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Es un eslogan publicitario, es un himno generacional. Te define como buen hijo, te conecta con la infancia, te impone unas expectativas. Es una norma social. Y como todas, esconde un mundo de contradicciones. Soy Juanlu Sánchez, hoy en un tema al dí No volver a casa por Navidad. Una cosa antes de empezar. Hola, soy Ignacio Escolar, director de eldiario. Es si te gusta lo que hacemos, si crees en un periodismo libre, de calidad y que obedezca a una misión de servicio público, contamos contigo. Hazte socia, hazte socio. En eldiario es socio. Era invierno, 1980. Una marca de turrón necesitaba una canción para su nueva publicidad en televisión. Y de ahí no solo salió un anuncio, sino también un himno navideño.
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Vuelve a tu hogar.
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La canción del turrón del almendro se convirtió en un canto al reencuentro de padres e hijos, pero también en un canto al nido vacío, a una España que ya veía cómo sus jóvenes se iban a las capitales a estudiar y a trabajar. El vuelve a casa, vuelve se puede entender como una descripción, El turrón, como los hijos, vuelve a casa por Navidad. Pero si uno escucha la canción y el anuncio, en realidad es un ruego. No es una orden, pero sí es una plegaria emocional con voz de madre.
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Vuelve a casa, vuelve. Hola, soy Inma y este año no voy a volver a casa por Navidad.
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Hola, soy Alicia y este año no voy a volver a casa por Navidad.
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Hoy conocemos y escuchamos a personas que han decidido no cumplir con lo esperado, con esa plegaria, con esa orden social, con esa noción común de lo navideño.
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Tengo 30 años, soy de Alicante, actualmente vivo en el sur de Países Bajos desde hace casi 4 años y esta es la tercera vez que no vuelvo a casa por Navidad.
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No hablamos con estas personas porque creamos que son mayoría, tampoco porque creamos que no hay que volver a casa por Navidad, sino porque están ahí, existen. Es gente intentando tomar decisiones libres o a veces condicionadas, y sufren con la carga de la culpa navideña.
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Hola, soy Rafa, soy un chico de 24 años de Granada, viviendo y estudiando en Núremberg, en Alemania, desde hace unos cuatro años. Esta va a ser la primera Navidad completa que lamentablemente no voy a poder bajar a casa por vacaciones.
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Inma, Alicia y Rafa viven en distintos puntos del mundo fuera de España y por diferentes motivos este año no van a volver a casa por Navidad.
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Actualmente estoy realizando una beca en Ciudad de Guatemala y no puedo volver a casa por Navidad porque los boletos son muy costosos.
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Yo ya pasé un final de año nuevo en Nuremberg por esta misma razón.
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Cuando tenía 17 años me marché de au pair a Connecticut y esa fue la primera vez que por trabajo y por distancia no pude volver a casa por Navidad.
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Inma, Alicia y Rafa van a dejar sitios vacíos en la mesa, también en los aviones que no van a coger esos huecos. Cuentan muchas cosas, nos dan una pista de cómo vivimos, de cómo trabajamos y de cómo nos movemos.
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Pues no es una decisión que haya tomado de un día para otro, la verdad. Y claro que tiene una parte económica. Viajar en Navidad es caro, los precios están hinchadísimos y todo el mundo lo sabe. Y cuando vives fuera eso pesa mucho más de lo que parece. No es solo comprar un billete y plantarte en un sitio, sino todo lo que implica viajar, que a veces simplemente no encaja con la realidad que estás viviendo en ese momento.
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Estos precios me han llevado a la decisión de no viajar en Navidad y permanecer en Alemania porque no puedo gastarme 500, 600 euros por pasar dos semanas o una semana y media en Granada.
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Lejos quedan ya los años en los que un billete de vuelo barato era barato. Todo sube, sube mucho, especialmente en Navidad.
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Recuerdo mi primera semana aquí que una gran amiga mía que vivía en Berlín, estando todavía en septiembre y recién llegado a Nuremberg, me avisó que me tenía que comprar los vuelos ya para Navidad porque si no iban a ser muy caros. Y esto es un problema que me ocurre siempre. Llevo a Nuremberg en septiembre y tengo que organizarme para cuadrarme las fechas de Navidad.
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A Alicia además se le suman todos los kilómetros del Atlántico, la sensación de que cruzar medio mundo para unos pocos días no siempre es posible.
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Mi trabajo no influye directamente en el hecho de que no pueda regresar, porque por ejemplo, tengo el permiso, las vacaciones, el tiempo que podría dedicarle a el viaje de regreso queda muy lejos. Estoy muy lejos de casa y no es rentable regresar a España únicamente para el periodo navideño. No he sido nunca una persona muy aficionada a celebrar la Navidad, por lo que tampoco supone un gran esfuerzo no regresar a mi casa por ello.
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Y luego está lo del trabajo, turnos guardias, contratos precarios, horarios que no permiten grandes desplazamientos.
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Pues el trabajo influye muchísimo, la verdad, porque te encuentras con la dificultad de pedir días libres, de organizarte los turnos con poca antelación, la sensación de que parar ahora tiene como un coste que no siempre es asumible y además se añade el hecho de que no siempre puedes permitirte desconectar cuando toca, por decirlo de alguna manera, aunque sea lo que te apetezca o necesites. Es como que cada ausencia tiene consecuencias.
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Si no vives en el lugar en el que naciste, hay una sensación que conocerás perfectamente, porque renunciar a volver a casa por Navidad no es solo renunciar a la familia, es renunciar a los amigos que solo ves en Navidad.
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Tengo un grupo de amigos que conservo desde hace ya bastantes años, ellos son músicos también, que viven fuera de Granada y nuestra ciudad es casi nuestro punto de encuentro en vacaciones para poder vernos y disfrutarnos.
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Los que no regresan lo saben, van a pasar cosas y se las van a perder.
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Yo siento que me pierdo bastante porque en mi casa, como la mayoría vivimos en lugares diferentes, siempre hemos usado la Navidad un poco como excusa para vernos las caras, entonces siento que este año me lo voy a perder. Además también sé que voy a echar muchísimo de menos las comidas copiosas de mi madre y también las sobremesas infinitas hablando, riendo, diciendo tonterías, tanto con mi familia como con mis amigos, porque también voy a echar mucho de menos a mis amigos, ya que muchos también vivimos en diferentes lugares y cuesta mucho coincidir cuando estás en otro sitio.
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Y bueno, estas fechas de final de año son días para mí de pasar mucho tiempo con mi familia en casa, comer rico, estar con las gatillas de mis padres, escaparme a ver a mis amigos por las noches para tomar una cerveza o lo que sea, pasar por el Albaicín, visitar a mi abuela. Son momentos para desconectar de una vida intensa y a veces un tanto fría como la que tengo en Núremberg.
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La gran victoria pagana de la fiesta religiosa llamada Navidad es que vertebra todo el calendario familiar.
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A pesar de que es verdad que es un periodo muy familiar y que socialmente parece que uno se siente obligado a reunirse con la familia, a estar en todas esas comilonas.
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A pesar de.
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Todo no deja de apenarme un poco, pues no ver a mi familia en este periodo. Tengo muy buena relación con, por ejemplo, mi abuela, y para ella es un periodo muy importante porque tiene la excusa que parece mentira de poder ver a toda la familia reunida alrededor de una misa, y es cierto que me apena no poder estar allí para pasar tiempo con ella y para disfrutar de estos días.
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Este no es un episodio trágico sobre la imposibilidad de volver, es un episodio lleno de contradicciones, de decisiones tomadas con dudas, de querer estar en un sitio y en otro a la vez, de sentir cómo todo eso tira de ti en diferentes direcciones. Es un episodio sobre no poder, pero también sobre no querer, o al menos no así.
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No todo tiene que ver con no poder, también hay algo de no querer, o al menos de no querer en estas condiciones, porque cuando vas con poco tiempo y para fechas tan señaladas, al final son todo prisas creando huecos imposibles por querer ver a todo el mundo y finalmente a veces te queda un sentimiento de culpa por no haber podido pasar tiempo suficiente con tu familia, por no haber visto a todos los que te gustaría ver, por no haber creado esos huecos de donde no los hay, y al final todo esto en conjunto te deja agotada.
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Y aunque haya culpa, también hay liberación en no volver.
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Pues no ir me genera emociones contradictorias, porque por un lado está ese sentimiento de tristeza teñido de nostalgia por la familia, por los amigos, por las tradiciones que se repiten año tras año, por sentir que no estás formando parte de ese momento con tu gente, con los que quieres. Pero por otro lado aparece ese sentimiento de alivio por no tener que cumplir con ninguna expectativa de lo que se espera para estas fechas y también por poder llevar otro ritmo, aunque ese ritmo.
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Sea mucho más silencioso, porque la Navidad tiene su ritmo, sus ritos sociales, sus normas no escritas. Quizás sean las vacaciones en las que menos se descansa.
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Desde mi punto de vista estas fechas son muy traicioneras precisamente por eso, porque se venden como algo súper libre y emocional, pero es que en realidad sólo están llenas de expectativas que están disfrazadas del espíritu navideño y al final parece que siempre siguen el mismo patrón, hay que comprar regalos, hay que reunirse, hay que volver a casa, hay que estar agradecida.
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Si uno no pasa la Navidad con la familia, o tal vez no le apetece quedarse hasta tarde despierto el día de Año nuevo, pues sí que es verdad que se queda uno ahí como separado de toda esta gente que se une al carro celebratorio.
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Y cuando no entras en todo eso, aparece casi sin darte cuenta un cóctel de sensaciones como la soledad por no estar con los tuyos como otros años, o la culpa por no haber estado presente o por no haber demostrado el cariño como se espera, que es casi siempre a través de de un regalo y encima caro, como si el afecto también tuviera que medirse en gestos muy concretos y muy consumistas.
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¿Hay otra Navidad posible con o sin familia?
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Bueno, como digo, es cierto que para mí son días de desconexión total y de coger mucha, mucha fuerza para los siguientes meses, que suelen venir cargados de exámenes, audiciones, proyectos y tal. Así que en mi caso suelo no obligarme a hacer cosas que no quiero. Al final es poco tiempo lo que paso allí. Siempre tengo como la excusa de que no tengo tiempo y ya es la realidad, pero procuro llenarme de buena energía y no de compromiso, digamos.
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Y ya vamos tarde para plantear una ¿Cómo se celebra una Navidad sin volver a casa por Navidad, Al ser el.
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Primero que estoy lejos de ellos, me encuentro ante esta incertidumbre de no saber muy bien cómo celebrarlo, ni siquiera celebrarlo?
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Y de pronto se abren las puertas de la necesidad, de la tradición, de la nostalgia, de la imaginación, nuevos espacios, La gran paradoja.
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Sí que es cierto que acá donde estoy hay gente que está en la misma situación que yo y pues parece que no, pero inconscientemente ya hemos empezado a hacer piña y tal vez hagamos nuestra pequeña celebración sustitutoria donde tal vez intentemos recrear un poco ese sentimiento de estar en familia, de sentarse ante una mesa a comer y celebrar que se termina el año, que estamos reunidos.
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Creo que para todos significa mucho estar en casa en Navidad, pero los que no podemos, pues intentamos incluso vernos en algunas de nuestras respectivas ciudades para no estar solos o buscarnos planes los días importantes como Nochebuena, Nochevieja, para al menos sentir que pese a que no estamos en casa, el hogar y el refugio se puede encontrar también en persona.
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Con el tiempo creo que te das cuenta de que no solo te pasa a ti y de que hay muchísima más gente que también se queda porque está en esa misma situación. Y es que cuando hablas con esa gente, independientemente del país del que provenga, ves que surge una conexión casi inmediata, o sea, no hace falta explicarse demasiado porque se comparte una única experiencia, la de vivir lejos y sostener una vida aquí. Y yo creo que es en ese momento cuando se forma algo muy bonito. Es decir, esa conexión nace precisamente de una ausencia compartida, de no encajar del todo en el relato ideal de la Navidad. Y esa conexión, esa hermandad, yo creo que no es casualidad. Y también con la manera al final, con la que aprendemos a sostenerlo de forma colectiva.
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Estés donde estés, Feliz Navidad. Esto es Un tema al día. El podcastdeldiario es Si te gusta lo que hacemos, necesitamos tu apoyo, hazte socio. Haztesocia en eldiario es unsocioaldía. Este podcast lo producen Carmen Ibáñez, Marcos García Santoja, Lucía Martín e Iz Ascun Pérez. El montaje es de Pedro Nogales. Yo soy Juanlu Sánchez. Mañana, otro tema.
Podcast: elDiario.es
Episodio: No volver a casa por Navidad
Fecha: 23 de diciembre de 2025
Host: Juanlu Sánchez
Este episodio explora el significado y las emociones tras la decisión de no volver a casa por Navidad. Partiendo de la presión social y el imaginario colectivo alrededor del eslogan navideño “Vuelve a casa, vuelve”, Juanlu Sánchez reúne los testimonios de varias personas que, por distintos motivos, han elegido (o se han visto obligadas) a quedarse lejos de casa durante estas fiestas. El relato profundiza en las contradicciones personales, la culpa, el desarraigo, pero también en el alivio y las nuevas formas de celebrar en compañía de otros “exiliados” de la Navidad tradicional.
"La canción del turrón del almendro se convirtió en un canto al reencuentro de padres e hijos, pero también en un canto al nido vacío..." – Juanlu Sánchez (01:21)
"No es una orden, pero sí es una plegaria emocional con voz de madre." – Juanlu Sánchez (01:42)
"Viajar en Navidad es caro, los precios están hinchadísimos y todo el mundo lo sabe... no es solo comprar un billete y plantarte en un sitio, sino todo lo que implica viajar." – Inma (04:01)
"Estos precios me han llevado a la decisión de no viajar en Navidad y permanecer en Alemania porque no puedo gastarme 500, 600 euros por pasar dos semanas o una semana y media en Granada." – Rafa (04:27)
"El trabajo influye muchísimo, la verdad, porque te encuentras con la dificultad de pedir días libres..." – Inma (06:07)
"Estoy muy lejos de casa y no es rentable regresar a España únicamente para el periodo navideño." – Alicia (05:16)
"No he sido nunca una persona muy aficionada a celebrar la Navidad, por lo que tampoco supone un gran esfuerzo no regresar." – Alicia (05:41)
"Renunciar a volver a casa por Navidad no es solo renunciar a la familia, es renunciar a los amigos que solo ves en Navidad." – Juanlu Sánchez (06:38)
"Tengo un grupo de amigos... nuestra ciudad es casi nuestro punto de encuentro en vacaciones para poder vernos y disfrutarnos." – Rafa (06:53)
"Sé que voy a echar muchísimo de menos las comidas copiosas de mi madre y también las sobremesas infinitas hablando, riendo, diciendo tonterías, tanto con mi familia como con mis amigos..." – Inma (07:11)
"Estos días son para mí de pasar mucho tiempo con mi familia en casa, comer rico, estar con las gatillas de mis padres, escaparme a ver a mis amigos por las noches..." – Rafa (07:51)
"No todo tiene que ver con no poder, también hay algo de no querer, o al menos de no querer en estas condiciones..." – Inma (09:40)
"Por un lado está ese sentimiento de tristeza teñido de nostalgia... pero por otro lado aparece ese sentimiento de alivio por no tener que cumplir con ninguna expectativa..." – Inma (10:20)
"Estas fechas son muy traicioneras precisamente por eso, porque se venden como algo súper libre y emocional, pero es que en realidad sólo están llenas de expectativas que están disfrazadas del espíritu navideño..." – Inma (11:03)
"Acá donde estoy hay gente que está en la misma situación que yo y pues... tal vez hagamos nuestra pequeña celebración sustitutoria donde intentemos recrear un poco ese sentimiento de estar en familia..." – Alicia (13:20)
"Los que no podemos, pues intentamos incluso vernos en algunas de nuestras respectivas ciudades para no estar solos o buscarnos planes los días importantes como Nochebuena, Nochevieja, para al menos sentir que pese a que no estamos en casa, el hogar y el refugio se puede encontrar también en persona." – Rafa (13:55)
"Esa conexión nace precisamente de una ausencia compartida, de no encajar del todo en el relato ideal de la Navidad..." – Inma (14:38)
El episodio mezcla una voz reflexiva y empática, combinando la calidez en los testimonios personales con el análisis desapasionado de Juanlu. Es cercano, introspectivo, alejado del dramatismo y muy humano.
Este episodio de “Un tema Al Día” revela las diversas razones, sentimientos y adaptaciones alrededor del hecho de no volver a casa en Navidad. Más allá de los tópicos, visibiliza las pequeñas y grandes contradicciones internas, y muestra cómo se pueden construir nuevos sentidos de hogar, pertenencia y celebración incluso lejos de la tierra y la familia natal. Una reflexión colectiva sobre las formas de criar y sostener comunidad en un mundo globalizado, en el que, cada vez más, la Navidad es tanto una promesa como un reto.