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Ser podcast. En La Ventana acontece que no es poco. Un relato personal de la historia con Nieves con costrina, Cadena SER.
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Hola, Nieves, buenas tardes.
A
Buenas tardes, Carlas, ¿Cómo estás?
B
Me ha hecho gracia uno de los relatos finalistas de hoy que hablaba de Dios y su hijo haciendo dinosaurios con arcilla. Me ha hecho gracia porque la última entrega de Parque Jurásico, el Jurassic World Dominion, este ha confirmado que la pasión por los dinosaurios no se apaga.
A
Esta película, que son fascinantes.
B
Están bien las pelis, además, unas más que otras, están bien en general. De hecho, esta película, la última de la franquicia, de momento lleva recaudados casi 700 millones de euros en todo el mundo, que es una barbaridad. Y el otro día aquí en La Ventana, igual te acordarás, un catedrático nos decía que este proyecto cinematográfico ha sido magnífico para la paleontología en términos y de promoción y eso. Vale, pues hoy que sepan los oyentes que Nieves nos trae la historia de alguien que también contribuyó a eso, a investigar y difundir el universo dinosaurio, pero en un tiempo en el que ni había cine, ni redes sociales, ni nada de eso. Y encima con una vida al pobre, pues diríamos que no precisamente afortunada, ¿No?
A
Qué penínica, pobrecito. Sí. Y encima en una época en la que diciendo dinosaurio, ¿Qué demonios es un dinosaurio? ¿Si nadie sabe lo que era eso? Y es cierto, hablamos de un tipo que se ajusta a ese refrán que dice hay personas que nacen con estrella y otros que nacen estrellados. Sí, pues este nació estrellado. Era británico y se llamaba Gideon Mantle. Es un personaje muy conocido por los aficionados a la paleontología porque fue el que dio nombre al iguanodonte que ha salido en el relato. Bueno, pues fue el que puso nombre. El iguanodonte era un bicho con. Así como con cara de pato que correteó por el Cretácico hace ciento treinta, ciento veinte millones de años. El millón arriba, millón abajo. Este bicho medía 8 metros y pesaba 4 toneladas, pero era herbívoro. Yo nunca he entendido como un bicho que sólo come ensaladas puede pesar 4.000 kilos. Pero bueno, luego te ponen a régimen y come verde y para qué voy a engordar lo mismo. Bueno, esto iba efectivamente de dinosaurios y de cómo a este hombre, a Gideon Mantle, no le cupieron más desgracias en su vida, pese a que ahora estemos hablando de él por formar parte de la historia de la paleontología. Vamos a conocerle a él, a conocer su descubrimiento, a conocer a otro tipo envidioso que no reparó en gastos como el abuelo de Parque Jurásico. Este envidioso tampoco reparó en gastos para hacerle la vida imposible a este hombre. A Gideon Mantle le pasó de todo, y casi todo malo, pero cuando le pasaba algo bueno, ya había alguien encargado de estropeárselo. Este hombre se obsesionó con la búsqueda de restos de dinosaurios, aunque él no sabía lo que era un dinosaurio. Algunos tenían sospechas, pero la mayoría no tenían idea de cómo entender esos huesos tan grandes que aparecían de vez en cuando. En su cabeza no entraba. Por eso es importante la fecha de hoy en la paleontología. El 20 de junio de 1824 se catalogó el primer fósil de dinosaurio. El primero. Aún no se llamaban dinosaurios, no se llamaban de ninguna manera. En realidad se catalogaron unos dientes de un bicho desconocido.
B
Pero entonces, ¿Cómo se llegó a esa primera catalogación? Porque parece que este hombre, Mantl, sabía lo que buscaba, pero no sabía lo que encontraba.
A
No tenía ni idea. Este hombre, Mantle, buscaba fósiles en las minas del sur de Inglaterra para intentar identificarlos, pero encontraba algunos que no había forma de identificar. Un día encontró huesos y dientes muy, muy grandes, muy grandes por la forma, y según sus conocimientos, parecían ser de un animal gigante que se alimentaba de plantas. No sabía más. Un rinoceronte, quizás, pensó él, o un pez muy grande. Cuando se retiraron las aguas, pues a lo mejor aquí quedó un pez muy grande. Pero bueno, él llegaba hasta donde llegaba. Por eso consultó con el que entonces era el mayor experto naturalista y zoólogo europeo, que era el francés Georges Cuvier, que fue el que le confirmó aquel 20 de junio que los huesos, los dientes que le había enviado eran de un animal nuevo, no conocido, nunca visto. Probablemente, le dijo Cuvier, de un reptil de proporciones gigantescas. Ni rinoceronte, ni pez, ni gamusino, ni nada. Era otra cosa. Otra cosa. Gideon Mantle, una vez que supo que los dientes que le dio a Cuvier para que los estudiara eran de un bicho nuevo, enorme, recuerdo que comía verdura, consultó, preguntó, comparó aquellos gigantescos dientes fosilizados con otros reptiles y resulta que se parecían mucho a los de las iguanas actuales. Pues ya está. Iguanodonte.
B
Iguano donte.
A
Iguano de iguana. Donte del griego diente. Pues diente de iguana. Tampoco hay que enredarse mucho con los nombres a veces. Además, dicho así, iguanodonte, pues sonaba bicho grandote. Así fue la primera catalogación de lo desconocido. Gideon Mantle siguió sumando descubrimientos. Pero cuantas más alegrías le daban los fósiles, más disgusto le daban los humanos, la verdad. Le abandonaron su mujer y su hijo, una hija se le murió. Como médico no ganaba un duro, se lo comían las deudas. Y dijo, mira, yo me voy a Londres. Voy a ver si en Londres, que allí está el meollo científico, a ver si me hago un hueco. Bueno, todo mal. Londres, los científicos. Este hombre era Gideon el Pupas.
B
Oye, y antes has comentado así de pasada, hablabas de. De envidia. ¿Qué pasa, que el descubrimiento no lo recibieron bien sus colegas o qué?
A
Bueno, lo malo es que no lo consideraban colega.
B
¿Por qué?
A
Claro, porque él era un médico, un cateto. Era un tipo venido de provincias. Y los señores científicos de Londres estaban por encima del bien y del mal. Es que encima, al poco de llegar a Londres, Gideon Mantle se cayó del carruaje, se enredó con las riendas y los caballos lo arrastraron. Te digo que le pasó de todo. La columna vertebral le quedó con más curvas que la subida a los lagos de Covadonga. Tremenda, fatal. Y a partir de ahí su vida fue un calvario de dolores. Pero lo que más le dolía era el acoso de la sociedad científica londinense, encabezada por un tipo que tenía mucho prestigio. Pero más malo que un dolor. Era un tipo que se llamaba Richard Owen. Muy buen investigador, muchísimo prestigio tenía, pero era también muy mala persona. Es muy famoso porque fue el creador del Museo Británico de Historia Natural. Owen boicoteó todos los trabajos de Mantle. No le dejaba avanzar. Y este pobre ya Mantle, destrozado por los dolores de espalda, agobiado por ver cómo sus muchos años de trabajo y sus descubrimientos no se los tenían en cuenta, lo vetaban todo en la Real Sociedad Científica de Londres. Pues mira, se hartó, se metió una sobredosis de opio y se largó de este mundo. A la porra. A la porra. Ya me voy. En ese momento, Owen el malo aprovechó para eliminar de los archivos los trabajos de Mantel y apropiarse del descubrimiento del iguanodonte, un Tyrannosaurus rex. Tenía más corazón que este canalla de Owen. Fíjate si sería malo. Además que todos sospecharon que la necrológica que salió en la prensa dedicada a Gideon Mantle la escribió él porque era malísima. Decía que era un. Escribió de Mantel, que era un anatomista mediocre y carente de conocimiento.
B
Por favor.
A
El pobre estaba así. Es tremendo. Menos mal que al final. Bueno, pues todo se supo. Por eso lo podemos contar. Y además Mantel tuvo un bonito detalle post mortem. Donó su columna vertebral al Real Colegio de Cirujanos de Londres para que pudiera ser estudiada. La columna vertebral pasó luego a las vitrinas del Museo de Cirujanos, que por cierto, luego el Owen también acabó siendo jefe del museo. Perseguía a Mantel hasta después de muerto. En esa vitrina del Museo de Cirujanos estuvo expuesta la columna con el nombre de su propietario. Años después, alguien vino, cambió el cartel por otro que quitó el nombre y solo decía Escoliosis lateral lumbodorsal. Bueno, pues no se sabía de quién era. Y en 1970 llegó otro propio. La tiró, porque ya tenemos muchas columnas con escoliosis. Esta la tiramos y la pifiaron. Sí, tenían muchas, pero ninguna columna la había llevado puesta el tipo que catalogó al iguanodonte.
B
I still feel.
A
I focus on the pain.
B
The only thing that's real The.
A
Needle tears a hole The old familiar sting Try to kill it all away But I remember.
B
Estaba pensando, Nieves, que por muchos huesos de dinosaurios que continuarán apareciendo, el problema estaría en la datación. Claro, lo que entonces no se sabía era cómo situar la antigüedad. Es decir, cuántos años tenía eso que encontraban.
A
Claro, eso les traía locos. No tenían ni idea. Sabían que eran bichos extintos. Bichos no conocidos, pero como mucho. ¿Que pensaban entonces? Pues que podrían tener seis mil años. ¿Cuál era la referencia aceptada de la antigüedad del mundo? ¿Cuando lo creó Dios? En seis días. Porque al séptimo descanso y se fue de caña. El cuento bíblico del Génesis dice que al sexto día, o sea, el sábado, Dios creó a los dinosaurios. En realidad creó a toda clase de seres vivos. Animales domésticos, animales salvajes, reptiles e insectos. Bueno, pues se supone que ahí estarían los dinosaurios. Y esto fue como muy tarde. Yéndonos todo lo atrás que se pueda hace 6.000 años, que es la antigüedad de la Tierra para los que no estudian. Pero Durante el siglo XIX la ciencia siguió avanzando. Y cuando llegó el momento de decir que esos bichos corrieron por el planeta hacía muchísimo más tiempo, quizás millones de años, pues salieron los ilustrados con sotana. Y no puede ser. Absolutamente imposible. El mundo tiene sólo 6.000 años. Y aquí nos entra una historia muy. A mí me parece muy divertida, y que demuestra lo desconcertados que andaban los primeros buscadores de fósiles. Porque los fósiles empezaron a aparecer muy pronto, siglos atrás. En el siglo XVII. Por ejemplo, a finales 600 y muchos, un investigador encontró en Inglaterra lo que él catalogó como unos testículos fosilizados. ¿Testículos? Eran descomunales. Eran unos testículos enormes. Según él, mucho más grande de lo que todo el mundo pueda estar imaginando. Más grandes. Bueno, pues ese par de huevos tenía que ser de un gigante. No había otra explicación. El Génesis, en su capítulo 6, versículo 4, por entonces, cuando los hijos de Dios cohabitaban con las hijas de los hombres, y éstas tuvieron hijos, aparecieron en la Tierra los gigantes. Estos son los esforzados varones de los tiempos primeros. Esos testículos eran la prueba de que lo que decía la Biblia era verdad. Los gigantes existieron. Ahí estaban sus testículos. Pero claro, pasaron 100 años, y a finales del siglo XVIII hubo otro investigador, Richard Brooks se llamaba, que le puso nombre al fósil. Este testicular lo llamó Scrotum humanum, y pasó a ser el primer naturalista que le puso nombre científico a un fósil de un gigante.
B
Bueno, pero dado que los gigantes no existieron, ¿A qué bicho pertenecían los huevos estos?
A
A ver, a un Megalosaurus. Al principio, a casi todo lo llamaban Megalosaurus, que significa lagarto grande. Creen que podría ser un fósil de tiranosaurio. Pero que era de un bicho grandísimo se supo mucho después, gracias a los dibujos que existían del fósil Scrotum humanum. Y cuando los paleontólogos ya estaban más puestos en el tema, el fósil se perdió. No se tiene referencia. Está recreado en yeso y tal, pero no existe. Pero los dibujos sí, sí existen. Y los más listos. Pero qué testículos de gigantes ni que leches. Esta es la parte de debajo de un fémur, la parte que va encajada con la rodilla y que tiene forma de dos huevos colganderos ahí. Aquí lo gracioso es que al llamar a aquel fósil de fémur Scrotum humanus, estaba poniendo por primera vez nombre científic a un fósil. Y esto ha generado un dilema. Según las reglas de la clasificación paleontológica, el primer nombre que se le da a un fósil tiene prioridad sobre todos los demás. Es decir, los paleontólogos muy posteriores sentenciaron que ese Scrotum humanum era en realidad de un Megalosaurus. Y con este nombre se ha quedado sin respetar el primer nombre científico que se dio. Es decir, el Megalosaurus debería llamarse Scrotum y la familia de los megalosáuridos debería ser escrótidos, pero no les pareció bien. Pero si Mantien llamó Iguanodón a su bicho, se sigue manteniendo Iguanodón de la familia de los iguanodóntidos, aunque se sepa que no era una iguana. A ver, porque lo de Scrotum no se ha mantenido. Yo protesto.
B
Protesta, protesta, protesta que es lo tuyo. Pero mañana vuelve mañana más. Venga. Un beso Nieves. Hasta mañana.
A
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Date: June 20, 2022
Host: Nieves Concostrina
Co-host: Carlas
Podcast: SER Podcast
This episode of "Acontece que no es poco" dives into the fascinating and somewhat tragic story of Gideon Mantell, the British doctor who played a key role in the early days of dinosaur discovery. Nieves Concostrina, with her signature wit and storytelling flair, explores Mantell’s discovery of the iguanodon, the skepticism and hostility he faced from the scientific elite, and how the interpretation of fossils has evolved over time — even venturing into tales of testicle-shaped fossils mistaken for evidence of biblical giants.
With her characteristic humor and rigor, Nieves Concostrina illuminates a chapter of history where science collided with tradition, personal vendettas, and honest mistakes. The episode not only celebrates Gideon Mantell’s perseverance and scientific curiosity but also highlights the sometimes absurd journey from ancient mythology to modern paleontology. It’s a poignant reminder of the human side of discovery and the messy, fascinating progress of knowledge.