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Protagonizaron la atención mediática. Por la peor de las razones, se refugiaron en el activismo para poder darle un sentido a lo que ocurrió. Su constancia y su lucha provocaron cambios sociales para proteger a otras víctimas. Soy Juanlu Sánchez, hoy en un tema al día. Que mi hija no sea un número. Una cosa antes de empezar. ¿Te has preguntado alguna vez qué hace
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tu banco con tu dinero mientras no lo usas?
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¿Para Trio Bank? La respuesta importa. Te contamos más al final del episodio.
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Gracias. Porque si no es por vosotras, me refiero por periodistas y por todo, pues Nagore sería un número y no sería Nagore, o sea que. Por lo tanto, yo siempre doy las gracias y me apunto a todo que esté nombrando a mi hija, porque pienso que es muy triste ser la madre de una niña asesinada.
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Ana Requena aguilar. Hola.
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Hola. ¿Qué tal?
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Ana, ¿Quién era Nagore?
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Pues Nagore era una chica de 20 años, una chica de Irún que estudiaba enfermería en Pamplona y que en los Sanfermines del año 2008 coincidió con un compañero de hospital, José Diego Illanes. Después de encontrarse en la calle, subió con él a su casa y él la asesinó después de que ella se negara a tener sexo con él
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Sanfermines. Agresión sexual. El otro día se cumplieron 10 años del caso de la Manada en Pamplona y cuando hacíamos aquel capítulo sobre la Manada, de las consecuencias políticas que tuvo todo aquello, me quisiste, Ana, hablar también del precedente importante para entender todo lo que vino después del caso de Nagore Lafage. Porque cuando estuviste en Pamplona estuviste también con la madre de Nagore, Asun casa sola y esa conversación merece por sí misma un rato de escucha.
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Entiendo que te has expuesto mucho, pero que también tiene que ser duro seguir recordando.
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Hombre, claro que es duro seguir recordando y hablando, pero quiero que se siga. Si yo tengo que sacar, como ahora mismo alguna lágrima, no me importa. Con tal de que Nagore sea Nagore, no sea el número. A mí me tarda pensar siempre en que las demás son números y no quiero que sea número. Entonces sí tengo que llorar porque en ese momento lo siento así, porque me llega, porque es mi hija y porque hablo de mi hija, pero prefiero hablar y llorar que no se la nombre.
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Ana, ¿Por qué el asesinato de Nagore es importante? ¿Por qué marcó un precedente?
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Bueno, pues el caso de Nagore Lafage hace que la sociedad navarra se movilice muy fuertemente y que empiece a haber mucha conciencia acerca de la violencia sexual, de la violencia sexual en entornos festivos y de la necesidad de reivindicar el derecho de las mujeres a estar en el espacio público, a disfrutar de la fiesta. De hecho se pasa en general de un enfoque muy paternalista cuando hablamos de violencia sexual a un enfoque al contrario, un enfoque más centrado en proteger la libertad sexual de las mujeres. Y ese caso se convierte allí especialmente en un revulsivo. Hizo que plataformas, asociaciones feministas trabajaran con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, con las administraciones, para hablar de prevención, para hablar de medios, para hacer un trabajo conjunto y para coordinarse acerca de qué hacer con la violencia machista y especialmente con la violencia asexual. Ahí se ponen también muchos recursos públicos en marcha que luego tienen un resultado. Cuando hablamos del caso de La Manada, lo contaba así Tere Sáez, que es portavoz de la plataforma feminista lunes Lilas, que tuvo un papel muy muy importante cuando sucedió el asesinato de Nagore La Fage.
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El asesinato de Nagore hace que la sociedad, no las feministas solo de Navarra, o yo supe, mujeres de Navarra, empiece a hablar y entienda qué es esto de la violencia sexual y que además que los espacios festivos y de ocio ocurren en estas situaciones porque hasta entonces habían estado completamente negadas, no existían, a pesar de que lo decíamos, pero éramos como las brocas de la colina. El asesinato de Nagore para nosotras es un punto de inflexión en Navarra claramente en el tema de la violencia sexual. Lo mismo que fue a Nagora antes, en el caso general de la violencia machista.
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Dos días bien me daba una paliza, a otro día me decía Anetilla, perdóname, ya no va a pasar más, ya no te voy a pegar más porque esto no.
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Ana Orantes tenía 60 años cuando el 7 de diciembre de 1997 fue a un programa de Canal Sur donde relató la violencia que sufría a diario, que había sufrido a diario durante 40 años por parte del que había sido su marido durante todo ese tiempo.
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Yo lo creía, lo creía, lo creía porque tenía 11 hijos, no tenía dónde irme, yo tenía que aguantarlo, que aguantarlo, que me diera paliza sobre paliza, paliza sobre paliza, un día sí y otro no. Y el del medio.
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Hablábamos de Nagore como precedente. Ana ¿Por qué orantes? El caso de Ana Orantes es el precedente del precedente. ¿Por qué se recuerda tan a menudo?
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Pues porque ese caso conecta también con un trabajo que el feminismo llevaba haciendo ya unas cuantas décadas en España para sacar la violencia de género de lo privado al ámbito público, para desterrar la idea de los crímenes pasionales, para desterrar la idea de la violencia doméstica y para señalar la importancia de conceptualizar ese tipo de violencia como una violencia de género para pedir recursos. El feminismo era quien había iniciado la puesta en marcha de recursos que después fueron asumiendo las administraciones, y ese trabajo que costaba, costó, esa concienciación social costó poner esos recursos en marcha, de repente se acelera cuando sucede el asesinato de Anobrantes, porque claro, al ser un caso que la gente pudo ver en televisión, también se produjo esa conexión masiva, esa identificación y ese clamor. Y eso aceleró, aceleró tanto la concienciación como el trabajo de las administraciones, que fue derivando en diferentes puntos. Primero se empezaron a contabilizar, empezó a ver estadísticas, se aprobaron las órdenes de protección y se empieza a trabajar en esa ley que finalmente se aprueba en 2004 una ley de referencia que es la Ley Integral contra la Violencia de Género.
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Pues con Ruth Tablo y todas esas cosas, no nos llamamos todos los días, pero viniendo aquí estuvimos. Yo, yo qué sé.
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¿Estáis en contacto entonces?
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Sí, nos hablamos a lo mejor todo el año, pero sabemos que estamos ahí. Si en un momento dado necesitamos porque hay algo, pues vamos, ¿Me entiendes, o sea? Sí.
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Aquí Asun está hablando de otro caso más, el de Ruth Ortiz, la madre de Ruz y José, asesinados por el padre. Muy mediático también este caso. José Bretón, otro de esos casos brutales que aunque ya se habían dado, desencadenaron por alguna razón una gran conversación y fue cuando la mayoría descubrimos que había un concepto llamado violencia vicaria.
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Ana Sí, ese caso también fue muy mediático, movilizó mucho a la sociedad y se empieza a tomar conciencia de que existe también un tipo de violencia de género que consiste en dañar a los hijos especialmente, pero también a veces a otras personas allegadas o importantes para las mujeres, como manera, en fin, de dañar en sí mismas a esas personas, pero también de hacer daño a las mujeres. Es lo que se ha llamado como violencia vicaria. No es la primera vez, desde luego, que sucedía. Y de hecho unos años antes había habido un caso tremendo, el caso de Ángela González Carreño, que había denunciado, denunció hasta en 51 ocasiones para pedir que por favor impidieran que su expareja se quedara a solas con su hija, a la que había amenazado. En fin, había habido muchos episodios violentos, muchos episodios de amenazas. No consiguió que la justicia le escuchara, que las administraciones le escucharan y finalmente ese hombre asesinó a su hija. Mucho tiempo después, el Tribunal Supremo, de hecho, falló que España había sido negligente como Estado a la hora de proteger a esta niña. Esto nos puede hacer pensar en que hay casos muy relevantes y que sí que sirven para que empecemos a hablar de algunos asuntos, pero que no tienen quizá el efecto tan inmediato, tan efervescente de otros como el de La Manada o el de Ana Orantes. De hecho, hace sólo unos días el Gobierno ha aprobado el proyecto de ley de violencia vicaria. ¿Es su asesinato el que te convierte a ti en una activista?
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Claro, por supuesto. Es que muchas veces digo, jolines, vamos a concentraciones. Para mí estas concentraciones tenían que ser. No me puedo quejar de que va mucha gente, pero yo digo, si, tenía que venir mucha más gente, porque hay que luchar contra esto y la única fuerza que tenemos es la calle. La calle es la única fuerza para que el pueblo, las autoridades, todos vean que estamos protestando por algo. Y luego pienso, jolines, Asun, si no llegas a pasarte a ti eso, a lo mejor también era que te quedabas en casa porque hacía calor o ibas a la peluquería porque te tocaba la hora. ¿Me entiendes? ¿Ana?
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Hoy hemos querido hablar de estos casos que siendo muy mediáticos, fueron dejando semillas precedentes para cambios importantes. Sí, fueron víctimas de sensacionalismo, de revictimización, pero también hubo leyes nuevas gracias al debate que se abrió, en muchos casos a cambio de un precio muy alto por parte de las familias y de víctimas que se animaron a denunciar.
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Por supuesto, para muchas el coste es su propia vida o la vida de sus hijas y de sus hijos, pero el coste es también tu libertad sexual, tu intimidad, ser señalada, que tu vida empiece a ser objeto de comentario, de escrutinio. El exilio. A veces, si pensamos en otro tipo de casos, como en el de Nevenka Fernández, mujeres que se tienen que ir fuera, que tienen que dejar ellas sus trabajos o sus entornos por haber hablado o por haber denunciado. Y luego el coste del entorno, que creo que es importante, porque especialmente cuando hay víctimas mortales, pues hay familiares que les sobreviven y esas familias tienen que seguir viviendo, muchas veces sin mucha ayuda de la administración o enfrentándose a muchas adversidades. Y como digo, con poca ayuda. En el caso de las madres y de los padres, pues también. Es decir, que creo que está bien que seamos conscientes de esto, porque si nos importa la violencia machista en todas sus formas, deberíamos pensar también en cómo atender a quienes se quedan y quienes siguen de alguna manera viviendo toda su vida con eso. En algunos casos, estas personas encuentran alivio, cierto alivio en el activismo, en poder ayudar a otras personas que están pasando por lo mismo. Es el caso de Asun. Casa sola, ella visita institutos, da charlas, cuenta mucho el caso de su hija. Para ella es importante seguir contando y hablando de esto. Hace esta labor pedagógica y también está ahí para otras familias que la buscan para que les dé apoyo y ahora,
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por ejemplo, el 2 de octubre haya ido a acompañar a otra madre, que su niña. ¿Es un número?
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Sí, que también una de las cosas que haces es acercarte. ¿Te buscan a ti o buscas tu acercamiento?
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No me buscan. Yo nunca busco. Nunca. Pues por ejemplo, como tú, Si tú me llamas, hablamos, si no me llamas, no hablamos.
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Y bueno, para Asun, su activismo es una manera de que su hija de alguna manera siga viva y de defender su memoria. Ella habla con mucho orgullo de su hija y ella reivindica mucho que estos casos no pueden quedarse en solo un número. Quiere que su caso se conozca y que su caso sirva.
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Nagori era del mundo. Me acuerdo que hizo tres intercambios, uno con Alemania, con Bélgica y con Suecia y eso. Nagori sería del mundo. Nagori iría a Madrid, a Roma, a no sé dónde, a Estados Unidos. Me acuerdo cuando ya iba, porque se apuntaba. Yo al ser trabajadora, les apuntaba a todas las colonias del mundo. Y me acuerdo que decía ay, no me apuntes más ya, porque tengo tantas amigas en tantos sitios que es que luego no las puedo atender. Nagore le ponía cara a todo el mundo, porque Nagore se dejaba ver, por ejemplo, hacía Gimnasia rítmica y me acuerdo que muchas veces decía la Joline se le ha olvidado lo que hemos dicho y ha seguido, o sea, en vez de ponerse a llorar o eso, no, ella seguía se lo está inventando, o sea, tenía muchos recursos, o sea, era una persona con mucha personalidad.
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Para ella es muy importante encontrarle de alguna manera el sentido a eso, a decir, bueno, quizá la historia de mi hija sirve para concienciar y que la gente sepa quién es ella, porque ella no hizo nada malo. Esto es algo que repite mucho, mi hija no hizo nada malo, no tenemos por qué avergonzarnos y hay que mantener viva su memoria.
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Yo sé que algunas personas me dicen ¿Por qué sigues si Nagore ya no está? Digo que yo no lo hago por Nagore, lo hago por las demás niñas que están vivas. Tú sabes la satisfacción que me da a mí el pensar que estoy ayudando a alguien, tanto a chicos como a chicas y que la muerte de Nagore sirva para algo, que no sea un número, que es lo más terrible que puede ser, que tu hija sea un número, o sea, entonces a mí eso me llena.
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Ana Requena Aguilar Redactora jefa de género del DIARIO ES Muchas gracias, Muchas gracias. Y antes de marcharnos, decidir dónde pones
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tu dinero también es decidir qué mundo quieres construir, dónde duermen tus ahorros. En triobank creemos que el dinero tiene un poder transformador. Aplicamos estrictos criterios de exclusión y, por ejemplo, no financiamos directamente la industria armamentística, ni casas de apuestas, ni combustibles fósiles, y solo financiamos proyectos sociales, culturales y medioambientales. Tu ahorro impulsa proyectos de la economía real, porque el dinero también puede hacer el bien. Únete al lado bueno, únete a Trio Bank. Más información en Trio ES Esto es
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un tema al día. El podcast deldiario es Si te gusta lo que hacemos, necesitamos tu apoyo. Hazte socio, hazte socia en eldiario ES Unsocioaldía Este podcast lo producen Carmen Ibáñez, Marcos García Santonja, Lucía Martín, Izascum Pérez. El montaje es de Pedro Nogales. Yo. Yo soy Juan Lu Sánchez. Mañana, otro tema.
Podcast: Un tema Al Día (elDiario.es)
Host: Juanlu Sánchez
Guests: Asun Casasola (madre de Nagore Laffage), Ana Requena Aguilar (redactora jefa de género, elDiario.es), Tere Sáez (portavoz de Lunes Lilas), y otros testimonios
Fecha: 23 de julio de 2026
Este episodio profundiza en los efectos públicos y personales de los crímenes atroces de violencia de género en España, a través de los casos de Nagore Laffage, Ana Orantes, y Ruth Ortiz. Explora la lucha de las familias para que sus hijas no sean recordadas solo como cifras, sino como personas que lograron generar conciencia y cambios sociales. La conversación revela cómo la exposición mediática, aunque dolorosa, abrió debates sobre la violencia sexual y vicaria, facilitando además nuevos marcos jurídicos y de prevención.
[00:43-01:32] Asun Casasola reflexiona sobre la importancia de que su hija, Nagore, no sea solo "un número". Explica que, pese al dolor de recordar su historia en público, prefiere hacerlo y llorar si es necesario, con tal de preservar su memoria.
[01:07-01:33] Ana Requena Aguilar reconstruye la historia de Nagore, asesinada en 2008 tras rechazar a su agresor, José Diego Illanes, durante los Sanfermines, contextualizando el caso en la violencia sexual en entornos festivos.
[04:45-06:46] Ana Orantes, asesinada tras relatar su calvario en televisión en 1997, simboliza el punto de ruptura que permitió conceptualizar la violencia de género como un problema público, no privado o “pasional”.
Tras su asesinato, se implementaron medidas como las órdenes de protección y la Ley Integral contra la Violencia de Género en 2004.
[09:04-09:47] Asun Casasola explica cómo la tragedia de su hija la empujó al activismo, destacando el poder de la movilización social frente a la violencia de género.
Ana Requena subraya el alto costo personal del activismo para madres y familias, que a menudo encuentran un sentido y consuelo parcial al ayudar a otros y mantener viva la memoria de sus hijas.
El episodio pone el foco en el altísimo coste humano y vital que pagan las familias de las víctimas de violencia machista, y cómo su insistencia en narrar, denunciar y acompañar sirve de motor tanto para el cambio social como para la memoria individual. La voz de Asun Casasola resuena como testimonio de dignidad, resistencia y pedagogía, en una España que debe recordar siempre que detrás de cada cifra, hay una vida, una historia y una lucha por la justicia.