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Nieves Concostrina
Ser podcast.
Carla
Hola, Nieves, buenas tardes.
Nieves Concostrina
Buenas tardes, Carlas, ¿Qué tal?
Carla
Te habrán silbado los oídos. Hace un ratito con Nacho Ares hablábamos de ti y de aquello de las momias que las desvendaban en la iglesia. Inglaterra victoriana y el polvo de momia.
Nieves Concostrina
Momias, el marrón momia de los pintores y tal. Sí, sí, le estaba escuchando muy atenta a Nacho, porque Nacho de Egipto se lo sabe todo. Evidentemente.
Carla
Cuando pases algún día por Madrid, vamos juntos a ver esa exposición, si quieres, al Palacio de las Alhajas.
Nieves Concostrina
Por supuesto que sí, porque si está de comisario, está genial.
Carla
Hay una momia, me ha dicho, hay una momia de una niña cuya cabeza se mueve a veces, no lo digo en broma, que está suelta un poco suelta y a veces pasa por ahí y se mueve un poco, digo, pero si. Vamos, que no te asustes. Bueno, vamos a lo de. Venga, vamos.
Nieves Concostrina
Me da miedo los vivos.
Carla
Ya, eso es verdad. A ver cómo cuento esto. Nuestro paseo diario por la historia hoy tiene, yo diría que tiene una proyección global por doble motivo. Primero porque el hecho al que nos agarramos ocurrió muy lejos de aquí, en Sudáfrica, pero también, y sobre todo, porque el fondo del asunto afecta a uno de los grandes tesoros de la humanidad, yo diría que el más valioso, seguramente, aunque a veces lo tratemos a patadas. Hoy hablamos de los niños. De los niños y de sus derechos.
Nieves Concostrina
Sí. Y la verdad es que. Mira que ya me conoces, soy poco moña yo con estas cosas, pero es que lo de los niños es tremendo. Es tremendo lo que hacemos con ellos y se nos va toda la fuerza por la boca. El de hoy es un recuerdo duro y yo creo que por eso no hay que olvidarlo. Pero voy a hacer primero un pequeñito prólogo muy cabreado, propio al asunto en sí. La Organización de Naciones Unidas, la ONU, instaló hace ya 62 años la celebración del Día Internacional del Niño cada 20 de noviembre. Pero bueno, luego cada país del mundo lo celebra cuando le sale del vuelo, la verdad. Unos el 1 de junio, otros el 20 de septiembre, otros el cuarto miércoles de octubre, el tercer domingo de agosto. Yo, la verdad, pediría un poquito de organización, un poquito de consenso, que en esto de celebrar el Día del Niño el mundo parece la izquierda. Vamos a dispersarnos Y así no hay forma de centrarse en lo importante. En España, por ejemplo, tampoco celebramos el Día del Niño cuando nos dijo la ONU el 20-N.
Carla
Igual no.
Nieves Concostrina
A nosotros ese día nos gusta celebrar y emborracharnos porque se murió Franco. En España se celebra el 15 de abril. Menos en Madrid, que como Madrid no es España, pues se celebra el segundo domingo de mayo. La ONU encajó el Día del Niño el 20 de noviembre, porque fue ese día de 1959 cuando los 78 países miembros aprobaron de manera unánime la Declaración de los Derechos del Niño. Que esto es muy hipócrita. Es una declaración repleta de palabras bonitas que yo podría leer ahora mismo. Es muy cortita. Podría leerla, pero poniendo además mucho sentimiento. Mientras llevo en los pies unas magníficas deportivas que han hecho unos niños de Bangladés con sus manitas, o sea que no las voy a leer. Así que dado el despiporre de fechas del Día del Niño y de la hipocresía de reconocerles a los niños derechos que no se cumplen, yo propongo como fecha fetén la que conmemoran en Sudáfrica. El Día del Niño en Sudáfrica es hoy, 16 de junio. Ese día siempre tiene un alto a la violencia contra la infancia. Y esta conmemoración recuerda La masacre de 700 niños, el asesinato de 700 estudiantes en Soweto el 16 de junio de 1976.
Carla
Soweto Blues se llama esta canción de Miriam McKiva. Bueno, al menos allí tienen algo concreto que recordar para que no se olvide. Básicamente cuenta qué ha pasado aquel día en Soweto.
Nieves Concostrina
A ver, lo que pasó es algo que parece que los únicos que no lo han olvidado son ellos, los sudafricanos. La conmemoración se llama el Día de la Niña y el Niño africanos. Soweto es un distrito enorme, gigantesco, de Johannesburgo, uno de los más grandes creado a posta por los blancos para concentrar allí a los negros. Los expulsaron de otras zonas de Johannesburgo y los fueron concentrando aparte. Y allí, en Soweto, venían organizándose unas movilizaciones de estudiantes tranquilitas porque no podían hacer otra cosa. Estamos hablando de niños y adolescentes contra la segregación racial en la educación. A las manis iban con sus uniformes del colegio. Que tenían que estudiar separados de los blancos. Bueno, pues eso estaba asumido y aceptado. ¿Muy bien, que no podían mezclarse en autobuses para ir al cole? También. Vale. Aceptado. Que no podían entrar a las mismas tiendas de chuches. Vale, de acuerdo. Tragaban porque no quedaba otra. Sudáfrica, ya sabemos, fue sinónimo de apartheid. Y el apartheid son esas normas que impuso el hombre blanco al hombre negro en esa parte del mundo, apartándoles a otras escuelas, a otros autobuses, a otros barrios. Hasta en las playas los separaban. Aquel 16 de junio, dentro de las movilizaciones que se organizaban de vez en cuando para reclamar igualdad de oportunidades, se montó una manifestación pacífica de estudiantes. Insisto, pacífica. Era una más. Llevaban tiempo manifestándose por una cuestión de idiomas. Los niños negros recibieron la orden de un día para el siguiente de empezar a estudiar la mitad de las asignaturas en un idioma que apenas entendía.
Carla
Pero si en Sudáfrica el idioma mayoritario es el inglés. Sería estudiar en inglés, ¿No? Sí. El otro idioma, el que no hay quien entienda, ¿Cuál era?
Nieves Concostrina
El africano.
Carla
El de los africanos.
Nieves Concostrina
Sí. El afrikan, el afrikaners. Y los afrikaners son, porque todavía quedan, son malísimas personas, son racistas y son asesinos. En Sudáfrica, esto le sonará a todo el mundo, había una minoría de blancos que apenas llegaba al 13% de la población. Eran, aún son, los descendientes de los antiguos colonialistas ingleses, holandeses, franceses, alemanes. Fue una mezcla. Ahí que esto tiene su historia también para algún acontecido de cómo fue todo este lío. Eso sí, todos eran muy rubitos y todos hablaban, y aún hablan, una lengua endemoniada llamada afrikaans, algo parecido al holandés, que con el paso del tiempo se ha mezclado con inglés, con portugués, con alemán y con zulú. Eso no hay quien lo entienda. Bueno, ni falta qué hace, porque con esa gente no hay nada que hablar. El resto de los sudafricanos, los negros, que eran más del 80%, sólo hablaban el inglés o eran bilingües de inglés y zulú y alguna lengua africana. Y puede que entendieran algo de afrikans. Pues sí, para entender cuando el señorito les pidiera el té de las cinco para cuando les ordenara cortar el césped. Pero no lo hablaban con fluidez porque era un idioma que les estaba vetado. Para hablar y entender afrikans tenías que haber nacido y tenías que haber mamado el idioma en una familia de blancos. No lo enseñaban a los negros. Estamos hablando de los años 70, ya el último tercio del siglo XX, cuando el gobierno racista sudafricano se descuelga con la siguiente orden. Todas las escuelas para negros tienen que estudiar en afrikans. Lo malo no era solo. No era que entendieran malamente una clase de matemáticas en afrikaans. Lo malo era el futuro profesional que le esperaba a un negro con una formación en ese maldito idioma. ¿A dónde iban?
Carla
Ya te lo respondo yo. Pocas oportunidades iban a tener. Y no solo en Sudáfrica, sino en otros países también. Con el afrikan solo.
Nieves Concostrina
Claro, claro. Es que era imposible. Los estudiantes querían seguir estudiando en inglés y mantener sus lenguas africanas para formarse. Porque además el afrikans era el idioma del opresor. Rechazaban eso. Nadie hablaba en Soweto la frikans. Nadie. ¿Para qué quieres que estud solo, Nafrikans? Pues para que esos estudios no me sirvan fuera. Para que sólo esté al servicio del hombre blanco pero sin las mismas oportunidades del hombre blanco. Es decir, por muy bien que un negro hablara el idioma de los racistas, ese idioma no le iba a servir para encontrar trabajo, por ejemplo, de ingeniero. En Sudáfrica nunca lo admitirían como ingeniero. Un negro no iba a ser ingeniero. Pero el inglés les permitía en cambio a los estudiantes tener un mercado laboral mucho más abierto. Aquello era una locura. Para apretar aún más el cuello de los negros. Estaba clarísimo, ¿No? Y bueno, salieron a manifestarse para exigir el mismo trato que los blancos sudafricanos, que por supuesto el afrikans lo tenían como lengua materna, pero estudiaban también en inglés. Por eso aquel 16 de junio de 1976, 15 mil estudiantes con sus profesores se manifestaron para reclamar el derecho a seguir estudiando en inglés. La mani no estaba autorizada, por supuesto. Si los negros no podían casarse con blancos ni viajar con blancos, ni podían votar y vivían hacinados en suburbios sin agua y sin luz, mucho menos les iban a dar permiso para salir a protestar por algo. La mani de aquel miércoles, que era miércoles, era tranquila, con los gritos propios de una mani, pero sin violencia. El lema era Abajo el afrikans. Y otro muy gracioso que decía Si aprendemos afrikans, que BORSTERS Aprenda Zulú.
Carla
¿El Borsters este no tuvo algo o mucho que ver con Mandela? El Borsters sí.
Nieves Concostrina
¿Borsters este fue este asqueroso?
Carla
¿Este fue ministro o primer ministro?
Nieves Concostrina
¿Que fue Primer ministro?
Carla
Primer ministro llegó a ser.
Nieves Concostrina
Sí, sí, sí. Bueno, fue primer ministro después, pero esto fue un asqueroso. Pero antes fue ministro de justicia. Claro. Y este es el que decretó cadena perpetua para Mandela. Por eso tuvo mucho que ver. Y cuando ya llegó a primer ministro, endureció a lo bestia, las medidas aparte, pero a lo bestia. También era muy, muy cristiano, hay que decirlo, de los fundamentalistas. Y alguien dirá ya está, esta con lo suyo. ¿Qué tendrá que ver? Pues perdonen, pero sí tiene mucho que ver ir a misa los domingos y asesinar negros el resto de la semana. Tiene mucho que ver. Aquella manifestación de 15.000 estudian terminó de la peor manera posible. La policía ordenó que se disolvieran. Por supuesto dijeron que no. Continuaron. Empezaron los palos, los cócteles molotó. Ya hubo trifulca. Soltaron perros de presa contra los niños. Hubo niños despedazados por los perros. Dispararon indiscriminadamente. Pero la orden era restablecer el orden a cualquier precio, como fuera. Y aquel precio fueron 700 estudiantes muertos. 700. Con muchos profesores también, y unos mil heridos. Las cifras son redondas, porque todavía hoy están contabilizadas. No están todas, están de aquella manera, alrededor de 700. La cifra oficial que dio el gobierno sudafricano fueron 23 muertos. 23. El caso es que así aprenderían que al hombre blanco no se le llevaba la contraria. Y en ese plan estuvieron hasta 1993. Los blancos mandando y matando y los negros muriendo por no obedecer. U obedeciendo si querían seguir vivos.
Carla
Está acordando Nieves, Seguro. Además que les pasa igual a muchos oyentes que estamos hablando de un hecho histórico y terrible que ocurrió en Sudáfrica. Sudáfrica en nuestra memoria colectiva lo tenemos. Yo lo tengo asociado a que España ganara su primer y hasta ahora único campeonato del mundo de Fútbol en 2010. Recuerdes el gol de Iniesta.
Nieves Concostrina
Todo aquello es inevitable. Eso va a ir unido siempre. En mi cabeza también, que no soy futbolera. Va unido en Sudáfrica y te viene eso. Pero ese país tiene una historia demasiado trágica y demasiado reciente. Ya sé que es cierto que va todo ya muy rápido, que no nos entran más tragedias en la memoria. Tampoco podemos estar doliéndonos constantemente por lo que nunca debió ocurrir, aunque lo pudimos evitar. Pero bueno, hay asuntos que no deberían caer tan fácilmente en el olvido. Hay demasiados dramas así. Y es fantástico que a cualquier español de cualquier tipo y condición, le preguntes ¿Sudáfrica? Y te diga ipsofacto España campeona del mundo en 2010. Perfecto, bien, Goldinies, muy bien. Pero dime otra cosa de Sudáfrica. Iker Casillas besó a una periodista en los morros y en directo y se casaron. Pues vale, dime una tercera que ya se han separado. Bueno, pues que al menos la cuarta cosa sea. Y no olviden lo que pasó en Soweto. Suscríbete, acontece que no es poco. Todos los episodios y contenidos adicionales en la app de Cadena Ser y en nuestros canales de Apple Podcast, Spotify, iVoox, Google Podcast y YouTube. Escúchanos en directo en la SER de lunes a jueves a las 7 de la tarde.
Podcast: Todo Concostrina
Host: Nieves Concostrina (with Carla)
Date: June 16, 2022
Episode Theme: The Soweto Massacre – Remembering violence against children and the struggle for their rights during apartheid South Africa.
This episode, hosted by Nieves Concostrina with Carla, dives into a critical yet often overlooked event in history: La masacre de Soweto (the Soweto Massacre). On June 16, 1976, hundreds of South African children were killed during a peaceful protest against apartheid education policies. The discussion explores the historical context, the brutal reality of apartheid, the hypocrisy of global child rights observances, and why this chapter must never be forgotten.
Nieves Concostrina (on hypocrisy of Children’s Day):
“Mientras llevo en los pies unas magníficas deportivas que han hecho unos niños de Bangladés con sus manitas, o sea que no las voy a leer.” [02:08]
Nieves Concostrina (on apartheid’s linguistic oppression):
“El afrikans era el idioma del opresor... Nadie hablaba en Soweto la frikans. Nadie. ¿Para qué quieres que estudie Nafrikans? Pues para que esos estudios no me sirvan fuera.” [08:11]
Nieves Concostrina (on the massacre):
“Soltaron perros de presa contra los niños. Hubo niños despedazados por los perros. Dispararon indiscriminadamente... Y aquel precio fueron 700 estudiantes muertos.” [10:08]
Nieves Concostrina (on Spain’s memory):
“Perfecto, bien, Goldinies, muy bien. Pero dime otra cosa de Sudáfrica... Pues que al menos la cuarta cosa sea. Y no olviden lo que pasó en Soweto.” [12:54]
The episode stands as a potent reminder of the brutal realities children have faced—and still face—when systems of power deny them basic rights. Nieves Concostrina’s style blends historical rigour with acerbic commentary and vivid storytelling, ensuring that Soweto’s tragedy is not lost to amnesia or overshadowed by more glamorous national memories.
Last word:
"Que al menos la cuarta cosa sea. Y no olviden lo que pasó en Soweto." [12:54]