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A
Ser podcast. Esto es Acontece, que no es poco. Y yo soy Nieves con costrina, la que te lo cuenta en cuanto te descuides. Cada fecha esconde grandes historias, minúsculas o no, a veces guarda pequeñas historias con mayúscula. Aquí te dejo escuchando una.
B
Vamos a ver. Hoy es una de esas fechas donde la querencia habitual nos llevaría a territorios más que conocidos. 14 de febrero y de San Valentín. Podríamos hablar de amor, de poliamor, podríamos hablar de la matanza que lleva el nombre del santo. Pero yo creo que Nieves, después de lo de ayer de Matajar y la radio y la Torre Eiffel, yo creo que le ha cogido gusto. Y hoy seguimos como en la peli de Woody Allen, con días de radio. Bueno, un día en concreto, uno 14 de noviembre de 1922 exactamente.
A
La BBC, el nacimiento de la BBC, que no fue en febrero, pero fue un día 14, fue en noviembre, cuando desde los estudios londinenses de Guglielmo Marconi, Señor al que tengo una ojeriza, al que no puedo ver yo para otro día, se realizó la primera emisión de radio de una empresa que se llamaba British Broadcasting Company, la BBC, que cinco años después cambió la C de Company por la Cuad. Pero como seguía siendo C, pues mira hijo, lo comido por lo servido continuó siendo la BBC. El año pasado cumplió 100 años y por ser la radio que marcó el paso de todas las demás en Europa, de meter la pata, de no tener ni idea de por dónde tirar, de cambiar cosas sobre la marcha, sin pistas de cómo hacerlo, despistadísimos con la audiencia, pues bueno, hablamos de ella porque fue la que abrió camino. El primer equipo humano de la BBC que se estrenó en 1922 era como un equipo de pulpos sueltos por un garaje sin saber qué hacer. ¿Qué hacemos aquí? No sabían cómo manejar lo que tenían entre manos. Bueno, ¿Qué hacemos con esto? ¿De qué hablamos? ¿A qué nos dedicamos? ¿Entretenemos, culturizamos? ¿Qué hacemos con los ofendiditos? Porque es que hagamos lo que hagamos van a salir ofendidos. ¿Ponemos solo música? Pero bueno, ¿Qué clase de música? Y si retransmitimos ópera, decían. No, ópera no, porque entonces se van a enfadar las salas de conciertos. Bueno, pues vamos a poner obras de teatro. No, no, teatro tampoco, porque es que va a dejar la gente de ir al teatro y se van a cabrear con nosotros. Bueno, pues venga, damos noticias. No, no, noticias ni en broma. Que entonces se cabrean los periódicos. Dice, bueno, pues decimos a la gente que nos escriba, a ver qué leches quieren. Hombre. El nacimiento de la BBC fue muy, muy estresante. Como dijo su primer dire que era un ingeniero escocés de 33 años. No teníamos ni la más remota idea sobre radiodifusión.
B
En aquel 1922. Faltaba todavía mucho tiempo para que el vídeo amenazara con matar a la estrella de la radio. Me imagino que todas las dudas que tenían las fueron resolviendo, como todo, a base de probarror, a base de equivocaciones.
A
Claro, eso era a ver si esto sale, a ver si no sale. Ensayo error, ensayo error. Es importante. El momento en el que vino al mundo la radio es un momento donde la prensa escrita era el único medio para informarse. No había otro. El cine era el ocio para la masa más popular. Y además estaba pasando del mudo al sonoro. Y el teatro y la ópera, eso ya eran otras palabras mayores. Esos ponían la cultura y el glamour. Y en estas que aparece un agente, una gentuza que pretende meterse en tu casa a contarte cosas. Y como toda novedad, la radio provocó desconfianza, miedo y mucho profeta que decía que eso no iba a ninguna parte. Virginia Woolf, por ejemplo, la gran escritora Virginia Woolf, dijo que eso de la radio, esa tal BBC, ni chicha ni limoná. La llamaba Betweeks and Between Company, la compañía de Ni lo uno ni lo otro. Porque la BBC nace con la idea de trasladar lo mejor de la cultura y el pensamiento a la mayor cantidad de gente posible. Y Virginia Wall decía que ni trasladaba cultura ni llegaba tanta gente. Lo primero que se oyó por la BBC, el primero que habló, fue un señor que se llamaba Arthur Burroughs y que leyó un boletín de noticias facilitado por agencias y después dio el pronóstico del tiempo.
B
Un clásico.
A
El boletín lo leyó dos veces lo leyó. Una lo leyó a velocidad normal y otra despacito, por si la audiencia quería tomar apuntes. Es que la gente no estaba acostumbrada a que le contaran noticias, solo a leerlas. Bueno, pues creyeron en la BBC que los oyentes querrían apuntar lo que oían.
B
Para luego leerlo y ya está. Es todo lo que hicieron el primer día. El boletín.
A
Claro, Sí, pero ni se sabe quién oyó al tal Burrow. Si es que había que tener un radio receptor en casa y eso era carísimo. Y además se oía fatal. Tenías que oír la radio poniéndote una especie de trompetilla en la oreja. Iba al cable. Costó muchísimo ir ampliando la programación porque los empresarios teatrales dijeron ¿Cómo es esto? ¿Cómo que quieren meter micrófonos en el teatro para transmitir una obra de Shakespeare por esos aparatos infernales? No, no, de eso nada. Porque si retransmiten el teatro ya vemos a los londinenses repanchingados en los sillones de su casa, tan cómodos y ya no van a querer venir a las salas. Pero hasta que la Compañía Nacional de Ópera se atrevió y permitió que se transmitiera La flauta mágica de Mozart, que esa fue la primera transmisión por radio de la historia desde fuera de un estudio, el primer exterior que se hizo. Y resultó que ocur todo lo contrario a lo que temían los del teatro, que la gente escuchó la obra de Mozart y le entraron unas ganas tremendas de ir a verlo en directo. Y las ventas de entradas para ver La flauta mágica se disparó. La BBC tenía razón cuando decía que la radio podría animar a ver y hacer cosas que hasta entonces nadie se había planteado ver o hacer. Y si a Virginia Wall no le gustaba la BBC, hubo otro autor, el dramaturgo George Berna Shaw, que quiso matar al productor. Pobre Manu. Se interpretó desde los micrófonos de la BBC una obra de Shaw que se llamaba La conversión del capitán Brassbow. Y cuando le preguntaron qué le había parecido si el productor no ha sido fusilado aún, yo mismo pagaré las balas.
B
¿Tan mal lo hizo el cuadro de actores como para querer cargarse al productor?
A
Seguramente no era tanto eso, no quedaría igual que en un teatro. Pero había algo más ahí. Bernard Shaw era un incendiario. Era un tipo muy broncas, muy activo políticamente y estaba cabreado porque en la BBC no le dejaban opinar ni hablar libremente cada vez que iba. Pero es que no dejaban opinar a nadie. La censura en la BBC era férrea con todo el mundo. No se podía hablar de política, ni de religión, ni de economía, de nada que generara la más mínima controversia. Todo tenía que ser absolutamente blanco porque tenían pánico a los oyentes y porque cuando no se enfadaba uno, se enfadaba otro. Y mucho cuidado también con los editores de prensa escrita, porque creían que en cuanto la gente empezara a recibir información por la radio dejaría de comprar periódicos. Aquí cada uno defendía su parcelita de poder. Por eso la BBC no podía transmitir noticias antes de las 7 de la tarde, cuando habían cerrado los quioscos, cuando ya se habían vendido todas las ediciones matutinas y vespertinas. Pero mira que ocurrió algo en 1926. Y lo que ocurrió es que se convocó una salvaje huelga general por las pésimas condiciones laborales de los mineros del carbón. El país se paralizó totalmente durante nueve días y el gobierno británico intentó controlar a los medios de comunicación para la difusión de sus comunicados. Por ejemplo, el diario Daily Mail se negó a publicar un editorial impuesto desde el gobierno conservador en el que el periódico tenía que condenar la huelga y acusar a los huelguitas de revolucionarios. Dijo que era Nike. Eso no lo ponía. ¿Entonces qué hicieron desde el gobierno? Miraron a la BBC y dijeron pues que los radien esos pringaos que acaban de empezar. Esos, que lo hagan esos. Pero el director de la BBC Ah, se siente. Tenemos prohibido hablar de política. Nada controvertido. Y además no podemos informar hasta pasadas las siete.
B
Oye, ¿La BBC no estaba controlada por el gobierno en aquel entonces?
A
No, no. La BBC la fundan inicialmente son unos empresarios fabricantes de rec. De receptores de radio. Era totalmente privada, aunque la licencia para emitir se la daba el Servicio de Correos Británicos, que era el que tenía los medios, las antenas y todo. Hasta más tarde no pasó a ser corporación pública. Pero incluso así tenía en su poder una carta real que garantizaba su independencia política y comercial. Por eso el empeño de la BBC desde el principio fue mantener su independencia. Y en aquel 1926 había un ministro de Hacienda muy pesado, muy pesado en todos los aspectos, en todos los sentidos, muy plasta y muy conservador, que no hacía más que presionar al primer ministro, a Stanley Baldwin, para que el gobierno tomara el control de la BBC. Venga, hazte con la BBC, le decía. Y el ministro pesado se llamaba Winston Churchill, que luego llegó muy lejos. La BBC aguantó como pudo las presiones del gobierno porque lo que sí podía hacer el Servicio de Correos Británicos, sin embargo, era cortarles la señal. Pero aguantaron bien. Pero sobre todo aguantó el tipo, el director general, el que dijo no tenemos ni la más remota idea de radiodifusión. Bueno, pues cuando terminó la huelga general, la BBC había defendido su independencia y había esquivado convertirse en una radio gubernamental. Pero quedó demostrado el enorme poderío del medio y que al igual que no era competencia para el teatro ni tampoco para la ópera, pues tampoco era competencia para los periódicos. En 1928, dos años después de esa huelga que hemos mencionado, por fin se levantó el veto y la BBC pudo emitir sus boletines inform a la hora que le saliera de sus ondas Serciana morenas. Y otra cosa que creo que lo único que se conserva, yo creo, no lo sé, en todas las cadenas de radio, en sus estudios principales y que también tenía la BBC desde el principio, es un piano. Igual que aquí el piano, salvó lo que más miedo daba en la radio, los silencios. Las emisiones no empezaban si el pianista no estaba en el estudio.
B
Oye, ¿Y los silencios por qué?
A
Porque los micrófonos de los locutores o de los actores, cuando estaban representando, fallaban más que una escopeta feria. Dejaban de funcionar por el calor, por la humedad. Y entonces alguien corría a poner un rollo en la pianola para que sonara música. Un rollo de esos que se metían. Pero entre los nervios, las carreras se equivocaban de rollo. Ponían la música equivocada, el rollo lo ponían mal. Dijeron mira, que siempre haya un pianista en el estudio, que ese empiece a tocar de inmediato en cuanto Francino levante la mano. Y nada, el pianista era como la Alicia Gaitón de la ventana.
B
Pues nada, Nieves, mañana más.
A
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Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (SER Podcast)
Date: February 14, 2023
Episode Theme:
A dynamic and witty historical exploration of the founding and early years of the BBC, its challenges, errors, and influence on European broadcasting, all told in the unique, humorous style of Nieves Concostrina.
In this episode, Nieves Concostrina celebrates the birth of the BBC, recounting its hesitant and often comic early days as the trailblazer of European radio. With her trademark blend of humor and sharp historical insight, Concostrina unpacks how the BBC "had no clue" about broadcasting, the problems it faced with content direction, censorship, and technological challenges, and how it gradually won over skeptics—sometimes in spite of itself.
“El primer equipo humano de la BBC que se estrenó en 1922 era como un equipo de pulpos sueltos por un garaje sin saber qué hacer.”
(“The first BBC team in 1922 was like a bunch of octopuses loose in a garage, not knowing what to do.”) [01:16]
“…la gran escritora Virginia Woolf, dijo que eso de la radio, esa tal BBC, ni chicha ni limoná. La llamaba Betweeks and Between Company, la compañía de Ni lo uno ni lo otro.”
[03:55]
“La gente escuchó la obra de Mozart y le entraron unas ganas tremendas de ir a verlo en directo. Y las ventas de entradas… se disparó.” [06:02]
“Si el productor no ha sido fusilado aún, yo mismo pagaré las balas.”
(“If the producer hasn’t been shot yet, I’ll pay for the bullets myself.”) [06:55]
“Ah, se siente. Tenemos prohibido hablar de política…” [08:46]
“Las emisiones no empezaban si el pianista no estaba en el estudio.” [11:34]
On the first BBC staff’s confusion:
“No sabían cómo manejar lo que tenían entre manos.”
(“They didn’t know how to handle what they had in their hands.”) [01:14]
The BBC’s “trial and error” birth:
“Eso era a ver si esto sale, a ver si no sale. Ensayo error, ensayo error.”
[03:36]
George Bernard Shaw’s outrage:
“Si el productor no ha sido fusilado aún, yo mismo pagaré las balas.”
(“If the producer hasn’t been shot yet, I’ll pay for the bullets myself.”) [06:55]
On BBC independence during the general strike:
“La BBC aguantó como pudo las presiones del gobierno porque lo que sí podía hacer el Servicio de Correos Británicos, sin embargo, era cortarles la señal.”
[09:15]
The ever-ready studio pianist:
“Que siempre haya un pianista en el estudio, que ese empiece a tocar de inmediato...”
[11:36]
This episode, in classic Concostrina style, vividly brings to life the bumbling, brilliant, and ultimately triumphant early years of the BBC. Nieves highlights how much of what now seems normal—radio news, broadcast theater, independent media—was won through trial, error, resistance to pressure, and a certain willingness to look ridiculous along the way. A must-listen for history buffs, media geeks, and anyone who appreciates stories about invention, skepticism, and grit.