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Hola, hola. Soy Juanlu Sánchez. Por desgracia, este verano es otro más que está protagonizado en parte por los incendios. Así que creo que hay un episodio que hicimos hace casi un año pero que es muy válido para reflexionar sobre lo que también ocurre ahora. Porque en esos incendios hay voluntarios y muchas veces son clave para subsanar la falta de recursos. Así que hoy escuchamos a Yolanda, a Joan, a Jorge. A personas que ante desastres como un incendio u otro tipo de desastres, se lanzan a ayudar a los demás para entender mejor qué les impulsa y qué sensación les queda después de esa experiencia. Te dejo con el episodio La España de los voluntarios. Luchan en primera línea contra la expansión de un virus, contra las llamas de un fuego nunca visto, para achicar agua y barro de casa de una vecina, para limpiar playas o repartir comida. Pero no es su trabajo. Soy Juanlu Sánchez. Hoy en un tema al dí La España de los voluntarios. Una cosa antes de empezar.
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Triodos Bank tiene una pregunta para quienes ya intentan vivir de forma coherente. Sabemos que intentas reciclar, usar bolsas reutilizables, ahorrar agua. ¿Pero has pensado qué financia tu banco? Te contamos más al final del episodio.
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Hace casi 23 años, un buque cargado con 77.000 toneladas de fuel se partió a 250 kilómetros de Galicia. La decisión política de alejar aquel barco de la costa hizo que el vertido acabara extendiéndose desde las rías hasta la costa cantábrica. Galicia se teñía de negro y aparecieron restos de fuel hasta en Francia. Durante este verano de incendios en España no he podido evitar acordarme de aquel Prestige y de aquel Nunca Más. Es un recuerdo también un poco personal. Cuando empezaron a llegar las primeras imágenes de las playas negras de Galicia, desde universidades y asociaciones de toda España empezaron a fletar autobuses de voluntarios para ir a limpiarlas. Yo fui uno de esos miles de voluntarios que nos metimos con mascarillas y trajes blancos hasta hasta la cintura en petróleo para sacar todo aquello pala a pala. Aquella Nochevieja de 2002 la pasé por primera vez fuera de casa, durmiendo en un polideportivo, en un gimnasio, con literas, con colchones en el suelo. No lo pasamos mal, la verdad, pero recuerdo el pensamiento pala a pala. ¿Qué hago yo aquí inhalando petróleo? ¿Esto que hacemos nosotros voluntariamente? ¿No lo debería estar haciendo el Estado, el gobierno autonómico, el central, el ejército, alguien? Con los incendios de este verano de 2025, de nuevo aquella vieja sensación.
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Hola, muy buenas. Soy Yolanda Díaz y soy una vecina de Petín de Valdeorras. Vivo en Carbayal, aquí del incendio del Aroco, que ha quemado muchísimas hectáreas. Pues para mí y para muchos de nosotros empezó, si no me equivoco, un miércoles 13. Tengo 38 años y hemos vivido muchísimos incendios y esto en la vida. Nos vimos tan solos, tan rodeados, pueblo por pueblo. Esto era una caja de cerillas y que se prepararan porque venía un puto infierno, con perdón.
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El infierno en algunos lugares duró más de tres semanas. Aldeas quemadas, cientos de miles de hectáreas arrasadas, profesionales que no daban abasto, 5.000 personas desalojadas, 5 muertos, 2 de ellos voluntarios.
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Era imposible respirar, ya se veía muchísimo humo, picores, la gente con asma lo estaba pasando fatal, la gente sin asma también. Yo me fui a casa, cogí las primeras botas que me encontré, cogí unas alfombras que tenía mi madre para los pies y me fui yo sola a intentar que no pasara la carretera, porque si pasaba la carretera estábamos perdidos. Intenté hacer lo que pude, pero venía súper mal, el viento venía hacia mí, me estaba quemando. Bueno, al minuto se me quemaron las olas de las botas, pero el calor, el humo, era imposible.
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Pasó con el Prestige, pasó con los incendios y lo vivimos también hace cinco años, en marzo de 2020, cuando la pandemia provocó que tuviéramos que vivir un confinamiento para el que casi nadie estaba preparado, especialmente personas que tenían que salir a la calle cada día para ganarse la vida sin contratos inertes, que de un día para otro perdieron sus ingresos.
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Soy Jorge Bolaños y participé en el banco de alimentos o despensa solidaria que desde el Club Deportivo Dragones de Lavapiés impulsamos coincidiendo con el comienzo del confinamiento.
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Y también pasó hace menos de un año en Valencia con la DANA.
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Hola, soy Joan, vivo en Raiparta y estuve ayudando durante la DANA. Recuerdo que ese mismo día que nos fuimos corriendo a Valencia para poder cargar el teléfono, comprar agua, palas, lo que fuera, cambiarnos, lucharnos, recomponernos, un poco. Llegué al barrio de San Marcelí, en Valencia y cargué mi teléfono en un enchufe que había en un autobús. Me sentí en el suelo y me puse a llorar desconsoladamente pensando lo que había pasado y en que había que volver cuanto antes para ayudar con lo que fuera a mis vecinos o a quien lo necesitara.
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A estos tres voluntarios que hoy nos ayudan a pensar en voz alta, les hemos preguntado por qué ayudaron. Hay una respuesta sencilla, claro, porque hacía falta. Pero la realidad es mucho más complicada. La rutina, la incertidumbre, las circunstancias personales, en algunos casos directamente el miedo, o simplemente ese pensamiento de ¿Por qué tengo que ser yo? ¿Por qué esto no lo hace el gobierno? Todo eso paralizado. ¿Por qué decidieron lanzarse?
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Para mí mi reacción ha sido desde el primer momento actuar, intentar ayudar, apagar el fuego como fuera, con lo que tuviera. Pero eso había que pararlo de una forma u otra. Por la noche parecía todo el valle un volcán, pero literalmente yo no sé dónde saqué. Dónde dejé el miedo a un lado y saqué las fuerzas. Porque veo vídeos, veo fotos y digo pero y yo estaba ahí metida, eso es imposible. Pues ahí estábamos.
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Yo decidí ayudar porque es que vi el horror que había significado eso. Gente aún encerrada en sus casas, gente mayor que no podía salir y que básicamente no podíamos continuar con nuestra vida. Yo no podía seguir yendo a trabajar, no podía andar por las calles, estaba todo anegado, estaba todo lleno de barro. Yo soy maestro. Se habían cancelado las clases, así que hasta que se volvieron a retomar, yo me dediqué en cuerpo y alma a ayudar, a limpiar. Ya te digo, estaba destrozado de tanto ejercicio que hicimos.
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Bueno, pues nosotros quizá lo que también nos diferencia de una escuela deportiva, de una escuela de fútbol, en este caso convencional, es que compartimos mucho tiempo con la familia. Entonces, cuando ya estaba claro que la situación iba abocada a un confinamiento, empezamos a pensar y empezamos a oye, pues esta madre sola, sin apenas ingresos. Y no salían así muchas personas, muchas familias con niños pequeños también en muchos de los casos.
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¿Qué significa exactamente ayudar en circunstancias tan extremas? ¿Qué es más útil cuando parece que nada es útil contra un gran incendio, contra un mar de contaminación, contra una ciudad llena de barro, contra un virus mortal?
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Yo hubo tres días que no dormí más de una hora y el domingo con mi coche. Me estuve todo el domingo metiendo cubos en mi coche llenos de agua y regando toda la zona para que no volviera a prender.
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Eran jornadas empezábamos allí, abríamos el local de Dragones, que fue donde empezamos hasta que el teatro del barrio nos cedió su espacio. Y eran jornadas muy largas. Abríamos nueve de la mañana, antes de las nueve estábamos allí, y hasta las ocho de la tarde, unas dos semanas, había organizado y una estructura para recoger alimentos, repartirlos, hacer una base de datos actualizada en la que estaba registrada la situación de las familias, las personas en cada hogar, los puntos de reparto, personas que atendían en situación de calle, otro grupo que se encargaba de negociar y de recoger con asentadores en Mercamadrid. Y por otra parte también pusimos en marcha un sistema de. Una especie de bonos para comprar comida en dos establecimientos del barrio. Y entonces cada familia tenía 30 euros en cada establecimiento. Y enseguida empezaron a sumarse personas, a organizar los primeros repartos también a domicilio. Y luego ya fue creciendo. Yo creo que hubo implicadas más de 200 personas en la iniciativa.
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Yo lo que hacía básicamente era que desde que me levantaba por la mañana, cuando salía el sol, porque apenas dormíamos esos días, salía a la calle y empezaba a quitar barro y achicar agua de los edificios, de las casas. Empezaba a limpiar un poco las calles, haciendo como caminitos para que la gente pudiera entrar y salir, los niños, la gente mayor, para ir a coger comida o lo que fuera. También si hacía falta llevar comida a quien fuera, de vecinos o lo que hicieron falta, Ayudábamos como podíamos, con lo que teníamos y sin ningún tipo de información ni organización, porque ya te digo, hasta el día 8 9 no llegó una persona del ejército que vino y nos dijo simplemente que lo que estábamos haciendo paráramos de hacerlo porque era peligroso y no nos dio ninguna otra indicación ni nada. Y nuestras casas llenas de barro. Entonces era como ¿Qué hacemos? Yo no recuerdo haberme cansado tantísimo en mi vida. Por la noche me acostaba, me dolía toda la espalda, los brazos, claro, había estado haciendo ejercicio físico durante todo el santo día, desde que salía el sol hasta que se iba el sol. Así que era todo el día de
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trabajo, o sea, algo que te sobrepasa, que no puedes hacer nada, que es una impotencia que no entiendes ni por qué ni cómo. Nos han dejado así y lo hemos pagado muy caro nosotros, los animales, el ecosistema y los bomberos que están trabajando exhaustos porque el miércoles llevaban no sé cuántos días, se nos caían, tropezaban, teníamos que dar chocolate. Una realidad tan grande que te está dando las narices que no tienes tiempo ni de llorar ni de pensar.
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Ya hablamos con Joan cuando todo sucedió apenas unos días después. Ahora que han pasado 10 meses, le hemos pedido que recuerde aquellos días, sobre todo cómo fue la ayuda, la suya propia y la que observó a su alrededor.
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A los dos días fue cuando empezó a llegar como toda esta marea de voluntarios que venían de Valencia y otras localidades cercanas, que venían andando. Y recuerdo que vinieron unos 15 chicos jóvenes cargados con palas, con material que la verdad es que nos hacía muchísima falta. Y recuerdo que nos dijeron nos podemos ayudar con lo que sea. Y la verdad es que nos rompimos de la emoción. De la emoción, nos pusimos a llorar. Aún lo recuerdo y me emociono un poco porque fue la primera vez que vimos que había gente que nos venía a ayudar. Aún no habíamos visto nadie, ni al ejército, ni a policías, ni a nadie. Los primeros que vinieron a ayudar fueron unos 15 chicos de pusal que venían andando cargados con palas.
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De lo peor de la pandemia. Han pasado ya 5 años. ¿Qué recuerda Jorge con qué se queda 5 años después?
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Para mí fue bastante duro. Fue bastante duro. Fueron unos meses muy intensos. Y luego tuvieron también secuelas psicológicas. En mi caso y en otros casos yo creo que también que he conocido al desvincularme yo, fue cuando se empezaron a manifestar esas secuelas de esos meses que vivimos.
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España siempre ha sido un país de voluntarios. Muchas personas han querido siempre ayudar cuando otras estaban en su peor momento. Pero últimamente vemos cómo esa ayuda está cargada ideológicamente de ideas ultraliberales, casi rozando eslóganes fascistas como aquello de Solo el pueblo salva al pueblo en contra de cualquier regulación, de cualquier gasto público. La antipolítica, la épica del voluntario puede ser una trampa en estos días. Fabrica héroes que llaman la atención mientras por detrás se desmantela la verdadera solución al problema. Por eso el equilibrio es importante para nuestros voluntarios de hoy. Ser crítico con la actuación pública no es lo mismo que pedir la desaparición del sistema público.
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Si me preguntáis que qué faltó de todo, faltó de todo, de todo. No puede ser que tengan a los bomberos forestales, a las brigadas como las tienen. Necesitan ayuda, necesita que los montes estén limpios y necesitamos urgentemente que nos escuchen y que cuiden nuestros montes, que cuiden el rural, porque sin el rural no hay comida.
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El espanto también ante el hecho de que las administraciones no estaban dando respuesta y vimos que no iban a dar respuesta, que hablábamos con la concejalía, con trabajadoras sociales y vimos que no había nada organizado ni previsto para empezar. Luego, bueno, lo que hicieron fue aprovechar las infraestructuras vecinales que se estaban organizando y delegar también en esos grupos de colectivos y de personas que habían surgido espontáneamente. Y las administraciones tuvieron que apoyarse ahí porque no eran capaces de atender esas necesidades tan urgentes y tan perentorias que tener que comer.
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¿Qué habría estado bien? Pues una mejor organización, gente preparada, con un plan, organizando y dirigiendo a los miles y miles de voluntarios que vinimos a ayudar y que teníamos ganas, pero no sabíamos lo que hacíamos. Muchas veces hacíamos unas cosas, quitábamos un barro de un sitio, lo poníamos en otro y luego lo quitábamos de otro sitio. Habría estado bien un plan. Como por ejemplo las ONG que repartían comida qué rápido se implantaron en cada uno de los pueblos y empezaron a repartir comida. Porque tienen un plan, porque llevan años trabajando en situaciones de catástrofe y saben cómo hacerlo. Pero bueno, claro, si hacemos recortes en el sistema de emergencias valenciano, como hizo Mazón, ¿Qué esperamos? Si se supone que son chiringuitos.
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Y antes de marcharnos.
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Decidir dónde pones tu dinero también es decidir qué mundo quieres construir, dónde duermen tus ahorros. En Triobank creemos que el dinero tiene un poder transformador. Aplicamos estrictos criterios de exclusión y por ejemplo, no financiamos directamente la industria armamentística, ni casas de apuestas, ni combustibles fósiles. Y solo financiamos proyectos sociales, culturales y medioambientales. Tu ahorro impulsa proyectos de la economía real, porque el dinero también puede hacer el bien. Únete al lado bueno, únete a Trio Bank. Más información en Trio ES.
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Esto es Un tema al día, el podcast deldiario es. Si te gusta lo que hacemos, necesitamos tu apoyo. Hazte socio. Haztesocia Deldiario es Eneldiario es socio. El podcast lo producen Carmen Ibáñez, Marcos García Santonja e Izascum Pérez. El montaje es de Pedro Nogales. Yo soy Juanlu Sánchez. Mañana otro tema.
Host: Juanlu Sánchez (elDiario.es)
Episode Date: August 6, 2026
En este episodio, Juanlu Sánchez y el equipo de Un tema al día exploran la realidad de los voluntarios en España ante grandes desastres: incendios, vertidos contaminantes, inundaciones, pandemias. A través de testimonios de personas voluntarias –Yolanda, Joan y Jorge– el episodio aborda preguntas clave: ¿Qué impulsa a la gente común a lanzarse a ayudar? ¿Qué sienten después? ¿Dónde está el límite entre la solidaridad ciudadana y la obligación de lo público? La conversación es tanto un homenaje emocionado como una reflexión lúcida sobre la sociedad, la política y una España que sigue echando mano de su ciudadanía en tiempos de crisis.
"¿Esto que hacemos nosotros voluntariamente? ¿No lo debería estar haciendo el Estado, el gobierno autonómico, el central, el ejército, alguien?" (A, 01:59)
"Esto era una caja de cerillas y que se prepararan porque venía un puto infierno, con perdón." (C, 03:15)
"Por la noche parecía todo el valle un volcán, pero literalmente yo no sé dónde saqué, dónde dejé el miedo a un lado y saqué las fuerzas." (C, 06:25)
"Hubo tres días que no dormí más de una hora [...] me estuve todo el domingo metiendo cubos en mi coche llenos de agua y regando toda la zona para que no volviera a prender." (C, 08:11)
"Si me preguntáis que qué faltó de todo, faltó de todo, de todo. No puede ser que tengan a los bomberos forestales, a las brigadas como las tienen. Necesitan ayuda... necesitamos urgentemente que nos escuchen y que cuiden nuestros montes." (C, 13:26)
"Yo lo que hacía básicamente era que desde que me levantaba por la mañana, cuando salía el sol, porque apenas dormíamos esos días, salía a la calle y empezaba a quitar barro y achicar agua de los edificios, de las casas." (B, 09:37)
"Vinieron unos 15 chicos jóvenes cargados con palas [...] nos rompimos de la emoción, nos pusimos a llorar. [...] Los primeros que vinieron a ayudar fueron unos 15 chicos de pusal que venían andando..." (B, 11:24)
"Habría estado bien un plan... si hacemos recortes en el sistema de emergencias valenciano, como hizo Mazón, ¿Qué esperamos?" (B, 14:33)
"Empezamos a pensar y empezamos a oye, pues esta madre sola, sin apenas ingresos. Y no salían así muchas personas, muchas familias..." (D, 07:22)
"Eran jornadas muy largas. Abríamos a las nueve y hasta las ocho de la tarde [...] enseguida empezaron a sumarse personas, a organizar los primeros repartos..." (D, 08:25)
"Las administraciones tuvieron que apoyarse ahí porque no eran capaces de atender esas necesidades tan urgentes y tan perentorias que tener que comer." (D, 13:54)
"Para mí fue bastante duro. [...] Luego tuvieron también secuelas psicológicas..." (D, 12:16)
"La ayuda está cargada ideológicamente de ideas ultraliberales, casi rozando eslóganes fascistas como aquello de Solo el pueblo salva al pueblo [...]. La épica del voluntario puede ser una trampa en estos días."
"Ser crítico con la actuación pública no es lo mismo que pedir la desaparición del sistema público." (A, 13:09)
"La España de los voluntarios" es un homenaje al empuje solidario de la ciudadanía española, pero también un llamamiento a la reflexión: la ayuda desinteresada debe convivir con un Estado fuerte y preparado. La épica de la pala y la solidaridad improvisada emociona, pero no debe convertirse en la norma ante la desidia o la falta de lo público.
(El episodio omite publicidad y cierre para esta síntesis.)