y allí se subieron a otro barco y tiraron para España. Ya te digo yo que si el grafismo del recorrido te lo hacen los de antena 3, los ponen atravesando el canal de Panamé y habían llegado antes. Durante aquella parada, a mitad de camino, al gobernador de México le mosqueó tanto extranjero que miraba como sospechando y se me bauticen y no les dejo seguir, o si no se me bautizan, no les dejo. Y no sólo se bautizaron la mitad de los japoneses, sino que el samurái jefe dejó en México a los bautizados como muestra de buena voluntad. Somos buenos para que veáis que vamos a volver a por ellos y no pasa nada. Y a partir de aquí ya voy a resumir mucho, porque el viajecito por España es para extenderse y no acabaríamos nunca, pero ahí tenemos al samurái jefe, que es que hay que intentar visualizar esto con otros 30 samuráis a sus órdenes, vestidos con sus ropajes japoneses y sus katanas, todos al cinto, que primero llegaron a Sevilla, donde se tuvieron que bautizar otros tantos que por fin pudieron llegar en carruaje a Madrid. Muertecitos de frío los pobres. Donde se tuvo que bautizar el jefe samurái Hasekura delante de Felipe III. Tú te bautizas, pero delante de mí, que yo lo vea. Y aunque ya estaban todos bautizados, a los japoneses no hacían más que darles largas para firmar lo que habían venido a negociar. Y bengalargas y bengalargas. Hasta que el duque de Lerma, pollino este que ya conocemos, otro negociador, el mangoneador mayor del reino, les dice que el vainas de Felipe III no da su aprobación a ese acuerdo comercial, por mucha promesa cristiana que haya, si antes no da el visto bueno. El Papa anda otra vez de viaje.
B
Y viaje no precisamente cerca. Tuvieron que ir los propios japoneses a Roma a buscar el permiso del Papa. No podía ir un mensajero.
A
Porque este viaje tenía trampa. Tuvieron que ir a entrevistarse con Pablo V. Pero mientras los japoneses iban de camino, desde la corte de España hacían llegar al Papa más rápido. Se fueron rodeando. Le hicieron llegar al Papa indicaciones para que bloqueara todas las pretensiones japonesas. Los estaban toreando literalmente. Pues verás por qué. Es que resulta que en Japón estaba aumentando la persecución a los cristianos. Porque los cristianos incitaban a la desobediencia del poder. La frase era primero la cruz y luego la espada. Para más inri, en Japón jesuitas y franciscanos estaban aguantazos por ver quién pillaba allí más cachos. En resumen, que la expedición japonesa se fue de Madrid a Barcelona, de Barcelona a Venecia, de Venecia a Roma. Y total, para que el Papa les hiciera puñetero caso, les mira, vale, sí, sí, que me lo voy a pensar. Pero no hizo nada. Eso sí, le dio pena por el palizón de viaje. Y ya que se había bautizado el hombre, el Papa Pablo V concedió al samurái jefe Hasekura la ciudadanía romana.
B
Algo es algo. Oye, y el franciscano este del que hablabas, que el que quería ser obispo de Japón, ¿Llegó a conseguirlo o no?
A
No consiguió nada. Se volvieron todos a Roma de vacío. La orden de Felipe III era además que directos a Sevilla para que se fueran por donde habían venido. Que nada de pasar por la Villa y corte, por Madrid. Y ahora encima se tenían que volver todos bautizados. Con la persecución que había en Japón a los de la secta que se había recrudecido. Porque los cristianos es que se pasaron de vueltas por allí. Como es habitual, entran con buenas palabras y en cuanto te descuida, te han robado la cartera. Y llamaron a la desobediencia en Japón. Y eso fue lo que trajo todos los problemas. Por eso. Por eso algunos de la expedición nos empadronamos en Coria del Río. Que cualquiera vuelve. Hicieron bien, porque al franciscano le dieron de su propia medicina cristiana. Cuando llegó a Japón, lo quemaron en la hoguera.
B
Vaya.
A
Al samurái Hasekura también lo quitaron de en medio. Lo tuvieron retenido mucho tiempo y al final, al parecer, dejaron que se quitara la vida. Y unos años después, Japón ordenó el aislamiento del resto del planeta. Porque los extranjeros solo iban a liarla. En nombre del tal Dios, que todavía nadie ha visto, que nunca está donde debe ni ayudando a los que lo necesitan. Porque lo mismo digo, si es un.
B
Cuento chino o japonés.
A
Me entra el mundo. Fianciano para arriba. Lo dano la chuch. Una música dolce Suanaba soltando perme volaré, Cantaré.
B
Mañana más, Nieves, mañana más.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina
Date: October 5, 2022
Episode: Acontece que no es poco | Japoneses en Sevilla
This episode explores the fascinating and little-known history of the first Japanese diplomatic mission to Spain in the early 17th century. With her characteristic humor and irreverence, Nieves Concostrina recounts the story of how a group of Japanese envoys—including samuráis—landed in Spain, attempted to establish diplomatic and commercial ties, and left a unique legacy that endures in the Andalusian town of Coria del Río.
Seeking papal approval, the delegation had to travel from Madrid→Barcelona→Venice→Rome, only to be stonewalled amid shifting Spanish priorities and growing anti-Christian persecution back in Japan (10:41–11:50).
Pope Paul V, moved by the hardship, granted Hasekura Roman citizenship but nothing more (11:50).
Felipe III ordered the envoys to return directly to Seville and depart. Because anti-Christian laws in Japan had hardened, returning home posed a deadly risk; some chose to stay in Coria del Río, leaving behind descendants with the surname “Japón” (12:00–12:41).
The fate of the main protagonists:
Shortly afterward, Japan fully isolated itself from foreign influence (12:41–13:04).
Nieves recounts the story with her typical sarcasm, irony, and sharp criticism—especially targeted at political and religious authorities, both historical and modern. The narrative is peppered with jokes, clever asides, and wordplay that add levity to the historic tale.
This episode blends comic insight and historical rigor to illuminate how religion, politics, and personal survival intertwined during one of the most unusual early encounters between Japan and Spain. It closes with a sense of bittersweet irony—what began as a grand diplomatic adventure ended with a few Japanese settling by the Guadalquivir, whose descendants keep the memory alive through the “Japón” surname.