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A
Hola, hola. Soy Juan Lu Sánchez. Hoy es 24 de diciembre y a partir de hoy el equipo de Un Tema al Día para unos días descansa un poco, aunque también vamos a ir preparando capítulos para la vuelta, para el 8 de enero, que es cuando comenzamos de nuevo con el ritmo diario de Un Tema al Día. Mientras tanto, ya sabes que lo solemos hacer en Navidad, te vamos a recomendar capítulos de Un Tema al Día de esta quinta temporada o de los últimos meses que pensemos que merece la pena volver a escuchar, o por si te los has perdido. Y además te recomendaremos capítulos de podcast que nos gustan o de la familia del diario. Es es el caso de hoy. Hemos estrenado un podcast que se llama Plot Twist y es una manera muy diferente de contar quizá a las nuevas generaciones lo que fue la transición española, lo que fue el franquismo, lo que supone la llegada de la democracia para nuestro país, pero desde una narrativa que yo creo que te puede gustar. Te dejo los enlaces para suscribirte a Plot Twist en la descripción de este episodio. Venga, felices fiestas.
B
El espejo redondo del cuarto grande, donde pasaba horas con el peine ahí echándose una laca que olía fortuna. El cuenco de la entrada, que estaba siempre lleno de caramelos, menos de los azules, que esos sabían horrible. Luego la cocina. Hasta el calendario del restaurante chino de 2011, que por algún motivo no quitó nunca, pero que le daba un poco de rollo a la cocina. En ese lugar se gestaban los mejores huevos rotos de la Vía Láctea. En el salón, imposible no acordarse del mítico sillón con ganchillo, que es donde religiosamente se sentaba todas las tardes para ver la telenovela la Yaya Simona tenía 90 años. Es ley de vida, ya lo sé, pero a todos nos da mucha tristeza.
C
Yo no sé cómo vamos a organizar.
B
Todo esto, aunque a mí lo que más pena me da es darme cuenta de que en realidad yo tampoco sabía tanto de ella.
C
A ver, Martín, vamos, que te quedas ahí empanado y no avanzamos.
B
Sí. Por cierto, papá, escucha una cosa. ¿Por qué todas las cartas van dirigidas a una tal Fermina Gaspar? Es una gemela malvada de la abuela o algo así.
C
Sí, sí, una prima. No te digo. Es tu abuela, animal. Ella se llamaba así, Fermina Gaspar.
B
¿Desde cuándo?
C
La abuela tampoco supo su verdadero nombre hasta que se casó el día que fue al Registro Civil y le dijeron que no existía ninguna Simona Gaspar. No veas qué susto se llevó. Le dijeron que su verdadero nombre era Fermina. Luego descubrió que Simona venía de Simón, de su padre, que había muerto en la guerra. Fíjate, supo su nombre cuando dejó de vivir con su padre para vivir con su marido o abuelo. Ay, la pobre.
B
Yo, claro, si hubiera sabido esta historia antes, le hubiera preguntado a mi oye, ¿Cómo es posible casarte sin saber cuál es tu verdadero nombre? Pero es que hubiera dado igual, porque la abuela me contestaba siempre lo mismo.
D
A todo Pues Martín, hijo. Eran otros tiempos diferentes.
B
Pues yo creo que ha llegado el momento de conocer a la abuela más allá de la laca. Ha llegado el momento de saber cómo era ese tiempo distinto. Plot twist Cómo España se quitó La caspa Episodio 1 Vagos y maleantes Lo que sí contaba mucho la abuela era la historia del primer beso con el abuelo. Bueno, hablar de beso igual es un poco generoso.
D
Pues en el baile del pueblo, una carantoña y a escondidas, que luego todo se sabía.
B
A ver, muy romántico no es que fuera, pero es que en aquellos años creo que no te dejaban hacer mucho más. Ahora mismo necesitaba alguien que me contara cómo funcionaba lo de ligar, liarse y esas cosas en la época de mi abuela. Y en casa se hablaba siempre de un tal Carlos Santos que salía por la radio y tenía libros de aquellos años. Así que contacto con él y muy majo. Me explica que en la dictadura era muy chungo lo de besarse. De hecho, me cuenta esta historia sobre su amiga Elizabeth. ¿Que ocurrió? En 1973 le pusieron una multa porque.
E
Le dio un beso a un novio por la calle en Salou. Porque Elizabeth era holandesa, y como era holandesa creía que se le podía dar un beso a un novio por la calle. El novio fue a la cárcel y ella pasó una noche en calabozo. Y ella tuvo que pagar una multa de 300 pesetas de la que conserva el papel, que era un dinero. ¿Qué ocurre? Si Elizabeth en lugar de ser holandesa hubiera sido de Cuenca, no le hubieran puesto la multa porque ni se le hubiera pasado por la cabeza darle un beso a un novio por la calle. Los besos no estaban a la vista de la gente. Los besos estaban perseguidos por la ley. Había un delito de escándalo público que como tal siguió vigente creo que hasta el año 86 o por ahí.
B
Sí, hasta el 86 duró la ley. Que madre mía. Si por un triste beso ya te acusaba la poli de escándalo público. No te quiero preguntar cómo iba lo de. Bueno, lo de después de los besos. Me imagino aquella época. Bastante peñazo, la verdad. Y como tengo una vecina que es terapeuta de pareja y que vivió aquellos años, pues le voy a preguntar. Se llama Paloma Simón. Y ella, la verdad, creo que acabó muy harta de tanto sermoncito.
F
Iba a un colegio de monjas donde lo primero que hacían era regañarte. Si la falda estaba un pelín por encima de la rodilla, llegaba la monja y te la tiraba hacia debajo de la rodilla. Os podéis imaginar que a partir de ahí la sexualidad era inexistente. No se sabía.
B
Hombre, te ahorrabas la típica conversación violenta con tus padres sobre sexo, pero a cambio eras un poco ignorante de la vida, ¿No? Así estaba la gente, pensando que si se tocaban se quedaban ciegos.
F
Entonces se inicia la sexualidad con los primeros novios igual de ignorantes que tú. Lo máximo que había era alguna revista que miraban los chicos de señoras desnudas. Pero se acercaba uno a la sexualidad de una manera muy ingenua.
B
Mi abuela Simona solo tenía referencias de la gente joven de hoy. Por mí y por First Dates. Yo nunca le conté mis líos amorosos, así que tenía una imagen de la juventud un poquito exagerada. Siempre decía lo mismo viendo las parejas del programa.
D
Hombre, las parejas no tienen que ser como antes. Pero lo de ahora tampoco es hasta.
B
Ahora nunca me había importado lo de antes. Pero la verdad, va siendo hora de saber qué pasó antes de nosotros y qué hizo la gente para que hoy podamos vivir así. No sé, más normal. El asunto de los besos y los novios ya me ha alucinado bastante. Pero es que no acaba aquí la cosa. Cambia mucho si eras novio o novia, esposa o marido. Me he acordado de una amiga de mi padre que fue senadora en los años 90. Martirio, tesoro. Ella es de Almería y no me voy a pegar el viaje hasta ahí. Así que voy a hacer un acto revolucionario y voy a hacer una llamada de teléfono. Madre mía. Creo que no llamaba por voluntad propia desde hace, yo que sé, diez años. A ver. Seis, cero, nueve, dos, cinco. Pero he hecho muy bien en llamar a Martirio, porque lo que me cuenta es flipante. Me dice que había una ley de adulterio que estuvo vigente hasta 1978 y.
G
A partir de la Constitución fueron reformándose algunas leyes. Las primeras fueron las penales. Por ejemplo, que el adulterio estuviera en nosotras muy castigado. Solo con pernoctado una noche fuera de casa, sin causa justificada, que una noche haya salido, me podían quitar la guarda y custodia de los niños en ellos. ¿Sabes cómo se llamaba el mismo hecho? Amancebamiento.
B
Toma ya. Amancebamiento.
G
Ellos no cometían adulterio. Amancebamiento. Y tenían que tener lo que decían entonces los antiguos la amante, la manceba o la querida manifiestamente fuera de casa. Por ejemplo, que tuviera otro piso, eso que decían, le ha puesto un piso o que la mantuvieran en la misma casa. ¿Quién era el idiota que iba a llevar a la que estaba mancebado a la propia casa? Para ellos era punible en muy pocos casos. Y para nosotros solo con una noche de perno, estar fuera de casa sin el permiso marital que nunca te lo daba, irte una noche de juerga, ya podías ser acusada de adulterio.
B
A ver si lo he entendido bien. Un tío podía tener un amante que no había ningún problema con que no la metiese en casa, todo guay, pero una mujer si pasaba la noche fuera de casa y no era porque iba a cuidar a su madre al hospital o algo así, ya era una adúltera, joder. Y podía ir a la cárcel hasta seis años.
G
En los años 70, que fue cuando las mujeres empiezan a vivir un poco más en libertad y un poco más su sexualidad, hay muchas denuncias de adulterio y muchas mujeres son condenadas.
B
Esto del amancebamiento me parece tan chungo que hago una búsqueda rápida en Google y me sale Ana Santos. Ella es una escritora que ha ganado el premio Espasada Ensayo por un libro que cuenta lo difícil que ha sido para las mujeres estudiar. Y mira, aquí está su mail. Así que voy a hola Ana, me llamo Martín y te escribo por qué Ana no me pone ningún problema para quedar con ella. Y me cuenta que la ley de adulterio era tan suave con los hombres que muchos tenían hasta una doble vida, así tan felices.
H
Luego te has ido ya enterando de gente que tenía dos familias, tenía dos mujeres y las dos lo sabían a cada una le había puesto un pisito. Incluso tenían hijos y nunca se encontraron ni hablaron ni nada. Claro, el divorcio no existía.
B
Anda, mira, son como el meme de Spiderman, pero sin verse entre ellos.
H
Y los matrimonios no eran felices. Muchos se habían equivocado entonces tenían que permanecer allí al lado toda una vida. Es mucho peor la represión, porque entonces buscas la manera de salir. Entonces sí que transgredes algo que es más importante que una ley, que es la propia moral, el convencimiento moral de que debes ser honesto contigo mismo. Dejas de serlo porque no puedes hacer otra cosa. A lo mejor.
B
Cuando se casó la abuela Simona, divorcio era una palabra prohibida. Lo curioso es que antes, en la República de los años 30, las mujeres sí podían separarse de su marido y aquí no había pasado nada. Pero en cuanto llegó Franco, esos divorcios se iban al carajo y volvían a estar casadas con los hombres de los que se habían divorciado.
H
Error en el sistema.
B
¿Me parece muy flipante pensar que la gente no pudo divorciarse hasta 1981, seis años después de la muerte de Franco, o sea, cuantísimo matrimonio infeliz habría por ahí suelto? Me imagino que las relaciones sentimentales de la época serían como una serie mala, no muy previsibles y no tendrían un final abierto, ni habría cliffhangers ni nada. Todas las historias terminarían igual. Hasta que la muerte os separe. Y hablando de series, es que lo que me cuentan de esa época suena un poco como de telenovela. ¿Que veía la abuela Simona? El amor es cosa de dos, capítulo 374 Cuando el cariño naufraga. Porque en la España que vivió la aya, eso de los besos y el sexo bajo la luz de la luna como que no. Y pensándolo bien, las mujeres tampoco creo que se casasen por amor a primera vista del hombre de su vida. Pero bueno, ya me entiendo, ¿No? Son un poco historias básicas de chico conoce chica, qué digo yo. ¿Qué pasa con las relaciones homosexuales? Pues de esto también controla Ana Santos.
H
No existía aquello no existía. Yo jamás, en toda mi infancia, por supuesto, ni juventud ni. Bueno, hasta hace relativamente poco la sociedad no ha asumido esto como normal y por lo tanto lo ocultaba. Y bueno, ¿Y los gays? Pues porque era peyorativo. Se hablaba de ellos, pero no porque existieran, sino porque había que despreciarlos. Mariquita incluso era un insulto y aún lo sigue siendo. Cuando alguien es cobarde, es un maricón, ¿Vale?
B
Y las lesbianas es como si te.
H
Dicen hay un extraterrestre en la calle. No, esto no existe, no existía, no estaba en el imaginario de nadie. Lo normal era casarte y tener hijos inmediatamente. Además, esto de esperar a los 40 porque quiero viajar o quiero dedicarme a mi profesión y tal y cual, es que desde luego mi generación no se lo planteaba.
B
Bueno, perfecto, podemos vivir todos en una mentira colectiva y creer que no existe la homosexualidad. Pero es que lo dice hasta el meme. Lo que pasa es que como sabían que había personas homosexuales, no valía con ignorarlas, había que perseguirlas. Así que crearon una ley con el nombre más loco que me podía ley de vagos y maleantes, aunque mucha gente la llamaba la gandula.
G
Conocí a una persona en un pueblo de la provincia de Almería, en Ujíjar, que se tuvo que ir del pueblo porque alguna vez tuvo lo que llamamos ahora pluma alguna de mano con las manos y tal. Y empezaron a decirle por lo que decían entonces, es invertido de la acera de enfrente, mariquita, la más grave para ellos, que era maricón. Y antes de irse del pueblo lo detuvieron aplicándole esa ley, la ley de vago y maleantes.
B
Telita lo de invertido. Pero es que no se quedaban ahí.
G
Cuando la policía franquista salía a detener, fijaos qué cosa, a los homosexuales le llamaban violeta, en el argot de la policía. Y cuando salía a perseguir por barrios concretos en Madrid, llamaban redada de violetas. Y a los que sospechaban que había chicos que tenían relación con otros chicos, los detenían. No hacía falta probar nada. Había una presunción de veracidad a favor de la autoridad y quien se opusiera los detenía por ser homosexuales.
B
Te digo yo, ¿Habría alguien en esa época que se atreviese a defender a toda esa gente? Espérate, porque en las revistas que leen mis padres me suena haber visto así de pasada a una abogada mítica de los años 60 y 70. Yo creo que se llama Paquita Sahuquillo. ¿Puede ser?
E
¿Por aquí?
B
Joder, vaya tela. Esto no vale aquí. Por aquí.
E
Vale.
B
Paquita Sauquillo se va mucho al Ateneo. Y esto está aquí, al lado de casa. Paquita Sauquillo va siempre corriendo de un lado a otro pero como le he explicado lo de la abuela Simona, se sienta un ratito conmigo, muy simpática ella, y me cuenta que la represión hacia los homosexuales era una cosa muy bruta.
G
Yo defendí el caso de un señor que entró con otro en un baño y el policía se imaginaba que eran homosexuales y tiró a matarle y le mató. Entonces claro, eso te quedas un poco.
H
Ahí, ¿Cómo es posible que eso pase?
G
Pero eso pasa.
B
Es que la Ley de Vagos y Maleantes, que el nombre me sigue alucinando, hacía una cosa todavía más macabra que detener a los gays y era impedir que una persona pudiera siquiera pensar que a lo mejor le gustaban las personas del mismo sexo.
E
Es que la inmensa mayoría de los homosexuales que pudieron en España, yo creo que se murvieron sin enterarse. No se les pasaba por la cabeza el ejercicio de una libertad sexual diferente a la que era obligada por la moral vigente y por la autoridad vigente años después. Yo sé de profesores que yo tuve, digo, padres de cinco hijos de seis, que probablemente eran homosexuales.
B
Una movida, vamos.
H
Es una negación de uno mismo. Es una negación de uno mismo cuando no puedes expresar tu verdadero yo, ni política, ni moral, ni sexualmente hablando. Y sí, era así, o sea que fueron años realmente duros.
B
Visto lo visto, a más de uno de aquella época le hubiese dado una embolia. Viendo los semáforos que hay en el barrio de mi abuela Simona en Madrid, en la luz que indica rojo verde, no aparece un tío solo ahí esperando. Hay una pareja de dos chicas con coleta, lesbianas cruzando de la mano. Me acuerdo que en su día alguno se enfadó por redes sociales, pero vamos, hoy es la cosa más normal del mundo. Tampoco creo que merezca la pena enfadarse con un semáforo. Entonces la Ley de Vagos y Maleantes se mantuvo vigente hasta 1970. Después los homosexuales tuvieron que esperar 35 años para poder casarse. Y hay que decir que en ese momento España fue pionera. Pero es un shock pensar que hubo un tiempo en que darse besos por la calle, aunque fuera lo más básico, chico o chica, era más espectacular incluso que la carrera espacial.
E
1969. El hombre sube a la luna por primera vez. Y todo el mundo, en todas las casas estaban agolpados en las pocas teles que había viendo la llegada del hombre a la luna lo han conseguido. Yo era un niño, mi hermana era una niña y nos perdimos la llegada del hombre a la luna porque desde la ventana de la casa, en la calle Murcia de Almería, vimos un espectáculo que para nosotros era muchísimo más fascinante que ver al hombre ir a la luna. Porque lo que no habíamos visto jamás nunca, ni en casa, ni en la calle, ni en el cine, era a una pareja, un chico y una chica, guapísimos los dos vestidos de blanco, rubios, eran guiris, probablemente eran peliculeros de los que iban a hacer películas de Almería, que iban cogidos de la mano, que se dieron un beso larguísimo debajo de una farola sin buscar lo oscuro y que luego, dándose besos cogidos de la cintura, siguieron calle arriba y eran las únicas personas que había en la calle. Y ni mi hermana Chus ni yo habíamos podido imaginar que una cosa así pudiera existir. Porque ni nuestros padres se daban besos delante de nosotros, ni nadie se daba besos por la calle, ni los habíamos visto en el cine porque para eso estaban los censores, que eran unos funcionarios del Estado que cobraban por censurar incluso los besos. Y si se le había escapado algún beso a un censor, para eso estaban los curas del colegio, para poner un dedo tapando el visor de la película para que no se viera.
B
Hoy en día no hace falta asomarse a un balcón para ver el amor. Hoy personas de toda clase y condición se rejuntan en First Dates, el guilty pleasure de mi abuela Simona. Ella siempre decía que lo tenía de fondo, pero no, ya te digo yo que estaba muy atenta a todo. No se dejaba de comentar ni una pareja.
D
Uy, madre mía, qué suelta esa. Uy, qué pintas. Este y ese que tendrá mis años va así de fresco. Si es que las parejas no tienen que ser como antes. Pero hombre, esto de ahora. Esto tampoco.
B
Ahora le preguntaría, abuela, ¿Y cómo era antes? Pero es que ya sé su respuesta.
D
Pues a ver, Martín, hijo, eran otros tiempos diferentes. Vamos, venga, cambia de canal, que a estas horas la televisión no vale nada.
B
Ese era su modo. Fermina, la mujer seria distante, callada. La versión oficial de mi abuela, la Preyaya. Una mujer de la que no tengo ni idea ni de ella ni del mundo en el que vivía. Pero creo que cuanto más me acerque a Fermina, más conoceré a Simona.
Podcast: Un tema Al Día (elDiario.es)
Host: Juanlu Sánchez
Air Date: December 24, 2025
En este episodio especial navideño, Juanlu Sánchez presenta el primer capítulo de “Plot Twist”, un nuevo podcast que revisita la Transición española y la experiencia del franquismo con una narrativa fresca, desde la memoria familiar hasta la opresión institucional. Mediante las historias de la abuela Simona (cuyo verdadero nombre es Fermina), el narrador explora cómo eran las relaciones amorosas, la sexualidad, el matrimonio y la persecución a la disidencia y la homosexualidad durante la dictadura y la posterior llegada de la democracia. El relato combina recuerdos, entrevistas e investigación, iluminando cómo España “se sacudió la caspa” y avanzó hacia una sociedad más libre.
[00:57 – 03:07]
El episodio comienza con el recuerdo de Simona/Fermina, la abuela del narrador, y su vida cotidiana.
Se revela que la abuela no supo su verdadero nombre hasta casarse:
“La abuela tampoco supo su verdadero nombre hasta que se casó, el día que fue al Registro Civil y le dijeron que no existía ninguna Simona Gaspar.” (C, 02:19)
Se introduce una reflexión sobre cómo poco se sabe de las historias personales de la familia, y la idea de humanizar y entender aquel “tiempo distinto”.
[03:07 – 06:09]
El narrador investiga cómo era la intimidad en la época franquista:
“Le pusieron una multa porque le dio un beso a un novio por la calle... El novio fue a la cárcel, y ella pasó una noche en calabozo.” (E, 04:15)
Paloma Simón, terapeuta y testigo de la época, explica la represión sexual en la educación:
“Iba a un colegio de monjas... si la falda estaba un pelín por encima de la rodilla, te la tiraban hacia abajo. A partir de ahí, la sexualidad era inexistente.” (F, 05:21)
[06:09 – 10:53]
Martirio, exsenadora, explica la severa penalización del adulterio femenino:
“Sólo con pernoctar una noche fuera de casa… podías ser acusada de adulterio y perder la patria potestad de los hijos.” (G, 07:33) “Para ellos, el mismo hecho se llamaba ‘amancebamiento’ y apenas era castigado.” (G, 08:00)
Ana Santos, escritora, describe cómo muchos hombres llevaban una doble vida:
“Tenían dos familias, dos mujeres y a cada una le había puesto un pisito... incluso tenían hijos y nunca se encontraron.” (H, 09:44)
El narrador apunta el contraste con el breve periodo republicano en los años 30, donde sí hubo derechos para las mujeres.
[10:53 – 16:54]
Santos señala que la homosexualidad era invisibilizada o directamente criminalizada:
“No existía. Yo jamás, en toda mi infancia ni juventud, la sociedad no asumía esto como normal.” (H, 12:13)
Se creó la “Ley de Vagos y Maleantes”, aplicada contra homosexuales:
“Conocí a una persona en un pueblo… que lo detuvieron aplicándole esa ley.” (G, 13:34)
La policía realizaba “redadas de violetas” (C, 14:03), aplicando una presunción de culpabilidad y la privación de libertad por mera sospecha.
Paquita Sauquillo, abogada histórica, relata casos extremos de violencia policial:
“Defendí el caso de un señor que entró con otro en un baño… el policía tiró a matarle y le mató.” (G, 15:27)
“La inmensa mayoría de los homosexuales que pudieron, se murieron sin enterarse.” (E, 15:55)
“Es una negación de uno mismo cuando no puedes expresar tu verdadero yo, ni política, ni moral, ni sexualmente hablando.” (H, 16:23)
[16:54 – 20:36]
La narración subraya cómo han cambiado los símbolos públicos (por ejemplo, semáforos inclusivos) y la realidad de las familias y relaciones.
Carlos Santos comparte cómo ver en 1969 a una pareja besándose en la calle era más asombroso que la llegada del hombre a la luna:
“Vimos un espectáculo muchísimo más fascinante que la llegada del hombre a la luna... a una pareja darse un beso larguísimo debajo de una farola.” (E, 17:53)
El episodio termina conectando la memoria de Simona/Fermina con la sociedad actual, donde la diversidad y la libertad de amar son la nueva normalidad, aunque no exentas aún de resistencias sociales.
Identidad y memoria:
“La abuela tampoco supo su verdadero nombre hasta que se casó… supo su nombre cuando dejó de vivir con su padre para vivir con su marido o abuelo.”
(C, 02:19)
Sobre la ley de escándalo público:
“Si Elizabeth hubiera sido de Cuenca, no le hubieran puesto la multa porque ni se le hubiera pasado por la cabeza darle un beso a un novio por la calle.”
(E, 04:15)
Sobre el adulterio:
“En ellos se llamaba amancebamiento... ellas, sólo con pernoctar una noche fuera de casa, ya podían ser acusadas de adulterio.”
(G, 08:00)
Doble vida de los hombres:
“Tenían dos familias… incluso tenían hijos y nunca se encontraron.”
(H, 09:44)
Sobre la negación de la homosexualidad:
“Decían, hay un extraterrestre en la calle… No, esto no existía, no estaba en el imaginario de nadie.”
(H, 12:43)
Ley de vagos y maleantes:
“La policía franquista… cuando salía a detener... llamaba redada de violetas.”
(G, 14:03)
Sobre la represión brutal:
“Defendí el caso de un señor que entró con otro en un baño y el policía tiró a matarle y le mató.”
(G, 15:27)
Imposibilidad de una vida auténtica:
“Es una negación de uno mismo cuando no puedes expresar tu verdadero yo, ni política, ni moral, ni sexualmente hablando.”
(H, 16:23)
Cambio social:
“Hoy personas de toda clase y condición se rejuntan en First Dates… hoy es la cosa más normal del mundo.”
(B, 19:47)
La abuela y los cambios:
“Las parejas no tienen que ser como antes. Pero hombre, esto de ahora… esto tampoco.”
(D, 20:06)
El episodio utiliza la memoria personal y familiar como punto de partida para contar la represión social e institucional de las relaciones sentimentales, la sexualidad y la diversidad durante el franquismo y la Transición. A través de entrevistas con protagonistas y expertos, y comparaciones con la actualidad, narra de forma cercana, humana y a veces irónica (incluso cómica) el profundo cambio que ha vivido la sociedad española, poniendo rostro y contexto al verdadero “plot twist” colectivo de nuestro país.