
Loading summary
Nieves Concostrina
Ser podcast. En la cadena ser cualquier tiempo pasado fue anterior con nieves con costrina. Londres, 9 de enero de 1806. Un interminable cortejo fúnebre con más de 30 almirantes, más de 100 capitanes de navío y una tropa de 10.000 soldados circula solemnemente por la ciudad ante miles y miles de espectadores acompañando el féretro de un héroe de guerra, el almirante Horatio Nelson, que aunque casi nadie lo sabe, porque estaba feo saberlo entonces, fue enterrado en la catedral de San Pablo, borracho perdido. Este tipo se había muerto dos meses y medio antes, el 21 de octubre de 1805, en pleno fregao de la batalla de Trafalgar, que aunque suene muy británico, es muy español. ¿Cuántos españoles vienen vacilando de un fin de semana en Londres? Me ha encantado Trafalgar Square. ¿Que no es Trafalgar? ¿Que es Trafalgar? Que una cosa es que los guiris no sepan decirlo, que en su derecho están y no pasa nada, pero otra muy distinta que un español snob lo pronuncie con acento inglés comiéndose todas las r. El cabo de Trafalgar está en Barbate, en Cádiz. Menos mal que no tienen que decir Barrobate. Y en esas aguas cascó Horatio Nelson, el tipo al que le organizaron aquel morrocotudo funeral y entierro y cuyo féretro iba cubierto por el pabellón del Victory, el buque insignia de la flota británica que derrotó a la escuadra hispano francesa en la cacareada batalla. Aquella bandera que cubría el féretro de Nelson acabó despedazada y repartida entre la concurrencia en trozos de distintos tamaños. Esos trapitos salen de vez en cuando a subasta y tenemos noticias de que un pedazo pequeño se vendió por 71.000 euros hará 15 o 20 años, y otro más grande por 332.000 hace 5 o 6 años. No hay nada como tener dinero para poderlo tirar.
Emma Vallespinós
Tampoco pido tanto.
Nieves Concostrina
Una cale de sieta color turquesa.
Ana Baltierra
Un bolso Easywhere a mi ladito.
Nieves Concostrina
No sé, tampoco pido tanto. Hablando de banderas, el Museo Nacional de la Marina en Greenwich, en Londres, guarda un gigantesco pabellón de 14 metros de largo por 10 de ancho que ondeó en el buque español San Ildefonso, capturado durante la batalla de Trafalgar. Era costumbre arrebatarle el banderil al enemigo cuando lo derrotabas Y eso hizo la escuadra inglesa, llevarse aquel pedazo de pabellón para que luciera en el techo de la Catedral de San Pablo durante el entierro de Horatio Nelson. Allí se quedó aquel inmenso trapo a la intemperie durante los siguientes 100 años porque era tan grande que no había donde meterlo. Hasta que lo doblaron, lo guardaron y en 2005 decidieron restaurarlo como pudieron cuando se cumplió el bicentenario de Trafalgar. Es una reliquia gigantesca que viendo esa bandera que casi es un campo de tenis con el escudo de armas de Castilla y León en el medio, podemos imaginar el tamaño del barco. Una monstruosidad. Pero es un vestigio histórico. Sobre todo porque es la bandera que llevaban los barcos de guerra antes de que fuera bandera de España. Sólo era la enseña que identificaba los barcos de guerra. Faltaban 38 años para que se decidiera en un despacho que esos colores se adoptaran como bandera del país. Unos colores que no tienen simbolismo alguno, que no recuerdan ningún hecho histórico y ningún momento reseñable. Lo cuento para informar de la historia de su bandera a esos patrioteros simplones que la llevan en la muñeca porque es moda, pero no tienen ni repajolera idea de su historia, su origen y su creación. Y que digo yo que la llevarán por si se pierden para que sepan devolverlos a su país.
Jesús Pozo
Este año 12 de octubre, mucho colgaron nuevamente la banderita en sus balcones para dárselas de patriota y dejar bien claro que va a estar siempre unida a España por sus cojones. Pa' l año que viene quiero proponerles con la bandera una nueva forma de protestar. En vez de colgarla del balcón de casa, te la pones de capa y a ese balconing a ver qué pasa.
Nieves Concostrina
Una cosa sí saben hacer los británicos y eso es amortizar los triunfos, por flojos que sean. Vender una victoria, aunque haya sido poco lucida, adornándola, exagerando la levantando monumentos ostentosos, convirtiendo en héroe de la patria alguien sólo porque se murió. Organizando funerales teatreros. Y luego en la otra punta han estado los españoles que cuando han tenido un triunfo estrepitoso ni venden bien la victoria, ni levantan monumentos, se olvidan del héroe y ni funerales, ni homenajes, ni leches. Y estoy pensando en el gran Blas de Lezo y en su impecable triunfo en la batalla de Cartagena de Indias a mediados del siglo XVIII, que le dio tal palizón a los británicos que todavía están gimoteando cuando nadie los ve. Pero en Inglaterra corrieron un tupido velo sobre la derrota, se hicieron los tontos y aquí no ha pasado nada. ¿Dónde está la gran diferencia? En que el almirante Horatio Nelson salió triunfante y ahí tienen en Londres ese pedazo de plaza que llaman Trafalgar Square y a la que no les ha importado poner un nombre que no pueden ni pronunciar con tal de darnos en los morros y con esa columna de 50 metros con Nelson encima, que es inmenso. Pero busquen una gran plaza en España turísticamente rentable, dedicada a la batalla de Cartagena de Indias o grandes monumentos a Blas de Lezo, porque las discretas estatuas que le han puesto en Cádiz y Madrid fueron inauguradas en 2014, que están muy bien, pero se ha tardado tanto en atender a este hombre que la mayoría que pasa por delante de sus monumentos y ve a ese tipo cojo, tuerto y manco. ¿Y este tío quién era? En resumen, que los británicos engrandecen artificialmente sus triunfos y los españolistas lloriquean por tonterías de leyendas negras y se olvidan de los auténticos éxitos. Pero conste que a los ingleses podríamos decirles eso de Trafalgar, Trafalgar, Trafalgar. Eso sí, aquella batalla frustró para siempre la obsesión francesa de invadir Inglaterra, que vaya emperramiento el que pillaron tanto Felipe II en su momento como Napoleón dos siglos después. Y también se frustró, por supuesto, nuestra flota, porque se aniquiló totalmente y llevó a que España perdiera la supremacía naval durante los siguientes 100 años. En la bronca de la batalla de Trafalgar nos metieron los franceses por culpa, qué raro, de los Borbones. ¿Como que se iban a librar? España era aliada de la Francia de Napoleón porque los Borbones se pusieron a sus pies con tal de que el emperador los mantuviera en el trono. Al final, ya saben, Napoleón se quedó con España, los Borbones salieron indemnes y viviendo a cuerpo de rey en el exilio mientras los españoles luchaban por devolverlos al trono. Que no somos más tontos porque no nos entrenamos. Pero el caso es que en Trafalgar estaba la flota española en el bando francés y pegándose contra los británicos sin saber por qué demonios teníamos que estar allí. España querría haber sido neutral, pero las equidistancias y las neutralidades sólo funcionan si eres suizo. En aquel principio del siglo XIX o estabas con Napoleón empeñado en invadir Inglaterra o estaba con los británicos muy hartitos de que Napoleón intentara invadirlos. Porque es que Napoleón era muy jartible. Podría parecer que en aquellos primeros años del 1800 la España absolutista de los Borbones poco o nada tuviera en común con la esencia republicana de Francia. Pero la historia hace extraños compañeros de cama y ese antagonismo se diluía por la manía que los dos países tenían a Inglaterra. Por eso acabaron aliados franceses y españoles. Nadie va a quitarle méritos al estratega y gran almirante Horatio Nelson en la dirección de la batalla. Faltaría. Pero el que más ayuda le prestó para ganar fue el incompetente y nefasto francés Pierre Charles Jean Baptiste Sylvestre de Villeneuve que comandaba la escuadra hispano francesa y que si en vez de tantos nombres hubiera tenido más seso habría escuchado las sugerencias de los almirantes españoles porque no tendrían que haber quedado en Trafalgar para pegarse ni ese día ni con esas condiciones meteorológicas. Vamos a morir, Vamos a morir. Vamos a morir.
Jesús Pozo
Vamos rumbo al cementerio. Vamos a morir.
Nieves Concostrina
Vamos a morir.
Jesús Pozo
Vamos a morir.
Nieves Concostrina
Vamos rumas de men. Sin meternos en profundidades de estrategia naval para no pifiarla, sí decir que lo que hizo el almirante Nelson fue dividir su flota en dos columnas para enfrentar la hilera de la escuadra franco española y dividirla. Es decir, los nuestros tenían 33 buques puestos en batería uno al lado del otro, que al parecer era una táctica anticuada, y los británicos entraron en cuña en dos filas a dividir esa hilera. A esto se suma que los capitanes de los barcos de la escuadra franco española tenían que depender de las órdenes directas que fuera dando el comandante, que la verdad, como no entiendo de esto no me puedo hacer a la idea de cómo en el follón de una batalla naval a cañonazos y tiros, un comandante puede estar transmitiendo órdenes a otros 32 buques. Los capitanes británicos, sin embargo, atendían las órdenes de Nelson, pero en mitad de la bronca tenían autonomía para decidir si atacaban por aquí o por allí o si se largaban. Hay muchos doctores que han desmenuzado todas y cada una de las tácticas, ataques, respuestas, calidad de la artillería, si las órdenes de las distintas escuadras fueron así o asá. Han diseccionado la batalla de Trafalgar del derecho y del revés. Y casi todos coinciden en que lo de Nelson no fue para tanto de bueno. Si no hubiera sido porque Villeneuve sí fue para tanto de malo. Es que lo hizo fatal. Pobre hombre. También hay que decirlo. Un día mató un perro y mataperro lo llamaron. Cualquier triunfo anterior dejó de tenerse en cuenta. Bueno, aunque mejor dejamos aquí este intento salvavidas, porque éxitos tampoco es que tuviera muchos. Lo cierto es que nadie estaba de acuerdo con los planes de Villeneuve. Los prestigiosos marinos españoles Gravina, Churruca, Cisneros, intentaron que su colega francés no tirara por donde se empeñó en tirar, sobre todo porque estaba actuando contra las órdenes del propio Napoleón, que ya había destituido a Villeneuve discretamente por una cagada anterior. Pero Villeneuve mira de perdidos al río. Total, ya estoy deshonrado y castigado. Nos vamos a pegar en Trafalgar antes de que llegue mi sustituto, que lo mismo hasta me sale bien de chiripa. Y así, en contra de los consejos de los españoles, que dieron mucha bronca a Villeneuve intentando frenarlo con la escuadra y las tripulaciones malamente preparadas, y hasta con los franceses soltando aquello que decía Forger. No, si ya verás tú cómo el almirante Villeneuve se tiró a la piscina de Trafalgar. Sus propios capitanes veían venir el desastre, pero lo dejaron estar. Esto recuerda un poco a ese PP con su perturbada Ayuso, que la caga a cada paso y Feijóo acaba salpicado de mierda. Pero bueno, sarna con gusto no pica. Y eso que en Trafalgar murieron menos hombres en el contingente franco español que las 7.291 muertes con las que cargan su conciencia y uso. Trafalgar salió fatal para los planes franco españoles, pero el engrandecimiento que han hecho de ella los británicos no habría sido tal de no haber muerto el almirante Nelson en la batalla. Y hay que ver qué destinos tan distintos tuvieron los dos comandantes que protagonizaron aquel Nelson y Villeneuve. El británico tuvo un funeral de órdago y el francés acabó malamente. Y todo esto sin dejar de reconocer que estas cosas las hacen muy bien los británicos. Tienen muchísimo mérito. Me refiero a las parafernalias funerarias a los homenajes rimbombantes. Aunque en el caso de Nelson, a la hora de atender sus últimas voluntades, no hicieron ni caso. Hipocresía máxima. Pero bueno, para esto habrá que aguantar al cuento final. No me quites.
Jesús Pozo
Il faut oublier. ¿D' où peut s'? ¿Oublier?
Nieves Concostrina
¿Qui s'? ¿Enfuit? Déjà oublier le temps des malentendus et le temps perdu. À savoir comment oublier ces heures qui.
Jesús Pozo
Tuaient parfois À coup de pourquoi Le cœur du bonheur.
Nieves Concostrina
Ne me quitte pas.
Jesús Pozo
Ne me quitte pas.
Nieves Concostrina
Primero, la mala noticia con los 4.418 muertos españoles y franceses, y los 3.598 heridos, pesaron mucho en la conciencia del almirante Villeneuve, que ya no se quitó su responsabilidad encima el resto de su vida. Aunque el resto de su vida fue muy poca vida. Medio año, Villeneuve fue capturado por los británicos e interrogados. Y cuando vieron que no había nada que rascar, lo dejaron libre. Cinco meses después, inasequible al desaliento, decidió ir a París a explicarse con Napoleón. Pero Napoleón pasó de él y se negó a recibirle. Y no sólo porque Napoleón había dado por muerto a Villeneuve a manos de los británicos y le mosqueó que su desobediente almirante, irresponsable del ridículo en Trafalgar, siguiera vivo. En abril de 1806, Villeneuve apareció en la habitación de su hotel cosido a puñaladas. Suicidio. Dijeron que se quería morir, sin duda porque estaba muy depre. Y así se lo dijo a su esposa por carta. Pero a ver, ¿Un suicidio con seis puñaladas pasando de venenos que tenía al alcance o de un certero disparo fulminante? Pues parece que no. Y que había pruebas de un posible asesinato con el sello napoleónico. Pero bueno, nunca más se supo de Villeneuve. Ni tumba, ni perrito que le ladrara. Pero lo de Horatio Nelson, vamos, nada que ver. El disparo que lo mató se hizo desde uno de los buques franceses. Y si prestamos atención a las habladurías, dicen que Nelson cascó víctima de su vanidad. Eso dicen. Le gustaba lucir todas sus medallas y siempre vestido de gala, hasta en mitad de la batalla y en la bronca de Trafalgar. Llevaba, dicen, un uniforme muy llamativo y todas sus condecoraciones puestas. Fácil de localizar para apuntar y disparar gracias al brillo de sus medallas y los dorados de su uniforme. A tomar vientos Nelson. Los altos mandos españoles tampoco es que salieran bien parados. Achurruca. Cañonazo en una pierna. A Gravina le volaron un brazo. A Alcalá Galeano otro bombazo. Le arrancó la cabeza. A Cisneros le cayó encima el palo mayor y lo dejó sordo. Buah. Una escabechina. Mientras, Horatio Nelson agonizaba en su camarote del Victory solo pidió que no arrojaran su cadáver al mar, que lo llevaran a casa. No me dejéis en Cádiz, que me pilla una chirigota. Y capaces son de pasearme en carnaval, debió decir. Nadie dudó en cumplir con los deseos del almirante. Pero el problema era cómo aguantar aquello sin que empezara a oler. Porque el Victory no podía emprender camino de Gran Bretaña de inmediato. Necesitaba reparaciones y se había metido una borrasca considerable que impedía la navegación. Ni siquiera para llegar a Gibraltar, que es que estaba ahí mismo. El cirujano tomó la siguiente determinació Se agenció una especie de ataúd de plomo que llenó con una mezcla de brandy y mirra alcanforada. Agarró luego a Nelson y lo amortajó a la antigua usanza. Lo envolvió de pies a cabeza con vendas y una vez vendado como una momia, lo sumergió en el brebaje. El alcohol es un buen conservante para los vivos. Y para los muertos también. La reina madre de Inglaterra, es decir, la madre de la que ya se ha muerto, llegó a los 101 años gracias al saludable Gin Tonic de Tardi. Eso sí, se descartó la incineración porque iba a ser difícil apagarla. Pero ya saben, para los británicos el té a las 5 y el gin tonic a las 7. Y entre horas, un yogur. Aquel remedio de urgencia sirvió para que Nelson aguantara hasta llegar a Gibraltar. Y una vez allí, el cirujano dispuso de mejores medios. Buscó otra caja de metal que no perdiera para que Nelson no fuera goteando y la llenó de alcohol de vino y mirra alcanforada que tiene efectos antisépticos. Esta caja la metió en un féretro de madera más apañado. Y en este plan fue como llegó Nelson a Londres. Corre por ahí que Horatio Nelson viajó a Londres sumergido en ron, porque es una bebida muy marinera y muy pirata. Pero no. A raíz de este episodio de Nelson, algunos británicos llaman al ron sangre de Nelson. Convencidos de que efectivamente viajó desde Gibraltar a Londres sumergido en este licor. Pero también quedó una frase muy usada entre los marineros, beber de la bodega del Almirante. Porque también corrió la fábula de que en el viaje de vuelta a Inglaterra, los marineros que iban en el Victory, cada vez que querían beber, bajaban disimuladamente a donde iba el ataúd de Nelson, lo abrían y echaban un trago. Por eso lo de beber de la bodega del Almirante se entiende como beber a escondidas. Pero no hagan caso, al parecer también son leyendas. Y dos últimas. Nelson acarreaba gran fama desde su triunfo en la batalla del Nilo contra la flota de Napoleón. Fue en 1798, siete años antes que la de Trafalgar. Por aquel éxito recibió parabienes, nombramientos, honores, dinero. Pero el regalo más rarito fue una gran caja de hierro y madera fabricada con los restos de uno de los buques franceses destruidos. Con la caja venía una señor, os envío un ataúd hecho con partes del mástil mayor del Orient, a fin de que cuando estéis cansado de esta vida, podáis yacer enterrado dentro de uno de vuestros propios vuestro obediente y muy devoto servidor, capitán Benjamin Halloween. En ese féretro metieron a Nelson para dejarlo reposar en la cripta de la Catedral de San Pablo. Fue el último recochineo dedicado a Napoleón. Y segunda anécdota. Se han cumplido 225 años de la batalla de Trafalgar, pero justo cuando se cumplió el aniversario redondo del Bicentenario En 2005, los británicos organizaron tremendo sarao para conmemorar su gran triunfo, que, insisto, estas cosas las saben hacer muy bien, e invitaron a 136 países a participar en el festejo. Enviando cada país, pues uno o dos buques montaron un desfile naval impresionante, una romería de barcos en magnífica formación. España, por supuesto, fue invitada a participar y la Armada Española estuvo muy lista y muy hábil. ¿Qué buque enviaron? La fragata Blas de Lezo, que se paseó en aquella romería por aguas británicas. Hello. Congratulations on Trafalgar Boys. ¿Pero os acordáis del palizón que os dimos en Cartagena de Indias? Pues nosotros sí.
Jesús Pozo
HISTORIAS CON SONIDO CARA A CON EMMA.
Nieves Concostrina
VALLESPINÓS Y vamos con la primera historia con sonido de hoy. Emma. Hola.
Emma Vallespinós
Hoy escucharemos uno de los temas de la banda sonora de la película Lady Hamilton, dirigida por Alexander corda, estrenada en 1941, nominada a cuatro premios Oscar y protagonizada por Vivian Lake y Lawrence Olivier. La película reconstruye la historia de amor entre Horatio Nelson y la protagonista de nuestro cuento de hoy. Así que tendrán que esperar todavía un poco para conocerla. La banda sonora de la película fue compuesta por Miklos Rosda. Por cierto, se dice que esta película era la favorita de Winslow, seguramente el Personaje del siglo XX con más cosas favoritas. Incluso los hay que apuntan que él mismo alentó la producción de la película para levantar la moral de los británicos en plena Segunda Guerra Mundial y recordar que Gran Bretaña podía ser heroica y salir victoriosa en las peores de las circunstancias.
Nieves Concostrina
Sí, la peor parada fue Lee Hamilton, por cierto. Pero bueno, escuchamos. Contarte el arte, Ana Baltierra. Si hablamos de batallas, el arte tiene que aparecer por algún lado, porque pinturas de batallas hay para aburrir. Y la de Trafalgar también tiene la suya. Para eso está aquí Ana Baltierra, doctora en Historia del Arte, para ver cuánto arte sacamos de esta batalla. Hola Ana.
Ana Baltierra
Hola, Nieves. Efectivamente, como ya sabes, en la historia del arte tenemos un poquito de todo. Y como ya sabes que la historia a veces depende de quien la cuente, del bando que la cuente, pues hoy vamos a ver cómo nos contaron la batalla de Trafalgar los ingleses. En concreto, un pintor bastante conocido, maestro del paisaje, que es William Turner, que va a hacer un óleo que tituló. Ahí queda eso. Atentos. La batalla de Trafalgar vista desde los obenques de estribor del palo de mesana del Victory.
Nieves Concostrina
¿Cómo te quedas con un título cortito como título?
Ana Baltierra
Fácil, ¿Verdad? Fácil de recordar, ¿Verdad? Lo pinta entre 1806 y 1808, como ves, de manera muy temprana y cuelga a día de hoy en la Tate Britney. Bueno, el título efectivamente, facilito y cortito. Y lo que vamos a hacer es un análisis, no sintáctico, pero un análisis de contenido del título, porque ya nos hace el spoiler de lo que vamos a ver representado. La batalla de Trafalgar. Muy bien, hasta ahí bien, lo entendemos todos, lo has explicado, así que perfecto. Pero la segunda parte del título es la que nos da las pistas. ¿Pinta la batalla vista desde los obenques de estribor, qué son los obenques de estribor? Te estarás preguntando tú, la mayoría de los oyentes, e incluida yo la primera vez que vi esta pintura. Bueno, pues los obenques son unos cables o cuerdas gordas y fijas que sujetan el mástil del barco por un lado para que no se caiga. Son esas rayas que se ven a simple vista, son esos cables inclinados que cuando miras un barco antiguo de Velasco, pues van desde el mástil hasta el borde del barco y tienen unos escalones por donde suben los marineros, los marineros y la princesa Leonor.
Nieves Concostrina
Pero ella sólo sube para la foto.
Ana Baltierra
Luego se baja enseguida cuando juega a ser marine, que es también por temporadas. Pero bueno, como los obenques son de estribor, son los del lado derecho del barco. Si miras desde la parte delantera del barco o la proa, más o menos ya nos hemos ubicado, pero el título de la obra son los obenques del palo de mesana, es decir, rizando el rizo. Eso quiere decir que obenques, las cuerdas, estos cables gordos que hacen de escalera y sujetan el mástil, pertenecen al mástil de atrás, el más cercano a la popa, el que está en la cola del barco.
Nieves Concostrina
El Victory, ya lo hemos contado, era el buque insignia de la escuadra británica, para que nadie se le olvide.
Ana Baltierra
Efectivamente, fue el barco de Horatio Nelson en Trafalgar, un navío enorme de madera, 104 cañones, lo que llamaban la catedral del Royal Navy. Como bien has desarrollado, Nelson es el que demandaba la flota y Thomas Hardy llevaba el barco en el día a día, era el capitán. ¿Qué es lo que nos está pintando aquí, Turner? Pues que el 21 de octubre de 1805 el Victory abrió la columna, avanzó de cara al fuego durante un buen rato y rompió la línea. Pero las cosas fueron regular porque lucharon a quemar ropa, hubo humo, astillas, gritos, se lió una muy gorda y desde lo alto del mástil de un barco francés un tirador hirió de muerte a Nelson. Lo bajaron a enfermería y murió horas después. Con la batalla ya decidida, el precio fue alto. El Victory fue el barco británico con más bajas del día y tras el combate entró en Gibraltar a reparar y regresó a Inglaterra con el cuerpo de Nelson preservado en alcohol para su funeral de estado en una línea. El Victory fue la punta de lanza del plan de Nelson y al mismo tiempo su reliquia. Es decir, no es un marco más de los libros, es el escenario donde Inglaterra va a ganar Trafalgar y y va a perder a Nelson en el mismo día. Así que cuando Turner nos está pintando la batalla de Trafalgar vista desde los obenques de estribor del palo de mesana del Victory, ese grandilocuente título está escondiendo una gran obra inmersiva, un óleo que está pensado para que parezca que el espectador está en la batalla, en un Trafalgar inmersivo que es maravilloso, o sea, Turner está inventando una forma de contar la historia desde dentro.
Nieves Concostrina
Claro, eso explica por qué eso es un jaleo de pintura. Es tremenda. Es un follón.
Ana Baltierra
Sí, sí, sí, sí, eso es. Además es muy difícil de ver todo porque hay mucho humo. Es la batalla en sí mismo, porque además Turner nos la presenta como si estuviéramos subidos en el Victory, por eso no vemos un cielo bonito, lo que vemos es el humo de la batalla, como si estuviéramos allí, la pólvora y la humedad del Atlántico que van a tapar el horizonte. De hecho, es que ni hay horizonte, está todo tapado por el humo. Y en medio, cuando tú intentas mirar, hay un bosque de velas rotas y de cuerdas rotas y de líneas cruzadas que dejan colgando el mástil como si estuvieras allá abajo en la cubierta. Empiezas a ver gente que corre, heridos, oficiales que señalan. Turner es como que comprime todo para que entiendas de un bogollón el lío de batalla en un vistazo. Y luego de esta pintura, Nieves también se dice que parece que se oye esto es curioso, es tan inmersiva que cuando tú la estás viendo parece que vas a oír el chasquido de una cuerda, los gritos ahogados en el humo, el golpe sordo de un palo que cede, es decir, que estás ahí metido, centrado en la batalla. Aquí la pregunta es ¿Y dónde está Nelson? Pues esto es como ¿Dónde está Wally? Pues lo mismo. Algunos dicen que sería la figura que está caída en el centro de la cubierta. Otros prefieren no identificarlo porque lo cierto es que no está pintado de manera explícita, pero que la pintura está pensada para que nosotros sepamos que está ahí porque es el momento de Nelson. Un dato que conviene tener en cuenta es que la pintura es grande, mide casi 2 con 40 metros de ancho.
Nieves Concostrina
Ojo.
Ana Baltierra
Efectivamente. Claro, eso significa que no se ve igual en nuestra pantalla del ordenador, que nos parece ahí una barabunta de cosas que cuando estás a tres pasos de la sala, cuando lo estás viendo de lejos, que cuando te acercas y empiezas a recorrer eso casi dos metros y medio viendo a personas muriendo, cayendo con el humo, que se ven todos los detalles. Y también otra cosa curiosa, y es que Turner fue consciente, igual que nosotros, del jaleo de pintura que estaba haciendo. Así que algo gracioso es que él mismo preparó una lámina explicativa que llamamos Kei o llave, que es un esquema numerado hecho en 1806 para acompañar la pintura. Es decir, que el mismo pintor nos dio la hoja de ruta de decir mira, esto es el 1, este es el 2, este es el 3. Para que supieras perdiéramos, que no nos perdiéramos. Efectivamente, sabiendo que nos íbamos a perder, que es lo curioso. Es una hoja pequeñita escrita con tinta y acuarela y marca del 1 al 20 los barcos y los grupos principales del lienzo con este plano de quién es quién para que el público pudiera orientarse dentro de ese caos de humos y velas.
Nieves Concostrina
Y Turner luego volvió a pintar el tema.
Ana Baltierra
Efectivamente, pero además muchos años después, en 1824 y por mandato real de Jorge IV. De hecho es la única obra que pinta por encargo real Turner en su carrera y también la más grande. Aquí Turner ha tenido tiempo de reflexionar y lo que hace es condensar en un lienzo varios momentos superpuestos de lo sucedido el 21 de octubre de 1805. Con lo cual lo que nos vamos a encontrar es en este caso, el Victory en el centro, ensalzado como catedral de velas. Atrás asoman los enemigos y vemos su nombre de los otros barcos, el Santísimo Trinidad español, el Bunceture de Villeneuve. En un lado arde el Aquiles y abajo, a ras del agua, náufragos británicos y aliados, pues están peleando por vivir. Pero lo curioso es que Nieves, esta pintura fue un escándalo, fue controvertidísima. Claro, tú la miras y dices, pues a mí no me parece nada así. Pues tú la ves y dices, no es para tanto, ¿No? Pues no, ¿Verdad? Bueno, pues es que ya sabes lo puntillosa que es a veces la gente. Y eso que no había redes sociales, pero a mucha gente no le gustaba eso de que mezclaran momentos, porque claro, Nieves, es que no era rigurosamente. Rigurosamente histórico, porque mezclaba desde diferentes momentos de diferentes tiempos y consiguió indignar muchísimo a marineros y técnicos que se sintieron ofendidísimos por esta mezcla.
Nieves Concostrina
Que se tomen un Valium.
Ana Baltierra
Efectivamente. Sí, sí, que se tomen un Valium. También va a añadir muchos guiños simbólicos, por ejemplo, por un mástil cayendo con la bandera del vicealmirante, que es el símbolo de Nelson, que es una manera visual de decirnos que Nelson ha caído. Y algo muy curioso, y es que en el palo mayor cuelga un grupo de banderas, de señales, que si las lees forman la palabra duty D U T y que quiere decir deber en inglés. Esto apunta a dos momentos. El famoso mensaje de Nelson antes del combate, que Inglaterra espera que cada hombre cumpla con su deber, con su Dutti y sus últimas supuestas palabras tras ser herido. He cumplido con mi deber, con mi Dutti. Estoy aquí. Simplificándolo, pero sí. Entonces, al final, con dos gestos, el palo que cae y las banderas Dutti, Turner condensa en una sola imagen el inicio, el llamamiento al deber y el final, el sacrificio del héroe. Y no es literal histórico, minuto a minuto es, como decíamos, un resumen simbólico para que lo entiendas en un solo golpe de vista.
Nieves Concostrina
Pues Turner lo hizo magnífico. Siempre gente para sacar defecto no ve la maravilla que estás viendo. Si no está viendo el defecto, pues que lo hagan. Como decía, que.
Ana Baltierra
Poco hemos cambiado.
Nieves Concostrina
Exactamente. Sin ver la pintura en estos momentos la hemos visto perfectamente y hasta la hemos oído. Muchísimas gracias, Ana, por este nuevo aporte magistral.
Ana Baltierra
Gracias a ti, Nieves.
Jesús Pozo
El invitado con Jesús Pozo.
Nieves Concostrina
Música de batalla. Qué maravilla. Momento para Jesús Pozo y su invitado invitado de categoría en el asunto que nos ocupa. Hola, Jesús.
Agustín Guimerá
Hola, Concostrina. Se trata de Agustín Guimerá, uno de los mayores expertos en Historia Marítima, Doctor en Historia Moderna, ha sido investigador del Instituto de Historia del CSIC y es miembro de la Real Academia de la Historia. Ha sido el coordinador del último y más documentado libro sobre la batalla de Trafalgar, editado por Desperta Ferro en 2023. Comenzamos con una pequeña descripción de lo que tuvo que ser aquella batalla.
Jesús Pozo
La batalla Trafalgar. Era una batalla que pudo no haber existido. Había marinos franceses y españoles que advertían a sus ministros de Marina y a sus jefes políticos de que no había que enfrentarse con los británicos de una manera frontal, sino jugar al ratón y al gato. Fue un combate a llaman a tiro de pistola, es decir, a muy pocos metros, en donde los buques casi casi se tocaban uno con otro, haciéndose una verdadera carnicería. Al cortar la línea de batalla. La andanada de los buques británicos en la popa, que es de cristal, cruzaban las balas, las palanquetas y la metralla desde popa a proa, matando e hiriendo a muchísima gente. Sobre todo el peligro de las astillas. Las astillas eran terribles. ¿Recuerdan la película Master and Commander en que se vio muy bien el daño que podían hacer las astillas?
Agustín Guimerá
Ya tenemos el escenario. Vamos a ver ahora cómo eran los buques.
Jesús Pozo
El tamaño de un campo de fútbol, es decir, estamos hablando de un buque que tiene 80 metros de eslora, 14 metros de manga y 8 o 9 de puntal, con 45 metros de arboladura. 45 metros es la altura de dos edificios actuales. Estamos hablando de unos verdaderos monstruos, llamaban el Leviatán, porque una andanada de un buque de tres puentes puede ser mortífera. Y debió ser impresionante en las aguas de Trafalgar, un combate entre 27 navíos ingleses y 33 navíos aliados debió ser un espectáculo terrorífico y al mismo tiempo impresionante.
Nieves Concostrina
Impresionante, terrorífico. Pero aquello tuvo que ser aterrador. Esos monstruos a cañonazos y increíble.
Agustín Guimerá
Y en aguas de Cádiz siguen muchos restos de aquellos grandes buques que se hundieron.
Jesús Pozo
Se ha hecho estudios de arqueología submarina porque las corrientes y el temporal llevó buques hasta las playas de Huelva. Hay algunos que están incluso hundidos a pocos metros del faro de San Sebastián en Cádiz y otros cayeron en Rota, otros en alta mar. Los buques capturados por los británicos sólo se llevaron cuatro a Gibraltar. Los otros, debido a la presión aliada en esa salida que he contado del 23 de octubre y debido al mal tiempo, Collingwood decide echarlos a pique y ahí entre ellos se fue al fondo del mar el navío Santísima de Trinidad, que era el buque más grande de la Europa de su tiempo.
Nieves Concostrina
Una curiosidad, ¿Qué hacían con los muertos y con los heridos durante el combate ahí dentro de Los Barrios?
Agustín Guimerá
Interesante cuestión, porque casi nadie se pregunta por este asunto. Agustín Guimerá nos lo explica.
Jesús Pozo
En el caso de los muertos franceses y españoles, lo que hacían es, los heridos bajaban a las enfermerías que estaba bajo el agua, en lo que llaman el sollado, que está bajo el agua libre del tiro de los cañones enemigos. En cuanto a los muertos, en el caso de los españoles si tiraban, en el centro de la cubierta estaba un espacio donde se tiraban casi casi hasta la bodega para hacerles después un entierro cristiano en alta mar. En el caso de los franceses lo ignoro, la verdad, yo me imagino que en esa locura del combate pues probablemente tirarían muchos al mar y los británicos siempre los tiraban inmediatamente, no habían esa ceremonia por la Real Armada Española, que tenía un sentimiento católico y también me.
Agustín Guimerá
Explicó qué pasaba en la batalla con los marinos vivos en un barco que se hundía.
Jesús Pozo
Pero ahí viene el pueblo gaditano, hay anécdotas muy buenas de fuerzas militares de tierra que se acercan algunos buques naufragados y les mandan con un caballo, se meten en el agua y cogen un cabo, una cuerda para hacer una cuerda salvavidas y sacar a la gente de ese buque que está a punto de romperse contra las rocas e incluso una anécdota en uno de los naufragios mandaron a un cerdo atado con una cuerda fina que fue nadando él solo a la costa y de ahí detrás venía un cabo grande y con eso hicieron la cuerda salvavidas. El arsenal de Cádiz mandaron lanchas para poder intentar salvar a los que pudieron de estos buques naufragados y algunas de esas lanchas naufragaron también, ni algunos, en un orden de once hombres murieron ahogados, es decir, estamos hablando de un heroísmo a toda prueba.
Nieves Concostrina
Claro, como me gusta mi Cádiz y los gaditanos. Y a mí, y las gaditanas que se hacen tirabuzones con las bombas que tiran los fanfarrones.
Agustín Guimerá
Pregunté también a Agustín Guimerá de qué pasta estaban hechos aquellos oficiales.
Jesús Pozo
Para empezar eran gente que pertenecían a aquella época de la Ilustración, todos ellos se forjaron muchísimo en la navegación, incluso a América y a Filipinas, todos ellos se forjaron como combatientes en la lucha contra el corso norteafricano y eran grandes conocedores de la mar, de la artillería y de la táctica y tenían algún maestro como un desconocido que tiene una avenida en Bilbao, José de Mazarredo, el mejor marino que hemos tenido en el siglo XVIII, mejor dicho el más completo, porque todos conocemos a Blas de Lezo y la de de Cartagena de India. Pero Mazarredo tenía una formación muchísimo más completa en todos los campos del mundo naval. Mazarredo fue el que creó este equipo. Fue un gran líder. Todos ellos son seguidores de Mazarredo y algunos que sobrevivieron al combate serían luego ministros de Marina, fueron regentes del reino y combatieron contra Napoleón en la península ibérica.
Nieves Concostrina
El gran Mazarrero hombre, los que saben mantienen que si hubiera comandado la escuadra hispano francesa que no se hubiera perdido aquella batalla.
Agustín Guimerá
Y escucha el sentido del honor de aquellos oficiales. Guimerat escribe la actitud del vencedor, el segundo de Nelson Collingwood, para con la viuda de Churruca, que era el perdedor.
Jesús Pozo
El comportamiento entre los jefes y las tripulaciones era bastante honorable. Trafalgar es un gran ejemplo de ello. Tanto es así que el propio Collingwood, un año más tarde, envió todos los papeles del brigadier, el gran Cosme de Churruca, que estaban en el buque suyo San Juan de Pomuceno, que había sido capturado por los británicos. Le envió toda la documentación personal con una carta muy cariñosa a la viuda. Esto indica el talante caballeroso de esta gente del siglo XVIII, principios del siglo XIX. Yo creo que debemos aprender de él. Ellos la guerra que estamos viviendo ahora, con tantos miles y miles de muertes civiles y destrucción de recursos materiales de un país, la historia, la guerra total e incluso la guerra híbrida, todo esto es muy distinto a lo que pasaba en 1805.
Agustín Guimerá
Qué razón tiene. Y aquí un fragmento de la carta.
Jesús Pozo
A la viuda de acaso podrá renovar su pena, pero es una materia en que su alma se deleitará y la distraerá. Marido cuya muerte fue tan gloriosa como su vida honrosa. Es que Collingwood era un admirador de España y animaba a sus hijas a estudiar español. Este acto de generosidad y de diplomacia con el vencido le vino muy bien tres años más tarde, cuando el pueblo español se alza contra Napoleón y Collingwood es recibido en Cádiz como un salvador. Y a partir de ese momento la marina francesa no tuvo nada que hacer para hacer frente a esta coalición entre Inglaterra y España. Yo creo que esto es interesante señalarlo, de que las relaciones humanas en la historia son también muy importantes, no sólo las estructuras y las superestructuras.
Agustín Guimerá
Guimerá nos cuenta otro hecho poco conocido y que califica de inaudito en la.
Jesús Pozo
Historia naval, pero lo que me interesa destacar también ha sido que el día 22 Antonio de Escaño, que era el jefe más antiguo de todos los que habían sobrevivido a la batalla, reúne a todos sus capitanes de navío en la bahía de Cádiz y les señores, a la mar, hay que rescatar a esas presas que están enfrente de nosotros en manos de los ingleses y en un hueco del temporal. Salen a la mar el día 23. Al día siguiente, esto es algo inaudito en la historia naval, que una fuerza que ha sufrido una paliza, una derrota tan clamorosa, al día siguiente ya planee seguir a la mar para continuar el combate y rescatar a sus compañeros, es algo desconocido. Consiguieron traer a Cádiz 2 El Santa Anna y el Neptuno.
Nieves Concostrina
¿Y qué valoración hace Agustín Guimerá de la participación francesa en Trafalgar?
Agustín Guimerá
Pues como podéis imaginar, no sale muy bien parado.
Jesús Pozo
En el caso francés el liderazgo era inexistente prácticamente porque Napoleón era un ignorante en historia naval, en guerra naval, y diseñó una estrategia de campaña muy difícil de llevar a cabo, que era la invasión de Inglaterra cruzando el Canal de la Mancha. El ministro de CR apoyó a Villeneuve como jefe supremo de la escuadra combinada. Y Villeneuve, que había sufrido una derrota muy grande en la batalla de aboukir el año 98, conocía bien a Nelson, pero era un hombre irresoluto, un hombre débil, y no estuvo a la altura que otros almirantes franceses lo hubieran hecho mucho mejor, pero estaban marginados en aquel momento.
Agustín Guimerá
Le pregunté a nuestro experto en historia naval sobre el presente y el futuro de la Marina en la defensa europea.
Jesús Pozo
Por ejemplo, la empresa Navantia está haciendo desde hace varias décadas las mejores fragatas del mundo, que son pedidas por diferentes clientes, incluso de otros continentes. Acabo de leer la importancia de mejorar nuestra defensa contra los futuros drones marítimos ya se está haciendo por las Fuerzas Armadas españolas, unidades y aplicaciones tecnológicas en la defensa de estos drones que vendrán por el mar con un buque, con un destructor o incluso un mercante encubierto. Entonces, los drones marítimos, como se ha demostrado en la guerra de Ucrania, son fundamentales hoy en día en la estrategia militar. Y yo creo que las fuerzas navales europeas en general se están poniendo las pilas para hacer frente a esta amenaza que parece ser que va a ser.
Nieves Concostrina
Una realidad en muy poco tiempo, qué emocionante conocerlos. Entresijos de Trafalgar. Y qué lujo haber contado con quien nos ha metido dentro de esa batalla. Agustín Guimerá, experto en historia marítima y autor del libro Trafalgar, una derrota gloriosa de la editorial Desperta Ferro. Fantástico. Muchas gracias al doctor. Y gracias a ti por la elección.
Agustín Guimerá
Autor y coordinador editorial.
Nieves Concostrina
Coordinador editorial.
Agustín Guimerá
Es un libro colectivo. Bueno, muchas gracias.
Nieves Concostrina
Esto era un gato con los pies.
Jesús Pozo
De trapo y la cabeza al revés. ¿Quieres que te lo cuente otra vez?
Pepe Rubio
Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindas señas. Cuéntame un cuento y verás que contento me voy a la cama y tengo lindos sueños.
Nieves Concostrina
Les hablaba de la hipocresía británica con el almirante Horatio Nelson, al que su país dedicó honores, monumentos y boatos, pero despreció lo que más importaba al desatender sus últimas voluntades, que además no es que fueran un capricho realizable, eran peticiones justas y necesarias que al desoírlas dejó en la estacada a una mujer que no lo merecía, a Emma Hamilton y a la hija que el almirante tuvo con ella, Oratia. Emma era una mujer bellísima que salió de la nada del maltrato y la prostitución, que sobrevivió como pudo, que pasó por mil vicisitudes lista como ella sola porque pasó del analfabetismo absoluto a la formación más exquisita por su propio empeño. Y pasó también del abuso de sus supuestos benefactores a dominar con su talento los salones de alto standing. Antes de los 30 lo tenía casi todo vivido y se convirtió en Lady Hamilton, la respetable esposa del embajador británico en Nápoles, Sir William Hamilton. Un hombre que le doblaba la edad, bueno, le doblaba y tres años más y que ya contaba con que en algún momento aparecería alguien más acrupto con la belleza y la jovialidad de su esposa. Y ese alguien fue el almirante Horatio Nelson que en aquel 1798 desembarcó en Nápoles en mitad de grandes fastos en su honor, procedente de Alejandría, después de propinarle una soberana derrota a Napoleón en la batalla del Nilo. Nelson se prendó de la bella Emma Hamilton, Lady Hamilton se prendó de esa erótica heroicidad del valiente Nelson y el marido asistió al prendimiento diciendo eso no, si ya sabía yo que.
Jesús Pozo
Tu amor.
Pepe Rubio
Llegó a mi vida como una ola de fuego y de caricias de espuma blanca y rumor de caracolas. Como una.
Nieves Concostrina
Horatio Nelson, casado, inició una relación con Lady Hamilton a la vista de todos y en las narices de su marido, porque aquella relación fue consentida. La esposa de Horatio Nelson intentó como pudo recuperar a su marido, pero el almirante se negó a volver con ella. Se separaron. Lady Hamilton acabó enviudando y teniendo una hija con el marino, una niña a la que llamaron Horatia. La relación que mantuvieron fue pública, salvo la niña, porque ya habría sido eso un suicidio social. Se inventaron una fecha de nacimiento de Horatia para que su concepción coincidiera con un momento en el que la pareja había estado alejada. Se inventaron que era hija de un marino que murió. Se inventaron que fue adoptada. Se inventaron de todo. Pero nada coló a Nelson. Eso no le restó el más mínimo prestigio. Lady Hamilton, sin embargo, lo pagó muy caro. Tras la batalla de Trafalgar y la muerte de Nelson, uno de los capitanes de la escuadra británica encontró sobre su escritorio una carta inacabada dirigida a su amada Emma y a su hija Horatia. Fue una de los cientos de cartas que se cruzaron desde todos los rincones donde le tocara navegar. Que se amaban y respetaban era indudable, pero los amores ciertos no gustan a los vigilantes de la moral. Aquellas cartas de amor permanecieron censuradas en el siglo XIX por el Almirantazgo, porque ese comportamiento adúltero no podía darse en un alto mando y héroe de la armada británica. Eran tan farsantes, tan fariseos, que hasta intentaron manipular los últimos minutos de vida de Horatio Nelson. En la enfermería del Victory aquel 21 de octubre de 1805. Tres testigos de su agonía escribieron que el almirante, al que tenían por hombre cercano, alejado de protocolos y cariñoso, pidió a su gran amigo y capitán Thomas Hardy, que le besara. Kiss me, Hardy, dicen que dijo. Buscando afecto, buscando un último contacto humano, Hardy besó a su amigo. Y ese gesto de cariño fue ridículamente falseado por los hipócritas británicos diciendo que Nelson nunca pidió un beso. Por favor, un hombre pidiendo un beso a otro hombre. Que lo que dijo a su amigo el capitán fue Kismet Hardy, que en turco significa el destino. Hardy. Claro que sí, hombre, porque Nelson empleó su último aliento en hablar en turco. Bueno, esto tampoco coló. En su testamento, Nelson suplicó al gobierno y la Corona que no dejaran desamparadas a lady Hamilton y a su hija. Que les facilitaran una pensión para que pudieran sobrevivir y llevar una vida digna. Ni en broma, dijeron los británicos y sacaron de paseo su barbarie. Murió. Ni siquiera lady Hamilton ni su hija pudieron acudir a los funerales y entierro de Horatio Nelson. Fueron apartadas y silenciadas. Lady Hamilton por adúltera y Horatia por bastarda. Que estuvieran enterrando a un adúltero, eso ya no tenía tanta importancia. Eso sí, a la esposa de Nelson, de la que estaba separado hacía años, le dieron una generosa pensión. Y las cuñadas de Nelson también pillaron subsidio. Al hermano de Nelson, que era cura, le permitieron que heredara el ducado del Almirante. Y sin ningún mérito, salvo dar la brasa los domingos en misa, le soplaron una pensión de 5.000 libras anuales y una donación extra de un buen puñado de miles más. Para Emma y Horatia no hubo nada. Se quedaron tan vendidas que las deudas las ahogaron. Y así acabaron perdiendo la mansión familiar en beneficio de los acreedores. No permitieron que conservaran ni el sable del Almirante. Ni siquiera los regalos que Nelson le hizo a su hijo. Les quitaron todo. Lady Hamilton y Horatia intentaron mantener en secreto su parentesco con el heroico Nelson pero todo el mundo las tenía señaladas. Emma acabó en la cárcel por sus deudas y su hija la acompañó en todas sus desgracias. Tuvieron que abandonar Inglaterra con 50 libras prestadas e instalándose en Calais, en Francia, donde mal vivieron. Y Emma terminó alcoholizada y sobreviviendo con su hija de la caridad. Arrieros somos y en el camino al dar. Y cada quien tendrá su merecido, Ya lo verás que al fin de tu camino, camino. Renegará. Hasta de haber nacido. Lady Hamilton murió 10 años después que su amado Nelson, con sólo 50 años. Su hija Horatia continuó negándola como su madre biológica insistiendo en que era solo adoptada. Y tiempo después, eso sí, consiguió ver reconocido el apellido Nelson. No busquen la tumba de lady Hamilton. Fue enterrada en un mísero cementerio que ya no existe. Y su tumba se perdió, afortunadamente. Una filántropa estadounidense, Jan Kislak, financió en pleno siglo XX la instalación de un obelisco en memoria de la bella superviviente, Lady Hamilton, en el parque Richelieu de Calais, cerca de donde estuvo su tumba. Un monumento con mucha más dignidad que el que los hipócritas británicos le dedicaron al héroe Horatio Nelson en la cripta de la Catedral de San Pablo, y al que el almirante hubiera renunciado sin dudarlo a cambio de un trato digno hacia sus queridas Lady Hamilton y Horatia. Y que la tristeza te lleve igual que a mí.
Jesús Pozo
Historias con sonido Cara B con Emma.
Nieves Concostrina
Vallespinós Y acabamos como siempre, con música.
Emma Vallespinós
Sí has estado hablando de mi tocaya, Lady Hamilton, y ella protagoniza también la cara B de hoy. En 2021, el bibliotecario del Museo de Londres, el historiador catalán Lluís Tembleke, encontró en el archivo de Emma Hamilton que alberga el museo, tres partituras desconocidas que celebraban las victorias navales de Nelson y cuyos compositores regalaron a Emma, lo que para este historiador es una clara declaración de intenciones y de apoyo a la relación y a esta mujer también injustamente tratada y reducida a un amorío. Emma Hamilton fue una gran aficionada a la música a lo largo de toda su vida. Conoció a Haydn en 1800 en Viena y quedó fascinada por el compositor. Durante su estancia en Austria llegó a cantar un aria de la cantata de Haydn Ariadna en Naxos, acompañada por el propio compositor al piano, quien le regaló dos manuscritos de sus canciones y un recuerdo extra del encuentro, una copia de la partitura de la cantata que se conserva en el Museo de Londres. Nuestra cara B de hoy es la cantata de Haydn, pero la voz de Emma Hamilton tendremos que imaginárnosla muy grande.
Nieves Concostrina
La tutocaya. La escuchamos enseguida, pero antes nos despedimos. ¿Quiénes? Los de siempre. Ana Baltierra, Jesús Pozo, Emma Vallespinós, Pepe Rubio, nuestra técnico de sonido, María Jesús Rodríguez y yo misma. Nieves con Costina. Hasta la próxima.
Pepe Rubio
El herbe El fior color Huyendo del mar con Carreño roto. El cordorial Navante Que te dura constante, String. Nuestro amor. Sufrir No pasó de sácate Divisa un solo momento. Ah, de beber, tío caro. Ya me estren ya el desospero en mi oco. Resisto al mío ser un viesto. Que tuvo Acuesto con. Mi obel tesoro y ocho mi moro, Le resisto al mío dolor. Le resisto al mío dolor. Tú bes. Acuesto por se no viene Y ocho mi muro, Me resisto al mío dolor. Se no Piso al mío, dolor al mío, no lu, Dolor. Al pestro y vi los copr. Aquí me voy. Bárbaro. Di Fede, que tanto amaí, que tanto amai sin palabra para ti Fidel, qué tanto amai, qué tanto amor y sin amor para ti Fedel. Bárbaro por para ti Fedel. Vuelve a cruzar tormento, mis arma, injusto es el abandonado. No, no, que me consolo, no, no.
Jesús Pozo
Que me.
Emma Vallespinós
Para no perderte ningún episodio, síguenos en la aplicación o la web de Laser Podium Podcast o tu plataforma de audio favorita.
Date: December 1, 2025
Host: Nieves Concostrina
Podcast: Todo Concostrina (SER Podcast)
A deep, irreverent exploration of the Battle of Trafalgar (1805)—the British victory over the Franco-Spanish fleet, the construction and distortion of historical memory, and the curious fates of its heroes and heroines. With the usual wit and critical perspective, Nieves Concostrina questions national myths, the uses of memory, and the aftermath of defeat and triumph.
[00:01–04:25]
El funeral de Nelson en Londres fue un espectáculo de masas, con pompa, desfiles y 10.000 soldados. Nelson era “borracho perdido” cuando lo enterraron, una ironía histórica que casi nadie conoce.
La famosa bandera del Victory que cubrió el féretro fue troceada entre los asistentes; algunos fragmentos han alcanzado enormes precios en subastas (¡más de 330.000€ por uno grande!).
Trafalgar Square en Londres homenajea la victoria británica, pero la batalla sucedió en aguas españolas (Cabo Trafalgar, Cádiz).
Las banderas capturadas, como la del San Ildefonso, han pasado a ser reliquias museísticas y símbolo de poder y apropiación cultural.
[04:25–09:07]
Gran Bretaña sabe vender e inflar sus victorias, aunque sean mediocres, mientras que en España incluso los triunfos (como el de Blas de Lezo en Cartagena de Indias) se olvidan o minimizan.
Trafalgar frustró para siempre la obsesión francesa por invadir Inglaterra y acabó definitivamente con la supremacía naval española.
España quedó comprometida en la contienda por su alianza forzada con Francia, causada por la sumisión borbónica a Napoleón.
La incompetencia del almirante francés Villeneuve fue determinante (más aún que la genialidad de Nelson), ignorando los avisos de los marinos españoles y provocando el desastre.
[09:07–13:27]
Nelson aplicó una táctica audaz: dividir la línea aliada en dos y atacar en cuña, mientras los británicos tenían más autonomía y respuesta flexible.
La pésima gestión de Villeneuve fue, según todos los historiadores, mucho más decisiva que las virtudes tácticas de Nelson.
Los comandantes españoles (Gravina, Churruca, Cisneros) intentaron evitar la batalla sin éxito.
La muerte de Nelson engrandeció el relato británico de la batalla. Villeneuve, por su parte, terminó en una muerte misteriosa, probablemente asesinato.
[13:27–20:48]
Villeneuve, tras la derrota y el “suicidio” sospechoso, desaparece de la historia.
La muerte de Nelson: fue alcanzado por un tirador francés, posiblemente víctima de su vanidad por lucir todas sus medallas de gala (un blanco fácil).
La conservación del cadáver de Nelson fue todo un show de preservación con brandy, mirra, alcanfor y ataúdes metálicos; surgen leyendas de marineros bebiendo del “ron” de Nelson.
Anécdota del ataúd especial fabricado para Nelson con restos de un buque francés (el Orient).
En el bicentenario (2005), España mandó una fragata con el nombre “Blas de Lezo” para participar en las celebraciones británicas, un guiño histórico irónico digno de Concostrina.
[25:35–35:19]
William Turner pintó dos grandes obras sobre el tema, una de ellas con el larguísimo título “La batalla de Trafalgar vista desde los obenques de estribor del palo de mesana del Victory”. Esta pintura busca una experiencia inmersiva, poniendo al espectador “en medio del humo y el caos de la batalla”.
Turner hace una mezcla de momentos —algo que fue polémico en su tiempo, pues no era históricamente “minuto a minuto” exacto.
En los lienzos aparece el mensaje mítico: “Duty” (Deber), símbolo del ethos británico en el combate.
[35:35–48:15]
La batalla según los expertos:
Trafalgar pudo haberse evitado; muchos marinos españoles y franceses preferían eludir el combate frontal directo.
El combate fue a tiro de pistola, un infierno de astillas letales, gritos y explosiones.
El tamaño y potencia de los barcos:
Restos de los naufragios aún están en Cádiz y alrededores.
Tratamiento de muertos y heridos: Prácticas distintas entre las marinas; la española mantenía un ritual más “cristiano”.
Ética y honor entre oficiales:
Acto inaudito de los españoles:
Crítica a la falta de liderazgo francés (Napoleón y Villeneuve).
Momento contemporáneo: la industria naval española (Navantia) y la futura guerra naval con drones marítimos.
[48:36–56:25]
La trágica historia de Emma Hamilton:
Justicia tardía: un obelisco moderno en Calais honra a Emma, no así la “invencible” memoria oficial británica.
[20:52–25:35 / 56:28–fin]
Este episodio no solo explica qué fue la batalla de Trafalgar, sino que denuncia cómo se tejen las memorias nacionales, revela ironías y tragedias personales —la de Nelson y Lady Hamilton— y plantea preguntas incómodas sobre héroes, olvidos, mitos y realidades, todo con el característico descaro y lucidez de Todo Concostrina.