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Nieves
Ser podcast. En la ventana. Acontece que no es poco, un relato personal de la historia con Nieves con Costrina, Cadena SER.
Carla
Hola Nieves, buenas tardes.
Nieves
Hola Carla.
Carla
Yo no sé si los oyentes de este Acontece que no es poco, espero que les ocurra lo mismo que a mí, pero yo estoy disfrutando muchísimo con este formato de serie que últimamente aplicas a tus paseos por la historia, porque hay que recordar el motivo, que es muy evidente. Si hay un episodio que se puede contar del tirón, pues se cuenta, pero si el tema se complica y tiene tramas subtramas y para entenderlo hay que ir por partes, pues adelante también. Y esta semana recuerdo que estamos con una historia portuguesa, seguramente una de las etapas más negras en la historia de Portugal, y con un protagonista destacado, el Marqués de Pombal, que no sé si lo sabes, pero incluso tuvo una miniserie de televisión hace casi 20 años. La tuvo. Y es que pensaba esto para un guionista Netflix y ha mirado y tuvo una serie de televisión. Bueno, lo que contamos estos días ocurrió mucho más atrás, en el siglo XVIII y fue una batalla a muerte con tres el propio marqués, los curas y los aristócratas. Ya está, ya está la cosa ahí contextualizada.
Nieves
Hoy continuamos con esa hoja de ruta del déspota este portugués, Marqués de Pombal, que fue, como dices, una cruzada contra aristócratas rancios y jesuitas conspiradores. Pero el episodio de hoy necesita contexto. A todos nos suena del cole aquello del despotismo ilustrado, ahora ya se llama mejor absolutismo ilustrado y su famoso lema que nos decían todo para el pueblo, pero sin el pueblo. La Ilustración en el siglo XVIII inspiró cambios importantísimos culturales y sociales. Y los reyes progresistas, por llamarlos de alguna manera, porque rey y progreso son términos antagónicos, pero estaban de acuerdo con eso de meter la ilustración debajo de la boina de sus súbditos, pero cuidado, ojo, sin dejar a los súbditos intervenir en nada, las decisiones se tomaban sin contar con ellos. Eso era el despotismo. Monarquías como la española con Carlos III, la prusiana con Federico II, la francesa con Luis XVI, la portuguesa con José I, estaban todas incluidas en ese concepto del absolutismo ilustrado. El Marqués de Pombal, que era el mandamás de Portugal, por mucho que hubiera rey, era un déspota ilustradísimo o un ilustrado despotísimo, da igual. Él iba a renovar Portugal social y culturalmente, pero por las bravas, aunque lo tuviera que poner todo perdido de sangre. Por eso necesitaba quitarse obstáculos del camino. Y no sólo porque sectores de curas y nobles defendieran el inmovilismo y pusieran palos en la rueda del progreso, sino también porque eran sus enemigos y porque si no los quitaba él de en medio es que ellos lo iban a quitar a él, o uno o los otros. Por eso el marqués de Pombal descabezó a la rancia aristocracia que podría menoscabar su prestigio ante el rey. Y ahora a por los jesuitas. Y era un plan sin fisuras.
Carla
Vamos a recordar la importancia del contexto que tú comentabas, el por qué se fue el marqués de Pombala por la familia de los Tábora. Lo que contamos el otro día con el pretexto del atentado al rey y esas cosas, eso ya quedó claro. Pero ¿Cuál era la excusa o la coartada para ir contra los jesuitas?
Nieves
Pues que también estaban implicados en el complot. Pero bueno, sin una sola prueba podía poner todas. Y con el agravante de que a los jesuitas no podía ejecutarlos, no podía montar una farsa de proceso como hizo con los nobles, ni amañar un tribunal. Y además, a ver, piano, piano, un paso después del otro. Porque el marqués de Pombal no iba solo a por tres o cuatro jesuitas, él iba por todos. Pero lo que decía antes, tenemos que poner contexto. Y aquí hay dos contextos para entender cómo se justificó la expulsión. Para conocer uno nos tenemos que ir a América y con el otro no hace falta movernos de Portugal para conocer a un jesuita, a un imbécil, porque era un imbécil, a un mal bicho que se lle este tío se pasó de frenada. Se llamaba Gabriel Malagrida, muy bien relacionado con la familia real y con las más refinadas familias lisboetas. Como los curas no pierden oportunidad de sacar tajada, y encima los jesuitas son especialmente hábiles para ello, el terremoto de Lisboa de 1755, como todas las catástrofes, fue una nueva oportunidad de negocio para la Iglesia, para acojonar al personal con eso de la ira de Dios, para tener a los portugueses aún más sometidos, para conseguir más clientes, más recaudación. Y al jesuita Malagrida no se le ocurrió otra al año siguiente del terremoto en 1756 publicar un libro titulado Juicio de la verdadera causa del terremoto.
Carla
Ay, verdadera causa. Metemos lo peor. No tiene pinta de que ese libro utilizar argumentos científicos, que se ocupara de la tectónica de placas y cosas de estas.
Nieves
Por concluir rápidamente, según el jesuita, el terremoto era consecuencia, y abro comillas, de nuestros pecados intolerables. Esto cabreó mucho al marqués de Pombal, porque el marqués había distribuido por todo Portugal instrucciones. Lo hizo perfecto esto de lo que había que hacer si volvía a producirse otro terremoto, calmando a la población, explicando que eran fenómenos naturales. Y el jesuita, en plan réplica como si fuera él un terremoto, sale con su libro diciendo que todo era castigo del tal Dios que no tiene otra cosa que hacer en el cielo que pergeñar planes para putear a la población. Está claro. Malagrida decía en su libro que nada de lo que se estaba haciendo por volver a la normalidad en Portugal sería útil. No había que hacer nada, salvo aguantar los designios divinos y rezar, Rezar mucho. Organizar muchas procesiones y montar algún que otro auto de fe y quemar unos cuantos herejes y unos judíos.
Carla
Eso que no falte nunca.
Nieves
Claro, por eso anima mucho el cotarro callejero. El marqués de Pombal tenía a Malagrida y a unos cuantos jesuitas metidos entre ceja y ceja. Y tras el atentado del rey ahí aprovechó para implicarlos. Los encarceló porque no podía juzgarlos. Y además no aspiraba a cargarse a un puñado de jesuitas. Este tío era ansia viva contra los jesuitas.
Carla
Al infierno.
Background Singer
Living music, loving free season decline. Ask another leave it be taken. Carry on my fine. The only reason, the right.
Carla
Imagínate ese Pombal cantando. Pero vamos, lo que hizo o lo que pretendía hacer es lo mismo que ocurrió poco después en España. Lo que buscaba es la expulsión del país de todos los jesuitas.
Nieves
¿De todos? De todos. Es que esto también tuvo que ver con el despotismo ilustrado. Los jesuitas eran la orden más influyente y poderosa en todas las monarquías católicas. En todas. Estaban infiltrados en las más altas esferas del poder. Eran los confesores de los reyes, o sea que manejaban información valiosísima. Que esto la gente que todavía no sé por qué no se han enterado los que van a confesarse que los inventó solo para robarte la información y mantenerte atrapado. Pues a los reyes los tenían pillados. Tenían también la educación en sus manos. Ellos adoctrinaban a los más pudientes y los más pudientes comían de su mano. El poderío de la Compañía de Jesús era tal que a veces actuaban como un Estado dentro de los distintos Estados. Y a mediados del siglo XVIII, todos los reinos católicos, España, Francia, Nápoles, Sicilia, el ducado de Parma, Portugal, casi todos, expulsaron a los jesuitas de sus territorios y presionaron al Papa para que disolviera la compañía empresarial. Pero antes cada país tuvo que buscarse su propia excusa, su propio pretexto para ordenar la expulsión. No podían decir por qué sí tenían que inventar algo. Carlos III acusó a los jesuitas de instigar el famoso motín de Esquilache en Francia. Buscaron otra excusa en Portugal. Fue lo del atentado al rey. Pero el que abrió la espita, el primero que tuvo Perendengues en decretar la expulsión, este fue el Marqués de Pombal. Y cuando decía que fue un plan sin fisuras, es porque, recordemos, los Tábora fueron condenados el 12 de enero de 1759, ejecutados el 13 y sólo seis días después, el 19 de enero, se decretó la expulsión de los jesuitas. De todos no quedó ni uno en territorio portugués. Bueno, ni americano.
Carla
Pero aquí hay algo que no cuadra. Porque a los que supuestamente se consideraba sospechosos de atentar contra el rey, ya los tenía encarcelados. Entonces, ¿Qué justificación utilizó para expulsar al resto?
Nieves
Pues ahora es el momento de irse a América para poner el otro contexto que nos faltaba. Porque el Marqués de Pombal tenía muchas más razones, como también las tuvo Carlos III, para deshacerse de estos curas. Quien haya visto la película La misión, con Jeremy Irons y Robert De Niro, pues habrá peliculón. Se situará más o menos en lo que hablamos. A los demás les recomendamos que la vean, porque además tiene esa banda sonora maravillosa de Nio Morricone. Una maravilla. Y en América, en aquellos mismos años de mediados del siglo XVIII, había aliada una muy gorda de los portugueses y los españoles contra los jesuitas. Fueron, sobre todo para Portugal, unos años muy locos. Ya lo hemos venido diciendo. Recordemos en el 1755 el terremoto, el motín de los taberneros de oporto, en el 57, que esto todavía lo vamos a it, pero va a caer ya, en el 58 el atentado al rey, en el 59 la ejecución de los Tábora y la expulsión de los jesuitas. En fin, mucho junto. Pero a la vez que estaba liada en Portugal, los portugueses también la tenían liada en América. Por eso se considera que fue el periodo más negro de la historia de Portugal. Yo creo que nunca hemos hablado, además de espacio, me refiero, lo hemos mencionado, de las reducciones, los asentamientos que crearon los jesuitas para los nativos americanos. Eso se llamaban reducciones. Los jesuitas siempre con tanto ojo, pillaron a los aldeanos de allí, a los de allá, a los de otra aldea de un poco más allá, y los redujeron a todos a un pueblo grande. Por eso se llamaban reducciones. Eran unos pueblos alucinantes los que crearon, urbanísticamente impecables, pensados para reunir a los nativos, tenerlos muy controlados, evangelizar, hacerlos vivir en comunidad y pastorearlos de forma más efectiva. Las reducciones del Paraguay son patrimonio de la humanidad. Ojo.
Background Singer
¿Alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a mi Señor?
Carla
¿O no? Pero bueno, volviendo a la peli, a la misión, lo que se cuenta en esa película es la historia de la creación de una de estas reducciones. Precisamente es eso.
Nieves
Claro, exactamente, sí. Bueno, pues los jesuitas, que también vieron oportunidad de negocio en América, crearon 30 pueblos misioneros, 30 reducciones, donde hacían y deshacían, mandaban ellos, organizaban ellos a los guaraníes, según unos no esclavizaban, según otros sí, pero la manera jesuítica, o sea que pareciera que no, como lo hacen ellos. El proyecto misionero estuvo muy bien hecho, pero con unos clarísimos intereses económicos y evangelizadores. Eran prácticamente autónomos, casi actuaban al margen de las coronas de España y Portugal. Y en 1750 se tensaron mucho las relaciones de los jesuitas con los reyes de España y Portugal, porque los dos reinos firmaron un acuerdo que se llamó el tratamiento de los límites, donde por fin quedaba claro de una vez por todas los territorios que eran de Portugal y los que eran de España. Llevaban embroncados por esto doscientos y pico años. Este acuerdo obligó a siete pueblos de jesuitas españoles, a siete reducciones, a levantarlos, a hacer mudanza, porque donde estaban asentados era territorio que había que entregar a Portugal. Los jesuitas se negaron los guaraníes también porque estaban a gustico ya donde estaban y ya se habían hecho a un modo de vida y a una estructura social que no les venía nada mal. Como no se iban tropas españolas y portuguesas, fueron a obligarles a irse. Y como los jesuitas se habían encargado ya de facilitar armas a los guaraníes, pues se lió muy gorda. Y los guaraníes armados daban mucho miedito.
Carla
Pero en este caso los perjudicados serían los jesuitas españoles, no portugueses, ¿No?
Nieves
Sí, pero. Sí, pero con los jesuitas portugueses el problema fue otro. Este era un problema general con los jesuitas que se defendían a morir. Pero el problema fue otro. Y es que el Marqués de Pombal pretendió en aquella mitad del siglo XVIII, fundar compañías comerciales en Brasil, y eso perjudicaba el negocio de los jesuitas. Con el tratado de límite se les fastidiaba a los jesuitas lo que ellos consideraban monopolio suyo en las colonias portuguesas. Ellos comerciaban, ellos mandaban, ellos hacían y deshacían en sus reducciones, en sus estados, dentro del Estado. Así que entre la rebeldía jesuítica y que instigaron a los guaraníes a levantarse contra Portugal, entre que el bobo de Malagrida éste quería evitar terremotos quemando herejes, y entre que el despotismo ilustrado de los Borbones de España, Francia, Nápoles, Sicilia, había instalado en la Europa católica una campaña inmisericorde contra la Compañía de Jesús, el primero que dio el paso para expulsarlos y requisarles todos los bienes fue el Marqués de Pombal en Portugal. Y por supuesto también se fue a por los jesuitas de América. Y así fueron expulsados de un país tras otro hasta que el Papa aceptó las presiones monárquicas, sobre todo de los Borbones, y suprimió la Compañía de Jesús, según justificaron entonces por inspiración del Espíritu Santo. Es el mismo palomo que se lió con la María Espalda de José. Bueno, pues ese le dijo al Papa, cárgate a estos. Nadie se preocupe por ellos, porque tuvieron una sorprendente capacidad de regeneración económica.
Carla
La musiquita es chula, esto no me lo puedes negar. Oye, yo estoy ahí pendiente, y me imagino que muchos oyentes también te hemos oído mencionar varias veces lo de la revolución de los taberneros de Oporto. Mañana igual sería el día, ¿No? Y así cerramos la serie ya.
Nieves
Ay, la que se lío.
Carla
Pues venga, mañana más nieves.
Nieves
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In this engaging episode of "Acontece que no es poco," Nieves Concostrina continues her deep dive into one of the darkest periods of Portuguese history: the campaign of the Marquês de Pombal against both the aristocracy and the powerful Jesuit order. The focus is on the Marquês’ systematic efforts to modernize Portugal through force, culminating in the dramatic expulsion of the Jesuits. The episode is part three in a series, maintaining an irreverent, lucid tone, blending rigorous history with wit and directness.